Llegamos a la Tierra y, detrás de nosotros, el portal se cierra.
La Chaos Emerald desaparece en partículas celestes y, cuando está totalmente "desintegrada", se hace cristalitos.

Vale –digo, un poco desconcertado por el agüilla de dentro del portal de donde salimos–, ¿dónde encontramos a un personaje sacado de videojuegos?

Uh… Creo que los primeros juegos fueron sacados en las recreativas. Así que vamos a unos, ¿no? –explica mi compañero de pelo negro.

Yo fui hace tiempo en un teletransportador a varios países de viaje de estudios. Donde más he ido ha sido a España, y qué casualidad, porque hemos aparecido ahí, así que me lo conozco bien, ya que he ido, como he dicho, con la escuela.
Le digo a Jeff que me siga, y él lo hace.

Se podría decir que no tenemos mucho tiempo si es que los videojuegos han venido a invadir todo el planeta... –dice Jeff–.

Ahora vamos corriendo y, por el camino y por suerte (estábamos perdidos por toda España: esta ciudad no la conocía) encontramos unas recreativas.

Cuando entramos, vemos que hay unos cadáveres de dos chicas y cinco chicos. En medio está una bola amarilla gigante con algo que parece una boca que la abría y la cerraba. Todavía no nos ve, así que Jeff aprovecha y le clava una daga, pero esta se convierte en cubos que se van desvaneciendo en más cubos. Esa bola se da la vuelta e intenta morder a Jeff, pero mi compañero asesino salta y da una voltereta en el aire. También me tira al suelo, porque la gran bola amarilla se lanza a mí. Me levanto y empiezo a toser, pero paro al ver que la pelota empieza a hablarnos:

Sois duros de roer, lo admito. Pero veamos qué podéis hacer contra mi gran poder…

Los dos nos miramos mutuamente.
Los recreativos donde estábamos, cambian totalmente: pasamos de estar rodeados de máquinas arcade a estar en una sala muy grande con miles de pasillos. El suelo y el techo eran negros, a diferencia de las paredes, que eran azules y parecen estar hechas de neón porque brillaban mucho.

¿Muchos pasillos negros y azules que aparecen en una sala gigante que parece ser un laberinto? –pienso– ¡Está más claro que el agua: es
Pac-Man!

Esto que he pensado, se lo digo a Jeff. Él escuchó su nombre en alguna otra parte, me dice.

A ver, para derrotarle y así, según lo que me has contado, que vuelva a su juego –intento explicarle–, es… ¡Ya sé! Jeff, cuando alguien le gana a otra persona en un juego, el contrincante pierde, ¿no es así? Pues creo que si le ganamos en su propio juego, le podremos derrotar.

¿Y cómo se gana el juego de esa bola de sebo?

Señalo una bola blanca brillante:

El juego trata de recoger las bolas blancas que hay esparcidas por todo el laberinto. Las pequeñas suman puntos, las grandes suman muchos más puntos y vuelven a unos fantasmitas azules.

Jeff coge una píldora que hay flotando.

Huele bien.

–… Jeff, por favor, no seas idiota…

¡Que no! ¡Que es verdad! ¿Crees que sabrá bien?

El asesino se lleva la píldora a la boca y se la traga.

¿Y bien? –digo.

Él dice que no está mal. Yo cojo una y me la tomo. La verdad no llenan nada, así que no me extraña que Pac tome tantas. Los dos vamos corriendo y guardándonos píldoras en cualquier parte de nuestra ropa: Jeff en su capucha y yo en una mochila que he dibujado en un folio que tenía en el bolsillo encontrado mientras intentábamos encontrar los recreativos.

En un pasillo, encontramos una salita rectangular azul con una puerta blanca. Jeff decide que debemos entrar para idear un plan para vencer a la gran bola amarilla. En cuanto entramos, unos fantasmas tiran a Jeff al suelo y le dan un puñetazo.

¿Creéis que podéis vencer a Jeff así de fácilmente? –pregunto riéndome de ellos–¡Ja! ¡Eso para Jeff no es nada! ¿Verdad que no, Je-? ¡OH, DIOS MÍO!

Jeff no responde ni se levanta. Su estómago comienza a pixelarse hasta terminar pixelándose entero. Es entonces cuando con una píldora grande en el puño, cierro el puño y la píldora revienta en partículas blancas. Los fantasmas se vuelven de color azul y me lanzo a ellos y les atravieso con la daga de Jeff, que era lo único que quedaba de él. Pero entonces unos cubos se juntan y me tropiezo con ellos. Caigo al suelo y cuando abro los ojos, veo una silueta que había visto segundos antes:

¿A dónde crees que vas, pequeñín?

¿Jeff? –digo extrañado– Pero, ¿cómo?

Creo que tenemos vidas extras. Pero hay que tener cuidado, porque, ¿y si matarte un total de 3 veces te mata en la vida real? ¿O y si…?

De repente, escucho unos sonidos extraños. Es como algo abriéndose y cerrándose sucesivamente… Jeff me grita "¡Cuidado!" y me tira al suelo. Segundos después, veo a Pac-Man pasando por delante de nosotros. Nos quedamos quietos, sin hacer ruido. Pero entonces las bolitas que cogimos y dejamos en la capucha y en la mochila, se juntan y suman 2000 puntos, haciendo un ruido escandaloso.
Pac se da cuenta y, se lanza a nosotros. Cojo a Jeff en brazos y salimos por patas. Un fantasma pasa por delante nuestra y, asustándome, tiro al asesino al suelo sin querer. La bola amarilla me atrapa en su boca y empieza a mordisquearme. Jeff sale corriendo. ¿Me ha abandonado? ¡No! De repente aparece con un fantasma azul a punto de convertirse en un fantasma normal y lo lanza a Pac. El fantasma desaparece, pero impacta con Pac-Man antes y la bola de sebo amarilla se empieza a abrir por su boca, escuchándose huesos crujiendo y gritos aterradores que venían de la gran pelota amarilla. Cuando termina de abrirse, se forma un vórtice pequeño que se cierra en cubos amarillos.

¿Hemos ganado? –pregunta Jeff.

¡No! En el juego, si Pac muere tres veces, ¡pierdes! –explico.

Pues ya está. –Dice el asesino, creyendo que tiene razón– Muere él y nosotros ganamos.

¡No, Jeff! –Niego– Si pierde él, desaparecerá, pero no volverá al juego y nosotros quedaremos atrapados en este laberinto. ¡Y aquí no hay salida!

¿Ah, no? Pues dime qué es eso de ahí.

¡Jeff tenía razón! ¡Allí hay una salida donde todo se cierne en oscuridad!
Entonces, corremos gritando de alegría hacia la salida. Todo es oscuro ahora y… Salimos a otra parte del laberinto.

Genial… Acabamos de dar la vuelta más tonta del mundo… –dice Jeff.

Estamos en otra parte del laberinto, creo que en el otro lado. Al girar la esquina, Pac nos atropella y nos muerde seis veces.

Nos escupe y suspiramos aliviados. Bueno… No tanto, porque de repente, empiezo a ver borroso. Me miro las manos y empiezo a desaparecer.
Comienzo a gritar.

¡Tranquilo! –intenta tranquilizarme Jeff– Todo saldrá… ¡OH, DIOS MÍO! ¿¡Qué me está pasando! ¡Yo también estoy desapareciendo!

Los dos reaparecemos, gritando todavía.
Después de todo, no fue tan malo. Duele un poco al reaparecer y te quedas sin respiración durante tres segundos más o menos.

El problema ahora es que a Jeff le queda una vida y a mí me quedan dos. Sin Jeff no puedo hacer nada. Creo que él es la fuerza bruta y yo el intelecto.
… Vale, el problema ahora también es que no vemos píldoras por ninguna parte. Corremos y corremos pero no vemos ninguna. De repente, aparece Pac:

Se acabó, yo gano –dice– Ahora solo hace falta hacer el recuento de pun… ¿¡CÓMO?!

La bola mira a Jeff, que se estaba comiendo una naranja, con una cesta de fruta al lado.
Pac se lanza a la cesta, pero ya es tarde, Jeff se lo había tomado todo.

Ya está bien, chicos… –Refunfuña el psicópata– ¿Por qué me miráis así? Ya veo… Vosotros también queríais un poco de pera, naranja o melón ¿no?

Me lanzo a Jeff y lo abrazo. Le explico que la fruta es lo que más puntos da. Jeff se pone muy contento y Pac empieza a gritar:

Vosotros… VOSOTROS… Yo, Pac-Man, sido derrotado por un simple chico-gato que ni sabe usar su magia y un asesino psicópata friki… Me iré, claro. E iré a mi juego, si queréis, pero… ¡VOSOTROS IRÉIS CONMIGO!

El laberinto desaparece y aparecemos en los recreativos donde estábamos. Pac se hincha y se lanza a nosotros con la boca abierta gritando. De repente, en el aire, va lentamente a nosotros. Está claro. Explota en cubos y estos se juntan de nuevo para formar una máquina de recrativos que cae de pie haciendo un ruido estruendoso.

¡Sí! –decimos Jeff y yo a la vez mientras chocamos la mano y saltamos de alegría.

Pero paramos de saltar porque empieza a dolernos todo. Me levanto la camiseta y veo las marcas de la boca de Pac y un corte en la frente. También tenía otros cortes en las piernas y en el brazo.
Jeff tenía una brecha en la cabeza y varios cortes en la espalda.

Decido que necesitamos ir al hospital y se lo cuento a mi compañero.

¿QUÉEEEEEE?! –grita Jeff– ¿¡ESTÁS LOCO?! Si encuentran a Jeff, el mayor asesino Creepypasta en la Vida Real… ¡ME MATARÍAN O METERÍAN EN LA CÁRCEL!

Ya veo… –pienso– Pues iré a una tienda de ropa para que te pongas otra ropa. Y… Ya nos inventaremos una excusa para esos cortes de tu boca. Vale, tú escóndete en la azotea de este edificio. Toma, coge esta manta y ponte en la esquina de la azotea.

Dibujo una manta negra en otro folio que se cae desde la ventanilla de un coche y vuela hasta delante nuestra y se hace realidad. Se la doy a Jeff y sube las escaleras de la habitación de los recreativos hasta que escucho a Jeff diciéndome "¡Ya estoy arribaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…!"

Corro a una tienda de ropa: la calle siguiente a esta sí la conocía.
Cuando entro a la tienda, veo que un hombre con un gran bigote y una gran nariz está con una pistola apuntando a la dependienta. El hombre tenía un gorro de mafioso y un traje marrón con pantalones azules y zapatos marrones.

Dame todo el maldito dinero. Sácalo lentamente de la caja y mételo en este saco–dice el hombre.

Yo me concentro y con las dos manos, hago una Bola Gatuna con la magia que aprendí en el instituto de Art City. Impacta de lleno en el hombre, al cual se le cae la pistola y, con otra Bola Gatuna, la pistola revienta.

El hombre se levanta y se quita el traje y el sombrero velozmente.
Lleva ahora un peto azul y una camiseta roja. Se pone una gorra roja con una "M" en el centro.

Él hace una bola de fuego con la mano y me la lanza. Paralizado por haberme sorprendido por su "magia", impacta de lleno conmigo y caigo al suelo ardiendo. La dependienta me tira un cubo de agua encima y me espabilo. Además, las llamas se van. ¡Ya lo comprendí! Peto azul, ojos azules, camiseta roja, bigote grande como su nariz… ¡El hombre era Mario, de Super Mario Bros.!
De mi mochila, saco el Libro de Hechizos de la escuela. Paso las páginas y ya doy con un hechizo poderoso. Recito unas palabras y se forma una estrella de seis puntas detrás de mí. De cada una de las puntas sale electricidad, fuego, agua, un pequeño pilar punzante, hielo y magma. El fuego, la electricidad y le magma le dan a Mario. Los demás elementos rompen los cristales de los mostradores y cortan a Mario, ensangrentándole la espalda y las piernas. Él grita de dolor. Saca de uno de sus bolsillos, una seta y se la come. Empieza a crecer muchos metros, rompiendo el techo de la tienda. Es raro que Jeff no salga a ayudarme: creo que se ha quedado durmiendo. Normal, la manta era negra.

La policía lo ve todo y empieza a interrogarme qué pasaba. Yo respondo que él era un mafioso y quería el dinero de la caja. La dependienta responde lo mismo.

Los policías actúan atacando a Mario con tanques, lanzacohetes, metralletas y un ejército de militares con AK-47.

Mario pisa cinco tanques y un tercio del ejército. Tres coches de policía revientan con una bola de fuego de Mario. Jeff se asoma desde la azotea y me hace signos con las manos:

Jeff: "¿Bajo a ayudar?"
Yo: "¡Ni se te ocurra! ¿Es que no te acuerdas de lo que me dijiste antes?
Jeff: "¡Vale! Pues luego sube cuando le mates y metas en el juego."

Tengo una idea: llamar a los bomberos y meter en la manguera magma de mis hechizos: la mayoría de las muertes de Mario es cayendo al magma.
Y eso he hecho.

Niño con cosplay (creo que esto lo han dicho porque no es muy normal ver a un chico mitad gato mitad humano), ¿qué quieres hacer con la manguera?

Voy a meter magma en la manguera.

¿¡QUE QUÉEEEEEE?! ¿Estás loco? ¿Cómo vas a hacer eso?

Porque soy… Soy… ¿Inventor? –respondo con lo primero que se me pasa por la cabeza.

Entonces me llevo la manguera detrás del camión de bomberos y hago un hechizo recitando una frase del libro. El agua de la manguera se cambia por el magma.

¡Ahora! –exclamo con fuerza– ¡Disparad con la manguera al bigotudo!

Los bomberos disparan a Mario con la manguera y este comienza a gritar de dolor. Entonces, los bomberos paran de echar magma.

Mario se transforma en unos cubos de colores que caen al suelo. Los policías gritan de alegría y se van juntos con los bomberos.

Entro a la tienda de ropa y veo una montaña de juegos de Mario, que meto en un saco y se los doy a la dependienta, que estaba hiperventilando y le estaba dando un ataque de ansiedad. Ella me dijo muy nerviosa:

Mira, chico otaku (¿qué manía le ha cogido la gente conmigo?), como recompensa, coge todo lo que quieras de la tienda. Te lo doy gratis. ¡Pero yo me piro!

La dependienta se va corriendo al psicólogo seguramente. Mientras, yo cojo ropa para Jeff y una goma para el pelo.
Después voy a la azotea y le enseño toda la ropa:

Mira, Jeffrey: aquí tienes un buen montón de ropa. ¡AY, DIOS! ¡Qué dolor! Ponte ya la ropa y vámonos rápido, estas marcas y cortes me están matando. ¡Ah! La goma para el pelo también póntela. No es muy normal ver a un chico con el pelo tan largo, pero sí con una cola en el pelo.

Y, entonces, nos vamos al hospital. Mi plan funcionó a la perfección: ¡No se han extrañado con Jeff! Conmigo un poco, pero me puse una sábana en la cabeza y me tapé la cola de gato en el pantalón. Los bigotes son pequeños, así que no se extrañaron.

Vale. –dice un médico, a punto de decir el diagnóstico– Tenéis que reposar un día en casa. Cuando ese día pase, podéis quitaros las vendas de la cabeza, espalda y piernas.

¿Y hay efectos secundarios? –me intereso en el tema de medicina.

Pues… –otro médico lee un papel que sale por la impresora al lado de nuestras camillas– Obesidad CRÓNICA.

¿¡CÓMOOOOOOO?! –gritamos Jeff y yo.

Era broma. No hay efectos secundarios y no tenéis que tomar ninguna medicina. … Ahora que lo pienso, no os reconozco. No sois muy de por aquí ¿no? Yo os puedo dejar un piso en un apartamento. Yo soy el dueño de un apartamento de dos plantas. Allí tendréis Internet, televisión y una cama. Ya os apañaréis para dormir los dos ¿no? Ah, y hay ocho almohadas en cada "casita" del apartamento. El apartamento tienes distintas habitaciones con más habitaciones. Por algo es apartamento ¿no? Pues hala, tomad este papel para saber la dirección. Hoy viajo a otro apartamento que está en Japón, ese es el apartamento donde debéis ir. Viajo en metro, por cierto, y solo tengo un billete. Pero seguro que encontráis otro medio de transporte… ¿Verdad? … No importa. Me despido. ¡Adiós!

Salimos del hospital un poco doloridos y cargados de información. Pero est vez estamos un poco atónitos… ¡Japón nada más y nada menos! Y encima no tenemos billetes, pero se me ocurre algo:

Esto va a ser un poco trampa, Jeff, pero debemos hacerlo: Iremos con una Chaos Emerald que dibujaré y descansaremos en el apartamento. Yo tengo dinero en una cuenta bancaria y en mi cartera, así que podremos pagar la habitación para los días que queramos. El reloj que me has dado puede servir para saber cuál es el personaje más cercano con un arreglillo que le puedo dar gracias a las lecciones de las Clases de Informática.

Y así, dibujo una Chaos Emerald y nos vamos nadando a Japón: todo un sitio de lujo con el defecto de estar muy contaminado. Con el dinero que tengo no servirá, porque son los Art Coins, pero puedo cambiar el dinero de mi cartera o el dinero de la cuenta bancaria por el dinero de Japón y así pagar el apartamento.

Mientras nadamos, escuchaba frases raras como "No te fíes de nadie", "Nada es lo que parece" o incluso "Cuidado con las traiciones".

ffej noc asap ogla.