Disclaimer: Nada es mío. Todo pertenece a George R.R Martin. Estos cuentos felices se escriben sin afán de lucro con el único propósito de curar nuestros corazones rotos.
Dedicado a Direwolf86
Notas:
Sakura: ¡Mil gracias! Tu comentario me hizo el día, de verdad estaba teniendo una mañana lluviosa y gris cuando lo leí y sonreí de nuevo.
Kasumineko: Qué bueno que te gustaron las historias, sé que se me fueron varios errores de dedo pero no te fijes, lo escribo con entusiasmo aunque no siempre salga sin defectos. ¡Blancanieves! Hecho, no sé cómo le haré pero ya se nos ocurrirá algo. ¡Gracias!
Cap. 6
La costa del mar del Ocaso estaba visible cuando Gerion perdió de vista a la novia fugitiva. La vio saltar por la gran barda de una mansión, que a pesar de no parecer muy antigua estaba muy deteriorada. Cualquier diría que nadie había vivido ahí por un tiempo. Esperó un tiempo prudente y al trepar la barda vislumbró las ventanas del lugar, donde brillaba la tenue luz de lo que seguramente sería una vela. En cuestión de instantes la luz se apagó y Gerion emprendió el camino de regreso a la Roca. Tomó el camino del mar, justo al oeste de la Roca y llegó más pronto de lo que pensó, tal vez sería el paso apresurado que llevaba con la intención de dar aviso a Orys lo antes posible. Una vez que abrió la puerta de su habitación se sobresaltó al ver a su madre esperándolo.
— ¿Saliste solo, sin escolta?— Lady Sansa se veía cansada— tu padre preguntó por ti y no sabía qué decirle.
— Lo siento madre, te lo puedo explicar. No creerás lo que descubrí. Encontré a la doncella de Orys. Supuse que él y Cat intentarían hacer algo descabellado y la asustarían, entonces esperé junto a la puerta del jardín del invierno y la seguí. Tuve que correr mucho, pero…
— Espera, ¿sabes dónde está?
— ¡Sí!
— Esto es perfecto, tal vez podamos darle una vuelta afortunada al enredo que hizo Arya esta noche.
— ¿Qué quieres decir?
— No te preocupes, Orys encontrará a su dama, pero quisiera que pensaras en algo. Verás, Arya y yo no siempre nos hemos entendido, y después de habernos encontrado, cuando el invierno y la batalla contra los Otros amenazaban todo, por un momento, no fuimos Arya y Sansa, sólo dos lobos de la misma manda. ¿Me entiendes? No quisiera perder eso, pero si tú le entregaras la novia a su hijo en una charola de plata, podría pasar. Tú sabes qué orgulloso es tu tío, Gendry, y sus hijos son iguales. Si le dieras la identidad de la muchacha fácilmente, podría sentirse humillado, él debe encontrarla. Tal vez podrías guiarlo pero dejarle el descubrimiento a él—Gerion no sabía qué pensar. Su madre tenía razón en algo: Orys estaría muy satisfecho si la encontraba él mismo. Sólo tenía que decirle dónde buscarla. Sansa ya no se veía cansada, al contrario, tenía ese brillo en los ojos que aparecía siempre que estaba complacida.
— Ahora descansa, mañana te espera un arduo trabajo. Yo haré lo mismo.
Al entrar a su habitación y encontrar a Tyrion dormitando en la cama con toda la ropa del día puesta, se deslizó bajo las mantas y comenzó a pasar las puntas de los dedos sobre el rostro de su marido, por la cicatriz de la nariz y los párpados que cubrían el par de pupilas desiguales. Para no alarmarlo, le susurró al oído:
—Tyrion, Tyrion, despierta…
— ¡Sansa! Vaya, querida, con los años eres más atrevida. Estoy algo ebrio pero haré lo posible por cumplir con mis deberes maritales― Sansa rió de corazón, Tyrion no había terminado de abrir los ojos y ya planeaba lanzarse sobre ella como si se tratara de un ciervo. Ya tendrían tiempo para disfrutar de su compañía cuando le encontraran solución al problema de Gerion.
— Primero debemos hablar de Gerion.
— Oh, ese grandísimo necio, por favor no me digas que por fin pidió la mano de Cat y lo rechazó.
— No, no te preocupes, de hecho, creo que tenemos una buena oportunidad para ayudarlo.
— ¿Y en verdad le haríamos un favor facilitando su matrimonio con una princesa que acostumbra luchar con los invitados a un banquete en el piso? ¡Vaya esposa qué sería! Aunque tal vez ese sea el atractivo, deberíamos ir al norte y buscarle una esposa entre los salvajes, es una lástima que las hijas de Tormund Matagigantes ya estén casadas, tal vez a Gerion le guste la perspectiva de una novia que amenace con rebanarle la garganta.
— Ahora estás siendo desagradable a propósito. Cat no es una dama ideal pero si logramos que conozca a Gerion y aprecie sus cualidades lo amará, estoy segura. ¿Preferirías ver a nuestro hijo atado a una mujer que se case con la Roca o su oro y no con él? Recuerdo cuando pensaba que podía casarme con Willas Tyrell, me decía "me amará, lo hará", aunque en el fondo sabía que nadie se casaría conmigo por amor.
— Yo lo hice, al menos la segunda vez.
— ¡Y míranos ahora! ¿Acaso no nos amamos? ¿No somos felices? ¿Es un crimen que quiera lo mismo para Gerion? Podríamos usar la búsqueda de la desconocida para darle una oportunidad a nuestro hijo.
Tyrion estaba desarmado, cosa rara. No podía negarlo. Recordaba lo dichoso que fue con su primera esposa, al menos por unos días fue feliz. La tragedia que siguió… ya no quería recordarla. Hasta su reencuentro con Sansa pensó que sobrevivir era lo único que necesitaba. Sobrevivir y vengarse, clavando la dorada cabecita de Cersei en una pica. Después regresó Sansa. Nunca pensó que la felicidad familiar, esa que se construye sobre la rutina y la confianza estuviera destinada para él, y sin embargo, cuando sostuvo a Sansa en sus cortos brazos por primera vez, después de tanta guerra y tanta sangre derramada, pensó: "Sí, es posible, tengo una oportunidad". Si podía darle un poco de esa felicidad a Gerion lo haría. ¿Qué es una estratagema o una omisión cuando existen motivos nobles? ¡Nada!
―Esto es lo que haremos. Necesitamos separar a Gerion y a Cat, sin que él sepa nuestros planes, lo mejor será que ellos se dirijan a las minas. Gerion está más cómodo entre la gente que conoce y ya sabes cómo disfruta pasar su tiempo entre los mineros y sus familias, si la princesa los considera por debajo de ella y les hace algún desplante, él se ofenderá y el hechizo se habrá roto, en cambio cabe la posibilidad de que ella conozca a nuestro hijo por primera vez, lejos del protocolo y la mirada curiosa de desconocidos y se encariñe un poco con él. Mientras tanto, tu hermana y Gendry irán a las afueras donde Gerion vio desaparecer a la muchacha y se dedicaran a tirar cada puerta hasta que Orys encuentre a su novia.
― Y tú y yo podemos llevar a Elenei al mercado, el puerto y la calle de los orfebres, después de todo, aparte de Orys y Cat es la única que ha visto a la chica de cerca.
Sansa y Tyrion se miraron y se tumbaron de espaldas, con los brazos entrelazados, sobre el lecho de plumas. De pronto, estallaron en risas. Reían como se había hecho costumbre desde que se encontraron por primera vez después de la exterminación de los Otros, cuando al fin parecía que algún día terminaría el invierno y podrían encontrar un hogar.
Una pareja que no estaba tan feliz eran sus majestades, que discutían a viva voz. Las capas doradas que montaban guardia se preguntaba qué debían hacer.
—Juramos proteger a toda la familia real pero no sé por cuál de los dos deberíamos preocuparnos—comentó uno.
—Como van las cosas vamos a tener que proteger al rey de la reina. Al menos la loba no está con ellos o mañana tendríamos un entierro.
En verdad la pelea había comenzado cuando Gendry cerró la puerta de la habitación y le reclamó a Arya que tomara decisiones tan abruptas sin consultarlo siquiera. Arya le explicó que fue una idea de último momento pero ver a Gendry enojado la molestó y empezó a reclamarle a él que mostrara tan poco interés por encontrar a la muchacha. Él, por supuesto, se defendió. ¿Poco interés? Había destruido un palomar buscándola. Sacar el tema del palomar los llevó a Ned Dayne y Arya enfureció cuando Gendry confesó haberle pedido a Orys deshacerse de él. ¿Acaso la tomaba por una idiota que podría estar interesada en ese Lord? Afuera, las capas doradas intercambiaban miradas incómodas. Según la costumbre, las peleas de sus majestades solían terminar al llegar al amanecer. Si se habían reconciliado la noche anterior la Corte se encontraría con un par de soberanos muy tranquilos y benevolentes, de otra forma toda la ciudad sufriría. La loba Nymeria pelaría los dientes y el Rey tendría el entrecejo fruncido todo el día.
En unos minutos hubo silencio. Vaya, más temprano que de costumbre. Si en verdad se estaban reconciliando, el día siguiente estarían de tan buen humor que ellos podrían pedir permisos y aumentos de salario. Se habían reconciliado.
Arya susurraba en el hombro de Gendry a oscuras, Orys dormía tranquilo con la zapatilla bajo su almohada y las princesas descansaban a la espera del difícil día que les esperaba.
Por otro lado, Gerion daba vueltas en el lecho. Por alguna razón, sospechaba que alguna intriga se construía a su alrededor, pero no sabía cuál era.
No era media mañana cuando los rumores ya habían inundado todo Lannisport. ¿El príncipe se casaría con una desconocida midiéndole un zapato? ¡Era una perspectiva maravillosa! Todos los mercaderes, comerciantes y nobles metieron a sus hijas en una gigantesca tina de agua y dedicaron horas a tallarles los pies con piedras porosas y a untarles todo tipo de ungüentos. Debían estar delicadas y sedosas para cuando llegaran los encargados de medir la zapatilla.
Las hermanastras de Cinella se alegraron enormemente, pues las dos creían tener pies muy lindos, pero la pobre Cenicienta estaba acongojada. ¿Podría haber estado hablando en serio el príncipe? Ella no lo había creído, pero tal vez era sincero y en verdad quería casarse con ella. Podía ser. La madre del mismo rey era una desconocida, una tabernera según contaban en las calles, la mano del rey, Ser Davos, había sido contrabandista y sin embargo, hacía unos días había casado a su hijo más joven con una Lannister, la cuñada del príncipe Rhaego, heredero del Este. ¡Se había equivocado! Su turbación no pasó desapercibida a su madrastra, que por precaución la siguió en el camino hasta el avellano. Cinella desenterró la zapatilla huérfana y se disponía a correr hacia el pueblo para buscar al príncipe y decirle la verdad cuando la dura mirada de su madrastra se clavó en ella. ¡Lo sabía!
— ¿Qué llevas ahí?—la enfrentó. Cinella enrojeció y ocultó la zapatilla en su mandil.
—Nada, sólo venía a visitar a mi madre.
—No parece alegrarte que una de tus queridas hermanas pueda convertirse en princesa.
— ¡No! Es decir, claro que me alegra, sólo espero que una de ellas sea la elegida. No quisiéramos que una pescadora se casara con el príncipe, claro, en cambio ellas que son hijas de un caballero… pues bien…
El discurso no tranquilizó a la mujer que observaba a su hijastra como si fuera un peligro. ¿Y si el príncipe la veía? No la consideraba especialmente hermosa, pero era bonita y tal cualidad solía ser suficiente parar atrapar a cualquier hombre. No, debía mantenerla fuera de los ojos de quien fuera a probar la zapatilla y con eso en mente arrastró a Cinella hacia el interior de la mansión donde la encerró en la torre más alta.
Lord Tyrion se despertó de particular buen humor. Sansa ya se había levantado y una de las doncellas le cepillaba el cabello. Lo mejor sería visitar al muchacho enamorado antes de que hiciera algo descabellado en compañía de su salvaje madre. Ya vestidos, se dirigieron al salón principal donde planeaban desayunar con Arya y toda su familia. Como Tyrion esperaba, ya se encontraban todos alrededor de la mesa discutiendo cómo dividir el terreno. ¿Quién había visto a la muchacha? ¿Por dónde empezar? ¿Cuántas capas doradas llevaría cada escolta?
Sansa hizo una discreta cortesía pero apenas recibió un saludo informal y apresurado de su hermana y sus hijos. Al menos Gendry tuvo la cortesía de saludarlos, pero los demás seguían inmersos en el problema de la desconocida. Orys peleaba por tomar una espada y abrirse paso en cada casa de la ciudad mientras que Arya insistía en llevar a Nymeria para que recogiera el rastro de la muchacha. Gendry miraba fijamente al mapa sin abrir la boca y las princesas marcaban líneas sobre el pergamino con un pedazo de carbón. ¿Acaso no podían usar tinta? Tyrion se subió a una silla y gritó:
— ¡Llegó la caballería!— Todas las cabezas voltearon en su dirección. Tyrion tenía que exponer su pequeño proyecto antes de que lo arruinaran.
— Ya que tengo su atención, les sugiero que la búsqueda la organice alguien que de hecho conozca Lannisport. Para su fortuna, estoy dispuesto a contribuir.
— ¿Y Gerion?— preguntó Caeta, distraída. No sabía por qué necesitaba la compañía del joven Lord pero sabía que estaría más cómoda con él que con sus tíos o sus hermanos, en especial Orys, que parecía haber perdido la cabeza.
— Oh, buena idea, su alteza. Mandaré a una criada a buscarlo.
— No hace falta, lo haré yo.
Caeta salió disparada del salón y Tyrion y Sansa compartieron una breve mirada de complicidad. Todo marchaba perfectamente.
Gerion seguía dormido. La princesa entró sin tocar y decidió esperar un poco antes de despertarlo. Vio una bandeja con fruta seca y se sentó a comer algo. Un ruido la sobresaltó. El joven Lord ya despertaba, aunque el pobre se preguntaba si seguía soñando cuando se encontró a Cat sentada en su propia cama. ¡¿Era posible?!
—Te espero afuera.
Cat, siempre tan dulce y encantadora. ¿Por qué la quería tanto si lo trataba con tanta frialdad? En verdad intentaba adivinarlo. Se vistió a toda prisa y la alcanzó en el corredor. No había terminado de abrocharse las botas cuando ella empezó a caminar.
—Cat, Cat, espera.
—Tenemos prisa.
—Lo sé, pero debo decirte algo. Anoche seguí a la novia de tu hermano. Sé dónde está— Cat entornó los ojos incrédula. ¿Sería posible?
—Entonces debemos ver a Orys lo antes posible, anda, corre.
—No, espera. Es lo que planeaba hacer pero después pensé que Orys podría perderse de algo si no la encuentra él mismo. Todavía no me perdona haber apostado en su contra durante el último torneo.
—No es rencoroso y muere de ansias por encontrarla.
—Por eso, había pensado dividir la búsqueda y enviarlo en la dirección de la desconocida. Es una mansión algo retirada sin muchos vecinos. La encontrará fácilmente, pero creo que debe hacerlo por él mismo.
— ¿Y nosotros qué hacemos?
—No sé, Elenei dijo que quería ver la calle de los orfebres, todos aprecian mucho a mi madre, seguramente podrán entretenerla.
—Me refería a nosotros, a ti y a mí— de repente se sintió cohibida. ¿Le había dicho eso, en verdad? Por alguna extraña razón se sentía tranquila alrededor de él. Si creyera en brujería pensaría que había caído en alguna especie de hechizo cuando la rescató del agua, pero esas eran supersticiones propias de Dothrakis o caníbales de Skagos.
¿Qué le pasaba? Gerion la miró sorprendido pero por primera vez desde que llegaron a las bodas se veía entusiasmado. Sonreía a medias como si quisiera decir algo pero no supiera cómo. Caminaron lentamente en dirección del salón principal. En un momento de inspiración Gerion le preguntó:
—Podríamos, no sé, ir a navegar, pescar algo y cocinarlo en la playa, es decir, si quieres… o tal vez, ¿sabes? Los mineros también festejan la boda de Marla y sus mujeres suelen cocinar grandes cantidades de verduras, queso y carnes en una cazuela gigantesca al aire libre. Es muy buena.
Caeta lo miró desconfiada. No tenía la menor intención de participar en la persecución de una novia fantasma y la idea de pasar el día con Lady Sansa y Lord Tyrion haría más feliz a Elenei. También contempló la posibilidad de negarse a participar en esa pequeña triquiñuela destinada a ensalzar el ego de su hermano. ¡Siete infiernos, iría!
Ya decidida se unió a los demás en el gran salón donde se encontraba toda la familia desayunando pacíficamente. El plan había sido decidido y de acuerdo con la orientación de Gerion, su hermano no debía tener problemas en encontrar a la doncella.
Sobra describir los preparativos de las hermanastras de Cinella ante la visita de una comitiva real. ¡Cómo se adornaron! Aunque tuvieron que hacerlo sin la ayuda de su hermanastra porque su madre la había encerrado para evitar que las avergonzara frente a los nobles.
Tres comitivas se dirigieron a puntos opuestos de Lannisport, la que encabezaba el Rey Gendry y la Reina Arya, acompañados del príncipe Orys, se dirigía hacia su misma mansión. ¡Oh, si tan solo tuvieran tapices decentes para cubrir las humedades!
La mansión era la tercera vivienda que habían visitado. En la primera, un comerciante de telas había sacado a sus ocho hijas para probarse el zapato, sí, incluyendo a las que no habían florecido. Orys estuvo a punto de salir corriendo pero Gendry lo obligó a probarle el zapato a todas y cada una, a pesar de estar horrorizado ante lo que estaban haciendo. Como era de esperar no le quedó a ninguna. Las mayores tenían el pie muy ancho y las más jóvenes demasiado pequeño. Orys salió de ahí feliz, habiéndose librado de una camada de aspirantes. La segunda era una panadería. El panadero no tenía hijos, sólo tres hermanas aún mayores que el mismísimo Ser Davos, pero que seguían solteras y calificaban para probarse el zapato. Orys, el único que seguía la religión de su padre, le rezó a R'hllor con todas sus fuerzas por que las tres ancianas tuvieran pies gigantescos o diminutos. Para su fortuna tenían pies largos y huesudos que dejaban el talón completamente fuera de la zapatilla. ¡Nunca, nunca más volvería a dudar del dios rojo!
Al llegar a la mansión, las capas doradas repitieron el mismo ritual que empezaba a cansar a la Reina. "¡Abran en nombre del Rey!" gritó el capitán de las capas doradas y al momento se abrió la puerta con otras tres desconocidas que de ninguna forma eran Cenicienta.
La familia real se acomodó a disgusto en los asientos que se les ofrecían y Orys procedió a probarle la zapatilla a la primera de las dos hijas. No era Cenicienta, pero había hecho una promesa y tendría que cumplirla. Para su sorpresa, la madre le pidió que le permitiera a su hija probarse la zapatilla en privado, ya que era muy pudorosa y no podía permitir que un hombre tocara su delicada pantorrilla. Gendry estuvo a punto de reírse sonoramente pero Arya lo detuvo de una patada.
—Bien, bien, que así se haga pero de prisa.
Mientras las mujeres desaparecían, Orys se acercó a su padre y le dijo: "No es ninguna de ellas". Arya le recordó que habían prometido probarle la zapatilla a todas las doncellas y tendrían que cumplirlo. Orys estaba intranquilo… ¿Y si le quedaba a alguna?
Sus peores temores se vieron confirmados cuando la madre reapareció del brazo de su hija que exhibía por debajo del borde de su vestido la zapatilla de cristal. ¡No era posible! Le había quedado, o al menos eso pensó Orys que no sospechaba que en la intimidad de su habitación, la madrastra de Cinella había convencido a su hija de que se cortara el dedo gordo del pie para hacer que entrara el zapato. Le dijo: "¡Córtate el dedo! Cuando seas una princesa, no tendrás necesidad de andar a pie." Así lo hizo la muchacha y forzó el pie en el zapato reprimiendo los gemidos de dolor que se le agolpaban en la garganta. Muy a su pesar, el príncipe la llevó afuera y la hizo montar en su caballo. De repente, Nymeria salto sobre la desconocida y comenzó a pelar los dientes y rondar el pie de la hermanastra, que chilló de horror ante el monstruoso lobo huargo que la olfateaba sin que las capas doradas pudieran detenerla. Orys subió al caballo y cuando galopaban cerca de un avellano que custodiaba una lápida antigua y rota, escuchó una voz que venía de las ramas. Al principio pensó que se había vuelto loco, pero en verdad se trataba de un pajarito color blanco que cantaba:
"Ruke di guk, ruke di guk;
sangre hay en el zapato.
El zapato no le va,
La novia verdadera en casa está."
Orys ya sabía que esa doncella no era Cinella pero escuchar sobre la sangre en el zapato lo hizo girar en redondo y regresar a la fachada de la casa. Bajó a la hermanastra del caballo y levantándole la pierna por la fuerza vio caer la sangre que fluía del pie. ¡Se había cortado el dedo! Airado devolvió la muchacha a su madre, diciendo que no era aquella la que buscaba. La madrastra se deshacía en excusas y disculpas, asegurando que su hija había sido deshonesta ante la gallardía del príncipe. Gendry ya no estaba de buen humor. ¿Qué clase de locura impulsa a alguien que no necesita techo o comida a cortarse un pie para atrapar un príncipe?
La madrastra no cejó en su empeño y se retiró con la segunda hija. La familia real la dejo hacerlo por creer que no era posible el que se repitiera semejante estratagema. Cuando la segunda hermanastra se probó el zapato, los dedos le entraron holgadamente pero no hubo manera de meter el talón. La madre, alargándole un cuchillo, le dijo: "Córtate un pedazo del talón. Cuando seas princesa no tendrás necesidad de andar a pie." Cortóse la muchacha un trozo del talón, metió a la fuerza el pie en el zapato y, reprimiendo el dolor, se presentó al hijo del Rey.
Orys se inclinó y vio todos los dedos en la punta del zapato. Con sus padres, las capas doradas y la guardia Lannister enfrente no podía retractarse y se vio obligado a subir a la muchacha a su caballo, pero cuando pasaba por el avellano escuchó el mismo canto que tanto lo asombró la última vez:
"Ruke di guk, ruke di guk;
sangre hay en el zapato.
El zapato no le va,
La novia verdadera en casa está."
Orys miró hacia atrás y notó un reguerito de sangre que había manchado la bastilla del vestido de la muchacha. ¡Lo habían hecho de nuevo! Regresó a la mansión y preguntó a la mujer: "¿No tienen otra hija?"
—No, en lo absoluto— En ese momento Nymeria se abrió paso y echó a andar escaleras arriba. Arya deslizó la daga que llevaba en el corpiño y azotó a la madrastra contra la pared. Con la navaja contra su garganta le dijo en voz calmada pero dura:
—Si tiramos esta casa hasta los cimientos y encontramos a la muchacha que ocultas no te importará si le queda el zapato o no porque te cortaré la garganta.
Gendry comenzó a subir la escalera.
— ¡No! esperen— gritó la mujer— es que, es sólo una sirvienta, mi hijastra, una Cenicienta pringosa no podría ser la novia—pero Orys al escuchar el nombre de Cenicienta salió corriendo escaleras arriba y abrió de golpe todas y cada una de las puertas de la planta alta. No había nadie, entonces escuchó a Nymeria gemir frente a una puerta cerrada con candado.
—¿A dónde lleva esa puerta?
— A una pequeña torre, no es más que una bodega, sólo hay trastos viejos ahí— pero Gendry ya se había fastidiado de esa representación de cómicos y tomando la espada de Orys rompió la cerradura y la puerta se abrió de par en par. Nymeria se agitaba y gruñía en la entrada, incapaz de subir las estrechas escaleras por su tamaño.
Orys subió los escalones de dos en dos, a pesar del estado ruinoso de la madera. En la parte alta, encontró otra puerta maltrecha y la tumbó de un golpe con el hombro. Adentro, encontró a Cenicienta sentada junto a la ventana.
— ¡Me encontraste!— Dijo ella suavemente, que había estado llorando la mañana entera imaginando que no vería al príncipe otra vez.
—Sí, te encontré… ¡Te encontré!— Y corrió hacia ella en lo que parecieron dos zancadas. La tomó en sus brazos y casi asfixiándola le dio vueltas. Cinella eran tan feliz que no quiso arruinar el momento contándole al príncipe que no había comido desde el día anterior y estaba un poco débil para dar vueltas en el aire. Entonces recordó a su padre y le pidió a Orys que no le impidiera visitarlo, tenía que cuidar de él. "¿Visitarlo? ¡Irá con nosotros!", le contestó él.
La alegría de Cenicienta fue completa.
Abajo, la madrastra era escoltada por las capas doradas acusada de traición. Mentirle al Rey es un crimen. Las hermanastras salieron cojeando detrás de su madre e intentaban arrancarla de las manos de la guardia con gritos y súplicas, pero dos palomas volaron desde la tumba del avellano y le sacaron el ojo derecho a la mayor y el izquierdo a la menor.
Orys llevó a su novia escaleras abajo y al fin la presentó ante sus padres, descubriendo que su verdadero nombre no era Cenicienta, sino Cinella Lantell.
Aliviados, Arya y Gendry salieron seguidos de Nymeria y montaron en sus caballos. Orys ayudó a Cinella a subir en la montura y comenzaron a galopar de regreso a la Roca. Cuando pasaban por delante del avellano, el pajarito blanco cantó otra vez:
"Sigue, príncipe, sigue adelante
Sin parar un solo instante,
Pues ya encontraste a la dueña del zapatito de cristal"
Orys sonreía de oreja a oreja y tomando la maltratada mano de Cinella entre las suya la bes y, le dijo:
—Lamento que tus hermanastras mancharan tu zapatilla.
—No importa, aquí tengo la otra— Le enseñó la otra zapatilla que llevaba guardada en el mandil y ambos rieron con verdadera alegría.
Al llegar a la Roca Lord Tyrion y Lady Sansa los recibieron con una cena bien provista. Cinella ya creía ser la mujer más feliz del mundo y sin embargo la colmaban de atenciones y en especial… comida. La menor de las princesas la abrazó y le entregó un pequeño regalo, un bellísimo collar de eslabones de oro que había comprado esa mañana en la calle de los orfebres. También compró algunas cosas para sí misma pero eso no se lo iba a contar a sus padres. Los señores de la Roca la abrazaron como una verdadera sobrina y Lord Tyrion anunció la boda para el siguiente día. "Si ya hemos tenido tres días de bodas, qué mejor que festejar tres más". Los asientos de Gerion y Caeta estaban vacíos. Sansa sonrió al notarlo.
— Tu novia sí que tiene apetito— observó Lord Tyrion y Orys soltó una carcajada de alegría. Claro que lo tenía y a él le correspondería procurarle protección y sustento, con suerte engordaría un poco y estaría más fuerte para dar a luz niños sanos y regordetes. ¡Más nietos! Pensó Arya.
Cat y Gerion regresaron ya entrada la noche. De inmediato, el príncipe se acercó a los recién llegados y les contó todo lo que había pasado. "Hubieras visto Cat, el momento en el que tumbé la puerta y la encontré. Ha sido el momento más feliz de mi vida". Cat y Gerion intercambiaron una mirada divertida: "Me alegra que nadie te haya quitado ese momento, hermano. Ahora ve con tu novia, mañana no podrás verla hasta la ceremonia en el septo".
Orys regresó a la mesa dejando a Cat y Gerion solos. Él iba a despedirse cuando ella lo detuvo tomándolo por el brazo. No quería que se fuera. Quería agradecerle por llevarla a las minas, por presentarle a todas esas familias que la recibieron con tantas atenciones, incluyendo las mujeres y los niños, por bailar con ella frente al fuego y cederle su ración de verduras capeadas, pero no pudo decir nada. Por suerte, no tenía que hacerlo. Gerion asintió y la siguió hasta la mesa principal donde Sansa se quedó asombrada ante la falta de apetito de su hijo que dejaba pasar platillo tras platillo sin tocarlos.
Esa noche, Cinella durmió en un colchón de plumas, uno de verdad, con mantas y pieles para cobijarse. El fuego estaba encendido y por primera vez desde que su padre enfermó tenía el estómago lleno, pero sobre todo, se fue a dormir envuelta en la capa que el príncipe había usado para cubrirla cuando comentó que en la Roca hacía mucho frío. Lady Lannister le aseguró que ella misma enviaría a una de sus doncellas a probarle algunos vestidos por la mañana, pero Cinella no necesitaba más trajes lujosos ni joyas, si pudiera vivir envuelta en la capa del príncipe, con él a su lado, no necesitaría otra cosa que su viejo vestido y mandil.
La mañana llegó demasiado rápido, en especial porque Cinella no pudo ver al príncipe. La bañaron, tallaron, perfumaron y vistieron y desvistieron haciéndole arreglos de última horas a los vestidos que Lady Sansa mandó traer de Lannisport. Le quedaban muy holgados. El hambre a la que se había visto sometida por su madrastra había hecho estragos en su constitución. Si hubiera tenido tiempo se habría visto abrumada, pero el día se fue tan rápido que lo único que pudo ver al llegar al septo fueron las velas y las flores que habían renovado para la ocasión. No se había percatado del vestido que llevaba, del cinturón de zafiros que le había prestado Lady Sansa o las rosas azules que le colocaron en la cabeza. Estaría con Orys, para siempre. Eso era más de lo que podía pedir. A la puerta del septo la esperaba el mismo Lord Tyrion.
―Escuché que tu padre está enfermo, como Señor de la Roca me gustaría entregarte a tu futuro esposo, si es que te parece bien.
―¡Por supuesto! ¡Usted ha sido un padre para todos, basta con escuchar hablar a los mineros para enterarse!― Tyrion parecía complacido ante la respuesta. ¡Vaya, hasta que alguien reconocía el esfuerzo que hacía por sus siervos!
Cinella colocó la mano sobre el brazo de Lord Tyrion y caminó hasta llegar al lado de Orys. En el septo, las imágenes talladas y pintadas de los Siete la miraban desde las alturas. "Gracias Madre", murmuró cuando Orys le colocó la capa dorada con el ciervo negro bordado en onyx.
Recitaron los nombres de los Siete y por primera vez se besaron. Fue como bailar. En algún reino se decía que el matrimonio es como el baile, lo más importante es la elección de pareja y después aprender el compás.
Orys y Cinella bailaban con entusiasmo y armonía.
En la mesa principal, el Rey Gendry Baratheon, I de su nombre, le preguntaba a su esposa, la Reina Arya, de las Casas Stark y Baratheon:
― ¿Cuándo crees que sea el momento adecuado para decirle a la novia que su madrastra será lanzada a un pozo y apedreada hasta morir?
―Todavía no, grandísimo y necio toro. Mañana nos preocuparemos por eso.
El rey sonrió y besó brevemente a su esposa. Arya era maravillosa e impredecible. Sólo podía esperar que sus hijos encontraran la misma felicidad que él.
Llegó el momento de la ceremonia de encamamiento y Orys se dejó arrastrar por sus hermanas y parientes. Hasta Gerion participó, golpeando las manos de los atrevidos que intentaban desvestir a la esposa de su primo.
La música fue decayendo. De "La sandalia de la reina", los músicos llegaron a "La Doncella del árbol".
"Mi cama de plumas te espera,
suave y mullida corazón.
Vestida de seda amarilla,
Coronada por mi pasión,
De mi amor, la reina elegida.
Y yo tu señor, con tesón,
Protejo mi sangre y tu vida;
Mi espada te hará de blasón."
Gendry sonrió. Ni él ni Arya solían bailar, no sabían los compases, pero recordaba Torreón de Bellotas y la primera vez que habían luchado en el piso de la forja porque Arya parecía una dama y no quería reconocerlo.
―Se ve usted bien, mi Señora, como un árbol de arce.
―Usted también se ve bastante bien, su Majestad, para ser un bastardo necio.
El rey Gendry Baratheon y la Reina Arya de las Casas Stark y Baratheon dieron un último abrazo a su último hijo, Orys, y a su esposa, Cinella, antes de partir hacia la capital.
Los recién casados viajarían por todo Poniente antes de regresar a Desembarco del Rey. La comitiva Real estaba a punto de partir cuando la princesa Caeta bajó del caballo y corrió al interior de la Roca Casterly. Gerion miraba hacia el horizonte, vigilando el subir y bajar de la marea.
― ¡Gerion! ― dijo Caeta, sin saber cómo explicar lo que hacía en sus habitaciones. Estaba nerviosa y no sabía qué decir, hasta que el joven león le dijo:
― ¿Tú crees que a tus padres les importaría contar con una escolta más? ― preguntó Gerion, jugando un poco con las palabras.
―En lo absoluto, creo que estaría muy complacidos.― La princesa extendió una mano hacía el joven heredero de la Roca Casterly.
Juntos, subieron a sus respectivos caballos y emprendieron la marcha hacia la capital.
Desembarco del Rey estaba listo para recibir a una nueva princesa.
FIN
