¡Hola! ¡Aquí TheMasterGlitch77! Me he presentado aquí solamente para informaros de que este Capítulo tiene por lo menos 3.834 palabras. Así que no esperéis que sea un cuentecito de nada, porque estáis a punto de leer una Biblia increíble (no literalmente, claro, solo es una forma de hablar). Hala, solo era eso. ¡Me despido! ¡Hasta el final del capítulo!

Nos encontramos debajo del mar. No me gusta nada esto de bucear por el agua… ¿Qué es eso? Hemos llegado al fondo del mar en minuto y medio, pero parece que algo se está moviendo. No, no es ningún pez, es la arena. Parece como si se estuviera saliendo ella sola, como si fuera… ¡Una isla! Salimos lo más rápido posible del agua, o al menos lo intentamos, porque la isla nos atropella y salimos a la superficie, encima de ella. Es una isla muy pequeña: tiene dos o tres palmeras con cocos y plátanos, plantas, almejas y… ¡Una cueva!

¡Vamos a adentrarnos en la cueva! –digo emocionado.

Yo primero –comenta Jeff.

Seguido del comentario, sale corriendo dentro de la cueva.

Ah, no –me agarro al cuello del asesino–. Tú no te vas a ninguna parte. ¡Ya te dije que no te iba a quitar ojo de encima!

¡QUE ME SUELTES! –me grita fuertemente mientras me tira al suelo.

Jeff se va entre la penumbra. Salgo corriendo detrás de él, aunque creo que no se está dando cuenta.
¿Qué es esto? ¡Como por arte de magia comienzo a flotar en un fondo negro! No puedo ponerme firme y controlarme, pero al parecer Jeff sí, porque se pone en forma de palillo y desaparece en la oscuridad, como bajando.

Paro de flotar y caigo en la oscuridad. De la oscuridad, paso a estar en un pueblo en llamas. Me fijo en un cartel. En él pone "Welcome to Onett!". ¿De qué me suena Onett?

Corro hasta una señora gorda, que no para de correr en círculo y decir "¡Sálvese quien pueda!". Un niño se encuentra en la cima de un hospital. Me meto en el hospital y subo hasta la azotea, donde se encontraba el niño. El niño tenía una gorra roja por arriba y azul la visera, camiseta a rayas azules y amarillas, bermudas vaqueras azules, calcetines blancos con zapatos rojos y cordoneras blancas y poseía unos grandes ojos negros brillantes y era de pelo negro. ¡Lanzaba algo parecido a la magia y por eso ardía todo! También tenía el cadáver de un perro y una serpiente al lado suya.

Me lanzo a él, pero se protege alzando las manos y produciendo un escudo azul magnético. Cuando para de hacerlo, salgo disparado fuera de la azotea, pero consigo agarrarme al borde de ella.

¡Ríndete! –dice el niño acercándose a mí– ¡Ríndete ante Ness y no saldrás herido!

¡NUNCA! –grito mientras vuelvo a la azotea y le tiro al suelo.

Se lanza con un bate hacia a mí y empieza a pegarme con su arma en la cabeza y torso. Le quito el bate de las manos y le bateo la cara.

– "¡PK Fuego!" –pronuncia Ness.

Al pronunciar esto pone el dedo índice y corazón señalando y sale un rayo de fuego hacia mí, produciendo quemaduras en mi ropa.

Saco la máscara de Dimencio e intento flotar, pero no puedo. ¿Qué pasa? … ¡Ahora lo entiendo! La cara de la máscara está triste… Creo que de momento tendré que matar a Ness por mí mismo, ya que está amenazando a su propio pueblo con la muerte.

Hago dos Bolas Gatunas y se las lanzo. Las dos impactan en él. Se lanza a mí y me empuja, tirándome así del hospital. Menos mal, caigo de pie.

Salgo corriendo por las montañas, ya que Ness me persigue. Unas naves con formas de cerdito sobrevuelan las montañas, con una música que me sonaba mucho. No me importa, primero tengo que acabar con Ness y… ¿¡Una especie de dinosaurio y dragón al mismo tiempo?! En un cartel pone "Cuidado con los Drago", así que ese animal tan extraño será un Drago.

El Drago me intenta cazar mientras ruge, pero me deslizo debajo de sus grandes patas. Ness acaba en las garras del dinosaurio, y el animal se lo mete en la boca. ¿Qué le está pasando al Drago? ¡De repente empieza a brillar…! ¡Y REVIENTA! En el charco de sangre que deja la explosión del Drago se ve a Ness, que se lanza a por mí y me amenaza con una bola eléctrica que saca de su cabeza con poderes telepáticos y la pone en su mano mientras pronuncia las palabras "PK Thunder"

Antes de que la bola me dé, una especie de ciborg gordo con varios saxofones o tubas se acerca a nosotros con una señora robótica al lado. El ciborg empieza a tocar sus saxofones

Mira cómo se pelean… –traduce la señora robótica– No obedecen órdenes, en cambio, pronto obedecerán mis órdenes, como aquel mono con ese collar de descargas eléctricas que le puse. ¡Pronto, amigos míos, obedeceréis mis órdenes! ¡Las órdenes del gran Falhaz!

¡Vamos, soldados puercaretos! ¡A por estos enclenques! ¡Ñiejeje! –añade.

Unos hombres metidos en un disfraz de cerdo (que al parecer era un uniforme) aparecen desde las naves, que aparecen al lado nuestra, frenando con un zumbido inaudible. Nos disparan con una pistola de rayos. Yo lo consigo esquivar, y creo que Ness lo devuelve, de alguna manera, con su bate. Con la agenda de Maxwell, dibujo una espada muy afilada y empiezo a atacar a los "Puercaretos".

Después de luchar durante más de un cuarto de hora, los "cerditos" empiezan a huir despavoridos. ¿Qué está pasando? ¡Guau! ¡Un animal muy extraño rosa con dientes afilados en una gran boca y alitas de murciélago parecido a un perro viene corriendo a por nosotros! Me lanzo a por el tan extraño animal, pero una especie de pelotita color carne, gran nariz al igual que los ojos y dos patas muy pequeñas me tira al suelo.

¡Menos mal que yo, Mr. Saturn, salvarte a ti de una segura muerte! ¡Zip! –dice la extraña pelota– ¡Oh, no! ¡De aquí será mejor que salgamos nosotros! ¡Boing!

Me subo al Mr. Saturn (que así dice que se llama) en mi hombro derecho y salgo corriendo, porque la extraña bestia se lanza a por Ness. El niño da una voltereta en el suelo y la esquiva, pero la bestia le hizo un corte con uno de sus dientes en la barriga.
Con todas sus fuerzas, Ness salta y empieza a gritar algo como "PK… ¡Tormenta Estelar!

¿¡QUÉ ESTÁ PASANDO?! Un montón de estrellas fugaces caen desde el cielo hasta nosotros. Rápidamente salgo corriendo y me pongo a salvo en una cueva, fuera del pueblo.
Desde la cueva veo que una de los meteoritos le cae a la bestia de grandes dientes, otra a Falhaz y los demás al pueblo y a las montañas, donde estaban los puercaretos haciendo que caigan muertos y ensangrentados al suelo. La cueva se está derrumbando. El Mr. Saturn y yo nos asustamos mucho. Yo comienzo a llorar, pero el animalito redondo no parece asustado.

¡Tú deberías estar tranquilo! ¡Boing! –me dice Mr. Saturn– ¿Tu saber qué? ¡Yo ser un genio de la ciencia! ¡Dakota! ¡Aunque yo morir, yo prometerte que yo hacerte un regalo a ti! ¡Tú no preocuparte! ¡De verdad!

La cueva se derrumba por completo.

Abro los ojos en una sala de Iglesia. Como si fuera un templo. Estoy detrás de una columna. Un grito de una chica me despierto. ¿Qué ha pasado? ¡Hala, ni yo me lo creo! ¡Una princesa y un monstruo con aspecto de cerdo muertos! ¡Y delante de ella se encuentra una especie de duende! Era un adulto con orejas puntiagudas, ropa verde con botas grandes y marrones. Poseía un gorro verde puntiagudo, un escudo y una espada manchada de sangre. Se mira el guante, donde habían tres triángulos encendidos. ¡Ahora lo entiendo! Era Link, pero no acabo de entender por qué había matado a la Princesa Zelda y… Bueno a Ganon sí que lo entiendo. ¡Pero ahora tiene la Trifuerza enterita! Si me descubre ahora…

¡BOING! –se escucha en la sala. Un holograma del Mr. Saturn de antes aparece delante mía– ¡El regalo que prometí a ti, Dakota!

El holograma desaparece y deja un bate de madera con el logo de un Mr. Saturn y pone al lado "Saturn Valley".
Guardo con silencio el bate, pero Link ya había escuchado al maldito alien que me ha dado el bate.

El héroe de verdes ropajes sale corriendo a mí e intenta clavarme la espada girando, pero rompe la esquina porque ruedo hasta la puerta. Saco la espada de Kratos de mi mochila y la alargo con una cadena hasta Link, pero éste la esquiva de un salto y saca una Ocarina. Empieza a tocar una canción, pero le cojo la Ocarina y la tiro al suelo, para luego tirarle una Bola Gatuna y hacerla pedazos.

El héroe parece furioso. De su espalda, saca una máscara naranja. Cuando se la pone, se empiezan a escuchar huesos crujiendo y un grito terrorífico que proviene del mismo.
De un momento a otro, ¡se había convertido en un monstruo de rocas anaranjado!

Se lanza a mí hecho una bola de piedra. Me agacho y falla, impactando contra la pared. Se lanza otra vez a mí y me da. A continuación me aplasta con fuerza. ¡ARGH!

Levanto con fuerza y dificultad al monstruo que ahora era Link y lo tiro a una pared. Su máscara se hace piedras muy pequeñas.

Ahora sí que está furioso.
… No es posible… Es increíble. Acaba de sacar una máscara muy peligrosa. Ha sacado una máscara con grandes ojos amarillos anaranjados con pupilas muy pequeñas. Era una máscara muy reconocida en el Universo de Zelda. Es la Máscara de Majora. Se la pone. Esta vez su cara empieza a sangrar. Link se cae al suelo de rodillas, para luego ponerse a cuatro patas. Pero no lloraba. Al revés: se reía. Levanta la cabeza. Su cara estaba ensangrentada y seguía sangrando y se movía para los lados su cabeza.
Ahora sí que la he fastidiado: Link tiene el poder absoluto.

Un ruido atronador se empieza a escuchar fuera. Miro para arriba y… ¡La Luna! ¡La Luna empieza a caer a gran velocidad, con una cara horrible y de pocos amigos!

Meteoritos empiezan a caer y armaduras con forma de caballero con cuernos salen de una niebla negra y morada.

Rápidamente saco la Chaos Emerald y produzco un agujero. Me meto en él, y justo cae un meteorito donde yo estaba.
Antes de ponerme rumbo a la Tierra para ponerme a salvo, miro que allí a lo lejos está Link, con arrepentido aspecto y cara. El agujero se cierra y escucho un grito de dolor que provenía del héroe, entre sonidos catastróficos.

… En cuanto salgo del agujero, caigo encima de Jeff y, tan rápido como me doy cuenta, me levanto muy enfadado.

¿¡Estás loco, Jeffrey?! –le grito– ¿¡Pero tú sabes por cuánto he tenido que pasar?! ¡He estado a punto de morir! ¡Primero un niño muy extraño asesino psicópata intentando destruirlo todo, luego un dinosaurio, después un ejército de cerditos para después ver morir a una pelota viviente adorable que hablaba de manera muy extraña! ¡Y por si fuera poco…! ¡HE VIVIDO HASTA EL APOCALIPSIS EN EL QUE LA LUNA SE CAÍA DELANTE DE MIS NARICES! ¡Y me he salvado de milagro! ¡Jeff, esto me huele muy pero que muy mal!

No hay respuesta, Jeff se queda sorprendido al verme allí.
Comienza a llover, y justo cuando aprieta, un grito se escucha. La gente huye al lado contrario de donde se escucha la voz. ¿Qué había pasado? Cojo a Jeff de la mano y corro hasta el lugar del grito. Respiro muy hondo con sobresalto. ¡No veo a nadie aquí, solamente veo el cadáver de una adolescente! La policía viene en un coche policíaco. ¡Es mi oportunidad para preguntarles qué es lo que ha pasado! Rápidamente, Jeff se pone la ropa para que no le reconozcan. Los policías se bajan del coche y… ¿¡NOS ESPOSAN?!

Quedáis detenidos por asesinato –pronuncian–. Tendréis que acompañarnos a comisaría.

Después de esposarnos, nos obligan a subir al coche.

Pasamos a una sala donde solamente hay un policía en un sillón tras una mesa, una lámpara de techo que ilumina la oscura sala y nosotros dos, sentados en una silla. Tuvimos una charla hace 2 minutos sobre quién fue el verdadero asesino. Todo está en silencio desde entonces.

No os puedo creer, Tobias Cat y… Jefferson Leafs –apoya el policía la cara sobre su mano–, eráis los únicos que estabais en la escena del crimen. Ahora tendréis que pagar el precio: cárcel de por vida.

¡No! –me opongo, golpeando la mesa– ¡Te juro que te traeremos al verdadero culpable!

Después de una charla y discusión de media hora, llegamos a un acuerdo.

De acuerdo –afirma el policía–. Si nos traes al verdadero culpable en menos de 24 horas, no tendrás que pasar el resto de tu vida entre rejas. De hecho, te dejaremos una cabaña en el bosque que hay al lado de comisaría durante 24 horas, que es el tiempo exacto en el que debes traer al asesino. ¿Vale?

Jeff y yo asentimos con la cabeza. A continuación, le doy la mano al policía y salimos de comisaría.

Lo primero que haré será ir a la escena del crimen. Jeff me sigue. Según el Reloj, que ya se ha puesto bien y en hora, estamos en… ¡Guau! ¡América del Norte! ¡Caray! Me pregunto cómo se las habrá apañado Jeff para llegar aquí.
No importa, he llegado al sitio donde está el cadáver. Paso la cinta policíaca que me impedía pasar por debajo, agachándome. Me acerco al cadáver. Hum… ¿Qué es esto? Parece un hilo de una sudadera hecha de tela y unas huellas de zapatos. No hay ningún arma, así que supongo que lo habrá matado a puñetazo limpio. También hay un pelo anaranjado. ¡Como el mío! Claro, por eso creen que he sido yo. ¡Pero está claro que no fui yo! Voy a tener que hacer una muestra de ADN en comisaría. Rápidamente llamo a la policía desde mi móvil.

20 minutos después…

La policía ha venido y ha hecho unas muestras de ADN. Dicen que está claro que no he sido yo, pero que podría haber utilizado a alguien para que matase a aquella persona. Según la muestra, no es una persona, es más bien un humanoide al que le han mutilado brazos y piernas. ¿Pero entonces cómo lo ha matado?

Abandonamos Jeff y yo aquel sitio y nos dirigimos a la casa del bosque al lado de comisaría.

Llegamos. La cabaña era hecha de madera, con el suelo color vainilla y lo demás marrón madera. Hay tres ventanas en la pared izquierda, pero en la derecha hay un póster de una cabeza de un humanoide con el pelo anaranjado con los ojos clavados en mí y no tenía cuello. Tenía dos ventanas a sus lados. Un escalofrío recorre mi cuerpo. No sé si es que los policías me quieren hacer sentir culpable.

En la cocina, hay una pizza precocinada, solo hace falta meterla en el horno. Eso hago.
Voy directo al baño subiendo las escaleras y me doy un baño de agua caliente, aprovechando para pensar quién puede ser el verdadero asesino. Me voy sumergiendo en la bañera llena de agua, con los ojos cerrados. Unas palabras me vienen a la mente: Jeff… Jeff… ¿Jeff? ¡Claro! ¡Ahora podría estar haciendo de las suyas! No me fío ni un pelo de él desde hace unos días. Velozmente, salgo de la bañera, me seco y me pongo ropa. Bajo las escaleras ruidosamente, escuchando unos pasos que no son míos. ¡Ya no hay póster! En lugar de él… ¡HAY UNA VENTANA! Comienzo a hiperventilar. Saco la pizza del horno para comer y así no pensar en lo del póster. Con mis gatunas orejas, escucho alguien respirando. Levanto la mirada de la pizza para después mirar a las escaleras, justo en el descansillo. ¡Hay alguien! Y… No es… Jeff… Es el humanoide del póster… Eso significa que… ¿¡Era una ventana todo el tiempo y no un póster?!

El humanoide no tenía cuello, tampoco articulaciones. Tenía la cabeza flotando, con un gran morro parecido al de un pato. Su cabeza poseía pelo anaranjado. Sus ojos eran como los de Sonic, es decir, era un único ojo con dos pupilas. Su torso flotaba entre manos y zapatos flotantes, y tenía puesto una sudadera morada con un dibujo de una circunferencia blanca y una capucha roja. Llevaba guantes. Y sus zapatos eran amarillos con la suela blanca.

Se lanza a mí y empieza a darme puñetazos en la cara y barriga. Me levanto y, de un salto, le aplasto la cabeza para luego ponerle la zancadilla y empezar a pegarle patadas. Se pone de pie y me intenta patear, pero me agacho y grito auxilio. El humanoide me empuja y tira al suelo y, con un cuchillo, se acerca a mí.

Mira el lado bueno, Tobias –me dice el asesino sin articulaciones. ¿Cómo sabía mi nombre?–… Vas a morir a manos de Rayman, y serás mi vigésima víctima. Así, sin ti, nosotros los personajes ficticios, La Tierra y todo aquello que amas, será nuestro.

No lo creemos –unas voces adultas hablan.

Me giro y… ¡Son los policías! Ametrallan a Rayman. Salgo corriendo y me pongo a salvo, al lado de los policías, los cuales sacan un lanzacohetes y disparan a Rayman. Disimuladamente, hago una Bola Gatuna y la lanzo al humanoide, que impacta justo cuando la bala le da a Rayman, que explota en juegos, sangre y una sudadera suya que guardo en mi mochila. Todos los policías se van, excepto uno: el de comisaría.

Lo sentimos mucho, Tobias –se disculpa el policía– Debería haberte creído, pero las pruebas te declaraban, especialmente aquel pelo anaranjado, el hilo morado y la suela de los zapatos, que es muy parecida a la tuya. Ahora, gracias a ti, las veinte víctimas que mató aquel asesino, podrán descansar en paz. Serás recompensado con sesenta euros.

El policía me da un billete validado en sesenta euros, y yo voy directo al banco para guardarlos.

… ¡JEFF! ¿¡DÓNDE ESTARÁ!? Miro el Reloj. Anteriormente y nunca mencionado, le hice unas reformas únicamente a mi Reloj para saber dónde estaba Jeff, dándole doblemente a la pantalla del mapa. Toco dos veces la pantalla táctil del mapa y… ¿¡VALENCIA?! ¿¡TAN LEJOS?! Uf, a saber qué estará haciendo allí… Pero yo también sé hacer esas cosas ¿sabes, Jeff? Miro mi mochila, para sacar los zapatos de Sonic y la máscara de Dimencio, pero me encuentro con una espada… Creo que ya la he visto antes… ¡Claro, es la espada que llevaba Link! ¡La Espada Maestra! También me encuentro con una máscara de los "Puercaretos" y un lazo del pobre Mr. Saturn. Las dejo dentro de la mochila. Me pongo lo ya mencionado que me iba a poner y… ¡Me lanzo flotando hacia Valencia! Gracias a las botas de Sonic, puedo volar a gran velocidad.

Media hora después…

Me alzo a lo lejos y… ¡veo una gran explosión en España! ¡Y justo en Valencia! Bajo lo más rápido posible a Valencia. Guardo la máscara y las botas en la mochila cuando toco el suelo. Los monumentos tan importantes eran ahora escombros blancos. Aviones extraños sobrevolaban los restos, disparándoles. Las personas corrían despavoridas de allí, y reporteros Valencianos se acercaban a los escombros. Veo a Jeff salir de los escombros, con una gran sonrisa en la boca. Corro hacia él y no parece muy contento de verme. No pienso volver a enfadarme con él, porque él es un personaje ficticio y tiene un gran poder, así que haré cómo si nunca se hubiera ido.

¿Dónde vamos ahora, Jeff? –digo.

Me alegro de que no te hayas enfadado de nuevo, Tobias–responde–. ¿Ves esos aviones? Creo que los pilotan personajes ficticios. ¡Vamos a por ellos!

Jeff me tira al suelo de espaldas y la mochila se da un buen golpe. Algo dentro de ella comienza a vibrar. A continuación, la abro y me fijo en que la máscara de los Puercaretos tiene la nariz brillante.

¿Cómo lo has sabi…? –intento preguntar.

Pura intuición, supongo –responde Jeff, sin dejarme formular la pregunta.

La música que escuché en aquel pueblo se empieza escuchar, y una nave con forma de cerdito aparece delante de nosotros. Después, se abren las compuertas y pasamos dentro. En cuanto nos metemos, vemos muchos controles, botones y un volante con forma de nariz de cerdo.

¿Sabes conducirlo? –interroga el asesino de pelo negro.

No tengo ni idea, pero supongo que será como montar en coche.

Una ventana se abre delante nuestra con un cristal blindado. Me siento en un sillón rosado. Le doy al acelerador, que era un botón en el brazo del sillón.
En menos de un minuto estamos delante de las naves.

¿Y ahora qué? –pregunto.

A lo que Jeff responde aporreando los botones, provocando que misiles, balas, rayos rosas, rayos azules y bombas con cara de cerdito impactan contras las naves. Bueno, no todas las armas porque las naves dan vueltas hasta que revientan por las demás armas que si impactaron. Finalmente, salen de los restos de las naves un pájaro azul, un zorro, un conejo y una rana (todos bípedos) con patas traseras metálicas. Atropello con la nave a gran velocidad a la rana y al conejo. Jeff pasa los brazos alocadamente y descontroladamente por los botones, lo que provoca que aterricemos y aplastemos al zorro y al pájaro. Las compuertas se abren. Salimos y le doy de nuevo a la nariz de la máscara Puercareto, así, la nave desaparece en ruidos de cerdos y partículas romboides celestes. Debajo de la nave hay juegos donde pone "Star Fox" y una pistola láser, la cual cojo y guardo en mi mochila.

Iba a decir algo, pero Jeff me interrumpe:

¿El próximo? Déjame que piense… ¡Ah, claro! No lo sé. Pero según el Reloj, está en África, justo en la parte de arriba. Tú que aprobaste Geografía, ¿dónde está eso?

Jeff, eso es el Desierto del Sahara. Y allí hace un calor TERRIBLE.

Pues, Señor Gato, no queda otro remedio. Vamos –responde Jeff sacándome la Chaos Emerald de la mochila.

Yo también la agarro y, los dos juntos, la alzamos mientras decimos "Control de Caos". A continuación, se abre un portal y nos metemos dentro, dirigiéndonos hacia el Desierto del Sahara. Pero esta vez, no escuchaba ninguna voz, solo el silencio.

¡Guay! ¡Se pone interesante, ¿verdad?! Veremos a ver cómo acabará Tobias, si muere o no, si en el Desierto hay arena, si no la hay, si llegan vivos o no… ¡Buf! ¿Qué pasará? ¡Pues no te lo pierdas, que el Capítulo 8 está en camino! ¡Me despido! ¡Hasta el próximo capítulo!