— LO QUE PIENSO DE ZICK —
Theo
Yo era un hombre normal y corriente, tremendamente respetable, cuidaba bien de mi familia, no tenía fallas... Hasta que un día descubro que el mundo no era como yo creía, si no que las historias más fantásticas, las mismas que yo creía estupideces, eran ciertas. ¿Y cómo me enteré? Pues resultó que Greta, mi única y querida hija, estaba enamorada de un monstruo. Literalmente, un monstruo.
Para los hombres reservados y chapados a la antigua como yo ya nos es suficientemente difícil darle a un hombre la mano de su niñita, como para que aun por encima ese hombre no sea humano.
Los Barrimore siempre habían sido una familia que llamaban la atención. No eran sociables, casi nunca salían de su casa, de la cual parecía que salían gemidos lastimeros y otros ruidos así por las noches. Eso en mis tiempos era suficiente para mirar por encima del hombro a alguien. Nadie sabía con que se ganaban la vida.
Los que más salian de casa eran sus hijos por las mañanas para ir a la escuela, después se desaparecían por las tardes. Su hija mayor, Emily, nunca daba buenas vibraciones. Engreída como nadie y siempre rodeada de un aura de negatividad. Yo estaba muy contento de que mi Greta no fuera amiga de esa joven, sin embargo sabía que tenía cierto enamoramiento por el menor de los Barrimore.
Zob era un buen chico, hasta envidiable, su mayor pena era ser un Barrimore. De no tener ese apellido seguramente nadie le habría mirado mal. No me opuse cuando Greta comenzó a acercarse a él con actitud romántica. Como padre sobreprotector tenía una espina clavada, pero aun así aceptaba la relación.
Claro, hasta que descubrí la verdad.
Los monstruos-si, los monstruos-ska, los domadores, los fantasmas... Me abrieron los ojos muy difícilmente, lo admito, aunque ahora vivo (o muero, como lo queráis ver) muy bien siendo parte de este mundo surrealista.
Mi niña se casó con Zob, que era un domador de monstruos. No fue fácil vivir con ella en un Oasis de Detención para monstruos (de alguna forma la noticia de que la casa de los Barrimore era en realidad una cárcel no fue sorprendente), pero ella era extremadamente feliz, así que yo también. Además, los monstruos del Oasis no eran lo que me esperaba. Era entretenido vivir con ellos, además de que yo no los consideraba reclusos (¿encarcelado por cantar mal? Y solo es un ejemplo, sus "delitos" eran de risa). ¿Saber qué no tendría nietos? Fue duro, pero era por la seguridad del mundo. Mi esposa y yo ya nos habíamos hecho a la idea, cuando Greta cayó "enferma". Saber que estaba embarazada no fue del todo un alivio, pues no fue un embarazo normal. Su vida y la de la criatura corrían peligro.
Mi nieto... Zick es realmente un caso aparte. Verle la carita hizo que los cinco meses de calvario valieran la pena. Era medio monstruo, su vida no iba a ser fácil, pero desde la primera vez que lo cargué en brazos prometí que siempre iba a estar para él.
Y estuve. Y estoy. Y menos mal.
Me alegro de pertenece al mundo de los monstruos, porque aunque ahora sea un fantasma, mis seres queridos pueden verme y, seamos francos, Zick necesita y mucho de mi mano dura, porque mi santa madre con la juventud de estos tiempos y disculpad mis palabras soeces.
Aun así me enorgullezco de él. Es joven pero ya se ha ganado el respeto de todos, es un héroe. Un Grange con todas las palabras, aunque su apellido sea Barrimore. Solo le falta ser un caballero, en eso siempre suspende, menos mal que es agradable con la dama que es Elena (ah, el poder del amor).
Amo a mi nieto, pero aún tengo cuentas pendientes con su crianza, menos mal que después de la muerte ya no te cansas.
Saludos cordiales: Theo Grange, humano difunto.
