Hola de nuevo, aquí les traigo otro cap. Espero que les guste mucho, ¡y muchas gracias a todos los que han leído y comentado! Me hacen muy feliz y ayudan mucho :3.

¡Sigamos leyéndonos!

Capítulo 2: Bajo las órdenes del capitán

Terminamos la cena y con los chicos salimos al patio, específicamente al árbol de manzanas bajo el que estaba recostada esta mañana. Queda a las fueras del recinto, en el límite del regimiento y la intemperie, no hay luna, pero el cielo está despejado y las estrellas nos iluminan el camino. Nos tendemos en el pasto y observamos el firmamento, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. Mikasa se extiende junto a Eren, y cubre su boca con la bufanda roja que jamás se quita del cuello, su piel parece especialmente pálida. Eren se aleja lo más que puede de ella, y apoya su cabeza en sus manos. Armin solo se recuesta y mira con intensidad hacia arriba, me pregunto en qué estará pensando. Yurgen está a mi lado, con los ojos cerrados, probablemente ya se quedó dormido. Y Mikael…él permanece en silencio.

Siento la calidez de mis amigos, todos estamos tranquilos y relajados, sabiendo que contamos con los demás. Mis pensamientos, sin embargo, se dirigen a ese extraño instante en que Rivaille sonrió, tratando de descubrir qué lo hizo sonreír, qué estaba mirando. ¿Sería acaso Ana la razón de su alegría? Ella se ha esforzado mucho por capturar su atención. Sé que siempre lo ha admirado, con Blake eran los únicos que se emocionaban como niños cuando lo veían o estaban cerca, pero hasta ahora, no había tenido la oportunidad de compartir tanto con él. Ninguno. Me alegra que su táctica este resultando, pero también me hace sentir mal, no estoy segura de por qué razón específicamente. Tal vez se deba a mis resentimientos por haber sido tan frío con Blake, o por mi simple apatía hacia él. Si estuviera junto a Ana, no aguantaría tener a Rivaille cerca de mí por tanto tiempo, aunque no nos relacionásemos tanto.

Cierro mis ojos, pero alguien me mueve suavemente. Es Yurgen, quien se pone de pie y me insta a pararme. Lo hago, y veo que todos los demás ya están levantados. Es la hora de regresar a nuestras habitaciones. Armin se ve tan pálido como Mikasa, pero su pelo tiene un brillo especial, parece casi blanco. Caminamos a la sección de los dormitorios, Yurgen y yo abrazados por los hombros, como de costumbre. Nos despedimos y entro a mi habitación. Rendida me saco el uniforme y me pongo el pijama.

El dormitorio es amplio, como todos aquí, y contiene varias literas dobles para los soldados, un baúl por persona para guardar las pertenencias, y un pequeño armario. Comparto la habitación con otras chicas de mi generación, con las que me llevo bien. En un rincón tengo una caja llena de libros, que oculto bien, pues varios de esos ejemplares podrían ser se nos permite leer nada sobre los tiempos anteriores al muro, ni lo que hay más allá, y mucho menos sobre ellos mismos. No hay prácticamente nada sobre las murallas, y en su mayoría, la información solo puede obtenerse mediante los cultos que existen sobre éstas, lo que no sirve de nada, pues todos hablan de su carácter religioso. "Dios las puso ahí", "es la labor de Dios", "son una creación divina", son todas las respuestas que he recibido cuando les nombro las murallas a esos sacerdotes. Pero pude encontrar ciertos libros, que un poco relatan al respecto; aunque todavía no es la información que estoy buscando, me acercan bastante.

Mi litera es la de abajo, me acuesto y me acurruco, preparándome mentalmente para el agotador día que tendré mañana, sobretodo porque tendré que levantarme más temprano de lo habitual y reunirme con el capitán Rivaille. No es justo. Todo en lo que puedo pensar ahora es en Blake y lo contento que estaría por esa reunión, aunque él no tuviese que asistir. Yo y él habríamos buscado la manera de que me acompañara, y la habríamos encontrado. "Mañana limpiaré hasta el último rincón de los establos, sacaré toda la caca de caballo, con mis propias manos si es necesario, para hablar con el cabo Rivaille", hubiera dicho. Y como no había hecho en varias semanas, me largué a llorar.

Con pesar y babeando, me desperté. Después de todo, parece que fue una buena noche. Me lavé y vestí, leí un poco y partí a los establos. Ni siquiera pasé a buscar mi manzana matutina, pues no quería llegar atrasada con Rivaille. Quién sabe qué castigo me daría ese maniático de la limpieza. Armin, Eren y Mikasa confirmaron esa obsesión que tiene por ver todo reluciente y sin polvo. Obsesivo igual que Ana, serían una pareja ideal, aunque también lo sería con Mikasa, pero ella está enamorada de alguien más. Recuerdo entonces aquella mañana en que los vi practicando, lado a lado. Tal vez le atrae a Rivaille, porque cuando está junto a ella, sus facciones no parecen tan frías ni serias.

Salgo de mi ensimismamiento justo cuando llego a los establos, ingreso y allí está él, apoyado contra la muralla, con un pie en esta y el otro en el suelo, los brazos cruzados y la cabeza gacha. Parece aburrido, y que no le importa nada. Alza su rostro y me mira impasible.

–Toma un caballo –me dice. Se despereza y avanza a un corral desde donde saca a su corsel, lo monta y me espera afuera.

Yo no espero a que me diga otra cosa, voy a sacar a mi caballo, lo monto y salgo junto al capitán. Entonces él comienza a cabalgar hacia el exterior del regimiento. Lo sigo, preguntándome qué está haciendo. De todas formas no saldremos del muro, así que me relajo.

Vamos cabalgando por un sendero del bosque que nos lleva cerca del muro, y veo un campamento, en otra división del regimiento. Creo que es el espacio que destina la comandante para experimentar con los titanes, lo que me recuerda a Eren. ¿Habrán experimentado con él también? ¿Acaso nosotros iremos a encontrarnos con ella? Parece que después de todo sí trabajaré bajo las órdenes directas de la comandante Zoe. Suspiro internamente con resignación.

Nos acercamos a la entrada, donde dos guardias se encuentran para evitar que cualquier ciudadano ingrese. Me miran con recelo, pero al ver que voy con el capitán Rivaille me dejan avanzar. Seguimos por un camino de tierra y llegamos al campo. Allí se encuentran varios soldados, unos titanes atados al suelo y…la comandante Zoe. Mi pesadilla se hace realidad. No quiero ser su secretaria ni que me mande a perseguir titanes por mera curiosidad científica, mucho menos que me obligue a interactuar con los que tiene prisioneros. Me quejo ante esa idea y Rivaille me mira. Creo que gesticulé con mi cuerpo un leve rechazo, cuando creí que lo estaba haciendo mentalmente. Esquivo su mirada porque no quiero sentir cuchillos de hielo atravesándome.

–Bájate del caballo, vemos con Zoe –me dice. Yo lo miró extrañada, pues no se refirió a ella como la comandante Zoe. Supongo que tienen la confianza suficiente como para que no deba hacerlo.

Sigo sus órdenes y dejo a Lumbra en los establos. Rivaille hace lo mismo con su caballo y me espera en la salida. Me pone nerviosa su mirada, no me agrada. Salimos y nos dirigimos donde la comandante Zoe. Ella luce feliz, dando vueltas de un lugar a otro, acercándose peligrosamente a los titanes, mientras tras ella corren sus subordinados pidiéndole que tenga cuidado. Un titán casi le muerde la cabeza, pero ella esquivó el mordisco con un salto. Casi salgo corriendo, pero me detuve a tiempo. Mi corazón se agita con velocidad en mi pecho. Esa mujer me pone nerviosa.

–No le pasará nada. Nunca le pasa –dice Rivaille con algo de pesar, pero intuyo que no lo dice enserio. O no de la manera que creo. No lo sé, tal vez de verdad espera que algo horrible le ocurra a la comandante. La idea me aterroriza, y él parece notarlo porque me mira extrañamente. –No quiero que la coman los titanes –repite al final. Yo solo vuelvo la mirada al centro del campo.

La comandante nos ve y se dirige a nosotros alegremente.

– ¡Ah!, viniste chiquitín. No pensé que lo fueras a hacer. Veo que estás acompañado –dice mientras se arregla los lentes insinuantemente. Yo me sonrojo. Y luego me siento mal, pues no es esa la imagen que quiero mostrar. No quiero que se me vincule de esa –ni de ninguna –forma con Rivaille.

–Déjate de tonterías Hanji. Solo vine a asegurarme de que uno de tus juguetes no te arranque la cabeza. Ahora diriges el ejército, no podemos perderte –pronuncia Rivaille, seriamente. En verdad no quiere que la comandante salga herida, es su amiga. Me reconforta pensar que tiene amigos, que hay gente que sí le preocupa. Pero entonces me acuerdo de Blake.

– ¿Qué te pasa Clara? –me pregunta la comandante. Yo la miro sorprendida, debí expresar más de lo que quería mi dolor. – ¿Es por los titanes? Descuida no te pasará nada…Oh, es por Blake. Lo siento mucho –dice finalmente mirándome a la cara. Luce realmente entristecida.

De alguna forma me sobrepongo a la situación y me pongo firme.

– Está bien –respondo. Con todas mis fuerzas trato de evitar recordar ese momento. Siento la mirada de Rivaille sobre mí, pero no se la devuelvo. Ahora no puedo.

–Ve a esa esquina –me ordena Rivaille. Y yo le hago caso. Busco la esquina del campo y me siento sobre unas cajas que se encuentran bajo un toldo verde. No me molesto en averiguar que contienen.

Pasan las horas y sigo sentada en el mismo lugar, viendo como la comandante esquiva una y otra vez los ataques de los titanes, mientras ella les inflige nuevas heridas diciéndoles que "no les hará daño". Incluso les tiene nombre: wally y tom. No dejo de acordarme de Thomas, si supiera que uno de los monstruo que tanto desea matar tiene su nombre, se volvería loco. Y con razón.

Rivaille ha permanecido en el mismo lugar todo este tiempo: de pie al lado de un grupo de soldados que protegen a la comandante, de brazos cruzados.

No tardé mucho en fijar mi atención en las murallas, su misterio me intriga. Intento analizarla lo mejor que puedo desde aquí, veo las piedras, sus formaciones, intento descifrar su material, veo su extensión, el largo del muro, lo alto. Simplemente no puedo creer que hayan estado construidas, las tres murallas, en menos de cien años. Frunzo el ceño intentando recavar la mayor información posible de este trozo de piedras. Cuando regreso en mí, me doy cuenta de que el capitán me está observando. Doy un respingo y miro a otro lado. No a las murallas. Las observé por mucho tiempo hoy.

A pesar del calor me desarmo el moño, pues no estoy haciendo ninguna actividad física, y paso el tiempo desenredando mi pelo. Me lo lavé esta mañana y casi no tuve tiempo de secarlo, todavía sigue un poco húmedo. Veo relucir las claras puntas al sol, de dorado. Mi cabello es rubio oscuro, aunque parece más castaño claro. Siento que me observan. Es el capitán Rivaille, probablemente le molesta que pierda el tiempo así, estoy bajo su cuidado, así que tal vez lo estoy avergonzando. Pero necesito que mi pelo se seque, así que me lo arreglo y dejo estirado detrás de la nuca. Parece no molestarle tanto de esa forma, porque desvío su rostro y no me dirigió extrañas miradas. Viste el uniforme completo de la Legión de Reconocimiento, y su pelo se ve limpio y brillante. Tal vez incluso sea sedoso. Retiro mi atención de él, avergonzada, y me centro en otra cosa.

Mi estómago comienza a gruñir y me aprieto la guata para evitar que siga haciéndolo, y que nadie escuche su rugir. Pero Rivaille se da cuenta.

–Nos vamos –me dice. Y se dirige a su caballo. Lo sigo, monto el mío, y cabalgamos. Probablemente de vuelta al regimiento.

Para mi sorpresa, llegamos a la ciudad. Nos introducimos por unas calles llenas de puestos de frutas, verduras y artículos varios. Una feria. El capitán se detiene y se baja del caballo, amarrándolo a un poste. Me ordena hacer lo mismo. Después lo sigo por un angosto camino flanqueado por pequeñas y coloridas casas. Me parece familiar, pero todavía no logro recordar por qué. Nos detenemos frente a unas puertas metálicas con el símbolo unido de las tres legiones. Rivaille golpea y entra. Camino pero me detienen los guardias. Rivaille mira hacia atrás.

–Ve a dar una vuelta, nos vemos aquí en una hora –dice.

Yo me quedo estupefacta. Primero me lleva a una mañana sin sentido donde la comandante, y ahora me saca a cabalgar sin propósito. Parezco su mascota. Y ni siquiera puedo entrar con él. Sé que es infantil, ¿pero dejarme aquí sola para aburrirme? Supongo que esto es lo que me espera el resto de la semana. Me apoyo contra la pared meditando qué puedo hacer para pasar el rato.

– ¿Los cadetes exploradores no deberían estar fuera de las murallas cabalgando para acabar con los titanes? –pregunta una voz conocida a mis espaldas.

Levanto la cabeza y veo a mi papá a la entrada del cuartel. Él es bastante alto, delgado, de cabello castaño y ojos verdes. Es un capitán de la Legión Estacionaria. Y la razón de que este lugar me resultara familiar, es debido a que mi padre viene constantemente, y en varias ocasiones nos ha traído con mis hermanos. Claro que nunca ingresamos más allá de la entrada.

–Señor –lo saludo llevando mi puño derecho al pecho. –No soy una cadete, soy una soldado raso bajo el mando del capitán Lemoine. Y curso estudios de medicina.

–Descanse soldado –me dice. –Tiene libertad de expresión. Y actuar, pero cuidadito. –pronuncia estas últimas palabras sonriendo.

Corro a abrazarlo. Hace tiempo que no lo veo. Desde que regresamos del exterior nos han mantenido en el regimiento, sin posibilidad de realizar visitas. Así que aprovecho al máximo este momento. Él me abraza de vuelta y me revuelve el cabello. También saludo a Max con un abrazo, es el segundo al mando del escuadrón de mi padre. Maxwell Tomberbland, alto, de espaldas anchas, cabello castaño chocolate y ojos almendrados. Debo reconocer que fue mi primer amor –no correspondido. Pero ahora es solamente un amigo.

– ¿Y qué haces aquí? Solo los capitanes, oficiales y comandantes pueden ingresar. Que yo sepa todavía no eres nada de eso –me dice mi padre, revolviendo mi cabello nuevamente.

– ¡Papá! Deja mi pelo, me despeinas –pronuncio a modo de puchero, mientras me tomo todo el pelo en un moño y veo las risas en los rostros de mi padre y Max.

–Por esta semana estoy bajo las órdenes del capitán Rivaille, ya saben, "el hombre más fuerte de la humanidad". Él ingresó, y me dijo que diera una vuelta y nos reuniéramos en una hora –les explico.

– ¿Por qué estás bajo las órdenes de Rivaille?, ¿acaso te cambiaron de escuadrón, o te portaste mal? O…no me digas, ¿están saliendo? –me pregunta Max insinuantemente y muerto de risa.

– ¡No estamos saliendo! –exclamo enojada y sonrojada. – ¿En qué mundo estar bajo las órdenes de alguien significa que estás saliendo con esa persona? Además, Rivaille sería la última persona en el mundo con quien saldría –le digo seriamente.

Él parece estar algo confundido, como si no supiera si estar enojado, estupefacto o reírse de mí. Es mi papá quién rompe el silencio.

–No estaría mal que salieras con él. Es muy fuerte –insinúa. Yo lo miro seriamente.

–No, papá –le respondo. – ¿Qué hacen ustedes aquí?

–Bah. Vinimos a resolver unos asuntos que competen a los oficiales.

Lo miro fijamente. Es cierto que este es un cuartel de reuniones, pero más del tipo recreativo que militar.

–Bien. Dale mis saludos a mamá y mis hermanos –le digo a modo de despido, pero él me toma por el hombro y me conduce a las puertas. Lo miro extrañada. –Creí que no podía entrar.

–Buenas tardes soldado, ellos vienen conmigo –comunica mi padre, quien retiró su brazo de mí. –Ahora iremos a la sala de estar, yo debo reunirme con el oficial Werminghton, así que tú y Max tendrán que hacer unas cosas por mí.

Nos trasladamos por un largo pasillo límpido, flanqueado por diversas puertas. Probablemente detrás de alguna de esas se encuentre Rivaille. Espero no topármelo. Llegamos al final del pasillo, e ingresamos por la puerta izquierda a una gran habitación, con una larga alfombra carmesí cubriendo el suelo, y lleno de sillones y mesas. Mi padre nos indica la estantería y va a reunirse con el oficial Werminghton. Se sientan a una mesilla redonda que cuenta con dos grandes sillones, dándonos las espaldas. Con Max nos dirigimos a los libros y comenzamos a buscar unos planos correspondientes al sector norte de la ciudad. Max no me explica bien para qué las necesitan, solo que es parte de un proyecto en el que están trabajando. La tarea es más difícil de lo que pensaba, pero logramos encontrar unos esquemas decentes.

–Ya tengo que irme Max, tenía solo una hora para vaguear y la desperdicié buscando planos –le espeto. –Despídeme de mi padre por favor. Nos estamos viendo –le doy un abrazo y me marcho, haciéndole adiós a mi papá con la mano cuando me mira.

–Sí, no hagas esperar a tu novio –se burla Max. Esto parece un chiste cruel, no creo que Rivaille pudiera tener novia, a no ser tal vez…Mikasa.

Regreso por el extenso pasillo, mirando en todas direcciones por si aparece el capitán, pero no lo hace. Creo que tengo tiempo para salir y acomodarme en alguna muralla pretendiendo que jamás ingresé al cuartel. Salgo afuera y…allí está Rivaille. Trago saliva.

Me mira extrañado. Y yo me siento sorprendida, sé que todavía no ha pasado la hora justa, pero él ya está afuera. ¿Habrá llegado hace mucho tiempo? ¿Me habrá visto en el cuartel?

– ¿Por qué saliste del cuartel? Te dije que fueras a dar una vuelta y nos reuniéramos pasada una hora aquí, no que entraras sin mi autorización.

–Lo siento, señor. Mi padre me pidió que entrara para ayudarle con unas cosas, es el capitán Panelli, de las fuerzas Estacionarias. Seguía sus órdenes –respondo esperando que la explicación sea suficiente.

–Estás bajo mi jurisdicción, debes seguir mis órdenes – me dice con una fría e imponente mirada.

–Lo siento capitán –respondo. –No volverá a suceder.

–Bien. Vamos a los caballos y de vuelta al regimiento.

Lo sigo en silencio. Mi maravillosa tarde se ha transformado nuevamente en una pesadilla. Y el causante de ello es un bajo y delgado hombre con apariencia de chico frágil, si no miras su rostro, porque entonces es un enjuto muchacho que te hará trizas cuando pueda.

–Hola Lumbra –saludo a mi corsel. –Adivina a quién me encontré. A papá, y mira lo que te manda Max, uno de esos terrones de azúcar que tanto te gustan y que Blake no dejaba de darte. A puesto que por eso estás tan gordito, ¿eh? –Lumbra relincha y le doy el terrón.

Lumbra era el caballo de Blake, yo perdí el mío en el incidente, así que me hice me cargo de él. Blake era un experto con los animales, lograba amaestrarlos rápidamente, y sin utilizar tortuosas y violentas tácticas. Pero este caballo era su favorito, lo amaba.

– ¿Seguirás hablando con el caballo? –pregunta Rivaille. Lo miro avergonzada y monto a Lumbra.

Ya está atardeciendo, y vemos el sol ocultarse tras la muralla. Pronto estará oscuro, así que nos damos prisa. De todas formas llegamos al regimiento cuando es de noche y están sirviendo la cena. Huele delicioso, y eso me saca una sonrisa. Cabalgo velozmente hasta llegar al establo, desmonto y arreglo a Lumbra, lo limpio, le arreglo la paja, le doy una manzana verde y me despido de él. Relincha cuando dejo el establo, como si me deseara buenas noches. Ahora somos bastante unidos, tal vez porque ambos extrañamos a Blake y encontramos algo de él en el otro.

La noche está clara e ilumina el patio. El pasillo parece resplandecer débilmente, y pronto siento unos pasos cerca de mí. Rivaille me alcanzó y va mi lado, silencioso. No se me ocurre qué decir, así que no conversamos. Estoy incómoda. Llegamos al comedor y encontramos nuestra mesa, ya nos tienen servido a nosotros. Sonrío por la sorpresa y me siento al lado de Lemoine, sin darme cuenta de que a mi otro lado queda un puesto vacío, que ocupa el capitán. Alcancé a vislumbrar una mirada asesina por parte de Ana, la eterna enamorada de Rivaille. No sé que le encuentra, pero por este día, ignorare todo lo demás.

La cena consiste en una sopa de espinaca, pan y manzana. No es de los mejores platos, pero pasa. Yurgen está frente a mí, a su lado Ana –frente a Rivaille-, y a su otro lado Armin y Eren, frente a él está Mikasa, al lado de ella Lemoine, y a su otro lado, Maikel. No dejo de sentir las punzantes miradas asesinas de Ana.

– ¿Algo interesante que tengas que contarme Clara? –pregunta Yurgen. Lo miro, de alguna forma se enteró de mi encuentro con Max, siempre me molesta con él.

–Me encontré con mi papá por el centro. Se veía muy bien.

– ¿Solo con él?

–Andaba con Max, ¿por qué?, ¿querías que le dijera cuánto lo amas? Oh, descuida, él lo sabe –le digo guiñándole un ojo.

Yurgen se molesta un poco, lo noto por el rictus de su labio. Pero se recompone fácilmente.

–En realidad lo decía por ti, supe que hay muchas chicas detrás de él. Pero descuida, seguro sale contigo si le revelas tus sentimientos.

Me atraganto con el agua que estaba bebiendo.

–Ja, ja. Eso no es gracioso Yurgen, no me gusta Max. Métete eso en la cabeza y deja de hacerte el casamentero –le respondo molesta.

–Uy, se enojó la doncella –se ríe. –Está bien, lo siento. Pero fuera de bromas, ¿cómo estaba?

– ¿Por qué no le preguntas tú? –le espeto. Después me calmo. –Bien, se veía contento, como siempre. Es como si hubiese nacido con esa sonrisa en los labios y no pudiera quitársela. Lo encontré más fuerte, pero no sé si fue impresión mía. En fin, no pudimos hablar mucho porque mi papá nos tuvo buscando unos mapas.

Noté a Ana más irritada, lo que me sorprendió, puesto que no le gusta Max como para que se pusiera celosa. Entonces recordé que ella está interesada en el capitán Rivaille, y al mirar de reojo noté que me miraba. ¿Ahora tampoco podía conversar sin su permiso?

Lo miro, y él me mira de vuelta. Sus ojos son penetrantes, demasiado, y no logro descifrar lo que transmiten, pero me hacen sentir incómoda y desvío mi mirada. Esto me parece bastante extraño, Rivaille no es de compartir muchas emociones, ni siquiera sé si tiene, y no sociabiliza con nadie, salvo unas pocas excepciones. Siento que me ha hablado más de lo normal, y que probablemente se deba a que hecho mal las cosas.

– ¿Ese Max también es de las tropas estacionarias? –pregunta.

–Sí –le respondo. –Casi todos mis conocidos en la milicia pertenecen a esa rama. La mayor parte de mi familia sirve allí, y gran parte de mis amigos y generación están ahí también. Maxwell Tomberbland es el segundo al mando del escuadrón de mi padre, lo conozco desde hace años, por eso Yurgen me molesta con él. Aunque sé que se debe a que lo ama en secreto –digo mientras le dedico una sonrisa a modo de burla a mi amigo.

Yurgen me lanza un trozo de su pan y ambos nos reímos. El capitán me observa detenidamente, como si hubiera dicho algo incorrecto –aunque para él todo puede serlo. Mi corazón se agita y trago saliva. El oficial Lemoine carraspea y nos quedamos en silencio.

–Está bien, ustedes dos dejen de bromear y terminen su cena –nos dice.

–Pero yo ya terminé –reclamo.

–Tienes un trozo de pan en tus manos, así que todavía no lo haces –me lanza esa mirada suya que reclama obediencia, y me como el pedazo de pan.

Todos nos enfrascamos en diferentes conversaciones, con Yurgen y Armin hablamos sobre los puentes, los cruces, los bosques, y los caballos. No sé cómo llegamos a esos puntos. Ana y Ramón junto a Eren, Mikasa y Maikel debaten sobre el uso de unas nuevas bandas en los equipos. Ana intenta que Rivaille hable con ella, o que diga algo al menos, pero no lo consigue. Siento pena, aunque también una leve satisfacción. De todas formas es casi imposible sonsacarle palabras a ese hombre.

Ahora con los chicos hablamos sobre los campos más allá del muro y las exploraciones, y recordamos nuestros entrenamientos. Nos animamos y reímos constantemente al acordarnos de nuestras acciones. Siento que Rivaille está particularmente interesado en nuestra conversación, pero no quiero mirarlo. Tampoco se pronuncia al respecto.

Aparece la comandante Zoe, vestida con los pantalones blancos, las botas cafés oscuro, la blusa blanca y la chaqueta de cuero café claro característicos de la milicia. Nos sonríe alegremente, como de costumbre. Cuesta recordar que esta risueña mujer es la misma que lidera las tropas, y que tiene una preocupante obsesión y relación con los titanes. Después de lo que vi esta mañana, creo que es un milagro que siga con vida.

Se sienta junto a Rivaille. De hecho, empuja a Rivaille y a toda la fila para poder acomodarse. El cuerpo del capitán choca contra el mío y siento mis mejillas encenderse. Armin y Yurgen se ríen y los fulmino con la mirada. Me esfuerzo para que Rivaille no lo note, pero inevitablemente nos miramos, y mi rubor aumenta. Sonríe levemente, y es suficiente para avergonzarme y descolocarme. Él nunca sonríe.

–Deja de molestarme –le dice. Pero la comandante lo ignora completamente, lo que me causa risa.

–Te estuve buscando por todas partes, ¿dónde estabas? –le pregunta. –Bueno, no importa, vengo a decirte lo que descubrí esta mañana. Los titanes son criaturas muy interesantes, aunque perdimos a tom hoy.

Parece muy triste cuando pronuncia estas palabras, tanto así que incluso yo llego a sentir pena por su pérdida, pero no por la muerte del titán. Me acuerdo de Thomas, y me alegro de que ya no haya ningún titán con su nombre. Luego se recupera la comandante y se anima nuevamente, relatándole al capitán sus experimentos.

Hago una leve mueca, suspiro y regreso a mi conversación con los chicos, aunque ahora también nos unimos a Lemoine y los demás.

–Pero no se puede hacer eso en el campo batalla –digo. –No debes dejar que los titanes avancen hacia la formación, tu escuadrón, ni mucho menos la ciudad. Si haces eso, descuidas a todos.

Maikel siempre intenta "revolucionar" las formaciones para que nadie muera, pero en realidad lo hace por el deseo de la fama. Cree que puede ser el próximo comandante Smith, quien implementó el sistema de bengalas. Pero no es un buen estratega, es demasiado orgulloso y pedante, cree que tiene la razón todo el tiempo.

–Qué sabes tú de estrategias Clara, tu trabajo es mantenernos con vida, curándonos, ocupándote de los pobres bastardos que no saben cómo vencer a un titán –me dice.

Me enfurezco, ¿me ve como una simple enfermera? Antes era su escudera. Es verdad que tiene una habilidad innata para manejar las armas y moverse con el aparato tridimensional, pero eso no lo hace el mejor guerrero de la humanidad, ni del escuadrón.

–No seas un mocoso –le responde Rivaille. –Hasta los mejores soldados han muerto a manos de un titán. Esos bastardos que describes son soldados como tú, que dan su vida para que la humanidad derrote a los titanes y mantienen tu trasero a salvo.

Lo miro sorprendida por la respuesta que acaba de dar, aunque creo que es más por el hecho de que dijera algo. Me devuelve la mirada, impasible. Jamás cambia su expresión.

–Es cierto Maikel, esas personas pelean con todas sus fuerzas para derrotar a los titanes. Todos lo hacemos. Y ser comidos por ellos no quiere decir que seas un pésimo soldado, a veces solo se trata de la situación en la que te encuentras –digo apretando mis puñados. –Y no hay nada que…

Dejo la frase en el aire, pues no creo que sea cierto que no puedas hacer nada ante un ataque de los titanes. Aunque creo que ese día no hubiese algo que pudiera haber realizado para detener al titán de matar a Blake. Hay ocasiones en las que se puede intervenir, lo sé. Tal vez si no hubiésemos ido a aquella ciudad abandonada, o hubiésemos regresado antes. Pero los si, están absolutamente prohibidos.