¡Hola! Tras un laaaargo tiempo sin publicar, vengo a traerles por fin el capítulo 4…espero que les guste
Capítulo 4: Dolorosa confesión
Es temprano, pero no puedo seguir durmiendo, así que me levanto y me arreglo, preparándome para mi encuentro con Rivaille. En los establos. ¿Qué tiene con los caballos? En fin, todavía está un poco oscuro, pero el cielo se ve despejado, de seguro será un buen día, o al menos lindo. Sonrío. Y aquí estoy yo de nuevo, sonriendo. Me avergüenzo al recordar mi despedida de anoche hacia Rivaille.
Salgo al patio y me dirijo a los establos, cuando veo que alguien se mueve cerca del campo de entrenamiento, es Rivaille. Está haciendo pesas, sin camisa, los músculos de su espalda se ven apretados y tonificados. Debe ser realmente fuerte. Espabilo y me apresuro a los establos. Espero que no note mi presencia por el campo, y que si lo hace, me ignore completamente y no aparezca en la caballeriza hasta las siete.
El sol ya está saliendo, por lo que el interior del establo está levemente iluminado. Me acerco a Lumbra, que también está despierto, ingreso a su corral y me recuesto junto a él. No huele mal.
-¿También tuviste pesadillas Lumbra?, ¿soñaste con su muerte? –le pregunto mientras le acaricio la cabeza. Él relincha un poco y parece triste. Me abrazo a él.
No suelo soñar con la muerte de Blake, pero lo he hecho varias veces. No tan seguido. Al menos no en comparación con otros compañeros que han presenciado muertes dolorosas, u horrorosas. La mayoría pierde su entusiasmo por permanecer en la milicia, con pocas excepciones. Eren es una de ellas, la más asombrosa, pues sacó una fuerza impresionante de la muerte de su madre, un coraje que nunca había visto. La muerte de Blake me afectó bastante, pero en ningún momento desistí de la Legión, pues este era el sueño de él, y el mío.
Ahora vivo por los dos.
-No es momento para abrazar a los animales –dice una grave y conocida voz a mis espaldas.
Levanto la cabeza y veo a Rivaille de pie frente a la puerta del corral de Lumbra. Éste me acaricia con su cabeza. Me levanto y salgo, quedando frente al capitán, que a pesar de llegarme a la nariz, logra ponerme nerviosa. Pero no. Desprécialo. No, mejor lo ignoro. Sí, eso.
-¿Qué tanto piensas? –me pregunta.
-¿Ah? No, nada –me apresuro a responder, aunque no me cree.
-Curiosa manera de no pensar la tuya –dice.
No sé si sea un insulto, pero eso parece.
Salimos de los establos, cuando recuerdo que no alimenté a Lumbra, así que regreso corriendo para darle su manzana, pero Rivaille me detiene.
-¿Qué haces? –pregunta con voz autoritaria.
-Voy a darle de comer a Lumbra, olvidé hacerlo –respondo.
-Los encargados de esa tarea lo alimentarán. Vamos, no pierdas mi tiempo.
Tan valioso es su tiempo. ¿El mío no? Regreso a su lado resignada, aunque cuido mantener distancia de él. Se detiene, y yo también lo hago. Me mira seriamente, más de lo normal en él.
-Acércate –me dice. –Ahora.
Suspiro internamente. No sé qué se propone, ¿qué sea su mascota? Me acerco a él y me quedo a su lado. Sonríe levemente y me mira.
-Acompañaremos a la comandante Zoe con un experimento que quiere realizar con los titanes –me dice. –Y con Eren.
-Sí –respondo. -¿No deberíamos ir en los caballos? –digo mientras señalo con mi pulgar el establo.
-No –responde. –Iremos en la tarde, y nos llevarán. Ahora vamos a ordenar unas cosas.
¿Ordenar unas cosas? Prefiero no preguntar. Dijo que hoy estaríamos presentes en un nuevo experimento con titanes, y Eren. Me preocupa lo que vayan hacer con él.
-No haremos nada que ponga en peligro la vida Eren –me dice Rivaille, captando mis pensamientos. –Por eso estarás ahí.
-¿Qué? Digo, ¿yo?, ¿no debería asistirlo una profesional capacitada como la oficial Honor? – le pregunto sorprendida.
-Es muy ruidosa. Y tú eres una excelente médico, no te subestimes –me dice mirándome a los ojos. Su mirada penetra en mí, y me pone nerviosa.
Continuamos caminando por el pasillo hasta llegar a la sección de los oficiales. Tengo mucha curiosidad por lo que haremos. Nos detenemos frente a una habitación.
-Tengo que buscar algo, espérame aquí –me dice Rivaille. He ingresa en el dormitorio.
Tras un breve momento sale, llevando una carpeta bajo su brazo. Me pregunto qué papeles llevará dentro. Lo sigo, manteniendo su paso, y me hace esperar nuevamente. Entra en otra habitación y sale sin la carpeta.
-Estos son asuntos que no te incumben, deja de pensar en ellos –me dice Rivaille, aunque no de manera pesada, más bien relajado. Lo miro atónita. –Frunces el ceño cuando analizas algo.
Me sorprendo, no me había dado cuenta de que estaba frunciendo el ceño. Suelo hacerlo, pero, ¿cómo lo sabe el capitán?
-Lo sigues haciendo –dice, y sonríe.
Me sonrojo y me acerco al pasillo para seguir en marcha.
-Dijo que limpiaríamos unas cosas, ¿qué ordenaremos? –le pregunto.
-Una habitación –responde.
Y vuelve a su modo silencioso, aunque ya no me parece incómodo.
-¡Clara!
Alguien me llama, pero no sé quién. Volteó y no veo a nadie, tampoco delante de nosotros.
-¡Aquí abajo!
Me acerco la ventana. Estamos en el segundo piso del edificio de los oficiales y abajo está uno de mis mejores amigos de la Legión Estacionaria.
-¡Emmet! – lo saludo, con una gran sonrisa.
-¡Ya ascendiste a los oficiales, uf, no debe ser difícil entonces! –exclama.
-¡Oye! –le grito. ¡Para que sepas solo los mejores alcanzan estos rangos! ¡Y no tengo ningún rango mayor al tuyo!
-¡Te equivocas!, ¡estás hablando con el segundo al mando del escuadrón del oficial Gray!
-¡¿Qué?!, ¿cuándo? –le pregunto.
-¡Baja y te contaré todo! –exclama feliz, mientras se dirige lentamente al pasillo.
-Vaya, sabía que llegaría lejos, pero no pensé que sería tan rápido. ¿O es que estoy perdiendo la percepción del tiempo? –me interrogo en voz alta.
-Está bien para su edad y capacidad. He escuchado que tu amigo es muy inteligente y fuerte –comenta Rivaille.
-Sí –le digo alegremente. –Obtuvo el primer lugar de nuestra generación, y escogió la Legión Estacionaria. Me encanta cuando no escogen la policía militar.
Rivaille parece sorprendido de mi comentario. Pero estoy en Legión de Reconocimiento, no debería sorprenderle.
-¿La Legión de Reconocimiento fue siempre tu primera opción? –me pregunta, y parece interesado, aunque no estoy segura de cómo lo sé.
-No –respondo. –Llegar a la Legión Estacionaria era mi objetivo cuando ingresé a las fuerzas militares. Y se mantuvo así por el primer año. Siempre me pareció atractiva la Legión de Reconocimiento, pero las probabilidades de regresar con vida no eran altas. A pesar de entender el propósito de su existencia, no lo comprendía del todo. Pero…¿quién no quiere ir más allá de los muros? En fin, mi padre y primos pertenecen a los estacionarios, además de ser quiénes se encargan de la seguridad dentro de los muros, y quienes protegen a las personas cuando entran los titanes. Quiero proteger a mi familia, así que esa era mi opción. Hasta que conocí a Blake.
Me apoyo en el alfeizar de la ventana. Y miro a Rivaille, quien permanece atento a mi relato. Se apoya junto a mí en el alfeizar. Me sonrojo un poco, pero continúo la historia. Son cerca de las ocho de la mañana, y el día está radiante, parece que acerté en mi predicción.
-Blake…cómo describirlo. Era increíblemente idealista y determinado como Eren, él me lo recuerda bastante, pero no era tan imprudente. Sí era intrépido, e inteligente, pero sabía cómo y cuándo hacer las cosas. Dentro de todo, tenía algo de sensatez, aunque yo era la voz de la razón entre los dos. Tuvo una vida dura. Antes de entrar en la milicia lo había visto un par de veces, pero jamás hablamos, incluso cuando ingresamos, pasaron un par de meses antes de nos hiciéramos tan unidos. Él se acercó a mí. La verdad es que la mayoría de las personas que realmente me importan, y no son parte de mi familia, se han acercado a mí, y no al revés. Y claro, es recíproco –digo mirándolo a los ojos. ¿Por qué hago eso?
Vuelvo a mirar el campamento, hay varios compañeros practicando, y unos cuantos ordenando y limpiando el campo. Otros están cabalgando en dirección a las salidas, y otros corren por el lugar. Guardo silencio porque no sé si el capitán quiere seguir escuchando mi relato, pero al parecer sí está interesado, pues me mira, instándome a continuar, así que prosigo.
-Esto puede ser un poco largo –continúo, mirándolo. Pero él parece aceptar el trato, así que sigo. – Partió preguntándome dónde quedaban los baños, todavía recuerdo aquel día. Le respondí, pero no quise seguir hablando con él, porque lo encontré extraño. Estaba sucio y tenía la ropa rota, después me enteré de que había peleado con alguien. Más encima era violento, o eso pensaba. Luego comenzó a preguntarme por otras cosas, y ayudarme con algunos ejercicios, era muy bueno. Fue la segunda mejor nota, hubiera sido el primero pero…tuvo ciertos problemas con algunos profesores. En fin, continuamos hablando, y pronto creamos un círculo de amigos con Silvia, Emmet y Tora, y posteriormente Thomas. Pero de quién realmente me volví cercana e íntima fue de Blake, hablábamos de todo, y siempre nos ayudábamos. Era como un hermano para mí, el hermano gemelo que nunca tuve, y yo la hermana que jamás tuvo. En realidad, su única familia. Era huérfano, y de alguna forma consiguió sobrevivir en las calles, hasta que un oficial bondadoso lo vio y descubrió sus habilidades. Le dijo que entrara al ejército si quería convertirse en un completo guerrero. Y lo hizo. Ambas cosas.
Me detengo para descansar un poco la garganta y tomar aire.
-A finales del primer año, y después de pasar por varias pruebas, éramos hermanos. Un año en entrenamiento parece una eternidad, aunque cuando termina tienes la impresión de que pasó rápido. Como no tenía a dónde ir en las vacaciones, lo invité a mi casa, y se integró a mi familia. Un hermano más, un hijo más. Todos lo aceptaron. Desde un principio él quería integrar la Legión de Reconocimiento, pero cuando habló con mi padre, algo se despertó en él. Comenzó a leer todos los libros que teníamos, y a escuchar y conversar mucho con mi papá. Los dos lo hacíamos. Y nos interesamos en…ciertas cosas, como los titanes. Constantemente hablaba de la lucha contra ellos, y de cómo debíamos descubrir sus secretos, responder a las preguntas que nadie formulaba. Yo estaba de acuerdo con todo eso, y formulé la mayoría de las preguntas que queríamos responder. Pero aún no me decidía del todo a formar parte de esta legión.
Giro, dándole la espalda a la ventana y apoyándome en el marco lateral, quedando frente Riavialle. Le hablaré directa y sinceramente, aunque muera por dentro debido al nerviosismo. Inspiro y me relajo. Él está atento a todos mis movimientos.
-Él me inspiró a seguir este camino. Me ayudó a darme cuenta de que quería descubrir y ver con mis propios ojos lo que había más allá del muro, y de que en realidad era lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a esta aventura. Siempre me lo decía, pero en realidad, él me dio esa fortaleza, y no hablo solo en actitud, si no también en aptitud. Me hacía entrenar duramente todos los días, a pesar de que odiaba varias de las cosas que me obligaba hacer. Pero cuando cayó el muro Rose, lo decidí. La Legión de Reconocimiento eran quienes luchaban verdaderamente contra los titanes, y los encargados de descubrir la verdad sobre ellos. Solo si sabemos lo qué son y por qué hacen lo que hacen, podremos detenerlos. Ahora nos hemos acercado bastante a eso, aunque…todavía faltan unas cosas.
Miro hacia las murallas, el otro gran misterio que nos atrapó poderosamente a Blake y a mí. Especialmente porque nadie parece cuestionarlas, de ninguna forma. Tan altas, tan gruesas, tan grandes, tan enigmáticas, tan recientes. No son un refugio, son una prisión cuidadosamente elaborada. Si nuestras suposiciones son correctas…estamos en un grave e inminente peligro.
-Sigue hablando, dime lo que piensas –me pide el capitán. -Fruncías el ceño.
-Ah, lo siento, no es nada –respondo. –No fruncía el ceño. Ahora lo estoy haciendo.
-Lo hacías levemente. Supongo que era un pensamiento muy profundo.
-Ah…solo me acordé de algo. En fin, esa es la historia de cómo escogí esta Legión. Además mi abuelo paterno también integró estas filas, de alguna forma siento que sigo sus pasos, aunque no sé si de la misma manera. La medicina tampoco me interesaba mucho, solo quería explorar, y enfrentarme a los titanes inevitablemente, pero nada más. La medicina vino después. Después de la muerte de Blake.
Esta es la primera vez que me refiero abiertamente al tema con un desconocido, alguien ajeno a mi círculo íntimo. Me abrí demasiado, y no sé si obré bien. ¿Le interesará realmente esta información a Rivaille?, ¿no la usará en mi contra de alguna forma? De todos modos, siento que puedo confiar en él, y creo empezar a ver lo que Blake percibía del capitán.
-Él te admiraba mucho. Siempre nos hablaba de ti, nos tenía locos y fastidiado con tus historias, tus proezas –le digo, mirándolo de vez en cuando. –Siempre quiso conocerte, y cada vez que te veíamos marchar por las puertas, era uno de los que gritaban en tu apoyo, aunque no lo hacía mucho, más bien se quedaba observándote con admiración y orgullo. Al hombre más fuerte de la humanidad. Claro que a todos nos impresionabas, pero…eres demasiado frío y antisocial –le digo mirándolo directamente. -Por eso no comprendía bien la admiración de Blake, sabía que no era solo por tus destrezas físicas. Creo saber qué es, pero no estoy segura.
Me dejo llevar por mis emociones, y miro fijamente una nube blanca solitaria que recorre el cielo. Hay una leve brisa que acaricia mi rostro, y pienso que es Blake acariciándome. A él le encantaban las nubes, se divertía mucho buscándoles formas.
-Por eso me dolió tanto cuando al fin pudo conocer al hombre más fuerte de la humanidad, y éste solo lo humilló –digo en tono sombrío. Creía que ya lo había superado, pero me doy cuenta de que el dolor sigue punzando en mi pecho. –Solo quería hablar contigo, no tenías para qué amonestarlo de esa forma. ¿Un idiota insensato que no sobreviviría a los titanes y que sería la vergüenza del ejército? Él era uno de los mejores hombres en batalla, y salvó a muchos. Jamás abandonaba a nadie, que es más de lo que varios oficiales harían.
Aprieto mis puños sobre el alfeizar. Creo que este momento llegaría tarde o temprano. Desde que me topé con Rivaille nuevamente, y teniéndolo tan cerca, me he aguantado mucho, y si no lo dejo escapar ahora, no sé qué podría ocurrir más adelante. Soy consciente de que pueden darme un castigo ejemplar por lo que haré, pero Blake me enseñó a ser fuerte y valiente, a seguir mi corazón. Sin importar qué.
-Lo dejó en ridículo no solo frente a nuestros compañeros, si no frente a todo el regimiento, incluyendo a varios soldados de alto rango. Creía que jamás lo aceptarían en un buen equipo, pero por suerte el oficial Lemoine pudo ver su potencial. Él solo quería conocerlo. Lo odié por eso capitán, profundamente, pero a pesar de los insultos, Blake parecía satisfecho. Jamás lo entendí. Siguieron meses de tratos humillantes por su culpa, hasta que nos graduamos. No sé cómo se sobrepuso a tanto, o cómo se contuvo –le espeto a Rivaille.
Me obligo a mirarlo, no voy a decirle todas estas cosas de manera cobarde, ocultando mi rostro. Él está estático e impasible. Creo que es un acorazado, nada le afecta. Y yo no puedo contener las lágrimas, lo he hecho por demasiadas semanas. Muerdo mis labios intentando contenerme, no quiero que me vea llorar, no él. Parece un signo de debilidad. Además es algo tan íntimo, que solo los más cercanos, y en quienes tenemos la mayor confianza, deberían vernos así. Pero no lo consigo.
-Lo peor de todo –digo mirándolo fijamente entre mis lágrimas, que me nublan un poco la vista. –Es que su sentencia se cumplió, y Blake fue asesinado por un titán de la forma más horrible que he visto. ¡Y yo no pude hacer nada para salvarlo! –exclamo mientras me desplomo en el suelo. Llevo mis puños a mis ojos, intentando parar las lágrimas y el dolor. –Hasta el último momento de su vida…salvó la mía.
No puedo culpar a Rivaille, no fue su culpa. Ni siquiera conocía bien a Blake cuando se conocieron, pero tampoco era para que el capitán se comportara de esa forma. No sé bien por qué lo hizo, pero siento que tenía un motivo por el que no puedo culparlo, y eso me enfurece. Ahora mi hermano de corazón y pericias, de sueños e ideales, está muerto. Solo bastaron cuatro años para amarlo por toda mi vida, como si lo hubiese conocido desde su nacimiento.
Siento un cálido líquido recorrer mi mentón, lo toco con mis dedos. Es sangre, debí morderme el labio con mucha fuerza. Voy a morderlos nuevamente –sin percatarme- cuando una mano toma mi mentón y eleva mi rostro, es Rivaille. Coge un pañuelo, se acuclilla frente a mí y limpia la sangre, también mis lágrimas, y me lo entrega para que me suene. Lo cual hago.
-¿Eso es todo?- me pregunta serio, manteniendo la misma expresión indescifrable de siempre.
-Sí- le respondo. –Eso es todo.
Desvío mi mirada hacia el suelo, inclinando un poco la cabeza. Ya no puedo observarlo de frente, no tengo fuerzas. Aprieto mis labios, y su dedo pulgar los separa, mientras afirma mi mentón otra vez. Lo miro sorprendida.
-No te muerdas el labio –me dice, casi autoritario. –Lo siento.
Sé que esa disculpa es por lo de Blake, y me abruma la tristeza.
-No es tu culpa. Creo que…No, es mi culpa. Y la de él. Nuestras decisiones terminaron en esas consecuencias. Solo espero que haya valido la pena, porque el precio a pagar fue muy alto –digo con un leve temblor en la voz.
Rivaille toma por tercera vez mi mentón y pone sus dedos sobre mis labios, separándolos levemente.
-Te dije que no te muerdas los labios, ni te los aprietes. Es un muy mal hábito el tuyo –me dice.
Suelta mis labios y cuando lo hace, me apoyo rendida contra la pared, mirando alto. Alcanzo a ver un trozo de cielo.
-Él era mi familia, mi hermano, lo quería con toda mi alma. Y lo vi morir –continúo llorando, aunque ahora es liberador. –No pude hacer nada, a penas salí viva de allí y fue gracias a él. Siempre que me sentía abrumada y con deseos de llorar, me obligaba a ver el cielo. Lo encontraba ridículo al comienzo, pero me di cuenta de que funcionaba, por alguna razón, sin importar cómo estuviese el cielo, no podía llorar cuando lo observaba. Fue así cómo sobrevivió tantos años, y comprendí cómo era tan fuerte, y por qué quería pertenecer a la Legión de Reconocimiento. Las alas de la libertad.
Me limpio las lágrimas con las manos, y miro al cielo sonriendo. No importa donde me encuentre, ni cómo, mientras pueda ver el cielo, siempre encontraré a Blake y la esperanza.
-Esperanza –digo. –De un futuro mejor.
Rivaille me observa atentamente. Tal vez no sabe qué hacer. Me pongo de pie, como puedo, y me arreglo. Creo que debería disculparme con él, pero no lo siento, era necesario que hiciera esa confesión. Ahora toca aceptar las consecuencias de este acto. Levanto mi frente y me paro firme, esperando mi sentencia.
El capitán se pone de pie también, se veía tan pequeño de cuclillas. Me cuesta creer que ese hombre que debe medir cerca del metro sesenta y tres –que es lo que mide Armin-, pueda ser tan fuerte y poderoso.
-¿Qué haces ahora? –me pregunta.
-Espero mi castigo –respondo.
Hace una pausa, incómoda. Estoy muy nerviosa por lo que puede decir o hacer.
-¿Todavía me odias? –pregunta.
Me toma por sorpresa esa pregunta, creo que ni siquiera debería importarle lo que yo piense. Se supone al gran capitán Rivaille no le importa nada.
-No –respondo. –No te odio. Ni siquiera estoy segura de haberlo hecho realmente.
-Puedes irte –responde tras un breve silencio.
-Pero…-balbuceó hasta que me detiene con su sombría mirada.
Nos observamos en silencio unos instantes, su cabello negro le cae lánguidamente sobre su rostro. No me atrevo a decirle nada más, un aura oscura parece recorrer su cuerpo. Creo que lo que le dije sí le afecto, y mucho. Ahora lo siento, pero no consigo el valor suficiente para pedirle disculpas.
Me marcho sin hacer ruidos hacia el primer piso, recorriendo de regreso el mismo camino que tomamos para llagar, sin quitarme de la cabeza esa imagen de Rivaille inmóvil. Aprieto mis puños y noto que todavía tengo el pañuelo con el que me limpió la sangre y las lágrimas. Tengo deseos de llorar nuevamente, pero me contengo. Voy a apretar mis labios y recuerdo sus finos dedos posados sobre ellos, y cómo me pedía que no los presionara, así que no lo hago. En su lugar, al salir al patio, miro al cielo y espero que a Rivaille lo calme tanto como a mí.
Ojalá lo esté observando.
