.
.
.
.
Capítulo 6: Interrogatorio
.
.
.
Despierto y recuerdo que debería estar limpiando. Me quedé dormida, rayos, espero que Rivaille no lo haya notado. Voy a levantarme cuando me doy cuenta de que tengo una manta sobre mí, y no llevo puestos los pañuelos. ¿Habrá sido el capitán?
La luz del amanecer se filtra en la habitación. Ya es de día.
– Oye Clara, ¿tú limpiaste el dormitorio? –me pregunta Criseda, quien duerme en la litera superior.
– Sí, un poco, ¿por qué? –pregunto.
– Está todo reluciente, ¿lo hiciste sola?
– No, alguien me ayudó –le contesto.
– Bien, la verdad es que no importa quién lo hizo, la habitación está impecable, como nunca antes. Buen trabajo –me felicita, dándome una palmadita en el hombro. –Oye, ¿te dormiste con el uniforme puesto? Y ni siquiera te metiste bajo la cama. Debías estar exhausta.
– ¿Entonces no fuiste tú quién me puso la manta? –le pregunto.
-– ¿Yo? No, cuando llegué estabas así, y fui la primera en llegar. Parece que tu amiguito especial se ocupó de ti –me dice con insinuación.
– No tengo ningún amiguito especial –le respondo, mientras me sonrojo al recordar a Rivaille.
– Bueno, no creo que un simple amigo te haya hecho eso en la boca, ¿o sí?
– ¡Esto me lo hice yo! Me mordí el labio, tú también lo haces.
– Está bien, calma. Pero no tienes nada de que avergonzarte. Será mejor que salgas luego, ya son las siete y media, vamos atrasadas al desayuno.
Veo los morado oscuros cabellos de Criseda dejar la habitación. Ella es más alta que yo, por mucho, debe medir un metro setenta y cinco, versus mi metro sesenta y ocho. Es delgadísima y tiene la piel bronceada. Es la más cercana en mi habitación, tanto como para considerarla mi amiga. Me dirijo al baño para lavarme y alistarme rápidamente.
No alcanzo a secar mi pelo, así que salgo arreglándolo un poco pero dejándolo suelto. Me pongo la chaqueta y guardo el pañuelo en mi bolsillo, que también está húmedo. Es el mismo que usó Rivaille para limpiarme la sangre ayer, lo lavé hasta sacársela. Ya son casi las ocho, si no me apuro no podré desayunar, así que corro. Y choco contra la espalda de alguien.
– Oye ten más cuidado –me dice. –Pero si eres tú. Clara, ¿por qué siempre chocas conmigo?
Yurgen luce entre divertido y serio. Le acaricio la espalda con la mano y paso mi brazo izquierdo sobre hombro, agarrándome a él, que hace lo mismo sobre mi hombro derecho. Marchamos estrechados hacia el comedor, como los buenos amigos que somos.
– Lo siento Yurgen, tenía prisa, ya van a cerrar el comedor, ¿sabes?-le digo.
– Claro que lo sé, por eso iba tan gruñón. Por cierto, tenemos que hablar –dice mirándome seriamente. Sé que tiene que ver con Rivaille y lo que ocurrió ayer.
– Lo sé, hablamos en la tarde, cuando tengamos tiempo libre –le digo. –Ahora enfoquémonos en conseguir algo de comida.
Apuramos el paso y llegamos al comedor con perfecta sincronía. Meses de práctica nos volvieron expertos en el arte de caminar y trotar abrazados. Ya no queda casi nadie, la mayoría de las mesas están vacías, y la sala luce más larga de lo que es. En nuestra mesa están Armin, Eren, Mikasa, y Rivaille. De repente ya no quiero seguir abrazada de Yurgen, no me parece buena idea, pero él mantiene firme su agarre. Vamos a buscar nuestros platos y nos soltamos. Nos miramos.
– Quiero saber qué está pasando, te conozco demasiado bien –me exige Yurgen.
– Lo sabrás, lo prometo, pero no es nada malo –le respondo.
– Más le vale, porque no me importa si es el hombre más poderoso de la humanidad, si te hizo algo, pagará por ello.
– No es nada de lo que piensas Yurgen. Estábamos equivocados respecto a él –le digo. –Ya te explicaré después, vamos a sentarnos.
Dejamos de hablar en secreto y nos dirigimos a la mesa. Tomo asiento junto a Armin y Yurgen se coloca a mi otro lado, quedando frente al capitán. El ambiente entre ellos se vuelve tenso. Rivaille permanece impasible, como de costumbre, vistiendo el uniforme y con sus brazos cruzados sobre su pecho. No parece cansado, a pesar de que limpió todo mi dormitorio y lo dejó reluciente. Sus finas cejas no se mueven de ninguna forma, ni sus ojos, pero aún así es capaz de transmitir un escalofriante sentimiento, a pesar de que gran parte de su ojo izquierdo queda tapado por su lacio cabello negro. Ahora veo su atractivo físico.
Nota que lo observo y me mira. Recuerdo el beso de ayer y la sonrisa que me dedicó en la noche, su mano sobre mi cuello, sus labios sobre los míos y su lengua al interior de mi boca. La fuerza con que me contuvo, la calidez de su cuerpo, lo firme de sus músculos, su mano estrechando la mía. Y me sonrojo. Sonríe otra vez, levemente, pero es suficiente para mí. Y por primera vez, le devuelvo la sonrisa.
Yurgen golpea mis costillas con su codo.
– Auch –exclamo. Y lo miro pidiéndole explicaciones.
Él solo me mira seriamente, reclamándome que le diga lo que está ocurriendo. E intenta mejorar la tensa situación que se ha creado en la mesa.
– ¿Sabes por qué Lumbra siempre roba tu capa? –le pregunto cambiando de tema. –Porque huele a manzanas. Así que dime Yurgen, ¿qué diablos haces con tu capa por las noches?
Me mira con un poco de irritación, pero sonríe divertido.
– Escondo las manzanas para que tú no te las robes –me responde, revolviendo mi cabello. Está más relajado.
Le agarro la mano y se la aprieto con fuerza. Gime.
– Te he dicho que no revuelvas mi pelo. Ahora tendré que peinarlo otra vez.
– Oye, con esta mano trabajo, ¿sabes?
– No lloriquees, no está lastimada, ¿ves? –le digo mostrándosela. –Recuerda que estudio medicina, sé lo que hago.
Rivaille y los demás nos observan con curiosidad y confusión. Esta escena es bastante patética, pero al menos sirvió para distraer la atención del capitán de mi amigo, y viceversa. Entiendo que Yurgen desconfíe de él, pero no comprendo del todo a Rivaille, quien vuelve a fijarse en mí.
Un nuevo momento de tensión se ha creado. Nadie habla ni se mueve, y cuando creo que la situación no puede mejorar, aparece la comandante.
– ¡Qué bueno que todavía están aquí! –exclama. –Por poco pensé que no los encontraría.
– Hola comandante –la saluda Eren. –¿Realizará nuevos experimentos con los titanes?
– Ah, Eren, eres muy perceptivo –dice. –En estos momentos estamos preparando uno nuevo que requiere de tu asistencia, pero todavía no. Con quien quiero hablar es contigo Clara, y tú amigo Yurgen.
Nos miramos atónitos. No entiendo por qué razón la comandante querría hablar con nosotros. Si fuera para participar en los experimentos como Rivaille quería que hiciera, solo hablaría conmigo. Pero si pide conversar con ambos, debe tratarse de otra cosa, tal vez de...No creo que sea eso.
– Eres muy inteligente Clara Panelli, como tu padre. Debes saber ya de qué se trata –me dice seriamente.
Me tenso. La comandante sabía de nuestras expediciones con Blake desde el principio, aunque nunca le revelamos el verdadero motivo de éstas. Tras su muerte, Yurgen se ha dedicado a acompañarme, y a veces Ana, pero ella tampoco sabe lo que buscamos. Sé que está al corriente de que tiene relación con nuestras exploraciones personales, pero no si nuestra líder sabe lo de las murallas. Debo ser cuidadosa.
– Supongo que de...-comienzo a decir pero ella me detiene.
– No es necesario que lo digas en voz alta. Vamos a mi oficina.
Su oficina. Esto es serio. Ella es muy inteligente y tal vez averiguó todo. A lo mejor encontró mis libros, o cuadernos, o alguien le dijo algo. Pero los únicos que sabían nuestros planes eran Yurgen, Silvia y Emmet, y sé que ellos jamás me traicionarían.
– Sí –respondemos con Yurgen al unísono.
Estoy nerviosa y llevo mi mano al colgante de Blake que pende de mi cuello, apretándolo entre mis dedos. Con Yurgen nos ponemos de pie y seguimos a la comandante Zoe hacia la salida. Ni siquiera terminamos nuestros desayunos.
– Todo estará bien Clara –me dice Yurgen. –Tal vez ya era hora de que desistieras de esa idea.
¿Desistir? Me detengo y observo a Yurgen ofendida. Me pongo frente a él y lo empujo con mi dedo.
– Jamás renunciaré –le digo en voz baja y con determinación. –Blake dio su vida por esto. No dejaré que su muerte sea en vano. Además, es un misterio que hay que resolver, y si no lo hace la milicia, entonces lo haré yo, pero no me quedaré de brazos cruzados esperando a que los titanes hagan su movimiento. No si puedo evitarlo. Y no hables de esto en voz alta.
Todos nos miran en la mesa, junto con los pocos soldados que quedan desayunando en el comedor. Eren y Mikasa parecen sorprendidos de mi reacción, pero Armin está analizando la escena cuidadosamente. Sabe que hay algo más importante. Rivaille permanece demasiado tranquilo como para no preocuparme. Esos dos podrían descubrir lo que ocurre, especialmente Armin, con quien he conversado demasiado sobre temas relacionados a las murallas, lo suficiente como para que haga sus propias deducciones. ¿Tendré algo que temer si Armin lo descubre?, ¿podré confiar en ellos dos?
Yurgen toma mi mano y la retira con violencia de su cuerpo, se acerca a mí y me toma por el cuello de mi chaqueta, empujándome cerca de su rostro. Parece contener una ira inmensa en su interior, sus ojos brillan con vehemencia.
– Tú no correrás el mismo destino que Blake. Abandona esa idea suicida de que los muros son la clave de todo. Arriesgas tu vida por nada en esas llamadas "exploraciones". ¿Haz obtenido alguna información que te ayude a derrotar a los titanes?, ¿conseguiste vengar o justificar la innecesaria muerte de Blake? No. Estás perdiendo tu tiempo. Y el mío.
Me suelta y luego me agarra del brazo izquierdo y me obliga a seguirlo. Estoy anonadada y dolida. ¿De verdad eso es lo que piensa? Sabía que no creía tanto en nuestra teoría de las murallas, pero pensaba que realmente me estaba ayudando a develar su misterio. Que confiaba en que era parte clave para derrotar a los titanes, descubrir la verdad sobre ellos.
Me detengo y me suelto de su agarre. No puedo creer que Yurgen, mi mejor amigo, me esté haciendo esto. Ni que hable así de Blake.
– ¡No te atrevas a decir eso otra vez! –le grito. Cuando se trata de Blake, no me mido y me dejo llevar por mis emociones. Nadie hará ni dirá nada contra él ni su recuerdo. –Respetarás a Blake y todo lo que hizo. ¡Respetarás sus creencias y su memoria! Él era tu amigo también, ¿debo recordártelo?
Yurgen está enojado, como nunca antes lo había visto. Hemos tenido nuestras discusiones, pero siempre eran pequeñas y las solucionábamos de inmediato. Esta vez es diferente, no entiendo su reacción. Se acerca a mí con una fría furia contenida y me agarra de los hombros con fuerza. Él es fuerte.
– Deja de ser idiota. Él era mi amigo, pero lo que ustedes hacen es un locura –me mira directamente a los ojos. –Debes terminar con esto. Ahora. No quiero que tú también mueras.
Nuestras caras están a centímetros, y la tensión entre nosotros es insoportable. Es la calma que precede a la tormenta, una fina cortina de cristal que en cualquier momento puede romperse. Me aprieta con demasiada fuerza los hombros, siento los moretones surgir. Ninguno de los dos quiere ceder.
Esto no terminará bien.
Aparece Rivaille y nos separa. Nos escruta ambos con su impasible mirada.
– ¿Qué fue eso? –nos pregunta.
Yurgen permanece callado. Me desafía a responderle al capitán y contarle todo. Sabe que si cuento su ofensa a Blake también tendría que contarle lo de las murallas.
– Nada –respondo, mientras fulmino a mi supuesto amigo con la mirada. Esto no se lo dejaré pasar tan fácilmente.
– Bien, vamos todos a mi oficina. Tú también Levi –dice la comandante, que nos estuvo observando todo este tiempo desde la entrada del comedor, sin mover un músculo. Estoy segura de que le dimos lo que quería.
– Por supuesto que iré –responde el capitán, como si su asistencia a la reunión hubiese sido requerida desde el principio.
Quiero esperar a que Yurgen dé el primer paso, pero Rivaille me toma del brazo izquierdo y me obliga a moverme. Intento soltarme de su agarre, pero no es tan fácil, no cede, y me mantiene sujetada. Me siento una prisionera. Aprieto mis puños con rabia. Todos están en mi contra.
– Compórtate –me dice el capitán. –No seas una idiota.
Las mismas palabras otra vez. Me hieren tanto como las otras. Solo puedo contar conmigo, debo dejar de compadecerme de mí misma. No necesito de nadie más para llevar esto acabo, puedo hacerlo sola.
Levanto mi cabeza con determinación y endurezco mi mirada. Nadie me verá flaquear. Llevo mi mano derecha a mi colgante y lo presiono con fuerza.
"Nadie me detendrá Blake, cumpliré nuestro propósito, lo juro". Pienso para mis adentros y miro al cielo para encontrarme con su presencia y sentir su cálido apoyo. Cierro mis ojos y oficializo mi promesa.
Rivaille suelta su agarre y me adelanto. No quiero que nadie marche a mi lado.
Atravesamos el patio de entrenamiento y llegamos al edificio de los oficiales. Ingresamos y subimos por unas escaleras hacia el segundo piso, llegamos al centro por un largo pasillo del interior, y entramos a la oficina de la comandante Zoe. Es espaciosa, posee un par de cuadros, un par de muebles, un gran escritorio y tras éste altos ventanales. Ella toma asiento solemnemente y apoya su cara sobre sus manos entrelazadas. Yurgen y yo estamos de pie ante el escritorio, en formación, y el capitán se encuentra al final de la sala, junto a la comandante.
– Bien, no me esperaba sus reacciones de esta mañana, pero no deben temer. De seguro ya conocen el motivo de esta improvisada reunión. No deben omitir ningún detalle, es de suma importancia para nuestra investigación, y no se les castigará a ninguno a los dos. Entendemos que en el momento de un ataque pudieron embargarse de negativas emociones que les impidieron actuar. No es su culpa.
La comandante nos observa en silencio, y nos escruta detenidamente. Su mirada es perspicaz, espera a que uno de los dos dé el primer movimiento para así iniciar el interrogatorio.
– Ahora, cuéntenme todo lo que sucedió el día de la muerte de Blake.
Me paralizo. No imaginé que la información que nos solicitaría sería el asesinato de mi hermano. Ese era el motivo por el que no quería que lo dijera en el comedor, sabía que es complicado para mí hablar de ello, todavía es muy reciente, aunque ha pasado casi un año. Toda la fortaleza que había reunido comienza a desvanecerse. Busco el cielo a través de los ventanales, pero éstos no son traslúcidos. Comienzo a desesperarme un poco, así que presiono mis manos a mi espalda, y relajo mi respiración, preparándome para hablar.
– Todo ocurrió muy rápido –contesta Yurgen. Me sorprende que él haya tomado la iniciativa. –Yo no estaba con ellos cuando inició el ataque, llegué después, tras escuchar las murallas hacerse pedazos. Estaba cerca, cuidando de nuestro equipo mientras ellos exploraban la ciudad en busca de alguna actividad titánica. Cabalgué lo más rápido que pude, al llegar vi a Clara tirada en el suelo con múltiples heridas y a Blake...en la boca del titán. No había nada que ninguno de los dos pudiese hacer. Me concentré en rescatar a Clara, que apenas podía moverse. Por un momento creí que no se salvaría y que avanzaría hacia el titán para tratar de rescatar a Blake, pero él la detuvo con sus últimas palabras y la hizo entrar en razón. La ayudé a montar el caballo de Blake y salimos de allí mientras llegaba el resto de nuestra unidad y mataba a los titanes. Ellos rescataron lo que quedó de su cuerpo y se lo llevaron a su familia, los Panelli.
Unas furtivas lágrimas comienzan a aflorar de mis ojos, lucho para contenerlas. A pesar de nuestra fuerte discusión y su oposición a mi investigación de las murallas, no mencionó nada sobre eso. Le estoy agradecida.
– Entiendo. Pero necesito saber exactamente qué ocurrió y cómo. Clara, debes contarme todo – me insta la comandante.
Suspiro, preparándome para lo que se viene. Al menos Yurgen cuidó lo que dijo, así que no tendré problemas al ocultar lo relacionado con nuestra exploración.
– No es necesario que hables ahora –dice Rivaille.
Lo miro, pero la comandante parece creer lo contrario.
– Clara ya relató lo que ocurrió el año pasado, tras el incidente. El capitán Lemoine se lo contó todo comandante –dice Yurgen.
– Lo sé Fassbender, pero me dijo lo que le habían contado a él. Necesito escuchar todos los detalles.
Miro a Yurgen para agradecerle por continuar siendo mi amigo, a pesar de todo, e intentar mantenerme bien.
– Era el segundo día que la Legión de Reconocimiento pasaba fuera de la muralla Rose, en una misión que concernían al Capitán Rivaille, el soldado Jaeger y a usted comandante. Nosotros solo debíamos seguir sus órdenes, desconociendo su misión, pero esa mañana la tuvimos libre. Como ya era una costumbre para nosotros dos, con Blake y el permiso de nuestro primer oficial Lemoine, fuimos a la ciudad más cercana para explorar y analizar las últimas actividades de los titanes en ella. El campamento estaba cerca, así que nos dirigimos sin mayores preocupaciones a la abandonada ciudad. Exploramos entre sus ruinas por varias horas, sin conseguir grandes avances y decidimos regresar. Cuando lo estábamos haciendo, nos fijamos en un pasillo en el que no nos habíamos percatado y decidimos investigarlo.
La comandante escucha con atención mi relato, continúa con su cabeza apoyada sobre sus manos entrelazadas, su desordenado cabello y sus rectangulares gafas. Todavía no logro descifrar el propósito de esto, pero Yurgen está tan nervioso y preocupado como yo, tiene los brazos rectos tras su espalda, y me mira constantemente para cerciorarse de mi estado emocional. El capitán, por otro lado, permanece impasible al lado de la comandante. Afuera el sol despunta, es cerca de medio día, lo sé por el brillo en los cristales.
– Blake subió las murallas para tener una vista panorámica (y buscar un objeto que nos llamó la atención), y aparecieron los titanes, tres de ellos, de la nada. No fui lo bastante rápida y eficiente como para darme cuenta de su presencia antes de que uno apareciera tras de Blake. Intentó tomarlo, pero él logró esquivarlo y cayó al suelo. Se lastimó la pierna y yo corrí en su auxilio. No podía correr bien. El titán golpeó la pared y unos trozos de piedra se desprendieron, golpeándonos. Me lastimé el brazo derecho, pero todavía podía conducir a Blake a los caballos, nos montamos y cabalgamos hacia la salida, pero apareció otro de ellos que nos bloqueó el paso. Los caballos se alborotaron y perdimos el control, él cayó sobre su pierna y se la quebró, yo me golpeé contra un montón de rocas y casi no podía moverme. El titán avanzó hacia Blake, que intentó ponerse de pie, en vano, su aparato tridimensional no funcionaba, y no pudo zafarse del agarre. Una piedra cubría mi pierna izquierda, y no alcancé a liberarme a tiempo para rescatar a mi hermano.
Hago una pausa para tragar saliva y continúo.
– Ya estaba en la boca del titán para cuando pude sacar mi pierna de los escombros, conseguí levantarme, y cuando iba hacia Blake, me detuvo. Se acercaba un tercer titán y Yurgen apareció matando al primero e ingresando por un agujero que su cuerpo creó en el pasillo. Estaba demasiado lejos como para ayudar a mi hermano, que estaba siendo devorado por el enemigo. Traté de llegar hacia él, pero con sus últimas palabras, me pidió que regresara y me mantuviera viva. Era demasiado tarde para él, y yo era su única familia. Alcanzo a decirme que me quería como a una hermana, incluso me dio las gracias por darle una familia, y recalcó que no era mi culpa. Cuando el titán cerró su mandíbula tragándose la mitad de Blake, sus palabras se ahogaron por sus gritos.
Tengo mis puños cerrados con fuerza, mis brazos a los costados de mi cuerpo y mi cabeza inclinada hacia el suelo. Es difícil mantenerme firme, reprimiendo los deseos de llorar y desvanecerme en el suelo. Creo que estoy mostrando mis debilidades.
– Yurgen me sacó de allí y me ayudó a montar a Lumbra, ya que mi caballo desapareció con los ataques. Contra mi propia voluntad cabalgué fuera de la ciudad, mientras mi escuadrón ingresaba y acababa con los dos titanes restantes. Demasiado tarde. Después de eso todo es confuso para mí. Recuerdo ser atendida por Ana, estar en el campamento, enfrentarme con mi oficial, con usted comandante y el cabo Rivaille, preocupados de que mi imprudencia hubiese afectado a su secreta misión. Y las miradas de mis compañeros...En fin. Eso es lo que sucedió.
– Bien, ya pueden retirarse. Antes de que salgan, ¿cuál es el verdadero motivo por el que te volviste médico, Clara? –me pregunta la comandante, visiblemente curiosa.
– Si hubiese tenido los conocimientos de medicina más básicos, habría podido ayudar a Blake en el momento en que se lastimó la pierna, y no nos habríamos retrasado tanto. Si lo hubiese curado, ambos estaríamos con vida. No dejaré que nadie más pase por la misma situación –respondo con una inusitada firmeza, que no durará mucho.
– Comandante –dice Yurgen saludándola a modo de despido.
Yo hago lo mismo, y él se acerca a mí para guiarme fuera de la oficina, pero no lo dejo. Me adelanto y dejo la habitación. Yurgen corre tras de mí y me alcanza.
– Clara, ya basta. No puedes hacerle frente a esto sola, todavía no lo superas. Aunque sea déjame acompañarte al campamento, para asegurarme de que estés bien. Podrás odiarme todo lo que quieras después.
– No te odio Yurgen, no seas imbécil –le digo volteando a verlo. –Pero esto es algo que debo hacer sola. Necesito meditar un poco, es todo. Ya era momento de enfrentar lo ocurrido, y ahora debo aprender a sobreponerme. No podré hacerlo si siempre estás ahí para desviar mi atención, además, no te he perdonado del todo por lo que dijiste en el comedor. No quiero que me acompañes.
– Pues lo siento, pero creo que vamos en la misma dirección –me dice, y avanza por el pasillo.
Pienso en retroceder y tomar otro camino, volteo y el pasillo está vacío. Esperaba encontrar a Rivaille en el corredor, tal vez siguiendo mis pasos. Me doy cuenta de que quería ser reconfortada por él, sentir que se preocupaba por mí, y descubro con pesar que realmente no le importo de esa forma. Un nuevo dolor me afecta, el de la indiferencia.
Unos largos y fuertes brazos me rodean y me hacen avanzar. Es Yurgen. Me deshago de su enlace y camino, con él siguiéndome, como una sombra.
Todavía estoy bajo las órdenes del capitán Rivaille, y quedan unos minutos antes de que sirvan el almuerzo, así que me separo finalmente de Yurgen y me dirijo al manzano. El cielo está despejado y el sol está en su cenit, la copa del árbol resplandece con sus rayos. Como no tengo nada que hacer, me siento bajo sus ramas, apoyándome en el tronco, y libero mis emociones. Atraigo las piernas a mi pecho, las rodeo con mis brazos, apoyo mi cabeza en ellas, ocultando mi rostro, y lloro. Esta vez, las lágrimas no son tantas, pero el dolor es profundo. Permanezco en esa posición hasta que siento que alguien se acerca. Probablemente sea Yurgen otra vez.
– Te dije que quería estar sola Yurgen. Estoy bien, solo...necesito tiempo. Pero estoy mejorando, ¿sabes? – miro mis manos, las mismas que tantas veces estrechó Blake, y tomo su colgante, que ahora me pertenece. –Él siempre estará conmigo, y me enseñó a ser fuerte. Llevo un año viviendo con su muerte, ya es hora de hacerle frente sola.
Levanto la cabeza con una sonrisa para Yurgen, que se transforma en una mueca de sorpresa al ver al capitán Rivaille frente a mí. Rápidamente me pongo de pie, muevo mi brazo derecho hacia mi pecho para realizar el saludo, pero me detiene.
– No tienes que hacerlo ahora –me dice. –Venía a ver cómo te encontrabas. Pareces mejor.
– Sí –le respondo sorprendida. –Estoy mejor.
– No recordaba que nos habíamos visto ese día –dice, y parece sentirlo.
– Claro que no –le respondo. –No nos conocíamos, tampoco soy alguien importante, ni destacable, y apenas era una novata. Que se había metido en problemas al segundo día de la expedición y que comprometía su misión. Apenas hablaste esa ocasión, no me extraña que te hubieras olvidado de mí.
Me mira seriamente, todavía sostiene mi brazo.
– No me olvidaré otra vez de ti –dice mirándome intensamente con sus pequeños y finos ojos verde oliva.
– No es necesario –le respondo avergonzada, sintiéndome torpe por mi comentario. Hubiera sido mejor quedarme callada.
– Sí lo es. Deja de subestimarte.
– Yo no...Tal vez sí lo hago un poco –digo en voz baja. –Ya puedes soltarme el brazo.
Parece que no recordaba que todavía me tenía sujetada. Me suelta lentamente, y se produce un momento incómodo, al menos para mí.
Estamos frente el uno del otro, inmóviles.
– Creo que ya es hora de ir a almorzar, gracias por venir a ver cómo estaba –le sonrío cuando me preparo para irme.
– Espera –me dice.
Volteo para escuchar que quiere.
– Vamos juntos, todavía estás bajo mis órdenes. Y tenemos cosas que hacer.
Sonrío. Supongo que esta es su forma de decir que quiere acompañarme. O tal vez no, pero no importa, solo sé que podré caminar en su compañía, y eso me vuelve inmensamente feliz.
Me cuesta un poco procesarlo.
– ¿Qué es ese colgante que estabas sujetando? –me pregunta.
– Ah –respondo sorprendida. –Era de Blake, me lo regaló un día después de graduarnos. Lo consiguió cuando tenía diez años, por su abuelo paterno, decía que significaba fortaleza y voluntad. Nunca se lo quitó, hasta que me lo dio. Fue más bien un intercambio, porque yo le obsequié una vieja cadena mía a la que le tenía mucho cariño. Lo enterramos con ella...A lo que quedó de su cuerpo.
Observo la cadena que cuelga de mi cuello, es fina y plateada, con un colgante en forma de círculo del que salen dos pequeñas protuberancias semejantes a las plumas que conforman las alas de la libertad.
– "Las alas de la libertad" –le digo a Rivaille mostrándole el colgante y señalándole sus protuberancias. –Sé que no se parecen, pero creo que pudo motivar también su deseo de pertenecer a esta legión. Constantemente hablaba de "sus alas" aludiendo a este collar.
– No son alas.
– ¿Podrías al menos fingir que lo son? –le digo con atrevimiento, del que me arrepiento internamente. –Nuestras alas no tienen por qué ser como todos esperan que sean. Así son las mías también, igual a las de Blake. Tampoco creo que las tuyas sean como las corrientes.
Me mira, con una expresión que supongo es confusión.
– ¿Estás confundido? –le pregunto.
– No –responde. – ¿por qué preguntas eso?
– Ah. Para conocerte mejor, todas tus expresiones parecen iguales. A menos que todo este tiempo hayas demostrado la misma emoción, cosa que no creo. Es imposible que siempre tengas el mismo sentimiento, ¿o no? –termino preguntándole con real duda.
– No –responde, taciturno como siempre. –Pero puedes conocerme mejor si lo deseas.
El hombre de acero inexpugnable que creía que era, se está abriendo y mostrando su verdadero ser. Es más cálido de lo que imaginaba. Parece que solo usa una armadura.
– Sí, gracias...tú también. Si lo deseas –le digo tímidamente, aunque ya conoce bastante de mí. Todo lo que hay que saber al menos.
Me mira, su negro cabello brilla por el sol, al igual que sus ojos. Su pálida piel contrasta bien con su oscuro pelo. Viste el uniforme, igual que yo, solo que en su camisa tiene un pequeño moño en forma de cascada alrededor del cuello, bastante extraño. Y en su boca...parece que se asoma una nueva sonrisa, de esas que casi no existen.
.
.
.
.
.
.
¡Aquí está el capítulo 6! Sieeeento la demora, y ¡muuuuuuuchaaaas gracias por leer! Tienen una paciencia de oro. A estas alturas creía que ya nadie leía el fic xd.
Intentaré actualizar más seguido, pero estoy muy mal de salud, y este semestre será bastante complicado, así que no sé si lo consiga. Pero todos los meses habrá un capítulo, eso de seguro.
De nuevo, infinitaaaas gracias por leer y por los comentarios que hacen, me han sacado más de una sonrisa y me suben el ánimo :).
¡Espero que les haya gustado! Nos estamos acercando al final de la primera parte (esto no quiere decir que después tendrán meeeses para una actualización, descuiden xd).
