CAPITULO 23.

-¡Ya basta! – Gritó Inu- no- Taisho situándose enfrente de sus hijos.

-No puedo creer que en una situación como esta, ustedes solo piensen en hacer estupideces – Los miro fijamente con una expresión seria – Si realmente quieren vengarse de Taishi, primero aprendan a contenerse, por que de lo contrario jamás lograran ir delante de él – Terminó dándoles una ultima mirada de advertencia.

-¡Maldita sea! – Susurró Inuyasha con enojo ante las palabras de su padre.

-Bien, por el momento me contendré, pero tampoco pienso seguir órdenes de nadie. Por lo tanto yo resolveré esto a mi manera – Cruzó los brazos y desvió la mirada hacia Tora – La próxima vez, no tendrás tanta suerte – Dijo Sesshomaru con odio escrito en su mirada.

-Discúlpeme príncipe, pero si no mal recuerdo su hermano y usted me atacaron sin razón - Sonrió – Lo uni…

-¡No digas estupideces, por tu culpa el imbécil de Taishi escapo! - Interrumpió el hanyo con una gran vena en su frente, mientras que Inu- no- Taisho solo trataba de no perder la paciencia con esos peli plateados.

-Por que no hablamos claro… príncipes – Miro a los mencionados – Lo único que ustedes hicieron fue tratar de desquitar su frustración de no poder hacer nada conmigo – Se detuvo y miro a Sesshomaru – Bueno tal vez usted tuvo alguna otra razón – Termino observando como Sesshomaru apretaba los dientes, pero antes de que se formara una nueva pelea, dirigieron su mirada a una youkai que con un poco de dificultad se dirigía hacia la salida.

-Princesa… - Pronunció Hayate con un poco de confusión.

-Discúlpenme por favor – Miró a Tsubasa, Biakko, Inu- no- Taisho y Hayate – Pero no pienso quedarme a escuchar cosas sin importancia, tengo cosas mas importantes en que pensar como para estar perdiendo el tiempo de esta manera – Dijo antes de perderse de vista.

X-X-X

Un nuevo día saludaba a una hermosa youkai, que apesar de que aun tenia abierta la herida que tenia en la parte baja del abdomen, parecía no importarle. Lo único en lo que podía pensar era en los acontecimientos que recientemente habían ocurrido. Pero sobre todo recordaba las últimas palabras que le había dicho Taishi antes de marcharse, se repetían una y otra vez en su cabeza como un disco rayado.

Flash back…

Kagome todavía se encontraba en shock por el hecho de que Taishi también fuera su odioso compañero de trabajo, pero dejo de un lado su ensimismamiento cuando le llamo la atención como Taishi dirigía su mirada hacia el espeso bosque y fruncía levemente el ceño. No supo ¿Cómo? Ni cuanto tiempo había pasado, pero ambas miradas se habían encontrado desde hace algunos ¿Segundos? ¿Minutos? No podía decirlo con certeza, pero lo suponía por que lo único que la había traído nuevamente a la realidad había sido el gruñir de su amado príncipe. Bajo con un poco de vergüenza la mirada y frunció el ceño cuando escucho la carcajada que Taishi soltaba, con enojo volvió a mirar hacia enfrente, pero grande fue su sorpresa al encontrarse con el youkai a milímetros de su boca.

-Me tengo que ir mi ángel, aún tengo que resolver algunos asuntos – Retiró un mechón del cabello de la youkai, dirigiéndolo hacia atrás de su oreja – Te llevaría conmigo en estos momentos ¿Sabes?, pero estoy seguro que no vas a querer ir conmigo – Le susurro rosándole los labios.

-Ni…ni hoy ni nunca – Pronunció con nerviosismo la youkai, trayendo como consecuencia que el youkai sonriera seductoramente.

-Sin en cambio yo pienso que ni tu misma estas segura de esas palabras en este momento, pero está bien, por el momento te dejare aquí. Estoy muy seguro que la próxima vez que nos veamos tu serás la que me busque…mi ángel – Susurró eliminando la poca distancia que había entre ellos, dándole así un pequeño beso en los labios. Se separó y le sonrió por última vez para comenzar a caminar tranquilamente hacia donde hace unos momentos había mirado. Kagome solo lo siguió con la mirada y abrió los ojos de la sorpresa al escuchar la voz de Taishi en su cabeza.

-"No puedes escapar de tu destino…mi ángel".

Fin del flash back…

Definitivamente tenia que ser coincidencia lo que dijo, por que si estaba en lo correcto eran las mismas palabras que su padre le había dicho antes de morir. Respiró con frustración ¿A que destino se referían? ¿Por qué se empeñaban en atormentarla con palabras a medias?

-Estoy harta – Susurró Kagome dejando escapar un largo suspiro mientras se detenía.

-Realmente eres más hermosa cuando sonríes – Escuchó la youkai detrás de ella.

-Tal vez tengas razón, pero estas de acuerdo que en este momento no tengo ningún motivo para sonreír – Dijo dándole la cara.

-¿A si? Y dígame princesa que es lo que en este momento está haciendo – Mencionó Tora con una hermosa sonrisa al haber logrado su objetivo. Kagome solo atino a soltar una pequeña carcajada al darse cuenta que sin querer había sonreído con el comentario de aquel youkai que parecía siempre estar alerta a sus movimientos.

-De acuerdo me rindo.

-Bien, entonc… - Detuvo sus palabras el daiyokai, dirigiendo discretamente la mirada hacia un costado.

-¿Qué ocurre Tora? – Cuestionó la youkai al ver que su semblante había cambiado por completo. Sin embargo antes de que saliera alguna otra palabra de su boca, el youkai la sujeto de la muñeca y comenzó a caminar del lado contrario al que iba ella.

-¿Cuál es la razón para ir tan deprisa? – Preguntó Kagome tratando de seguirle el paso.

-No es nada – Hablo el youkai con nerviosismo y regalándole una sonrisa fingida a Kagome. No podía decirle la verdad y de alguna manera daba gracias a la herida que tenia en ese momento ya que por lo visto no se había percatado de nada. Si, también sabía que estaba mal ocultarle algo tan importante, pero no podía ni quería agregarle más sufrimientos a esos ojos tan hermosos. Se detuvo cuando sintió que la youkai ya no lo seguía, volteo a mirarla y lo que vio lo sorprendió – "Maldición" – Pensó al saber que por el semblante de Kagome había sido descubierto. Observo con sumo cuidado como Kagome se deshacía de su agarre y daba la vuelta para regresar por el mismo camino por el que venían hace un momento.

-¡Por favor Kagome, permíteme acompañarte! – Dijo Tora sujetándola de la muñeca nuevamente, como respuesta solo obtuvo un asentimiento de parte de la youkai. Con pesar y enojo Tora sujeto a Kagome de la cintura y con una velocidad impresionante se dirigió hacia donde sentía aquellas presencias.

-¡Espera! – Mencionó la youkai antes de que llegaran a su objetivo.

-¿Qué sucede?

-No quiero que se percaten de nosotros, así que… - Levanto la mano y de ella una esfera rosada los cubrió.

-¡Estás loca…! ¡Kagome estas herida por fa…! - No pudo continuar al sentir unos suaves dedos posarse en sus labios.

-No pasa nada – Habló la youkai, para así continuar avanzando. Después de unos segundos se detuvieron en un árbol muy frondoso y lo que vio Kagome desde ahí, termino por romperle el corazón. De verdad que no sabia si llorar por el dolor tan grande que sentía en el pecho o reírse por lo estúpida que había sido por confiar en aquel príncipe que le había robado el corazón.

-Soy tan estúpida – Se dijo así misma optando por hacer ambas cosas llorar y reír.

-Mírame bien Kagome – La sujeto de ambos brazos el youkai – Jamás vuelvas a mencionar algo así en mi presencia, por que definitivamente me enojare contigo – Respiro para tratar de no ir y golpear a ese príncipe que comenzaba a odiar – Tu vales mucho y si el no lo supo valorar, creo que tampoco se merece ni una sola de tus lagrimas – Termino rozando la mejilla de una sorprendida Kagome.

-Tienes razón – Hablo Kagome tratando de esconder toda la tristeza que en ese momento sentía. Dio un par de pasos hacia atrás al sentir un dolor punzante en lo bajo de su abdomen, con un gran esfuerzo para no gritar sujeto su herida con ambas manos y al sentir un fuerte mareo perdió el equilibrio y comenzó a descender de el árbol. Sin embargo gracias a Tora jamás toco el suelo, pero sus intentos por no ser descubiertos habían quedado de lado.

Sesshomaru empujo a la youkai que le aprisionaba los labios al sentir a su mujer a tan solo unos metros de distancia. Miró a su derecha con rapidez y observo como su mujer se encontraba sumamente pálida y para su pesar sujetada del heredero del Norte. Sin saber ¿Cómo? Ni ¿Cuándo? Sus pies lo habían llevado a solo unos pasos de Kagome.

-Nos vamos – Dijo Kagome mirando al youkai de quien se sujetaba al ver que Sesshomaru solo los miraba con el ceño fruncido.

-Si Kagome – Respondió Tora dándole una ultima mirada al príncipe del Oeste. Sin embargo para su mala suerte una youkai interrumpió su huida.

-¿Se van tan pronto? – Preguntó una youkai de cabello rubio hasta los hombros - ¡Oh! ¡Vamos! Pero si estamos en confianza ¿No lo crees Kagome? - Sonrió con descaro – Tal vez muy pronto, sea yo quien ocupe la cama en donde duermes ahora.

-Si eso te hace feliz, por mí adelante Miu al parecer para rogar estas tú – Respondió Kagome con tranquilidad.

-Dime Kagome ¿Qué se siente que te arrebaten algo que amas? – La miro con enojo ante la tranquilidad de la youkai - ¡Dímelo! – Gritó dirigiéndose a la nombrada dispuesta a atacarla, pero antes de llegar a ella Sesshomaru le impidió continuar.

-De verdad piensas defenderla, después de que quien sabe con cuantos te ha visto la cara.

-Eso no te incumbe y mejor vete antes de que termines como tú hermana – Dijo Sesshomaru mirándola fríamente.

-No necesito guardaespaldas – Mencionó Kagome situándose enfrente de Sesshomaru - Si lo que quieres es vengarte, hazlo, te aseguro que ninguno de ellos intervendrá. Apenas Kagome termino de pronunciar esas palabras Miu la ataco directamente sobre la zona lastimada. Kagome solo pudo doblarse de dolor al sentir las garras de la youkai abrir mas la herida.

-Eso…fue muy sucio- Pronunció con dificultad la daiyokai incorporándose lentamente, mientras se limpiaba un hilillo de sangre que caía de su boca. Observo como un nuevo ataque se dirigía a ella y para su pesar no pudo esquivarlo, así que un nuevo dolor se hizo presente en su brazo izquierdo, seguido después de un gran corte en su nuca al haber sido estrellada contra un árbol.

-Dime…Miu ¿Te sientes mejor? – Preguntó la princesa del Este con una gran dificultad para levantarse.

-¿A caso te estas burlando de mi? – Cuestionó Miu apretando sus puños fuertemente – ¡Maldita! - Gritó dispuesta a darle el golpe final a una muy herida daiyokai. Abrió sus ojos de la sorpresa al ver como antes de llegar a su objetivo, ella la miro con una gran sonrisa y confianza en su mirada. Por alguna razón trato de frenar pero le fue imposible, dejo salir un pequeño grito ahogado cuando se vio sujetada del cuello por aquella youkai que hace solo unos segundos parecía estar a punto de morir - ¿Cómo? – Pronunció con asombro la youkai mirando con temor a la daiyokai.

-Lo siento Miu, pero no tengo intensiones de dejarme matar por ti en estos momentos…Dime ¿Te sientes mejor?

-¡Por supuesto que no! ¡Jamás voy a poder recuperarme de la muerte de mi hermana, suéltame te voy a matar! – Trato de zafarse del agarre de Kagome, mientras varias lágrimas salían de sus ojos.

-¡Ya basta Miu! – Se enfureció Kagome ante las palabras de la youkai, trayendo como consecuencia que la estrellara en el mismo árbol en el que momentos antes la youkai la había estrellado - ¡Si no dejas por un tiempo esto por la paz, te juro que en este instante te matare! – La miro seriamente, pero al ver el miedo en los ojos de Miu, solo respiro y suavizo su mirada.

-Yo no pienso pedirte disculpas por lo que le hice a tu hermana, porque lo que tu hermana hizo no estuvo bien y se que tú muy en el fondo lo sabes. Sin embargo aunque no me lo creas también he sentido el dolor de muchas perdidas en mi vida – Aflojo el agarre al ver la profunda tristeza en la mirada de la youkai – Y también he sentido el deseo de vengar a esas personas importantes para mi, pero ¿Sabes? También tengo prioridades y prefiero mil veces salvar a las personas que aún están a mi lado que salir a buscar venganza – Sonrió – Aun así tengo que confesarte que el día que me encuentre a la persona que mato a mi familia, la voy a destruir sin contemplación, por eso no quiero que pienses que solo te digo esto para que desistas de tu venganza, digamos que quiero hacer una tregua por el momento ¿Qué dices? ¿Estas de acuerdo? – Estiro la mano hacia Miu, quien ante la sorpresa de Kagome se soltó a llorar en sus brazos.

-Per…Perdóname Kagome, tienes toda la razón mi hermana no era una buena youkai – Sollozó aferrada a la daiyokai que con ternura acariciaba su cabello.

-Ya tranquila – Pronunció Kagome dejando de acariciar el cabello de la youkai al esta alejarse para mirarla.

-No…Es que tu no entiendes, yo tengo ordenes de hacerte el mayor daño posible – Dijo con lagrimas en los ojos. La princesa del Este no pudo ocultar su asombro ante la confesión de Miu y sin más la miro con curiosidad, la rubia al entender lo que la peli negra le preguntaba con la mirada contesto – Fue una mujer llamada Kykio – Respondió bajando la mirada al no aguantar la mirada de la princesa.

-Ya veo – Sujeto a Miu del mentón para que ambas miradas se encontraran – Muchas gracias por decírmelo, te prometo que no dejare que nada malo te ocurra – Le sonrió para tranquilizarla ya que podía ver el arrepentimiento en su mirada.

-Ya no te preocupes más. Lo importante ahora es que regreses al castillo, ya que en este momento no estoy muy bien que digamos y no me perdonaría si te sucede algo.

-Si… Está bien – Sonrió Miu – Gracias Kagome, me has quitado un gran peso de encima – Dijo antes de desaparecer. Kagome, respiro con dificultad y se dejó caer al saber que Miu se había marchado

-¡Kagome! – Gritó el heredero del Norte al ver que tan pronto había desaparecido Miu, la daiyokai se había dejado caer-No te preocupes…Estoy bien. Mejor vámonos – Habló Kagome sin querer dirigir la mirada a un daiyokai que miraba con detenimiento la situación. El príncipe del Oeste se debatía internamente en ir y arrebatarle a su mujer a ese youkai insignificante, pero era consiente del carácter de su mujer y de la condición en la que se encontraba, y para ser sincero no quería agravar más el estado de su mujer, suficiente había hecho ya. Pero también estaba la otra parte… su orgullo, el responsable que no dejara mostrar la preocupación que en ese momento sentía, el que hacia todo lo posible por guardar ese sentimiento llamado culpa, el que no dejaba que se moviera en ese momento, aquel que se negaba a siquiera preguntar por la salud de su mujer, si… el causante de que solo pudiera observar como Kagome se alejaba con otro youkai. Frunció el ceño ante tales pensamientos, de ninguna manera podía comenzar a dudar. Pero con tan solo percibir el ligero aroma salino que desprendía la youkai al estar cerca de él, causaba una ola de sentimientos nuevos e inaceptables para él, que juraría que si no fuera por su autocontrol, no hubiera podido sostener esa farsa. Comenzó a caminar en dirección hacia el castillo y por primera vez en toda su larga vida sonrió para sí mismo, se preguntaba ¿Por cuánto tiempo realmente presumiría de su autocontrol?

X-X-X

-Tora… ¡Detente! – Trago saliva con dificultad – No quiero que me vean en este estado…Se preocuparían – Dijo Kagome apenas sosteniendo su cabeza, para mirar al youkai.

-Esta bien Kagome, hare lo que me pides, pero a cambio de eso quiero que bebas de mi sangre – Recargó suavemente la cabeza de la joven en una gran roca. Observo como sus ojos luchaban por no dejar caer varias lagrimas y entendió perfectamente el problema.

-Kagome…Sé que para ti es difícil beber de alguien mas que no sea Sesshomaru, pero comprende que si continuas desangrándote de esta manera vas a morir – Hablo Tora, mientras cortaba un pedazo de su fina ropa y comenzaba a limpiar una de las múltiples heridas que tenía la youkai – Además, estas muy equivocada si piensas que me voy a quedar solo mirándote – La miro con suavidad y sin esperar alguna respuesta de la youkai, levanto su mano izquierda y con una de sus garras de la mano derecha hizo un profundo corte en su muñeca.

-Por favor Kagome, hazlo por todos los que te apreciamos…Hazlo por él – Suplico con la mirada, mientras le acercaba su muñeca. Kagome de verdad quería negarse, sabía que si bebía de Tora seria como traicionar a su amado Sesshomaru, pero también era consiente que Tora era el único que podía salvarla y mantenerla en óptimas condiciones. Salió de su ensimismamiento cuando a sus fosas nasales llego el aroma de sangre fresca, sin poder evitarlo sus ojos se enrojecieron y con gran dolor clavo sus colmillos en la muñeca de alguien que no era su marido. Conforme bebía, sentía como su s heridas comenzaban a sanar rápidamente, pero no solo eso también se daba cuenta como su piel comenzaba a tomar el mismo color de siempre y las energías volvían a ella. Sintiéndose satisfecha alejo sus colmillos de la muñeca de Tora y con suavidad poso varios de sus dedos en la herida causada por sus colmillos. Inmediatamente una luz dorada salió de sus dedos y comenzó a sanar la herida.

-De verdad te lo agradezco – Lo miró con una sonrisa, mientras dejaba su mano.

-No fue nada – Respondió con un ligero sonrojo al ver la hermosa sonrisa que la daiyokai le había regalado.

-Bueno – Se levanto como nueva Kagome y se estiro – Ahora si podemos irnos ¿No es así?

-Si señorita… - Pronunció feliz Tora siguiendo a la youkai.

X-X-X

Varias semanas habían pasado desde que Kagome había descubierto la verdadera identidad de Taishi y aunque todavía rondaban varias preguntas en su cabeza, era el único asunto que había dejado de lado desde hace semanas. Sabía que estaba mal, pero ¿Cómo no dejar eso de lado? Si desde que Inuyasha se había enterado de que bebió de Tora, parecía que el hanyo había tomado el rol de hermano mayor, no la dejaba ni un momento a solas y si eso llegaba a pasar se aseguraba de que Tora y Kagome estuvieran el mínimo de tiempo junto. También cada que se encontraban todos juntos trataba fervientemente de comenzar una pelea con el daiyokai. Lo único rescatable de esa situación era que desde que Kagome había arreglado las cosas con Miu, cosa que había hecho que todos se relajaran, la youkai defendía a Kagome del hanyo y de alguna manera eso hacia feliz a la princesa del Este. Desgraciadamente nada de lo anterior se aplicaba con Sesshomaru, cuando el se entero de lo sucedido, ni siquiera se inmuto y lo peor de todo es que siempre trataba de evadir a la princesa. Pero ahí no paraba el asunto, por alguna razón ambos daiyokais habían dejado de sentirse, a pesar de que Kagome aun mantenía la marca de una luna en su cuello. Por tal razón Kagome deducía, que la marca en su cuello era la razón para que no aceptara por completo la sangre que le ofrecía Tora, ya que desde la primera vez que la bebió, a los dos días se encontraba devolviendo toda aquella sangre, justo como lo estaba haciendo en ese momento en el baño de su habitación.

-Maldición…Cada vez me siento peor – Se recargó en el lavabo, para enseguida tocarse la marca en su cuello – Sesshomaru – Susurró con dolor mientras se miraba en el espejo que había traído de su época.

-¡Kagome! ¿Te encuentras bien? – Llamó un hanyo desde el otro lado de la puerta.

-Estoy bien – Dijo Kagome abriendo la puerta.

-Te ves muy mal… - Mencionó mientras la seguía hasta la salita de su cuarto – Ves, ni siquiera para eso sirve el estúpido de Tora.

-Inuyasha…No empieces – Tomó asiento seguido por el hanyo – Oh tal vez lo estás haciendo, para que Miu te venga a reprender – Lo miro de forma picara.

-Pe…pero que estas diciendo, no digas estupideces – Respondió Inuyasha desviando la mirada, mientras cruzaba sus brazos.

-Y si son estupideces ¿Por qué te sonrojas? – Preguntó Kagome con un brillo en sus ojos que demostraban venganza.

-¡Ay! ¡Ya cállate! Me…mejor me voy por que no estoy para tus bromas – Dijo Inuyasha con nerviosismo.

-¡Cuidado! –Gritó Kagome con una enorme sonrisa al ver que por el nerviosismo de su amigo, este había chocado con la puerta de su habitación.

-¡Estúpida puerta! – Escuchó la youkai refunfuñar a su amigo antes de salir.

-Cobarde – Se levanto del sillón y camino hacia su cama – Me siento tan cansada – Dijo la youkai dejándose caer en su cama.

-¡Kagomeeee! – Se levanto de un respingo la joven al escuchar una voz en su cabeza.

-¿Fue mi imaginación? – Se preguntó a si misma sujetándose la cabeza.

-¡Kagome! – Escuchó nuevamente la youkai a sus espaldas.

-¡Maldición, Kagome te estoy hablando! – Gritó Inuyasha tomando a su amiga por los hombros, acción que trajo como consecuencia que Kagome se sorprendiera.

-¡Por kami! ¡Inuyasha me diste un buen susto idiota! – Frunció el ceño la youkai.

-Olvídate de eso ¿Quieres? ¿Estas sola? – Cuestiono el hanyo con preocupación, acción que no paso desapercibida para Kagome.

-¿Qué ocurre?

-Miu no ha regresado desde la tarde – Pronunció el medio demonio – Salí a buscar a los alrededores y no los encuentro por ningún lado.

-Espera…Dijiste no LOS encuentro – Habló la youkai con un poco de temor.

-Ella llevo a los niños a pasear – Dijo Inuyasha observando como inmediatamente la youkai se ponía de pie y se dirigía hacia la ventana.

-¿A dónde crees que vas? – Se acerco el hanyo a su amiga.

-Creo saber en ¿Dónde? Y ¿Con quien? Están…Después de todo no creo que haya sido mi imaginación- Escuchó el hanyo decir a Kagome antes de verla convertida en una esfera y comenzar a alejarse.

-¡Oye! Llévame contigo – Gritó con enojo el hanyo.

-Primero avisa a todos y después me alcanzas – Respondió Kagome antes de desaparecer de la vista del hanyo.

-¡Estúpida Kagome! Que clase de respuesta es esa – Gruño Inuyasha con un semblante descompuesto por la ira – De ninguna manera pienso perder el tiempo – Pronunció el youkai entre dientes dejándose caer de el balcón.

X-X-X

-Señorita Miu – Gritaron unos pequeños con preocupación, al ver a la youkai caer abruptamente a unos pasos de donde ellos se encontraban.

-¿Qué están esperando? ¡Váyanse! – Dejo salir con dificultad Miu aquellas palabras. Volvió la mirada hacia su enemigo y trato con todas las pocas fuerzas que le quedaban ponerse de pie, mas sin en cambio le fue imposible y volvió a caer.

-Es inútil… una vez que traicionas al amo, es imposible que te mantengas con vida. Debiste de pensarlo dos veces, ahora no me queda de otra más que eliminarte – Dijo un youkai juntando ambas manos, para enseguida separarlas y de estas formarse un rayo color verde – Disfruta tu nueva vida – Mencionó con una gran sonrisa el youkai, soltando aquel rayo hacia una muy herida Miu, que sin poder levantarse solo esperaba con resignación su muerte. Sabía que tal vez ese era su castigo, por haber caído tan bajo. Tenía que admitir que desde la primera vez que vio a la princesa del Este, algo dentro de ella le gritaba que la culpable definitivamente había sido su hermana. Si…era duro reconocer que su hermana era alguien sin escrúpulos, muy parecida a la sacerdotisa que había conocido hace poco, y por la que se encontraba esperando el golpe final. Solo pedía a kami que a los niños no les pasara nada, de lo contrario jamás iba a poder descansar en paz, y seguramente Kagome jamás la perdonaría. Respiro una última vez al ver tan cerca el rayo que acabaría con su vida y sin poder evitarlo cerró los ojos.