- Te digo que no pasa nada, Alice, no se por qué desconfías así de mi.- dije ya un poco exasperada y un tanto asustada.

- Y te empecinas en mentirme.- dijo Alice enfurruñada.

Suspiré ruidosamente.

Desde que habíamos llegado a nuestra habitación, no hacía más que recriminarme cosas que yo no había hecho. Y sabía que detrás de todo estaba Edward.

¡Acusarme de intentar hacerme daño a mi misma!

Flash Back

- Bella…se que es un tema delicado, pero…sabes que eres como una hermana para mi, verdad?.- dijo Alice en un tono de voz tan bajo que apenas logré oírla. La miré un poco asustada.

- Por supuesto, Alice.- le sonreí, intentando aparentar tranquilidad. Algo se venía.

- Y sabes que por eso mismo, me veo obligada a preguntarte cualquier cosa…verdad?.- dijo en un tono más acusador.

- Supongo…pero vamos, deja de dar rodeos, y dime lo que quieres decirme de una vez.- Estaba expectante por lo que me estaba ocultando. Comencé a pensar en todo lo que podría haber sucedido días antes, aunque estaba segura de que no tenía de que preocuparme.

- Bella…has estado sintiéndote mal…emocionalmente? Aparte de todo lo que pasó con Edward.

- Mmm…no, por?

- No has sentido algún dolor, entonces, y has tomado algún medicamento que no sabías realmente para que servía? Sabes, eso es muy común!.- intentó atajarse. Yo ya estaba frunciendo levemente el ceño.

- A que viene todo esto? No he tomado nada.- me miró seria.

- Mira, Bella…si cometiste algún error, es momento de que me lo digas…sabes que no te diremos nada. Te queremos y comprendemos.- dijo en tono conciliador.

- No cometí ningún error! Ahora puedes decirme de que se trata esto?.- dije ya enojada. Temí que Charlie escuchara mis gritos.

- Mira, te seré sincera…

- Esto es obra de Edward, verdad?.- dije, sabiendo la respuesta.

- Sabes que no tiene mala intención.

- Continúa.

- Creemos que…- sabía que usaba el plural para alivianar el sentimiento asesino que crecía en mi.- si ingeriste algo por error…podría ser lo que provoca tu cansancio.

- No es posible. No he tomado nada, ni siquiera para el dolor de cabeza.- dije, pensándolo seriamente.- Espera un momento.- nos quedamos en silencio.- No pensarás que…quise hacerlo apropósito, verdad?

- Bella…lo comprenderíamos perfectamente si asi fuera…eres humana, y en tu situación actual, cualquier cosa puede pasar.- dijo apresuradamente.

- Estas insinuando que yo intento hacerles daño a los bebés, cuando sabes que Edward es lo mas importante que tengo en este mundo?.- intenté no gritar, sin mucho éxito.

- No me grites…lo siento.- dijo apesadumbrada.- Pero lo hemos visto en otros humanos a lo largo de la historia…

Fin Flash Back

- En serio, Alice…créeme, por favor.

- Bella…bien.- dijo, derrotada.- Te creeré. Confío en ti desde el momento en el que te conocí y sabía que terminarías con Edward.- me sonrojé.- Pero debes entender a Edward…no le eches la culpa por esto. Está desesperado porque no entiende que te pasa, y teme con todo su ser que algo te suceda.

- Lo sé…tiene miedo hasta que el frío de su cuerpo me haga daño.

- Lo ves? Entiéndelo…es pesado, lo se. Pero te quiere.

- Lo se. Y yo a él.

- Qué tierna.- dijo riendo.

- Cállate.

- Charlie nos debe estar esperando! A ver…

Grácil mente corrió hacia mi ropero, y eligió en segundos una camiseta azul, y unos jeans sueltos.

- Ya tienes que usar cosas que no te ajusten.- me dijo guiñándome un ojo, al tiempo que me extendía la ropa.

- Gracias por recordarme que estoy hecha una ballena.- dije rodando los ojos.- Voy al baño. Ya vuelvo.

- Te espero aquí.

Me encerré en el baño, y me senté en el inodoro.

Intenté calmarme.

Incluso empecé a revolver en mi mente algún momento de descuido, alguna pastilla ingerida por error, algo que me estuviese cayendo mal…no había nada. Igualmente, si lo hubiera, era algo que me estaba afectando desde hacía ya un largo tiempo, por lo que era algo que estaba ingiriendo concientemente. Lo que me llevaba a pensar que Edward, Alice, y no sabía si alguien más, pensaba que me estaba automedicando, o haciendo daño apropósito.

Volví a ponerme nerviosa.

Era obvio que Edward pensara eso…después de todo, no podía leer mi mente. No sabía qué era lo que hacía, o pensaba. Pero Alice…ella acaso no veía que todo estaba bien? O acaso…veía que algo andaba mal, y no quería decírmelo realmente?

No valía la pena darle vueltas al asunto.

Yo sabía perfectamente que todo iba bien conmigo; no tenía nada que ocultar, ni nada de que arrepentirme.

Más tranquila, comencé a cambiarme.


2 Meses después

- Edward, quiero que vayas conmigo.- dije enfurruñada.

Me encontraba sentada en la cama de Edward, viendo como él caminaba de un lado al otro de la amplia habitación. Realmente estaba tomando una actitud muy infantil.

Simplemente quería que me acompañara a mi primer encuentro con las personas que Carlisle me había recomendado; pues él podía seguir haciendo las ecografías- alegando motivos personales, o que se yo que les había dicho-, pero el papeleo, y el chequeo de que todo estuviera bien por parte del hospital- para no levantar sospechas, pues Carlisle no era ni ginecólogo ni obstetra-, debían realizarlo personal del mismo. Me ponía nerviosa saber que alguien que no conocía enteramente la situación fuese a hacerme preguntas en donde yo misma podía llegar a hundirme, pero no quedaba otra si quería que todo siguiera igual de tranquilo. Pero no.

Edward se negaba olímpicamente.

Según él, los médicos de ésta generación no estaban ni física ni psicológicamente preparados para la tarea, y además, el método más seguro era que Carlisle siguiera con todos los chequeos. Por supuesto, Carlisle y su infinita paciencia lucharon contra su empecinamiento. Sin resultados.

Sabía que sólo quería cuidarme. Él sabía perfectamente, como Carlisle se lo había explicado, que los médicos del hospital sí estaban capacitados; además, ellos no verían nada que pusiera en peligro el secreto de los niños. Pero no.

- Bella…tú no lo entiendes porque ni siquiera tienes 20 años.- decía Edward, parado frente a mi, apretándose el puente de la nariz.- No son confiables, no los conocemos. Lo mejor será que sigamos como hasta ahora.

- Pero Edward…la gente va a empezar a hablar; van a creer que tengo algo raro, que sufro de alguna enfermedad que sólo Carlisle puede ver…

- Pues que piensen eso.

- Edward…

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Desde la puerta, una melena pelirroja, hermosa, acompañaba a una cara igualmente angelical; nos miraba con temor, como si hubiera interrumpido algo importante. Un temor que a mí se me consideraba falso.

- Si, Tanya?- dijo Edward con cautela.

- Creo que deberías hacerle caso…Recuerda lo que paso aquella vez que quisimos ocultar a ese humano malherido…creyeron que nosotros le habíamos hecho algo.- dijo recordando algo que excedía mis recuerdos.

- Habla de Emmett.- aclaró Edward.- Y eso fue diferente.- dijo dirigiéndose a ella.- En esos momentos, había un humano desaparecido que estaban buscando, y sospecharon porque vieron a Rosalie llena de sangre. Aquí nadie desapareció, y nadie esta lleno de sangre.

- Pero es un pueblo, Edward. Da igual si Bella esta o no llena de sangre; el que no la atienda un médico calificado, es suficiente para que hablen.

- Carlisle está capacitado.

- Lo sé, cariño.

Intenté reprimir la cara de asco. Odiaba cuando le decía ese tipo de palabra a MÍ Edward. Pero debía aguantarla.

Días después del día de la ecografía, Tanya había decidido sorpresivamente, portarse bien; y eso incluía, supuestamente, no matarme, no acosarme, no intentar cosas raras en mi presencia, no hacerme sentir incómoda- cosa que jamás lograría-, ni acosar a Edward- cosa que tampoco conseguía. Por supuesto, sabía que nada de su arrepentimiento era verdadero, pues seguramente se había percatado de que Edward terminaría cansándose de esa actitud infantil y asesina hacia mi persona… tomó el camino que cualquier mujer desesperada haría: aguantar cualquier cosa, con tal de estar cerca del hombre que amaba.

Me molestaba, odiaba eso. Pero si antes no podía hacerla ir de la casa, menos lo lograría ahora, que estaba portándose bien. Y quizás, después de todo, su arrepentimiento era verdadero…sólo que los antecedentes que ya conocía de ella me hacían dudar.

Por ahora, me convenía que estuviera de mi lado en ésta situación.

- Piénsalo…tú mismo has vivido ya unos cuantos años para conocer a los humanos.- dijo Tanya.

- No lo sé.

- Vamos, Edward…Además, Ángela estará ahí. Quiero estar con ella…y piénsalo: sospechará sino me ve.

- Puede ser.

- Vamos, Edward…

- Sé que voy a arrepentirme de decirte que sí.

- Te quiero.- le dije, parándome para darle un beso. Cuando miré hacia la puerta, Tanya ya no estaba allí.

El trayecto al hospital fue, por supuesto, demasiado rápido y silencioso.

Edward manejaba a una velocidad que no me atrevía a ver; miraba sólo hacia delante, con el ceño levemente fruncido.

Antes de que yo pudiera juntar las fuerzas suficientes para hablarle, ya estábamos parados en la puerta del hospital.

Suspiré intentando calmarme…después de todo, yo también me encontraba nerviosa.

- Disculpe…buscamos la…- empecé a decir, intento localizar el área de ginecología del hospital.

- No es necesario, Bella.- dijo Edward un poco exasperado.- Ya se donde queda.

- Bueno, pues yo no.- la enfermera a la cual le estaba por preguntar la ubicación seguía mirándome, un poco preocupada. Le sonreí.- Está bien…

- Necesitan ayuda?.- preguntó.

- No, gracias. Mi mujer no conoce el hospital, es todo.- dijo Edward en el tono más conciliador que le fue posible.

Empezamos a caminar.

Ok.

Ya no tenía argumentos para discutirle su mal carácter. Realmente, ese "mi mujer" me había dejado completamente muda. Rogaba, imploraba, porque el rubor que seguramente estaba creciendo en mi rostro se notara demasiado. Una pequeña sonrisa quiso escapar de mis labios.

- Sucede algo?.- preguntó Edward, mirándome con la cejas arqueadas.

- No, nada.- dije, intentando que no se me notara aún más.

- Segura?

- Si, Edward.

- No te duele nada, no? Mira que podemos volver otro día…

- Ni aunque tuviera una contracción aquí mismo dejaríamos de caminar.

- Capté la indirecta, gracias.

- Lo siento.

- No, no lo sientas.- paramos en el pasillo. Edward se paró delante de mí, sujetando mi cabeza con sus dos manos heladas. Me besó la frente, y me miró.- Si esto está bien para ti, lo está para mí también. Lamento mis nervios, no puedo controlarlos.

- No serías tú sin tus nervios y tu instinto sobreprotector.- dije sonrojada, y mirándolo fijamente.

- Sé que me quieres así como soy.- sonrió de lado.

- Así es, vampiro manipulador.- sonrió más ampliamente, me tomó de la mano, y seguimos caminando hasta llegar a una puerta corrediza doble, blanca. Decía "Sala Ginecología- Obstetricia".

- Es aquí.- dijo, ya nuevamente nervioso.

Al entrar, sólo vi un pasillo ancho y extenso, con gente con guardapolvos y ambos de médicos por doquier; instintivamente sujeté el brazo de Edward, quien me rodeó con su brazo derecho. Comenzamos a caminar hasta una pequeña ventanilla, donde había unas cuantas enfermeras con aspecto un poco rudo. Me alegraba enormemente de que Edward estuviese conmigo en esos momentos.

Al llegar a la ventanilla, la sola presencia de Edward fue suficiente para llamar la atención de las mujeres presentes. Rodé los ojos, como señal de hastío. Edward rió por lo bajo.

- Si, joven, qué se le ofrece?.- preguntó una enfermera demasiad joven. La miré de reojo.

- Estamos aquí.- enfatizando el "estamos", tironeándome del brazo para que la enfermera pudiera verme mejor. Obviamente, me puse totalmente roja.- Por recomendación del doctor Cullen, no se si fue informada.

- Oh, si. Ustedes vienen por un chequeo general de su…embarazo?.- dijo mirándome con un poco de resignación. Lo gocé.

- Así es. Puede indicarnos dónde es?.- dijo Edward con el mismo maldito tono seductor que había usado con aquella camarera alguna vez.

- Por supuesto. Sala 3. tercera puerta a la izquierda.- dijo, casi hiperventilando.

- Muchísimas Gracias.

Ahora sí estaba nerviosa.

- Quién es la nerviosa ahora?.- dijo Edward, tomándome nuevamente de la mano, y caminando en dirección a un cartel gigante que decía "Sala 3".

- No estoy nerviosa.

- Por supuesto que no. Solamente tienes taquipnea y un leve dejo de taquicardia. Pero leves.

- Que es eso?

- Aumento de la frecuencia respiratoria.

- No sufro de eso.

- Estás hiperventilando, Bella.

- Mentira.

- Ya estamos.- dijo, sonriendo. Parecía que esto ahora le daba placer.

Por supuesto, tenía que suponerlo.

El lugar estaba lleno de camillas, sillas, y bandejas que parecían contener el mayor de mis miedos: agujas.

Había pocos médicos dando vueltas. Pude ver que Edward miraba hacia todos lados, quizás buscando con el pensamiento a quien era el médico dichoso.

- Allá está.- dijo Edward, señalando a su izquierda.

- Como lo sabes?.- pregunté curiosa.

- Porque lo conozco…qué pensabas, que ni siquiera sabía como era el médico que va a poner sus manos sobre ti?.- dijo exasperado.

- No va a ponerme las manos encima…sabes que no va a hacerme ningún chequeo raro.

- Ponerte las manos encima también incluye la intimidad sentimental, Bella…sé que tipo de preguntas te hará.

- Qué tipo de preguntas?.- me asusté.

- Ya lo verás. Vamos.

Llegamos al supuesto médico. Estaba a espaldas nuestra, pero por lo que podía apreciar, era un hombre joven. Llevaba puesto un guardapolvos largo, que acentuaba su ya alta estatura; era moreno, y hablaba detenidamente con otra persona.

Esa persona, se percató de nuestra presencia, y le llamó la atención al doctor. El hombre se giró sobre si mismo para observar en nuestra dirección. Se ve que el reconocimiento fue mutuo al ver a Edward, pues sonrió, y se acercó a nosotros.

No estaba nada mal.

- Tú debes de ser la nuera de Carlisle.- me dijo con un tono jovial que me brindó confianza.

- Así es.- dije avergonzada.

- Y tú, muchacho…hacía mucho no te veía por aquí.- dijo estrechándole la mano a Edward.

- No tengo mucho que hacer aquí, en realidad.- dijo con la misma jovialidad. Ya sabía que no le había caído nada bien.

- Es verdad. Bueno, quieren pasar a mi consultorio? Así lo hacemos rápido. Seguro quieres volver a casa, verdad?.- me preguntó.

- No hay problema, yo…

- Si, necesita descansar.

- Está bien. Síganme.

Miré con cara de pocos amigos a Edward, cuyo rostro competía con el mío, dirigido hacia el doctor.

Lo seguimos hasta un pequeño apartado, cálido y bien ordenado, con estantes de papeles, y un escritorio. Nos sentamos frente a él, mientras buscaba unos papeles. Finalmente los encontró, y pude ver que parecía un formulario bastante extenso.

-Bueno, empezamos?.- dijo con cara agradable.


Holaaa!

Bueno,no se pueden quejar!XD

publiqué mucho mas rapido que de costumbre!

muchisimas gracias por seguir la historia despues de tanto tiempo, realmente lo valoro mucho :D

y ya saben: los reviews son como mi sueldo, y la manera en la que se que les gusta y quieren que lo continue!:D

espero que les guste!

nos leemos!

::Alice::