30 minutos después.
- Duermes más de 8 horas por noche?- preguntó el doctor Alonso.
- Creo que más.- reí por lo bajo.
- Tomas algún medicamento para algún dolor, o algo parecido?.- preguntó nuevamente, mientras veía como con cada respuesta mía, marcaba una cruz o un círculo en su formulario.
- No, ninguno.- dije segura, dándome un pequeño escalofrío, sin mirar a Edward, al recordar la charla que había tenido hacía ya tiempo con Alice.
- Ni una sola vez?- preguntó con insistencia. Fruncí el ceño.- Es que a veces uno toma pastillas para el dolor de cabeza, o cosas así, sin darse cuenta. No tengas miedo de decirlo.
- Ni una sola vez.- dije nuevamente segura. Pude sentir que Edward apretaba mi mano, en una muestra de acompañamiento silencioso.
- Bueno…Mmm…has mantenido relaciones sexuales éste último tiempo?.- preguntó decidido.
Genial.
Podía sentir como Edward temblaba silenciosamente a mi lado, conteniendo la risa. A esto se refería cuando me había dicho de las terribles preguntas. Por supuesto, no tardé ni 3 segundos en ponerme totalmente colorada, intentando en vano taparme con el cabello.
Ahora que lo pensaba…Edward no se había atrevido a tocarme en todo éste tiempo. El darme cuenta del hecho, me hizo entrar en una especie de trance en el cual la desesperación de encontrar una respuesta coherente y no agresiva para mí, era lo dominante.
¿Por qué, acaso, Edward no me…bueno, no me tocaba?
Primero pensé en lo obvio: seguramente, como tenía miedo hasta de que si me giraba sobre mi misma con demasiada violencia pudiera ser el detonante de mi muerte, supuse que a semejante actividad la había catalogado más allá de peligrosa; Después de todo, Edward no me dejaba hacer dos pasos sin su supervisión, y menos ahora, que el vientre ya era mucho más voluminoso y redondo, con 5 meses de embarazo.
Pero después, por supuesto, la paranoia ocupó el lugar de la razón, como siempre lo hacía. ¿Y si no me tocaba porque estaba deforme con el embarazo? ¿Y si estaba demasiado gorda para él? Quizás ya había perdido el encanto que él había encontrado en mí años atrás.
Me desesperé.
- No…es que se ha encontrado un poco cansada, y no es algo que nos cambie la vida.- resolvió Edward, al notar que yo había quedado en estado catatónico.
- Ya veo. Es normal, pero no dejen de hacerlo por temor.- el doctor me guiñó un ojo. Podía asegurar que mi rostro había pasado del rojo al blanco pálido.- Es una etapa muy linda la que están viviendo, y no tiene restricciones. No en ese campo por lo menos.
- Lo sabemos, gracias.- dijo Edward. Me atreví a mirarlo. Podía notar los músculos de su mandíbula, de lo apretada que la tenía.
- Bien. Supongo que no es necesario que pregunte si fumas o bebes.- me dijo amablemente.
- Sabemos todos los riesgos que eso traería. Igualmente, por suerte, ella nunca ha tenido esos vicios.- dijo Edward rápidamente. Lo miré ofendida. Yo ya podía hablar por mi misma.
- Me alegra escuchar eso. Supongo que Carlisle fue un buen consejero. Creo que ya los he demorado mucho.
Edward se levantó rápidamente de su asiento, al tiempo que lo hacía yo. Me dio pena. Parecíamos desesperados por irnos. Quizás yo era la única que no lo estaba, pensándolo mejor.
Puso su mano en mi cintura, en un gesto de compañía; pude ver su sonrisa, diciéndome que ya había pasado…era más un consuelo para él que para mi. Me dio risa.
- Bella, puedo hablar contigo un momento?.- dijo el doctor Alonso mirando a Edward, en un claro mensaje que quería hacerlo conmigo a solas.
- Esperaré afuera.- me dijo Edward.
Cuando la puerta estuvo cerrada, yo sabía perfectamente que, por mucho que se alejara Edward de esa puerta, escucharía todo igual, y con la misma intensidad. Es más: antes de salir, ya debía de saber qué era lo que el Doctor quería preguntarme, lo que redoblaba mi pánico.
- Estás bien?.- me preguntó, mirándome preocupado. Seguramente había notado en mi rostro las huellas de mis pensamientos.
- Si, por supuesto. Qué es lo que quiere decirme?.- pregunté con curiosidad.
- Mira, Bella…se que esto quizás no sea fácil para ti.- empezó, apoyándose contra su escritorio.- Lo he visto muchas veces, y créeme, cuesta mucho admitirlo.
- De qué habla?.- realmente comenzaba a asustarme.
- Seré directo: tienes problemas con Edward?.- preguntó completamente serio.
- Problemas? De que habla? Sigo sin entender.
- He visto como te manipula. Si hay algo que no te atreviste a decirme en su presencia, éste es el momento.
Me observaba como si en cualquier momento y sin previo aviso, me largara a llorar a más no poder en sus brazos. Lo miraba con los ojos bien abiertos, tratando de entender su pregunta.
- Usted está insinuando que…Edward me maltrata?.- dije, perpleja.
- Muchas veces no es físico, sino psicológico. No te avergüences de decirlo…suele pasar, Bella.
- Pero…eso es ridículo! Mire…no se que habrá notado, pero Edward siempre estuvo a mi lado, en las buenas y en las malas; siempre fue la única persona que me comprendió a fondo, y lo amo. Si usted notó alguna actitud rara en él, es solo porque está nervioso, nada más.
- Espero que no estés defendiéndolo.
- No lo estoy defendiendo. Digo la verdad. Como puede dudar de lo que le digo?- dije, ya indignada.
- Mira…muchas mujeres son maltratadas por sus parejas, y los defienden hasta la última instancia. Los cubren.
- Yo no haría eso.
- Bueno, espero que no. Confío en tu palabra.- dijo sonriendo.- Por favor, compréndeme. Es mi trabajo.
- Lo comprendo. Gracias.
- Nos veremos dentro de…un mes?.- preguntó indeciso. Pude ver que en su rostro había un poco de temor, creía yo originado por su error.
- Está bien.
Salí del despacho, luego de darle la mano.
El pasillo donde me encontraba ahora era completamente otro mundo. Lleno de ruido, de conversaciones. Lleno de vida. Miré hacia un lado y otro, buscando a Edward.
Sonreí al verlo apoyado contra la pared cercana al ascensor.
Me acerqué lentamente, mientras veía como su sonrisa se ensanchaba al llegar junto a él. Parecía que algo le resultaba realmente gracioso.
- Y, qué tal?.- preguntó inocentemente.
- Vamos a casa que estoy cansada, abusador psicológico.
No pudo evitar soltar una carcajada. Lo miré con rabia, al ver como un par de enfermeras nos miraban acusadoramente.
Íbamos en el auto, por supuesto, a toda velocidad. Ahora íbamos mucho más tranquilos que a la ida, y ya no se sentía ese clima tenso que había vivido hacía un rato allí adentro.
- Así que te domino psicológicamente. Claro, no tienes voz ni voto aquí.- dijo burlonamente.
- Y en cierta forma es verdad. Siempre te sales con la tuya.- dije de manera acusatoria.
- Bella…cuando tú no te has salido con la tuya conmigo?.- dijo fingiendo cansancio.
- …
- Ni argumentos para contradecirme tienes.
- Sí que tengo.
- A ver…
- Por ejemplo…ya no te intereso físicamente, y fue necesario que me hiciera dar cuenta un médico ajeno a nosotros.
- Perdón? De dónde has sacado eso?.- preguntó realmente sorprendido.
- Tú mismo le contestaste al médico que hacía ya tiempo que…
- Que, qué?.- dijo en un ronroneo. Lo fulminé con la mirada.
- Que…eso.
Aceleró de repente el Volvo, y estacionó a la orilla de la carretera. Dejó encendidas las luces, mientras ponía el freno de mano. Lo miré asustada.
Se giró para mi lado, y en menos de lo que pude pensar, como siempre, ya me encontraba en su regazo, sentados sobre el asiento del conductor.
Me abrazaba por la cintura, mientras que con la otra mano me acariciaba el rostro. Lentamente acercó su rostro al mío, rozando levemente sus labios a los míos, sin besarlos del todo. Quería acercar mi boca a la suya con desesperación; no me importaba que estuviéramos varados en la mitad de la carretera, a plena luz del día. Me retorcí en sus brazos, intentando alcanzar un mayor contacto con su cuerpo. Con el brazo que sostenía mi cintura me apretujó más contra su cuerpo, y finalmente me besó.
Era un beso apasionado, demandante. Como si hiciera años que esperara mi boca, y no supiera como besarla eternamente. Yo lo besaba con la misma desesperación, acariciando su sedoso cabello. Sentí un escalofrío cuando la mano helada de Edward sobrepasó mi chaqueta y camiseta; podía sentir como acariciaba mi espalda. Tuve que separarme de su beso mortal, pues ya no podía respirar.
Por supuesto, ya estaba hiperventilando.
- Hace tiempo que no hacemos qué?.- dijo Edward, susurrándome al oído mientras yo desfallecía.
- Que no hacemos eso.- logré articular.
- Que no te hago el amor?.- susurró más fuerte contra mi oído. Genial. Comenzaba a desfallecer en serio.- Quieres que lo haga aquí y ahora?
- Edward…
Y fue en ése preciso momento que lo sentí.
Primero creí que había sido un movimiento de Edward, pero luego me di cuenta que dada su posición, no podría haberlo hecho. Además, noté que él también se quedaba petrificado en su lugar, con las manos totalmente inmóviles en su sitio.
Era mi vientre el que se había movido.
- Eso fue…fue una patada?.- pregunté un poco asustada.
- Así es.- dijo Edward, radiante. Observaba mi vientre como si en cualquier momento fuese a moverse otra vez.- Como lo sentiste? Se siente bien?
- Si. No. No lo sé. No dolió, por lo menos. Fue extraño, pero lindo.
- Yo también pude sentirlo.
Siguió acariciándome, ahora con ternura. Los dos mirábamos mi vientre, ensimismados, sin decir nada.
Nuevamente, sentí un pequeño empujón, ahora en la parte de atrás de mi espalda.
Edward sintió el movimiento y me observó, maravillado.
- Les agradas.- dije por lo bajo.
- Les agrado? Cómo lo sabes?.- preguntó Edward con el ceño levemente fruncido.
- Porque simplemente lo sé.- dije riéndome. Edward me sonrió con alegría.- Sigue tu mano…donde tocas, patea.
- No será que me quieren lejos de ti?.- dijo entre risas. Temblé en su regazo.
- No seas tonto. Ellos ya saben que eres su papá.- al decirlo, una sensación extraña recorrió mi espalda. Me gustó.
Pero como siempre, los buenos momentos son interrumpidos. Esta vez por el chillón de mi nuevo celular, el cual Edward había comprado no importándole lo costoso que era, ni mis quejas al respecto. Me quejé sonoramente, mientras Edward se reía, alcanzándomelo.
Era Ángela.
- Hey, Ángela, cómo estas?.- dije, preocupada al recordar que no la había visto en el hospital. Vi como Edward rodaba los ojos.
- A decir verdad, no muy bien…no he podido ir al hospital. Estoy un poco descompuesta.- dijo con voz de ultratumba.
- Oh…quieres que vaya para allá?.- pregunté, un poco asustada. Miré a Edward, suplicándole. Obtuve un muy esperado Sí, por respuesta.
- Si quieres…
- Bien. Iré para allá.
Corté.
Miré a Edward, preocupado.
- Primero comeremos en casa…tienes que comer bien, Bella, y no me contradigas.- dijo viendo que yo ya abría la boca para replicar.- y no soy un manipulador.- sonrió de lado.
- Está bien. Vayamos rápido.
Me acomodé nuevamente en mi asiento. Pensé por un momento lo rápido que se había extinguido nuestro momento. Acaricié mi vientre.
- Cuando vuelvas de la casa de Ángela, y sin importar lo que diga Charlie.- dijo mientras volvía a arrancar, rumbo a la casa de los Cullen.-, te quedarás conmigo toda la noche, para probar a ver si tu teoría de que le agrado a los bebés es correcta.- dijo, sonriéndome.
- Lo haremos, ya lo verás.- sonreí, pensando que Edward lo era todo para mí.
Holaaa!
Bueno...no voy a meter excusas de ningun tipo; solo decir que ahora tengo mas tiempo para escribir, terminé el año en la facu!XD
Espero que me perdonen la terrible demora, no se por qué deje pasar tanto tiempo...y espero q me sigan leyendo y que no se hayan ofendido a muerteeXD
Tambien espero que les haya gustado! quedó corto, pero bueno...mejor que nadaXD. prepárense, porque se vienen tiempos revueltos en la historia...!
Y ya saben: los reviews son como mi sueldo, y la manera en la que se que les gusta y quieren que lo continue!
muchisimas gracias a tods los que escribieroon! leo todos y cada uno de los reviews, aunque no los conteste :D
ls quiero, gente!
nos estamos leyendo!
::Alice::
