CAPITULO 25.
Una fuerte lluvia daba los buenos días a una daiyokai que se encontraba en el patio principal mirando las nubes grises que impedían la llegada de los rayos del sol. La verdad no tenía idea cuanto tiempo llevaba ahí, pero le había parecido conveniente cubrir su presencia para que nadie se preocupara y saliera a buscarla, desde que su amiga Sango había ido a darle las buenas noches, al cerrar los ojos varias imágenes habían invadido su mente y lo único que quería en ese momento era olvidar, tal vez así podría seguir adelante. Tenía miedo, mucho miedo algo no estaba bien, ella lo presentía. Trago saliva al sentir un escalofrió recorrerle el cuerpo, cerró los ojos y de nuevo las imágenes hicieron acto de aparición, con temor los abrió de golpe y se dejó caer sujetándose la cabeza con ambas manos.
-¡Basta! ¡Ya no más! – Gritó con lágrimas en los ojos.
-¿Qué sucede? –Preguntó Sesshomaru alarmante al escuchar a su mujer.
-¡No! – Lo empujo Kagome con fuerza.
-No me vuelvas a tocar – Susurró Kagome bajando la mirada.
-Quiero que me digas en este instante, que es lo que te ocurre – Hablo Sesshomaru sujetándola del mentón para poder mirarla, observo al instante como sus ojos se humedecían de lágrimas y huía de su mirada ¿Por qué no lo miraba a los ojos? Le llamo la atención como con dolor se sujetaba el pecho y sin poder evitarlo se alarmo aún más.
-¿Qué pasa? – Pregunto al ver como su respiración comenzaba a ser irregular, alargo su mano para tocar su mano que aun permanecía en su pecho pero fue rechazada al instante por un fuerte manotazo de la youkai.
-Te dije…que no me tocaras – Lo miro con los ojos enrojecidos, que a los segundos volvieron a ser color chocolate, parpadeo un par de veces y con miedo en los ojos retrocedió sin levantarse del suelo - ¡Vete! ¡Por favor, vete! – Suplico, sin ser capaz de mirarlo a los ojos. Sesshomaru se encontraba perplejo, claro que sin demostrarlo ya que el tenía que permanecer tan tranquilo como siempre para tratar de apoyar a Kagome. Pero de algo estaba seguro su instinto le gritaba que su mujer no estaba nada bien. Agudizo sus sentidos y sintió la presencia de su padre y la mucama cerca de allí, así que sin apartar la vista de su mujer aumento su youki para llamar a dichos youkais. No paso siquiera un minuto cuando ambos se encontraban ahí, estaba seguro que muy pronto los demás también se encontrarían ahí, sin perder más tiempo miro a la más anciana de las youkais.
-Revísala – Ordeno para enseguida mirar de nuevo a una youkai que se encontraba mirando al suelo como si no fuera consciente de lo que ocurría a su alrededor.
-Si señor – Dijo Aimi comenzando a caminar hacia la princesa.
-Realmente es para preocuparse – Hablo Inu – no – taisho mirando a la youkai.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué están aquí con esta lluvia? – Preguntó Inuyasha con una muy recuperada Miu.
-Algo raro le ocurre a Kagome – Contesto Toga, observando como Aimi se detenía a unos cuantos pasos de llegar a la daiyokai.
-¿Por qué te detienes? – Gruño Sesshomaru.
-Discúlpeme joven amo, pero ella no me deja avanzar más allá – Dijo la youkai alzando una mano que enseguida quito al sentir una fuerte descarga.
-¿Me estás diciendo, que te es imposible romper la barrera? – Cuestiono Toga con sorpresa.
-Por desgracia así es mi señor, al parecer lo heredo de su madre ya que también me era imposible romper la barrera de la señora Yoshimi. Pero lo que me inquieta no es eso – Dio media vuelta para mirar a sus amos y a los recién llegados.
-¿Qué es? – Tomo la palabra Tora, ganándose un gruñido de Sesshomaru. Le molestaba de sobremanera que todos fueran tan entrometidos, pero sobre todo le molestaba que aun ese youkai siguiera con vida, bueno ya se encargaría después de él.
-La barrera pose una energía muy extraña…Algo oscuro – Dijo dejando a todos sorprendidos por tales palabras.
-Bueno Kagome es una youkai ahora ¿No? – Preguntó Sango con un poco de duda.
-Si así es. Sin embargo la energía es distinta.
-Tal vez yo pueda aclarar algunas de sus dudas – Hablo un recién llegado Taishi que con toda la tranquilidad del mundo se recargo en un árbol de manzanas, se agacho para recoger una y le dio una mordida.
-¿Qué le hiciste? – Grito Inuyasha sacando a su colmillo de acero.
-Inuyasha, escuchemos que es lo que tiene que decir – Pronuncio Tora adquiriendo una gran seriedad, para enseguida mirar al nombrado y después a Sesshomaru quien ante la simple mención de que el fuera el causante, trataba enormemente de no matarlo en ese instante. Pero por muy duro que fuera para él, sabía que su padre tenía razón, no tenía ni idea de lo que le ocurría a su mujer y si él estaba atrás de todo esto lo más probable era que tenía algo oculto bajo la manga, esperaría y una vez analizando las palabras de esa basura le daría su eterno descanso.
-Yo no sería capaz de hacerle algo malo – Menciono con la boca llena - ¿No es así mi ángel? – Dirigió la mirada a la nombrada, mientras que esta al escuchar la voz miro hacia enfrente con gran temor.
-Mi ángel – Apareció dentro del campo de fuerza que había hecho la youkai – Creí que se los habías dicho mi amor – Se acercó a ella con una sonrisa.
-No des un paso más o te juro que te vas a arrepentir – Escucho Taishi la voz del príncipe del Oeste en el exterior del campo de fuerza.
-El que desde un principio debió decirte eso fui yo príncipe – Se inclinó burlonamente, para de nueva cuenta mirar a Kagome – Si tu no se los dices yo lo hare.
-¡Cállate! ¡No te atrevas! – Grito angustiada Kagome.
-Entonces hazlo tu mi ángel – Dijo Taishi situándose atrás de la youkai rodeándola de la cintura – Bien, lo hare yo – Sonrió levantando una de sus manos hacia la mandíbula de Kagome – Es de mala educación no mirar a las personas cuando les hablas.
-¡Suéltala! – Gritó Sesshomaru al ver las lágrimas caer de los ojos de su mujer.
-Tú no tienes ningún derecho al pedirme algo así. Porque déjame decirte que Kagome siempre ha sido mi mujer – Soltó lo último con una gran satisfacción, mientras observaba fijamente al peli plateado. Sabía que lo había sorprendido aunque su semblante pareciese tranquilo.
-¿No me crees? Por qué no lo ves tú mismo – Dijo apartando el cabello de Kagome quien lloraba desconsoladamente – Ves… - Paso sus dedos en una marca de una estrella color negra – Tu marca ya no está – Pronuncio dejando a todos sorprendidos. Sesshomaru apretó con ira sus dientes ¡Era imposible! Miro a la youkai que aún era sujetada por ese príncipe y al mirarla supo que todo lo que decía era verdad.
-¿Y quién nos garantiza que nos dices la verdad? Puede ser solo uno más de tus trucos – Dijo Inuyasha.
-Por mi puedes creer lo que quieras, pero te aseguro que esta marca es auténtica. Veras el día que se celebraría nuestra ceremonia de emparejamiento Yoshimi intervino, por lógica se canceló dicha ceremonia. Pero antes de que perdiera todas mis fuerzas y Yoshimi completara el hechizo yo marque a mi Kagome como mía – Pasó su lengua por la marca -¿Qué porque apareció hasta ahora? Bueno, hay dos razones para eso. La primera fue por que hasta hace poco recupere todo mi poder y la segunda fue…
-No digas más por favor – Murmuró la princesa del Este con unos ojos llenos de tristeza.
-Bueno… - Restregó sus dientes en su hombro – No diré nada más con una condición – Dio pequeños besos en el mismo lugar, mientras que Kagome solo luchaba por mantenerse en pie, le asqueaba que la besara, que la tocara, que se le acercara. Salió de su ensimismamiento cuando escucho un gran golpe en la barrera, abrió los ojos y no pudo evitar soltar varias lágrimas.
-¡Te advertí que no la tocaras! – Dijo Sesshomaru con gran rabia en sus ojos, dispuesto a romper dicha barrera.
-Tu eres el que no entiende, que tengo todo el derecho de hacer lo que me plazca con ella –Gruño Taishi perdiendo la paciencia – ¡Suficiente tuve con tener que aguantar que pusieras tus sucias manos en ella! – Gritó con los ojos enrojecidos de la ira, mientras soltaba bruscamente a Kagome.
-¡Por favor no lo lastimes! – Suplicó Kagome sujetándolo de sus ropas.
-¡SUFICIENTE! – Le soltó una bofetada - ¡YA HE TENIDO MUCHAS CONSIDERACIONES CONTIGO! – La miro con un gran enojo ¿Cómo era posible que aun en su estado le suplicara por la vida de ese youkai? No, no lo soportaba. Acabaría con esto de una vez por todas. Levanto un poco una de sus manos y de ellas un humo color negro comenzó a salir de esta hasta formar un círculo del tamaño de una pelota, con un suave movimiento arrojo la figura circular hacia el suelo.
-Lo siento mi ángel, pero es hora de que regreses a mí – La miro con seriedad, mientras que Kagome solo abrió sus ojos ante sus palabras. Miró el suelo cuando sintió como debajo de ella comenzaba a temblar, intento ponerse de pie, pero fue demasiado tarde varias raíces surgieron del suelo y comenzaron a enredar su cuerpo, mientras estas crecían de manera considerable. Inmediatamente Taishi hizo otro movimiento de mano cuando observo como todos los youkai pensaban intervenir, así que con gran frustración todos los youkais y humanos que se encontraban presente se quedaron inmóviles en su lugar.
-¡Cobarde! ¡Déjanos mover! – Gritó por primera vez Hayate con gran enojo, mientras que Taishi como respuesta solo le sonrió, para enseguida mirar hacia el lado contrario.
-Has tu parte – Ordeno, para después mirar a Inuyasha – Creo que tú ya la conoces ¿No es así? – Preguntó mientras veía la cara de asombro del hanyo al ver a Kykio.
-Kykio…Maldita – Susurró Inuyasha observando como la sacerdotisa solo lo miro de reojo, para después centrarse en Kagome.
-Espero y disfruten del espectáculo – Pronunció con voz serena, mientras hacía aparecer una especie de espejo en el centro de ambos bandos.
-¡NO! – Gritó Kagome con terror, mientras observaba las imágenes que se comenzaban a mostrar en el espejo. Sollozó al recordar el día anterior.
Flash Back…
-¿En dónde estoy? – Susurró Kagome con una mano en la cabeza, mientras observaba la habitación con cautela.
-Esto es… - Pronuncio con los ojos abiertos al reconocer el lugar.
-Tu habitación – Interrumpió Taishi sentado en la cama.
-De verdad que eres de lo peor – Dijo la youkai mirando a Taishi con enojo, para enseguida ponerse de pie del sillón en donde se encontraba. De repente se tambaleo un poco al sentir que su cuerpo no coordinaba correctamente.
-No te esfuerces mi ángel, aun no te recuperas del todo – Dijo el youkai sosteniéndola de la cintura.
-¿Qué me hiciste? – Cuestiono la daiyokai reuniendo todas sus fuerzas posibles para empujarlo y situarse atrás del sillón.
-Digamos que te di algo para que descansaras, te veías muy cansada mi ángel.
-¿Me drogaste? – Entre cerro los ojos para distinguirlo mejor.
-Sí, creo que en términos humanos a si se dice – Tomó asiento en una mesita de caoba que se encontraba en el centro de los sillones – Pensé que querías respuestas – La miro.
-Lo único que quiero de ti, es que me dejes en paz – Comenzó a caminar hacia el balcón, ya que era lo único más cercano que se encontraba ahí y para ser franca lo único que quería hacer era escapar de ese psicópata que se encontraba enfrente de ella. Paro en seco.
-Ya te dije que no quiero que me expliques nada, incluso podría vivir con la duda para siempre si con eso me dejas en paz – Se sostuvo de la puerta del ventanal que daba al balcón.
-Mi ángel, hasta cuando vas a entender que jamás vas hacer feliz si no es conmigo – La sostuvo nuevamente de la cintura – Yo te elegí a ti desde el primer momento en que te vi y lo hice oficial el día que te fuiste de mi lado – Observo como su ángel fruncía el ceño desconcertada – A si es mi ángel tú fuiste marcada por mí el día en que tu madre murió.
-¡Eso…eso no es verdad! ¡Es imposible! – Trato de empujarlo nuevamente, sin éxito alguno.
-No, no lo es – La acerco más a el – Y estoy seguro que tú también lo sientes – Pasó sus garras por el brazo derecho de la youkai, quien ante el tacto dio un respingo – Solo hay una cosa que no logre hacer – Susurró el príncipe en el oído de Kagome – Y creo yo, que es justo que cumplas con tu deber de ser mi mujer – Rompió uno de los tirantes de la blusa de la youkai.
-¿Pero qué crees que estás haciendo? – Cuestionó nerviosa la peli negra al presentir lo que se proponía.
-Ya te lo dije quiero terminar con el ritual de emparejamiento – La acercó para tomar sus labios. Sin embargo se alejó cuando sintió algo metálico en sus labios, levanto su mirada con una sonrisa y se encontró con la mano de Kagome marcada en su mejilla, eso sí lo había enfurecido.
-¡No te me acerques! – Le advirtió Kagome limpiándose la sangre de la que se había manchado.
-Tú me dices eso, pero sin embargo esos ojos rojos suplican lo contrario – Pasó su lengua por su labio lastimado. No quieres un poco – Sonrió al ver que por su comentario la youkai se echó a correr hacia la puerta. Movió la cabeza en señal de burla y apareció de nueva cuenta enfrente de ella.
-Es inútil, no hay manera de que escapes de mi – La sostuvo del antebrazo con una mano, mientras que con la otra rasgaba la blusa de la youkai.
-¡No! – Pronunció con temor la youkai, dejando salir una descarga de energía purificadora.
-¡Auch! – Se quejó el príncipe.
-Bien si no entiendes por las buenas, entonces lo haremos por las malas – Gruño soltándole al instante un fuerte golpe que hizo que Kagome cayera golpeándose en la cabeza con la esquina de la mesita.
-Ves, lo que me haces hacerte – Escuchó apenas la youkai al sentirse aturdida por el golpe. Llevo su mano a la parte en donde se había golpeado e hizo una mueca de dolor al sentir una gran abertura en el lugar. Trato de ponerse de pie pero le fue inútil, enseguida sintió unas manos levantarla y a los pocos segundos sintió como era arrojada a la cama. Se preocupó, realmente no tenía las fuerzas suficientes para defenderse y lo que más le dolía era que no quería ser tocada por nadie más que no fuera aquel youkai al que le había regalado su virginidad, ante tales pensamientos sus ojos se cristalizaron, pero dejo salir sus lágrimas cuando sintió como ese youkai que se decía amarla tanto la despojaba completamente de su blusa.
-Te deseo tanto Kagome – Habló el youkai con voz ronca sujetando ambas manos de la youkai con una de las suyas, mientras que con la otra comenzaba a apretar los senos de Kagome que aun los cubría su sostén. Se acercó a su cuello y comenzó a besarlo desesperadamente mientras poco a poco comenzaba a descender.
-Que molesta tela – Pronunció Taishi acercando una de sus garras al centro del sostén.
-¡No, por favor! ¡Detente! – Gritó Kagome comenzando a moverse, para tratar de escapar.
-¡Para! – Ordeno el youkai, antes de tomar sus labios bruscamente – Bueno tengo que admitir que es excitante – Dijo habiéndose separado de ella, para después lamer las lágrimas que caían por las mejillas de la youkai – Delicioso – Murmuro, para después plantarle una gran mordida al labio inferior de la princesa.
-Quiero escucharte mi ángel – Se alejó un poco de ella para mirar su expresión - ¡Vamos no seas tímida! – Sonrió dirigiendo sus garras al muslo de la chica.
-¡Agg! – Salió de la boca de Kagome al sentir las garras del youkai arañar su piel. Abrió sus ojos con sorpresa y terror al sentir la lengua de Taishi lamer la herida que había hecho hace pocos segundos y se sintió aun peor al sentir como el youkai desgarraba el short que traía puesto. Ahogo un grito de dolor al sentir una mordida en uno de sus pechos y cerró los ojos, no quería mirar como ese demonio la tomaba de la peor manera. Por primera vez en su vida sentía que era inútil tratar de defenderse y ¿cómo lo iba a hacer? Si ni siquiera tenía fuerzas para mover los brazos. Abrió un poco los ojos con infinita tristeza y observo volar lo único que aun la mantenía cubierta – "Que buena chica" – Lo escucho decir, para enseguida sentir como la penetraba con gran rudeza, trato de ahogar otro grito y cerro de nueva cuenta los ojos, no quería pensar, no quería sentir. Varias lagrimas salieron nuevamente de sus ojos sentía tanta rabia con ese youkai y consigo misma, pero era cierto que también sentía algo que hace mucho tiempo no sentía…Resignación. Comprobó ese sentimiento al sentir como Taishi la sujetaba de la mandíbula y comenzaba a besarla ferozmente, mientras con su otra mano recorría con excitación cada parte de su cuerpo. Era tan extraño sentir y no sentir nada al mismo tiempo que le asustaba. Jamás se había sentido de esa manera a pesar de todo lo que había acontecido en su vida, sentía que algo comenzaba a escapar de sus manos, pero al mismo tiempo sentía que ese "algo" era remplazado con otro "algo". Dejo atrás sus pensamientos cuando sintió un fuerte ardor en el cuello, justamente donde se encontraba la marca de Sesshomaru.
-Tranquila mi ángel, solo es la auténtica marca remplazando a la falsa – Dijo al haber acabado – No te preocupes aliviare tu dolor – Mencionó saliendo de ella. Se acercó a su cuello y mordió por algunos segundos.
-Ya está – Se separó de ella, observando cómo sin poder aguantar más Kagome cerraba sus ojos – Bueno tengo que curarte, no puedo dejar que te vean así hasta que llegue el momento.
Fin del Flash Back…
Kagome volvió a la normalidad, al ver como ese espejo mostraba algunas imágenes de lo que había pasado. Automáticamente poso su mirada en Sesshomaru, pero este al ver las primeras imágenes en el espejo y ver la mirada perdida de Kagome, había sido incapaz de mirar el espejo y mirarla a ella.
¡Ya basta! – Gritó Kagome con dolor al ver el semblante de todos los youkai ¿Cómo se atrevía a mostrar esas imágenes?
-Pero si ya viene la mejor parte – Respondió Taishi con una sonrisa, mientras volaba hasta situarse enfrente de ella.
-Ya es hora – Le extendió su mano, para después mirar como Kagome ante sus palabras comenzaba a gritar de dolor.
-De…deten…te –Suplicó la youkai con dolor.
-No lo hare, hasta que lo aceptes – Miró de reojo al ver como el príncipe del Oeste comenzaba a respirar irregularmente – "Rayos" – Pensó al temer que si no se apresuraba, sus planes podrían fallar. Sin perder más tiempo creo una barrera en donde Kagome no pudiera ver el exterior.
-Creo que es momento de seguir al príncipe – Sugirió Biakko, al ver que Sesshomaru comenzaba a transformarse.
-Si tienes razón – Afirmo Inu – no – taisho dando su autorización, comenzando así a transformarse seguido de los demás, a excepción de Inuyasha y los humanos.
-¡Vamos Kagome es hora de que aceptes tu destino! – Grito Taishi aun con la mano extendida, para enseguida mirar la barrera que había formado, frunció el ceño al ver una gran cuarteada.
-¡Kykio! – La miro - ¡Encárgate!
-Tratare de hacer tiempo – Dijo la sacerdotisa saliendo de la barrera a la que había ingresado al haberse formado.
-Mi ángel, date cuenta que la mayoría de las personas que dices amar te han traicionado. O dime ya no recuerdas como Inuyasha te hizo sufrir muchas veces, cuando lo único que tu hacías era ayudarlo en todo lo que te fuera posible.
-¡Calla! – Susurró Kagome comenzando a sentir calor en todo el cuerpo.
-Naomi, la persona que creías era tu madre también te estuvo mintiendo por varios siglos, incluso te hizo sufrir con la mentira de tu supuesto padre – Dijo observando cada reacción de la joven. Bien al parecer estaba funcionando tenía que seguir.
-También están tus verdaderos padres. Yoshimi te oculto cosas desde tu nacimiento hasta ahora, aun después de muerta y que decir de tu verdadero padre… El solo quería usarte para obtener poder – La miro al ver como Kagome le clavaba los ojos con odio – Si tal vez pienses que yo soy el peor, pero ten en cuenta que todo lo que he hecho es por ti – Se acercó un poco más a ella – El príncipe del Oeste… Te marco solo para obtener herederos para sus tierras.
-¡Eso no es cierto! – Gruño Kagome.
-Y si no es cierto, ¿Por qué se dejó besar por alguien más? Dime mi ángel, en donde ha estado todos estos días que tú has necesitado de su apoyo. Te digo ¿Por qué? Por qué el piensa que eres débil, lo único que él tiene en mente es tenerte como un mueble para que cada vez que se le antoje te coja. ¡Esa es la verdad! – Grito – Ni siquiera es capaz de mirarte a la cara ahora que sabe que eres mía – Soltó con toda la intención de que estas palabras la hicieran perder toda esperanza en aquel youkai. Sonrió con malicia al ver que con un gran odio en su mirada levantaba la cara para mirarlo.
-Todos…Solo me han usado – Pronunció Kagome estirando su mano para tomar la de Taishi.
-¡No Kagome! – Grito el hanyo al observar la acción de su amiga. Los demás al escuchar el grito del hanyo dejaron por un momento su lucha con la sacerdotisa y miraron hacia la barrera, pero rápidamente la vista les fue negada por un gran humo negro que se formó dentro de esta. Sesshomaru sin pensarlo siquiera comenzó a correr hacia la barrera, pero antes de que llegara la barrera se rompió causando una gran ventisca que levanto el polvo y residuos de la batalla con la miko. Una vez recuperada su visión siguió su camino pero antes de llegar a su objetivo fue expulsado por una gran energía que lo arrojo cerca de los demás youkai. Gruño al ver que esa energía había sido lanzada nada más y nada menos que por una mujer que claramente se parecía a Kagome, pero que a simple vista estaba muy lejos de ser su Kagome.
-¿Kagome, eres tú? –Cuestionó Sango al ver a una mujer idéntica a su amiga, pero con la diferencia de que su cabello se encontraba completamente ondulado con las puntas color rojas al igual que los ojos. Pero lo que la hacía dudar profundamente, era la expresión tan fría que tenía y el vestuario que usaba en esos momentos, ya que a pesar de que era el mismo diseño que el que usaba cada vez que peleaba, el color era un profundo negro brillante. Dio un respingo al sentir la mirada tan fría que le lanzaba la youkai.
-Sí, yo soy Kagome… La auténtica Kagome – Sonrió con descaro al ver la expresión de sorpresa de todos – La auténtica dueña de la perla de Shikon y la perla Márvo.
