- Que clase de descompensación?.- pregunté, un poco asustada.
Ángela estaba pálida sobre su cama. Estaba recostada, con almohadones sobre su espalda; por mucho que me dijera que se encontraba bien, yo la veía en su lecho de muerte.
Cerró los ojos por un momento, y su rostro dibujó una especie de mueca; sin comprender si era una mueca de dolor, de cansancio o de impaciencia, miré hacia otro lado, dándole tiempo.
Edward me había traído ni bien comprobó que sus intentos de convertirme en una ballena estaban dando frutos; había almorzado hasta reventar, mientras un insistente Emmett había intentado manipular mi vientre intentando hacer mover a los bebés; hubiese resultado interesante, incluso entretenido, sino hubiera sido porque Emmett no medía su fuerza, y si Edward no lo hubiese parado en más de una ocasión- con la cara de pánico y exasperación- me hubiera atravesado con su mano. Y como resultado, ninguno de los bebés se movió. Lo cual dejó orgulloso a su padre.
La noticia de la patada inesperada había hecho mella en la familia Cullen. Carlisle esperaba el momento oportuno para hacerme no se qué análisis- me sometería a cualquiera, con la condición de que no incluyera derramamientos de sangre; Alice ya esperaba el momento en el que me recuperara de la visita al médico humano para poder arrastrarme de compras, considerando que las patadas de los bebés la guiarían a comprar las cosas adecuadas para ellos; Jasper se sintió un poco abrumado con todo el tema, por lo que se encerró en la habitación de Alice- Emmett lo escuchó decir algo como "es demasiado, que a Alice no se le ocurra comprar uno porque yo…"; Rosalie…bueno, seguía siendo ella. Nada más que más sobre protectora. Tanya no había mostrado cambios de conducta, como si la noticia hubiera ocurrido en alguna dimensión paralela a la cual ella no tenía acceso, y miraba a todos como no entendiendo cuál era la emoción.
Y bueno…Edward parecía que tenía en su interior un volcán a punto de estallar. Se había vuelto más pesado, sobre protector y paranoico que nunca. No dejaba que nadie se me acercara más de lo necesario para mirarme y/o hablarme, fulminando a todos con la mirada; incluso, estaba segura, debía de despedir de su cuerpo alguna onda negativa, pues todos abandonaron rápidamente sus intentos de entablar contacto conmigo.
Sonreí levemente al recordarlo.
Miré a mi alrededor. La casa de Ángela estaba limpia y ordenada, pero había algo que estaba mal. Fruncí el ceño. No podía saber qué era, pues todo parecía hallarse en su sitio.
- No sé.- me sobresalté al recordar que ella estaba allí.- Supongo que debe ser el cansancio. Después de todo, vivo sola, y debo apañarmelas, no?.- dijo intentando sonreír un poco.
- Si, supongo que es eso.- la miré con lástima. Odiaba ese sentimiento, pero no podía sentir otra cosa por ella. Su novio- y padre del niño que esperaba- la había dejado; sus padres no estaban, y para colmo, no tenía a nadie más. Me senté junto a ella.- Quieres que prepare algo de té?
- Oh no, lo prepararé yo.- dijo levantandose subitamente.- Eres mi invitada.
- Pero…
- Pero nada. No voy a morir, Bella.- rió.- tampoco es para tanto.- Se levantó y fue hacia la cocina.- Y? Qué tal la visita al médico? Edward sobrevivió?
- Por muy poco.- sonreí. Ángela sí que lo conocía.- Se puso celoso del propio médico.- ambas reímos.
- Quiero que me expliques algo…ése hombre cree que aún vivimos en la edad de piedra? No es que va a pasar un mejor candidato que él y va a tener que pelear por su territorio o algo asi.- Dijo asomándose por la puerta de la cocina, riendo. Yo también reí. Visto desde ese punto de vista, Ángela tenía razón.
- No lo sé…pero a éstas alturas, él ya tendría que saber que no existe un mejor candidato.- dije despacio, sonrojándome como una idiota.
- Con más razón. Debería valorarte un poco más.- dijo.
- A qué te refieres?.- dije, confundida.
- Es sólo una opinión, Bella, no te lo tomes en serio…pero parece que cree que eres capaz de irte con cualquiera. Eso demuestra inseguridad en ti. O quizás sea en él mismo.- dijo Ángela con cara pícara. Me volví a sonrojar.- Bella…cuánto hace que…?
- Cállate!
- Lo sabía! Sabía que venía por ahí! No me digas que….- dijo sorprendida. La miré con odio. La descompostura que tenía minutos antes parecía haberse ido.
- No me digas que qué.- dije, aparentando enojo.
- No me digas que le falla algo, y por eso no pueden?.- dijo como si le estuviera por contar la solución de un misterio universal.
- Oh, vamos! No es eso, sólo que no hemos tenido ni tiempo, ni ganas.- me miró horrorizada.- estoy demasiado cansada o siempre hay alguien.
- Ah.- dijo más aliviada. Respiré.- Bueno, no lo dejes pasar, si? No queremos que busque afuera lo que no encuentra en casa.- dijo, sonriéndome. Volvió a la cocina.
Sonreí. Sabía bien que mi ángel no buscaría nada de eso afuera. Confiaba plenamente en él. Después de todo, en el auto me había demostrado que todavía seguía deseándome… no podía dejar de recordar una y otra vez esas manos tan poderosas, y a la vez suaves y sutiles sobre mi espalda, recorriéndola; sus labios delicados sobre los míos, sus palabras lujuriosas…
- Bella, te pasa algo?.- dijo Ángela, delante de mí. Volví en mi misma.
- Eeeh…no, estoy bien.- intenté sonreír forzadamente. Me odié como nunca. Seguramente, estaba completamente roja, hiperventilando o alguno de los síntomas clásicos que me atacaban en presencia de Edward. Pero esto ya había ido mas allá: Edward ni siquiera estaba presente, y su sola aparición en mis pensamientos era suficiente para desencadenar la vergonzosa reacción humana. Sentí calor en la cara.
- Si tu lo dices…aquí está el té.- dijo, sirviéndolo. Tomé un sorbo, intentando calmarme.- Oye…
- Si?.- dije, un poco menos turbada por haber sido descubierta in fraganti.
- Empezaste las clases preparto?.- dijo, intranquila.
- No, tú?.- ahora que lo pensaba, Edward jamás me había hablado de ello.
- No…y hace como 2 meses que tendríamos que haber empezado.- dijo, sonrojándose. Touché.
- Mmm…hablemos con el médico que nos atiende, seguramente algo de eso en el hospital hacen.- dije, sin prestarle mucha importancia. Algo habría detrás de ello, porque estaba segura de que teniendo a 7 vampiros que representaban la guardia nacional y más, habría algun motivo por el que nadie me nombró las dichosas clases. No podía ser que ni Carlisle ni Edward se hubiesen acordado.
- Tienes razón.- dijo mas tranquila.- Torta?
Ésa noche…
- Edward, no…Papá puede oír algo.- dije entrecortadamente en la oscuridad. Miré el reloj en mi mesa de noche: las 2 de la madrugada.
- Está roncando…seguramente está simulando y tiene mejor oído que yo.- dijo, mientras besaba mi cuello.
Estábamos en mi cama, por supuesto. Él estaba sobre mí, por supuesto. Yo estaba por morir. Por supuesto.
Parecía que Edward se había tomado en serio mi enojo del día ante la falta de actividad sexual. Y parecía dispuesto a remediarlo. Con creces.
Sus manos fuertes y frías mantenían sujetas las mías sobre mi cabeza, apoyadas en la almohada. Se debía a los intentos por refrenarlo, que obviamente, no dieron resultado; igualmente, el forcejeo hubiese durado muy poco, en mi opinión.
En esos momentos, sus labios besaban suavemente mi mandíbula, dibujando luego con la nariz el camino que había recorrido. Descendió, besando lentamente mi cuello. Hiperventilaba a máxima potencia. Fue entonces cuando una de sus manos dejó de sostener la mía, y bajó hacia mi cuerpo. Hacia mi torso.
Agradecía que la oscuridad ocultara mi sonrojo, aunque sabía bien que Edward notaba aumentados todos mis signos, vitales o no.
Fue ascendiendo lentamente por debajo de la blusa de mi pijama, haciéndome estremecer. Sutilmente, pasó la mano por debajo de uno de mis pechos, haciéndome arquear. Fue en ése momento en el cual decidió lamer mi cuello.
Un gemido, bastante alto por cierto, salió de mi garganta sin que pudiera contenerlo. Edward se pegó más a mi cuerpo, dejándome notar que él también estaba disfrutando con la situación.
- No era que Charlie nos iba a escuchar?.- dijo, ronroneando sobre mi cuello. Siguió descendiendo con su lengua a la base de mi cuello.
- Está…durmiendo…yo.- no podía decir nada coherente.
- Ahora está durmiendo.- pude sentir un leve temblor provocado por su risa.
La mano que jugueteaba en mi cuerpo, tomó sin disimulos el pecho que tenía más cerca. Lo apretó suave, pero firmemente. Me retorcí bajo su cuerpo musculoso.
- Agradezco al embarazo lo que está haciendo en tu cuerpo.- dijo, intentando sacarme la blusa.
- Qué, antes no te parecía atractiva? Es eso?.- dije, hiperventilando y resistiéndome a que me desvistiera.
- No busques pelea.- dijo con exasperación. De un tirón, mi blusa era historia.
Instintivamente, tapé mis pechos con mis brazos. Edward me observaba tiernamente. Lentamente, tomó mis brazos con sus manos, y los fue separando, sin ejercer fuerza.
- No te tapes.- dijo, con la voz ronca.- Eres lo más hermoso que he visto, veo, y veré en mi vida eterna.
Miré hacia otro lado mientras lograba separar del todo mis brazos. No sabía que pensar. Edward jamás me había visto desnuda después de que quedara embarazada. Ahora estaba gorda, inflada…
- Eres preciosa.- dijo, acariciando mi vientre suavemente, ascendiendo hacia mis pechos, y agachándose hacia mi cuerpo.
Besó lentamente mi vientre, subiendo y siguiendo el mismo camino que habían recorrido sus manos. Me estremecí cuando sentí sus labios rozar mis pezones. Estaba deseando esto.
Edward posó sus manos en mis caderas, y ya sabía lo que se venía. Intentó tirar de la parte inferior de mi pijama, pero se detuvo de repente.
- Qué pasa?.- dije, acercándolo a mi cuerpo, tomándolo por el cuello. No podía evitar besarlo constantemente.
- Sucede que Charlie se despertó y levantó.- dijo con una risita traviesa.
- Y qué tiene?.- dije, confundida.
- No era que no querías que no oyera nada?.- dijo, levantando una ceja.
- Oh vamos, no tenemos por qué hacer ruido…
En ése momento, Edward metió su mano dentro de mi pijama y tocó justo ahí. Tuve que reprimir un gemido sin mucho éxito, y comencé a retorcerme debajo de él.
- Lo ves? Si te toco un poco más…- dijo, torturándome con sus dedos.- Te escuchará hasta Ángela desde su casa.
- Miserable.
- Además, no quiero que tengas que contenerte.
- Pero no va a estar despierto toda la noche, Edward!.- dije, un poco desesperada. No quería sonar así.
- Estás desesperada, no?- dijo, con una sonrisa de triunfo.
- No.
- Tranquila. Yo también lo estoy. Ya se dormirá.- dijo, consolador. Se recostó a mi lado. Lentamente recuperé mi respiración habitual. Se estaba bien en la oscuridad. De pronto, algo volvió a mi mente de repente.
- Edward…
- Si?.- dijo, mientras acariciaba mi vientre, seguramente buscando que los bebés se movieran otra vez. Sentí como se pegaba más a mi, tocándome un poco más atrevidamente. Lo miré confundida. Susurró en mi oído.- Charlie volvió a dormirse.
- Oh…
Se tiró sobre mí con delicadeza, y comenzó de vuelta el proceso interrumpido. Aunque innecesariamente, Edward estaba agitado. Me fascinaba verlo así. Su camisa blanca voló por algún lugar de mi habitación, olvidada. Ahora podía tocar bien su torso perfecto.
Estaba mordisqueando mi oreja, cuando volví al ataque.
- Edward.- dije entrecortadamente.
- Si?.- volvió a decir, mordiéndome el hombro.
- Por qué no vamos a las clases preparto? Sería divertido!.- dije entusiasmada.
- Eh?.- no pude evitar reírme.
La cara de sorpresa y confusión de Edward era impagable.
No podía no amarlo.
Simplemente era imposible no hacerlo.
Holaaa!
pues bueno, no demore mucho!XD
espero que les haya gustado, aunque quedó cortito!
ya saben: los reviews son como mi sueldo, y la manera en la que se que les gusta y quieren que lo continue!
nos estamos leyendo!
::Alice::
