CAPITULO 28.
Una youkai bastante adolorida terminaba de vestirse aun con la mano derecha en el cuello.
-¿Estas lista? – Cuestionó el daiyokai tendiéndole la mano a la miko.
-No es necesario – Dijo Kagome tomándole la mano – El dolor se ha ido – Mencionó mirándolo con confusión.
-¿Estas segura? Déjame ver – Se acercó Sesshomaru a mirar su cuello - ¡imposible! – Murmuró, causando que Kagome se inquietara, ya que para que el youkai se sorprendiera de esa manera tenía que pasar de verdad algo importante.
-¿Qué? ¿Qué sucede? – Preguntó con temor - ¡Por kami! Me estas asustando – Chilló la miko mirándolo fijamente. Pero rápidamente esa preocupación se esfumo cuando sintió los brazos de Sesshomaru rodearla.
-Eres mía en todos los sentidos – Escuchó la youkai susurrar al daiyokai cerca de su oreja.
-¿A qué te refieres? –Frunció el ceño ante tanto misterio. Se estaba molestando ¿Por qué no le decía de una vez las cosas? Como desearía en este momento tener un espejo y mandarlo al demonio. Inflo los cachetes de enojo al no recibir respuesta del youkai. Bien si él no se lo decía iría al castillo a buscar su maldito espejo y quitarse de una vez la duda. Comenzó a caminar con molestia pero se detuvo al escuchar la voz de Sesshomaru.
-Mi marca se encuentra nuevamente en tu cuello – Dijo tranquilamente, aunque por dentro sintiera ganas de saltar de la alegría, no por lo que significaba la marca, ya que, con todo lo que había pasado había entendido lo que alguna vez Kagome le dijo "para mí una simple marca no importa" vaya que ahora lo entendía a la perfección. No le habría importado en absoluto que Kagome se quedara con aquella marca en forma de estrella con tal de saber que su corazón y sus pensamientos le corresponden solo a él.
-¿Co-como es eso posible? – Preguntó con asombro la youkai dándole la cara al príncipe del Oeste.
-Lo más seguro es que ese idiota nos haya tomado el pelo a todos – Cruzó los brazos con suma molestia al imaginarse tal posibilidad.
-No…para mi desgracia él decía la verdad, yo misma lo recordé – Bajo la mirada al recordar ese desafortunado hecho.
-Ya no importa – La tomo de la cintura – Vámonos – Comenzó a volar hacia el castillo.
-Sesshomaru – Lo llamó.
-Mmm – Pronunció a modo de respuesta.
-Si no lo recuerdas yo también puedo volar – Dijo con una sonrisita al ver la manera sobreprotectora con la que la trataba.
-No me importa – La miró discretamente, para después fijar su mirada en el castillo.
-Tampoco dije que me molestara – Le dio un beso rápido en el cachete – Pero me vas a volver una youkai inútil – Se quejó fijando su mirada en la misma dirección que el daiyokai.
-Si fueras normal te diría que como señora de estas tierras no tienes otra obligación más que hacerte cargo del castillo y de los futuros herederos – Le dio una mirada rápida – Pero – Habló antes de que la youkai replicara ante dicho comentario – Seria un desperdicio que no utilizaras tus habilidades – Terminó ganándose al instante un fuerte abrazo de la miko.
-Gracias, gracias – Gritó eufórica Kagome.
-No me agradezcas, que tampoco te estoy diciendo que vas a andar por ahí haciendo lo que te plazca – Miró como la youkai comenzaba a soltarlo – Yo te acompañare cada vez que sea necesario.
-Sera como tú quieras mi amor – Sonrió felizmente la miko comenzando a descender. Felicidad que se desvaneció cuando tocaron el patio principal del castillo, el príncipe del Oeste al notarlo la miro fijamente al observar que la youkai no tenía ninguna intención de caminar.
-Yo, no sé si pueda mirarlos a la cara después de como los trate – Confesó la daiyokai con temor en su mirada.
-¡Mama! ¡Mamá! – Se abalanzaron dos pequeños hacia la miko quien solo abrió sus ojos más de lo normal ante la sorpresa.
-Escuincles…Tengan cuid… - Paró al observar que la youkai no les hacía daño a los niños. Al contrario esa daiyokai estaba llorando. Esa mirada, esa sonrisa no eran de aquella youkai que intento matarlos, se trataba de su amiga, de su Kagome.
-Shippo – Miró al pequeño con lágrimas en los ojos – Rin – Repitió el mismo procedimiento – Mis pequeños – Se lanzó a abrazarlos a ambos – Perdónenme – Apretó mas el agarre al imaginarse lo que pudo haberles causado si no hubiera sido por el señor Toga. Jamás se lo perdonaría, tanto que ella hizo para proteger a sus pequeños, y de quien debió haberlos protegido fue de ella misma. Nunca estuvieron más cerca de la muerte como aquel día en que ella trato de matarlos.
-Mami – Habló el pequeño kitsune con lágrimas en sus ojos – No tienes por qué pedirnos perdón.
-Nosotros entendemos lo que paso – Continuó Rin tocando la mejilla de la youkai – Te extrañamos tanto – Soltó el llanto colgándose del cuello de su madre.
-Y yo a ustedes mis pequeños – Sonrió Kagome con varias lagrimas cayendo de sus ojos. Observó a los demás youkais y con delicadeza dejo a los niños y se puso nuevamente de pie. Se sentía avergonzada, pero tenía que pedirles perdón a todos, porque aunque todos le dijeran que no fue su culpa ella sabía que no era así. Ella sola se dejó corromper por aquel youkai, ella sola le abrió las puertas a la oscuridad y ahora tenía que pagar sus errores.
-Yo… - Se detuvo al sentir a Sango rodearla con sus brazos.
-Kagome, que felicidad, eres tú – Mencionó la caza demonios.
-No merezco que me traten de esta forma – Se alejó de su amiga para poder mirarla a los ojos – Por favor…
-¡Ya cállate tonta! – Se acercó el hanyo golpeando suavemente a su amiga en la cabeza – No te quedo claro que tú no tienes por qué pedirnos perdón.
-Pero Inuyasha…
-Pero nada – Cruzó los brazos desviando la mirada hacia su hermano – Con tu permiso – Le dijo a su hermano antes de mirar hacia Kagome – Ven acá – la atrajo hacia el envolviéndola con sus brazos. Sesshomaru solo rodo los ojos al ver lo infantil que podia llegar a ser ese hibrido. Pero también tenía que admitir que le agradaba que empezara a respetar lo que es suyo, lo perdonaría esta vez por el simple hecho de pedir permiso.
-Con tu permiso – Dijo Tora mirando a Sesshomaru.
-No te hagas el chistoso – Lo sostuvo Sesshomaru de sus ropas.
-Pensé que lo mismo aplica a cualquiera que te pida permiso – Lo miro con una sonrisa – O me vas a decir que eso solo aplica a Inuyasha porque es tu hermanito.
-No tengo por qué darte explicaciones. Pero si sabes lo que te conviene mejor aléjate de mi mujer – Lo soltó con brusquedad.
-Pues que yo sepa, ella no es tu mujer, no veo tu marca por ningún lado – Se burló una vez más Tora, sabiendo que eso lastimaría el orgullo de aquel príncipe.
-¿Estás seguro? – Lo miró Sesshomaru con una pizca de burla en su mirada. Tora al no entender muy bien su comentario frunció el ceño y lo siguió con la mirada hacia la youkai que aún era abrazada por el hanyo.
-¡Suficiente! – Empujo a su medio hermano lejos de su mujer. Tomando enseguida la mano de la youkai comenzando a caminar hacia la entrada del castillo.
-Sesshomaru…espera por favor – Habló Kagome siendo guiada por el youkai – Necesito hablar con tu padre y los demás.
-Después – Soltó Sesshomaru sin detenerse.
-¡No! Tiene que ser ahora – Se detuvo –Es…importante – Lo miró con ojos suplicantes.
-Bien, pero iré contigo – Se rindió al ver la mirada de la youkai.
-Por supuesto – Le sonrió Kagome siendo ahora ella quien guiaba al príncipe de nueva cuenta a la sala.
-Supongo que vienes a contarnos algo acerca de lo que paso ¿No es así? – Dijo Toga al ver entrar de nuevo a la youkai a la sala.
-Sí, así es. Pero antes de contarles todo lo que escuche y recordé cuando – Paró al sentirse incomoda al hablar sobre el tema – Bueno…cuando me deje llevar por el poder del cristal. Yo necesito pedirles perdón a cada uno de ustedes – Dirigió la mirada a cada uno de los que se encontraban ahí – Ustedes podrán decir lo que quieran, pero la realidad es otra y… - Respiro un par de veces para poder continuar – Me siento bastante mal por lo que ocasione que… - Se detuvo al no poder continuar – Por favor discúlpenme – Se inclinó levemente a modo de disculpa.
-Si usted se siente mejor haciendo esto, por mi está bien yo la perdono – Mencionó Hayate sonriéndole a la miko al esta incorporarse al escucharlo.
-Creo que todos coincidimos con el príncipe Hayate ¿No es así? – Preguntó Biakko mirando a los demás quienes asistieron ante la pregunta.
-Muchas gracias, de verdad no saben el peso que me quitan de encima – Sonrió Kagome aliviada.
-Bien…Te escuchamos – Habló Inu – no – Taisho muy interesado en escuchar lo que la youkai había descubierto.
-Bueno pues… - Comenzó a relatarles todo lo que había recordado y había escuchado de los propios labios de Taishi. Omitió algunos detalles que no quería recordar ya que, para su pesar tuvo que relatarles lo que Taishi le había dicho el día que abuso de ella. También les confirmo lo que hace tiempo llevaban sospechando acerca de los youkais del consejo, y sobre Kykio, solo les pudo decir que al parecer era su mano derecha en todas sus fechorías.
-Ya veo… - Pronunció el general perro cruzando los brazos al momento – Podríamos decir que estamos en igualdad con ellos.
-Pero de que hablas – Comenzó a hablar Inuyasha – Si los tenemos en la palma de nuestras manos, si logramos arrebatarle el cristal Márvo a ese idiota, no tendrá oportunidad con Kagome, es más que no viste que ni siquiera fue capaz de llevar el mismo ritmo que ese idiota – Señalo a Sesshomaru.
-Si me permiten opinar, creo yo, que por esta vez Inuyasha tiene razón – Dijo Miu causando un sonrojo en el hanyo.
-¿De verdad? – Cuestionó el hanyo con asombró, pero al ver todas las miradas dirigidas hacia el recupero su compostura.
-Pero por supuesto que tengo razón – Dijo mirando hacia otro lado.
-No, no la tienes – Interrumpió Tsubasa el momento de gloria del hanyo – Se a lo que te refieres Inu –no –Taisho – Miró al nombrado para después proseguir –Ciertamente el príncipe Sesshomaru tiene grandes probabilidades de vencer a Taishi por lo que pudimos observar. Para nuestra desgracia ese momento ya paso, ya que el logro escapar.
-Pero podemos buscarlo – Añadió Hayate.
-¿De verdad piensas que él se va a quedar cruzado de brazos, después de lo que paso? Tendrías que ser muy idiota para creer tal cosa – Habló por primera vez el príncipe Sesshomaru.
-Pero que más podría hacer si todo lo que tenía planeado se ha desmoronado – Prosiguió el youkai.
-Ese youkai es capaz de resignarse a cualquier cosa menos a Kagome. Por lo tanto creo que se hará de cualquier arma con tal de cumplir su objetivo – Hablo esta vez Tora.
-¿Pero y si lo buscamos antes de que a él se le ocurra idear algún otro plan? – Comentó esta vez el monje.
-Si serán idiotas – Gruño Sesshomaru siendo calmado al momento por Kagome.
-A lo que se refieren el señor Toga, el señor Tsubasa y Sesshomaru es a que yo aún no soy capaz de usar el cristal Márvo. Es verdad que podría intentarlo por todos nosotros pero… - Bajo la mirada apenada – Si nuevamente el cristal me controla las cosas podrían salir peor.
-Kagome tiene razón, no podemos exponerla nuevamente – Salió a la defensiva Sango.
-Estoy de acuerdo contigo – Le siguió Miu – Pero y si el príncipe Sesshomaru se encarga de esa basura sin exponer a la señorita Kagome.
-¡No! – Interfirió la miko al instante – De ninguna manera pienso permitir eso. No pienso esconderme, no después de lo que ese imbécil me ha hecho. Además aún tengo una cuenta pendiente con Kykio – Volteo a ver a Sesshomaru – No se te ocurra hacer tal cosa, porque te juro que si lo haces esta vez no te lo perdonare Sesshomaru – Lo miro con gran determinación en su mirada.
-De acuerdo, lo dejare tal y como está por el momento. Sin embargo si el trata de hacerte daño o acercarse a ti por cualquier razón no te prometo nada, aun si eso significa perderte.
-Bien – Suspiró la youkai apartando la mirada de Sesshomaru – Me parece razonable, ya que opino lo mismo – Dijo cruzando sus brazos.
-¿Qué estas tratando de decir? – Cuestiono el príncipe del Oeste, tratando de mantenerse apacible como siempre.
-No es obvio – Lo miro de reojo la miko. Mientras que los demás presentes solo observaban la escena con una gran gota en la cabeza. Les parecía increíble la preocupación que mostraba ambas partes, tanto, que ni siquiera les importaba hablarlo enfrente de todos. Tora no perdía ningún detalle de la conversación, ya que como le había dicho alguna vez al hanyo el esperaría cuidadosamente y pacientemente la oportunidad en la que Sesshomaru cometiera cualquier error para así poder acercarse a la youkai. Sin saber cómo, su vista se había posado en el cuello de Kagome, entrecerró los ojos un poco para aclarar su vista y no pudo evitar abrir la boca de la sorpresa.
-¿Sorprendido? – Preguntó Sesshomaru quien había estado observándolo todo el tiempo. Como consecuencia Tora solo pudo dirigirle una mirada de odio, mientras apretaba con fuerza los dientes.
-¿Qué sucede? – Preguntó confundido Biakko al ver la reacción de su hijo. Tora solo pudo suspirar con resignación y sin ánimos de contestar la pregunta solo pudo señalar a la youkai. Inmediatamente todos siguieron el dedo del youkai, pero al no ver nada fuera de lo común a todos les surgió un gran signo de interrogación en sus cabezas. Tora al ver la cara de todos solo se llevó una de sus manos a su cara.
-Su cuello – Escucharon todos decir al youkai. Kagome al comprender a lo que se refería hablo.
-¡Oh! Es verdad – Dejó al descubierto su cuello - ¿Alguien sabe cómo pudo suceder esto?
-¡Jamás vi que sucediera algo igual!– Murmuró Tsubasa con asombro.
-Tal vez el estúpido de Taishi nos vio la cara – Dijo Inuyasha.
-No, Sesshomaru pensó lo mismo – Sonrió un poco al ver las similitudes de ambos hermanos – Pero a mí me consta que en verdad Taishi me marco antes de ser mandada a la otra época, es por eso que no entiendo cómo pudo ocurrir algo como esto.
-Pues si no existe otra explicación, lo más seguro es que hayas sido tu misma – Comentó Inu – no – Taisho.
-¡Kyaaaaa! ¡Que romántico… es el amor! – Escucharon una voz muy conocida para todos detrás de las puertas.
-Esos mocosos…Les voy a enseñar a no andar escuchando las conversaciones – Comenzó a caminar Inuyasha hacia la puerta.
-¡Espera! ¡No te atrevas! – Gritó Miu siguiendo al hanyo.
-Puede que esa haya sido la razón – Dijo el general perro con una sonrisa – Después de todo, es muy sospecho que Kagome haya vuelto a la normalidad estando ambos solos. Además, ahora que lo recuerdo sentí una energía cubrir parte de las aguas termales – Terminó mirándolos con una sonrisa maliciosa.
-Ahora veo por qué todos le temen al señor Inu – no –Taisho – Susurró Hayate sonrojado ante las especulaciones del general perro.
-No es de tu incumbencia – Dijo Sesshomaru tranquilamente tomando la mano de una muy sonrojada Kagome comenzando a caminar hacia las habitaciones.
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-Sesshomaru - Susurró una daiyokai recargada en el pecho del nombrado.
-Dime – Contestó el youkai rodeando a la miko con su brazo derecho.
-Sé que no es el mejor momento, pero…necesito alejarme de este lugar por unos días. ¿Me acompañarías al futuro? – Preguntó levantando la mirada para mirar al daiyokai.
-No me agrada mucho la idea de interactuar con los humanos. Pero si ese es tu deseo iré contigo – Dijo acariciando la cabellera de la youkai.
-Gracias – Le dio un beso rápido en los labios, para volver a la posición anterior – Nos iremos en cuanto amanezca.
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-¡Genial! – Gritó Rin entrando a la casa de su madre dando vueltas por todos lados.
-Así que esto es una casa del futuro – Habló Tora entrando a la casa, mientras observaba todo minuciosamente – No está mal.
-Tienes razón – Dijo Hayate observando la televisión – Hay cosas muy interesantes.
-Es muy hermoso Kagome – Siguió Miu mirando atraves de la ventana.
-No es para tanto – Dijo nerviosamente la miko al ver el semblante de su amado. Suspiro, sabía que esta vez sí tenía un motivo por el cual estar molesto, incluso ella se llevó una gran sorpresa al ver como todos se apuntaron a acompañarla a su época. Tenía que admitir que también ella había soñado con la idea de estar a solas con Sesshomaru, pero tampoco pudo decirles que no cuando los niños le preguntaron si podían acompañarlos. Acción, que trajo como consecuencia que todos pensaran que había aceptado que todos la acompañaran. Observo a Tora, Hayate y a Miu demasiados impresionados con la televisión y otros artefactos que Inuyasha se encargaba de mostrarles. Sonrió y se dirigió a Sesshomaru quien miraba molesto la escena.
-Debiste decirles que no – Mencionó Sesshomaru.
-Lo sé. Pero ¡Vamos! No puede ser tan malo – Le tomo con delicadeza la mano – Te prometo que tendremos nuestro propio tiempo a solas – Lo miro con una sonrisa, para después mirar a Inuyasha y a Miu discutiendo – Además si todo sale bien, tu padre estará muy contento al ver a sus dos hijos con pareja.
-¿A qué te refieres? – Preguntó confundido el youkai.
-Quien sabe – Dijo la miko, para después retirarse al ser llamada por Rin y Shippo. El príncipe del Oeste no pudo evitar gruñir al ser dejado con la duda, pero inmediatamente miro hacia donde su mujer miraba momentos antes y comprendió a lo que se refería Kagome. Frunció el ceño al ver el mal gusto que tenía su hermano, pero de inmediato pensó que tal vez no era tan mala idea después de todo, ya que, al menos se aseguraría de que dejara a su mujer en paz. Dio una última mirada y camino hacia su hembra quien terminaba una llamada.
-Bien… ¡Escuchen todos! – Alzo un poco la voz para captar la atención de los presentes – Nuestra estadía en esta época será de dos semanas. Por lo tanto estos dos días podrán ocupar su tiempo como lo deseen, ya que tengo cosas pendientes que hacer. Dentro de tres días me han dicho que hay un festival en el templo vecino, así que si quieren ese día podemos ir a ver los fuegos artificiales.
-Bien, bien y los demás días – Interrumpió el hanyo a su amiga.
-Bueno… - Dudo un poco en proseguir ya que no sabía cómo abordar aun el tema con su señor.
-¿Y bien? – Presionó Inuyasha al ver a su amiga en las nubes.
-Tengo un trabajo que hacer dentro de cinco días
-¿Qué? De ninguna manera pensamos acompañarte a hacer tu trabajo – Interrumpió nuevamente el hanyo, ganándose una mirada fulminante de Kagome y Miu.
-Si me dejaras terminar ENTENDERIAS ¡IDIOTA! – Explotó la youkai ante tantas interrupciones.
-Pues habla.
-El trabajo que tengo solo dura un día, después de eso podríamos divertirnos
-¿Y? – Habló otra vez el hanyo, arrepintiéndose al instante al ver el aura oscura que rodeaba a la miko.
-Inuyasha – Le sonrió Kagome dulcemente, haciendo que el hanyo comenzara a retroceder ya que para él esa sonrisa y amabilidad solo encendían la alarma de peligro - ¡ABAJO! ¡ABAJO! ¡ABAJO! – Gritó la miko sin importar que destruyera el piso de su casa. Dio una gran bocana de aire para continuar – Bien ahora que ya no hay interrupciones – Sonrió al ver al hanyo retorcerse de dolor – Les explico, el trabajo que tengo que realizar es en la playa, por lo tanto podríamos aprovechar para quedarnos lo que resta de nuestras vacaciones ¿Qué les parece?
-Por mi está bien – Dijo Tora.
-Sí, suena divertido – Continuo Hayate.
-Bien, mientras tanto por ahora les enseñare su habitación y les daré un cambio de ropa para que puedan salir libremente por los alrededores – Comenzó a caminar hacia las habitaciones – Tu también mi amor – Dijo al ver al youkai en la misma posición.
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-¿Qué hacen aquí afuera? – Preguntó Miroku quien iba vestido con una camisa manga ¾ color azul marino, unos vaqueros de mezclilla corte Slim y unas botas de ante del mismo color que su camisa. Atrás de él se encontraba Tora quien iba vestido con una camiseta color café con un estampado en color dorado, vaqueros de pitillo en azul y unos tenis café tipo botín. Inuyasha llevaba una camisa de manga corta en color blanco con un bolsillo con estampado de goma en color negro en la parte superior de la camisa, unos vaqueros con lavado desgastado de corte Slim y para finalizar un tenis urbano en color blanco. Sin embargo los que llamaron más la atención de las chicas fueron Hayate quien iba vestido con una camisa de vestir de manga larga con cuello nenley en color blanco con los botones en contraste, vaqueros ultra pitillo de efecto cuero y unos mocasín casual y el príncipe del Oeste Sesshomaru quien según él era lo único decente que había encontrado, llevaba una camisa de vestir entallada color morado con la tapeta en contraste color negro, pantalones de vestir de corte súper pitillo color negro al igual que sus zapatos casuales. Después de unos segundos de haberlos mirado por fin Sango se decidió a hablar.
-Bueno Kagome nos preocupó un poco al haberse puesto un traje de sacerdotisa, es por eso que decidimos mirarla desde aquí – Mencionó la caza demonios quien llevaba unos leggins de cuero, con un blusón blanco de manga 3/4, una chaqueta de cuero abierta, mostrando así un collar dorado y para terminar unos botines blancos con hebillas doradas. Por su parte Miu usaba un short vaquero deslavado, una camisa top rojo, y unos botines negros con cremallera con aplicaciones.
-Sí que es raro, ella casi nunca usa el traje de sacerdotisa – Hablo Inuyasha mirando en la dirección de donde se encontraba la miko.
-Pues debería de ponérselo más seguido. Se ve hermosa – Dijo Tora obviamente al ver que el peli plateado ya no se encontraba ahí. Mientras tanto Kagome se encontraba sumamente concentrada en su oración parada enfrente del árbol sagrado, había escogido ese lugar porque sabía lo importante que había sido para su madre y para los demás. Sonrió con tristeza al imaginarse la cara que tendría su abuelo al verla con el traje de sacerdotisa, estaba segura que le hubiese encantado. Sin poder evitarlo comenzó a soltar varias lagrimas ya que todo en el templo le recordaba a su familia.
-Por favor…perdónenme - Susurró con dolor abriendo los ojos para mirar el árbol – Sé que a ustedes no les gustaría verme así pero… - Paro en seco al sentir un nudo en la garganta – ¡NO PUEDO EVITAR SENTIRME TAN IMPOTENTE! – Explotó en llanto comenzando a dejarse caer. Le dolía, le dolía demasiado el solo recordar la muerte tan injusta que habían tenido, sabía que era la decisión de ellos el no dejarse salvar, pero ¡Por kami! Era inevitable no dejar de culparse a ella misma, es más ni siquiera había podido cumplir con la promesa que le había hecho a su madre, no fue capaz de ir a visitarlos ni una sola vez en su estadía en la aldea de los taisho, no pudo decirles cuanto los amaba a cada uno, que, apesar de que no eran parientes de sangre, ella los amaba con intensidad.
-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no me dejaron salvarlos? – Dijo desgarradoramente con los ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorar – Si…tan solo se hubieran quedado aquí, ahora mismo tendría a Sota molestándome a mí y a mis invitados – Sonrió una vez más con tristeza sin dejar de llorar – Seguramente estarías jugando con Rin y Shippo ¿Verdad? – Preguntó mirando hacia el cielo, con la esperanza de escuchar su respuesta – Abuelo, tu estarías realmente emocionado contándoles todas tus historias y mentiras. Y tu mamá – Paro un momento – Estarías mimándome y apoyándome en todo lo que necesitara – Dio una gran bocanada de aire, mientras apartaba la vista del cielo azul – Soy tan estúpida – Dijo comenzando a reír para poco a poco llorar nuevamente como nunca lo había hecho. Lo necesitaba, necesitaba dejar todo su dolor en ese lugar para que una vez que regresara tuviera el valor de enfrentarse a lo que fuera, ya que sabía que esa era la única manera de volverse más fuerte. Dio un respingo cuando sintió unos brazos rodearla fuertemente, había olvidado por completo que no se encontraba sola, sin querer se había dejado llevar por sus emociones olvidándose de sus amigos y de Sesshomaru.
-No eres una estúpida – Escuchó la youkai hablar a Sesshomaru, mientras este la alejaba un poco para poder mirarla a los ojos – Estoy seguro que ellos te escuchan y están aquí en este momento apoyándote como siempre, mira – Señalo el daiyokai, como una fuerte ventisca rodeaba el árbol y comenzaban a caer varias flores y ramas. Kagome miro sorprendida aquel acto que aunque para muchos simplemente era el aire quien hacia caer las flores, para ella tenía otro significado, estaba segura que esa era la respuesta que sus familiares le daban. Comenzó a limpiarse cualquier rastro de las lágrimas y por primera vez desde que comenzó con su oración sonrió con sinceridad y agradecimiento.
-¿Sabes? – Habló la youkai sin apartar la mirada del árbol – Una vez mi madre me dijo que las heridas que no se ven son las más grandes y si, efectivamente lo he comprobado, pero también menciono que son las que te hacen más fuerte. Ahora sé que todo este tiempo mi mamá Yoshimi y mi madre Naomi me estuvieron preparando para cuando llegara este momento, porque ahora estoy completamente segura que ambas sabían sobre la existencia del cristal Márvo "Lo que hunde a alguien no es caerse al rio, si no permanecer sumergido en el" – Miró al daiyokai quien la escuchaba atentamente – Ella lo sabía ¿No es así? – Le pregunto al daiyokai.
-Así parece, pero también estoy seguro que ella sabía que lo superarías – La sostuvo del mentón – Todos confiamos en tu fortaleza.
-Sesshomaru – Le sonrió con calidez rodeándolo enseguida del cuello – Gracias, gracias por todo tu apoyo.
-Creo que lo mejor es que los dejemos solos – Mencionó Miu con una sonrisa al ver a los daiyokais besándose - ¡Vamos Inuyasha! – Lo tomo de la mano comenzando a jalarlo hacia la entrada.
-Sí, sí, si como si me interesara ver como se demuestran su afecto – Mencionó con fastidio siguiendo a la youkai de regreso a la casa.
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Después de un rato de apapachos y mimos de parte de Sesshomaru y Kagome, por fin la youkai bajaba las escaleras con un atuendo completamente distinto al que portaba minutos antes. Llevaba puesto un vestido que le llegaba a medio muslo en color turquesa ceñido a su esbelto cuerpo, con manga ¾, con un escote cuadrado, de su cuello, un hermoso collar dorado adornaba su vestido, llevaba unos zapatos altos de plataforma del mismo color que el vestido con algunas aplicaciones en color dorado y para finalizar llevaba sujeto su largo cabello en una coleta alta. Se veía realmente hermosa, ya que, apesar de que su vestido era muy sencillo, la manera en como había aprendido a moverse hacia prácticamente imposible que alguien se resistiera a no verla. Y si, realmente a todos en esa sala los tenia completamente embobados ante cualquier movimiento que realizaba.
-Estoy lista – Dijo dirigiéndose solo a las chicas, dejando al momento a los hombres confundidos.
-Si ya lo vemos, te ves hermosa amiga – Sonrió Sango después del cumplido hacia su amiga. Kagome observo el semblante molesto de Sesshomaru y comenzó a preguntarse si de verdad había sido buena idea invitar a sus amigas al centro comercial en donde en un par de horas ayudaría a atraer a la clientela de una pastelería que cada año realizaba la labor de juntar dinero todo un día para ayudar a niños sin hogar. Como siempre, cuando Zeito le había hablado sobre esa labor no pudo negarse apesar de la forma en la que tenía que atraer a los clientes, obviamente le había contado a sus amigas y ellas para ayudarla le habían sugerido que le mintiera al youkai diciéndole que solo iban ir de compras. Sin embargo la miko había rechazado completamente la idea de sus amigas, odiaría hacer las cosas a espaldas de su amado Sesshomaru. Así que se le ocurrió que tal vez podría aminorar la furia del youkai si se enteraba que no solo ella ayudaría, si no que Sango y Miu también ayudarían a esta hermosa labor. Suspiro con resignación, a quien quería engañar a él no le iba a importar en lo más mínimo que Sango y Miu también ayudaran a ÉL solo le importaba ella y a pesar de que era algo sumamente romántico, por desgracia en ese momento ese romanticismo no le importaba en lo absoluto. Se quedó completamente estática en su lugar al imaginarse que sería de ella cuando su amado príncipe se enterara del trabajo que tenía que hacer en la playa, ¡Por Kamisama! Si no quería que su amorcito terminara de estropear su carrera en esta época tenía que encontrar la manera de convencerlo, en un caso muy extremo de sobornarlo. Dio un gran respingo al escuchar la voz de Sesshomaru llamándola y con gran nerviosismo tomo su mano y lo alejo unos metros de los demás.
-¿Qué sucede mujer? – Preguntó el youkai al ver el comportamiento tan sospechoso de su mujer.
-Bueno, eto – Comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos. Sesshomaru al ver el comportamiento tan dulce de su mujer no pudo evitar dejar atrás su careta de autoridad y sin pensarlo dijo algo de lo que después se arrepentiría.
-Puedes decirme lo que sea, si eso te hace feliz yo lo aceptare – Escuchó la miko como dirían algunos humanos música para sus oídos. Comenzó a reír mentalmente, quien lo diría, sin querer había logrado que Sesshomaru dijera las palabras precisas en el momento preciso. Eso sí que era tener suerte. Bueno, tenía que admitir que se aprovecharía un poco de las buenas intenciones del youkai, pero solo lo haría esta vez, ya que también era una buena causa la que estaba por realizar. Con un poco de alevosía dejo salir un poco de los conocimientos de actuación que había aprendido y sin quitar esa aura angelical y dulce hablo.
-¿Hablas enserio mi amor? – Pronunció la youkai con una hermosa sonrisa.
-¡Te amo!, ¡Te amo! – Habló nuevamente la youkai antes de que el daiyokai se retractara – Bueno, entonces te veré mas tarde saldré con las chicas a realizar un trabajo comunitario – Dijo rápidamente Kagome sin dar oportunidad a que Sesshomaru hablara - ¡Cuídense mucho! – Gritó la youkai antes de cerrar la puerta.
-¿Qué diablos fue eso? – Se preguntó así mismo Hayate con un gran signo de interrogación en su cabeza. Mientras que Sesshomaru solo se maldecía una y otra vez por lo estúpido que había sido. Ahora que estaba completamente seguro de que su mujer se traía algo entre manos y nada bueno por lo que pudo deducir, con qué cara le iba a reclamar algo si el mismo le había dado "permiso". Bien… Lo hecho, hecho estaba y al parecer su mujer había aprovechado muy bien su estupidez, tendría que darle crédito por eso. Sin embargo no le dejaría tan fáciles las cosas, por supuesto que la seguiría y observaría de qué se trata ese "trabajo comunitario" del que habló la youkai, al final de cuentas él dijo que le daría "permiso" pero no mencionó nada sobre intervenir. Solo la protegería desde muy cerca, eso no es malo ¿o si?
