Capítulo 36 – Canción Marcial

No se veía ninguna luz en el departamento cuando tocaron a la puerta.

No se escuchaba tampoco ruido alguno. Aquel edificio, ubicado en la zona centro estaba pensado para parejas sin hijos pero con mucho dinero o para solteros igualmente adinerados.

Los niños estaban prohibidos, la pareja era opcional, pero el dinero era indispensable.

Volvieron a tocar la puerta, esta vez más fuerte. Cuando no respondió nadie, Mails se animó a sujetar la perilla y probar suerte. La pieza giró y la puerta se abrió sin problema. El chico no esperaba encontrarla sin cerrojo y de inmediato se arrepintió de haber hecho el intento, pero era tarde. Diana lo empujó desde atrás casi forzándolo a entrar en el departamento y tras el entraron sin hacer mucho alboroto el resto de las chicas:

Dulce miró encantada la decoración elegante y costosa, misma que con recelo y desprecio fiscalizaba Mónica. Amanda procuró pasar sin hacer ningún ruido con sus botas mientras que Alicia trató de no quedarse atrás.

―Ejem… ehm… ¿Sarah? ―Dijo Álvarez tratando de anunciarse en voz baja. ―Somos los chicos del musical ¿Podemos pasar?

―Ya estamos dentro Mails ―puntualizo Moni ―y no creo que te oiga si hablas tan bajo…

―Lo siento. Es que… básicamente irrumpimos y no sé si gritar o susurrar… ―respondió el chico.

―¿Susurrar o gritar? ¡Que dilema! ―se debatió Diana sin bajar la voz. ―¿Has intentado sugritar?

»¡Sarah! ―Pronunció entonces la chica, tratando de mantener la voz seca y apagada pero lanzándola a todo pulmón.

―Shhhh ―pidió silencio Amanda quien insistía en hablar con acento campirano todo el tiempo ―Calmen sus caballos. Juraría que está en su habitación. Miren ahí…

Una tenue luz se proyectaba por el pasillo emanando cambiante y trémula desde el marco de una puerta entreabierta.

Mails miró hacia atrás indeciso. Las miradas de cinco chicas le respondieron casi al unísono que debía entrar. De no ser suficientes las miradas, Diana no tendría empacho en volverlo a empujar. Armándose de valor, el broni enfiló hacia la puerta. La luz parecía aquella fría y cambiante que suele emanar de un computador portátil, pero se notaba extrañamente cálida y vivaz, como obligada a proyectar con especial animo una sucesión alegre de los más variados colores.

Atravesaron la sala de sencillos y aterciopelados muebles, y al encontrarse de frente con la puerta a medio abrir de la habitación, Mails pudo entender por qué sus golpes en la puerta, susurros, gritos (y sugritos) no habían recibido respuesta.

Del otro lado de ella, pudo percibir a medias la sombra de Sarah proyectada sobre la pared, era más que obvio que sobre su cabeza usaba una enorme diadema de los audífonos más grandes que el joven Álvarez hubiera visto jamás.

Posando la mano en la puerta, el chico trató de abrirla despacio para que el movimiento alertara a su anfitriona y su presencia sin invitación no la tomara por sorpresa. Nada de eso sirvió de nada, ya que Diana, quien había pasado a la parte de atrás del grupo para empujarlas a todas juntas y no solo a Mails, las hizo precipitarse en la recamara sin el menor sigilo.

―¡Hola! ―saludó animada la chica castaña, a la luz de la computadora que se reflejaba en la pared, su cabello se veía en ese momento rosa, por estar caracterizada de Pinkie Pie.

Las chicas secundaron el saludo con sonrisitas incomodas. Solo Mails necesito ese tiempo para recuperar el aliento después de ser empujado repentinamente contra la puerta de madera barnizada.

Pero pronto la risa se borró de la cara de todos, pues la reacción de Sarah no fue la que ellos esperarían. Que se asustara, talvez, que gritará, desde luego (esa era la idea de Moni quien la conocía mejor). Pero ninguno de sus bronis esperaban que al levantar el rostro de detrás de la portátil que tenía apoyada sobre sus piernas, estando sentada en su cama, verían sus ojos anegados en lágrimas resbalándole por sus mejillas y mezcladas con su maquillaje oscuro pintándole dos líneas que le llegaban hasta el borde de la cara.

―Ch-chicos… y-yo… no esperaba verlos aquí… ¿qué hora es? ―Sarah trataba de tomar aire para reponerse pero era obvio que no estaba funcionando.

―¡Es hora del show! ―dijo Diana encendiendo las luces del cuarto que, al brillar, revelaron que las cinco chicas estaban vestidas ya apropiadamente para sus papeles:

Cada una vestía una elegante y aun vistosa réplica del atuendo que sus personajes habían usado durante el episodio de la Gran Gala del Galope. Las chicas del Taller de Costura se habían lucido con cada una de las piezas pero el ingenio detrás del proceso había sido Dulce quien había hecho las adecuaciones de los diseños originales a las figuras humanas de sus amigas y bronis. El toque natural, como de hojas en las medias y como de flores en la peluca de Moni, el aire de tradicional de campo pero refinado en la falda y las botas de Amanda, el estilo cargado de adornos pero hermosamente equilibrado en el vestido y tiara de la propia Dulce, mientras los detalles griegos, casi olímpicos en el atuendo de Alicia resaltaban en los colores del arcoíris, solo rivalizados por los llamativos rosas rematados de dulces (¡dulces reales!) que vestía Diana. Eran bellos, distintos y originales al tiempo que uno no podía evitar evocar los de las Seis Principales al verlos.

Talvez la visión fue demasiado impactante porque dejó a Sarah sin palabras un instante y al recuperar la voz, comenzó a sollozar desconsoladamente tapándose la cara con las manos.

Las cinco chicas entraron en la habitación rodeándola, como para tratar de consolarla, mientras Mails, vistiendo un atuendo refinado aunque sencillo, como el de un poni de relleno, miraba desde la puerta bastante extrañado.

―¿Qué es lo que te pasa, linda? Cuéntanos… ―le animó Dulce amablemente, mientras Diana ya se había subido a la cama y abrazaba a Sarah tenazmente.

―Yo… lamento tanto como las he tratado chicas… ―trataba de limpiarse la cara con las mangas de su piyama, que quedaban manchadas por su maquillaje.

Ellas se miraron como no entendiendo. Moni estaba pasmada, como si creyera lo que sus oídos oían.

―Me he portado tan egoístamente. ―Se apresuró a explicar Sarah, tratando de mantener la compostura ―entré al musical con el único afán de ser famosa y atraer a mí los reflectores. No me interesaba ni la música, ni lo que decía, ni ustedes siquiera.

»De solo recordarlo, me avergüenza tanto pensar que mientras más me ofrecían ustedes su amistad más grosera y egoísta fui… pero… ayer que finalmente me decidí a ver por primera vez los episodios de la serie que tan insistentemente Natanael me enviaba por correo…

―Ejem… ―se aclaró la garanta el broni. Tan solo le había mandado vínculos de internet para ver todos los capítulos de las primeras dos temporadas durante la última semana… no era gran cosa.

―Me di cuenta cuanto significan estas canciones para ustedes… me di cuenta que… en verdad es algo más que una caricatura para niñas pequeñas…

―No es solo para niñas pequeñas, Mails las ve, y es un hombre adulto ―Puntualizó Diana mirando a su amigo.

―Mails no es un adulto ―habló por fin Moni ―solo tiene ese look de universitario por fuera pero por dentro ¿cuantos tienes Mails? ¿Nueve, diez años?

Las chicas se echaron a reír mientras el aludido se cruzaba de brazos frunciendo el ceño. Con las gafas sobre la cara y esa expresión ceñuda de verdad recordaba mucho a cierto poni…

―Quisiera… ―dijo Sarah, retomando después de reír un poco, más animada ―que me permitan cantar con ustedes nuevamente, esta vez, de corazón, honrando no solo la Magia de la Amistad que nos enseña Mi Pequeño Poni, sino también la gentileza y comprensión que ustedes me dieron a un sin conocerme…

―Y aun a pesar de conocerte… ―completó Moni y cuando la chica de cabello oscuro la miró, inesperadamente, fue una sonrisa lo que intercambiaron, para luego regalarse un amistoso abrazo individual que se convirtió en grupal.

―No me lo tomen a mal, chicas… ―interrumpió Mails desde la puerta, mirando su reloj digital, legítimamente preocupado ―bueno, sí, háganlo, pero solo un poco, pues ya vamos tarde y debemos realizar un musical.

―¡Por las barbas de la abuela Smith! Tiene razón, no perdamos más tiempo y alistemos a esta huerquilla para el rodeo ―respondió Amanda al tiempo que las cinco chicas ayudaban a la sexta a prepararse:

Un centellante y estrellado vestido la esperaba ansioso en su ropero. Alicia fue por él, sacándolo de la funda mientras Dulce limpiaba la cara de Sarah y comenzaba a maquillarla. Amanda no demoró en encontrar los zapatos a juego ideales mientras Diana preparaba ya la plancha para su cabello.

―¿Y tú qué esperas, Mails? ―le dijo Moni al chico, dejándole caer la computadora portátil de Sarah en las manos.

―¿Para qué? ―delante de Álvarez se había plantado ella, pequeña y delgada, como bloqueándole el paso.

―Para salir de aquí. No esperaras que la desvistamos contigo presente, ¿verdad?

―¡No! ¡Claro que no! ―respondió apresurado en un esfuerzo por no tirar la laptop, taparse los ojos con la mano y salir volando de la habitación, todo al mismo tiempo ―Lo siento, no vi nada, lo siento.

Si bien prepararse para lucir radiante en un musical no era labor sencilla, el equipo formado por las seis chicas fue tan inusitadamente efectivo que en menos de 20 minutos, Mails las vio aparecer tras la puerta en ceremoniosa y deslumbrante procesión. El elenco completo, vestido y preparado estaba necesitando solamente subir al escenario para comenzar a brillar con luz propia.

―Uhm… chicas… no quiero sonar negativa, pero, faltan solo cinco para los ocho y no creo que lo logremos ―les recordó Alicia.

―¿Cinco minutos, eh? ¿En que vinieron hasta acá?― Sarah se veía repuesta y preciosa. Sus delicadas facciones orientales parecían cubiertas de preciosas luces color plata.

―En autobús, ¿qué más? ―le contestó Moni ―será así mientras Mails no aprenda a manejar.

―Olvídense de eso. Ahora vienen conmigo y llegaremos a tiempo ―con su dosis de decisión habitual, Sarah tomó las llaves de su camioneta y las chicas salieron tras ella, dejando atrás a Diana quien tuvo que apartar casi a la fuerza a Mails del portátil que se hallaba sobre la mesa proyectando más capítulos de My Little Pony.

―Espera, dos minutos más… ¡ni siquiera sabía que ya había una tercera temporada!

Siete minutos y treinta segundos después, los siete chicos entraban por la puerta del auditorio de la Universidad. Cambiarían el pánico de ver conducir a Sarah pasándose las luces rojas por el nerviosismo de subir al escenario frente a cientos de personas. Cientos en el auditorio, miles a lo largo de internet, pues el evento se había vuelto algo grande y no faltó quien se ofreciera a subirlo en vivo.

La tercera llamada se había demorado ya más de lo esperado cuando las luces menguaron y el telón se abrió a un escenario en total oscuridad. Un reflector solitario se encendió y cantando "Tres meses de invierno…" Alicia abrió el musical, iniciando con la canción que les consiguiera la oportunidad de presentarse en el gran escenario.

Era Winter Wrap Up nuevamente, pero esta vez era mejor, mucho as grande. Estaban acompañadas de un amplio coro y una orquesta prácticamente entera de otros bronis. Metales, viento y cuerdas habían estado listos y esperando en la oscuridad que sus seis estrellas y el director del espectáculo aparecieran para iluminar los corazones de los asistentes con su música.

Con el primer coro las luces se encendieron iluminando todo el escenario donde las seis chicas con sus bellos vestidos y más de cuarenta otros chicos y chicas vistiendo los chalecos de los equipos de Ponyville se ganaron su primer aplauso de la noche.

Pero el show apenas estaba comenzando.

Se pensaron varios números, algunos solos incluso. Dulce quiso deleitar a la audiencia con la maestría de su voz interpretando The Type of Pony Every Pony Should Know mientras que Diana deslumbró cantando la más alegre Smile, Smile, Smile; jamás vista, haciendo que varios de entre el público siguieran con sus palmas y casi saltaran en sus asientos.

Los números grupales no desmerecieron nada tampoco, siendo el más espectacular The Heart Carol, interpretado a media luz y en que cada participante cargó una vela que le dio al musical un hermoso aire casi navideño en plena primavera. En contraste con el número no tan excelente de la propia Europa y sus dos amigas, quienes por pura envidia se unieron al grupo abusando de su política de no relegar a nadie, interpretando el Tema de las Cutie Mark Crusaders. En realidad, las dos chicas estuvieron bien. Solo fue Europa quien como no queriendo trató de llamar, como siempre, la atención siendo Scootaloo.

Justo antes del número principal había algo especial. Aunque se incluyeron solo canciones oficiales, una sola canción hecha por fans se agregó en el programa y para interpretarla, Mails, que había permanecido en su lugar de director de espaldas al público, subió al escenario, parándose frente a una base donde descansaba un teclado eléctrico, comenzó a tocar como si ensayara o no supiera lo que iba a interpretar.

Entonces, dos de los chicos del elenco trajeron tirando de una especie de carretilla lo que parecía una estatua, aunque en realidad no lo era. Era en realidad un chico moreno y barbado, vestido con pantalones algo flojos y una sudadera con capucha de la que destacaban un cuerno de cabra y otro de alce, mientras que de la espalda le salían un par de alas, una emplumada y otra membranosa. Era asombroso lo que podía hacerse con fieltro de colores y un poco de relleno.

Inmóvil sobre la carretilla, Alfonso, quien trabajaba de conserje en las mañanas en la universidad pretendía ser la versión humana y petrificada del Espíritu del Caos en persona, Discord. Y era precisamente la canción del mismo nombre la que Mails comenzó a tocar en el teclado una vez que su compañero de dueto estuvo en posición. Muchos de entrada no la reconocieron, pero cuando el broni entono la primera estrofa, fue obvio para quienes la habían escuchado que era la versión de The Living Tumbstone con el rap de PoniOneKenobi:

De titiriteros jamás fui fan

Ni por sus shows sentí aprecio

De las cuerdas alguien tira con desprecio.

Algo terrible ha sucedido

Una catástrofe de locos

¡La anarquía sobre nosotros ha caído!

Y fue raro escucharlo cantar. No es que fuera desafinado o inexperto. Cierto era que le faltaba mucho entrenamiento y pulir el estilo, pero por la manera que cantaba no quedaba duda que tenía la canción perfectamente ensayada y que incluso al cantarla, se sentía, tal como el resto de las chicas, en su personaje, aunque no fuera uno que nadie salvo él conociera. Al llegar al coro, Alfonso dejó de fingirse estatua y comenzó a posar llamando la atención como lo haría Discord mientras Mails aun cantaba:

No puedo solo mirarlo

Más ni siquiera me puedo mover.

Por el poder de aquel

Quien este mal conjuró.

¡Discord! A la luna gritaré

Como en un horrible sueño

De una noche de verano.

¡Discord! Tu dime que hacer

Para evitar que obligues

A nuestro mundo a perecer.

¡Discord! Tan solo te plació

O es esto una venganza

Contra quien el trono te quitó.

¡Discord! Ya no podemos más

Así que levanta ya

Tu tiranía de este lugar.

Fue cuando Alfonso, no necesitando micrófono pues usaba uno de diadema oculto bajo su capucha comenzó a rapear la parte que le tocaba al Espíritu del Caos, moviéndose confiado y amenazador frente a las seis chicas que lo miraban como molestas:

Discord llegó, trayendo novedad

Ahora que estoy al mando y sin piedad

A todos mis bronis en tierra y cielo por igual

Se acabó su mundo libre ¡Di adiós, libertad!

Los Elementos de Armonía pretenden buscar

Un acertijo voy a darles y no les gustará

Tantos giros y piruetas, todos parte del plan

Solo podrán encontrarlos si vuelven a empezar.

Mientras Alfonso recorría el escenario caminando hacia atrás y dando presuntuosos giros, le tocó a Mails de nuevo cantar la segunda estrofa y de nuevo el coro. Las luces se reflejaban en sus gafas ocultando sus ojos mientras que con rostro ceñudo y angustia en la voz cantaba:

Si bien detesto la rutina

Que gobierna sobre el mundo

Al voltearlo de cabeza

Nos trajiste solo ruina

¡Solo catástrofe y locura

Es tu aterradora obra maestra!

No puedo solo mirarlo

Más ni siquiera me puedo mover.

Por el poder de aquel

Quien este mal conjuró.

¡Discord! A la luna gritaré

Como en un horrible sueño

De una noche de verano.

¡Discord! Tu dime que hacer

Para evitar que obligues

A nuestro mundo a perecer.

¡Discord! Tan solo te plació

O es esto una venganza

Contra quien el trono te quitó.

¡Discord! Ya no podemos más

Así que levanta ya

Tu tiranía de este lugar.

Las seis protagonistas se colocaron detrás de Alfonso, como rodeándolo, dispuestas a poner fin a sus travesuras, en el momento en que él joven retomó su rap, esta vez cantándoles a una por una de ellas, comenzando por Amanda:

Hey Applejack ¿deseas conocer la verdad?

Ten cuidado pues no te será fácil de tragar.

Y cuando por fin te duela el ser tan honesta

En las mentiras veras que está la respuesta.

Alfonso le bajó el sobrero sobre la cara y al quitárselo, la chica se mordió el labio de abajo como haría la Applejack mentirosa. Nuestro Discord rapero pasó a la siguiente, que era Diana, que bailaba al ritmo sonriente:

Pinkie Pie me da gusto siempre verte feliz

Paseando por mi laberinto con esa sonrisa

De una cruel burla voy a mostrarte el matiz

Y yo que pensaba que te agradaba la risa.

Con el segundo verso, le pasó la mano sobre la cara, transformando la sonrisa de ella en una mueca en que la chica cerró los puños y torció un gesto de pura molestia. Divertido, Alfonso se movió junto a Dulce que lo miraba con recelo:

La pequeña Rarity de mi lista es la siguiente,

Ella tan propia, elegante y generosa

Miren ahora, con mi mano poderosa

Como le presento a Tom Dan el sorprendente.

En un movimiento veloz, sacó del bolsillo de su sudadera lo que parecía una enorme piedra, aunque falsa, que apenas le cabía en las dos manos, con la peculiaridad de tener un par de lentes oscuros puestos. Al verla, Dulce quedo encantada y recibiendo la piedra de parte de Alfonso fingió bailar con ella.

Ahora, con Fluttershy espero no demorarme

Lo débil de su gracia pretendo mostrarle

No, espera. ¿Por qué molestarse,

Si en alguien cruel puede transformarse?

Alfonso agitó el cabello de Moni quien, se sacudió como para quitárselo de encima mirándolo con un desprecio tal que le salía natural en ella, pero no en su personaje, la tierna Fluttershy. La siguiente en la fila era Alicia quien con aplomo y valentía se enfrentó a Alfonso mientras el cantaba:

A Rainbow Dash le espera una dura elección

¿Decidirá lo correcto o será un error?

Tendrá que escoger a quien serle fiel

Tendrá su hogar destruido y su lealtad con él.

Haciendo como que le mostraba con su mano el paisaje de un abatido Cloudsdale, Alfonso hizo correr a Alicia, quien desapareció saliendo del escenario. Finalmente, en el extremo se encontró con Sarah quien lo miraba afligida viendo que sus amigas habían sucumbido ante el poder de Discord quien aún cantaba:

Vaya, Twilight, parece que te han dejado sola

Sin Elementos de Armonia para desafiarme

Cómodamente sabes que puedes recostarte

Mientras te muestro con ejemplos que mi caos mola.

Sarah permaneció un momento cabizbaja, pero entonces, mientras Mails seguía tocando el teclado, puso su mano en el hombro de Alicia que había vuelto hacia un instante, quien, fingiendo despertar del maleficio, hizo lo mismo con Moni, quien a su vez despertó a Dulce, ella a Diana hasta llegar con Amanda, regresando todas a la personalidad habitual de sus personajes. Reunidas las seis nuevamente, se enfrentaron a Alfonso que no había tenido mucho tiempo para tomar aire antes de continuar con el rap:

¿Qué hacen aquí?

¡No me hagan reír!

Como los conejos jirafa

O los bisontes que bailan.

Ya que les volvió el color

Se que a la piedra he de regresar

Dejemos pues que Burning

Esta canción pueda terminar.

Las luces comenzaron a parpadear al tiempo que Mails dejó de tocar el teclado. Solo una batería en la distancia marcaba el ritmo y el tiempo en que el broni de anteojos cantaba la última vuelta del coro mientras que el encapuchado Alfonso daba cátedra de break dance ante los deslumbrados ojos de la audiencia:

¡Discord! A la luna gritaré

Como en un horrible sueño

De una noche de verano.

¡Discord! Tu dime que hacer

Para evitar que obligues

A nuestro mundo a perecer.

¡Discord! Tan solo te plació

O es esto una venganza

Contra quien el trono te quitó.

¡Discord! Ya no podemos más

Así que levanta ya

Tu tiranía de este lugar.

El último movimiento fue un salto en que el joven intendente cayó sobre la carretilla en que lo habían traído inmóvil y adoptando de nueva cuenta su posición de estatua, fue llevado por los mismos asistentes que lo trajeron en primer lugar.

Un momento se dio para que el público se recuperara de la poco ortodoxa penúltima pieza, mientras que todo se preparaba para el último número. Se guardó el teclado y Mails volvió a bajar del escenario, al lugar desde donde habría de dirigir la presentación final. Las chicas tomaron sus lugares y haciendo un ademan amplio y majestuoso con sus manos, el joven Álvarez indicó a la orquesta que la música debía iniciar. Era bella y grandiosa y no esperó mucho hasta que Sarah dio un paso al frente, llena de convicción y sintiendo con el corazón cada palabra, dijo:

―Después de todo lo que hemos imaginado, la realidad de esta velada podría convertirla en la Mejor Noche de Todas… ¡en la Gala!

Y a coro, todobroni cantó "En la Gala…" mientras que Mails dirigía a la orquesta a tocar armonioso y tranquilo, con un sereno acompañamiento de campanas y triángulos, al tiempo que la primera en pasar era Moni, que con la dulzura y gentileza de Fluttershy, comenzó cantando:

En la gala, en el jardín a todos los voy a ver

Serán por siempre mis amigos en la Gala,

Pajaritos e insectos, todos me van a querer

Buenos amigos seremos, aquí en la Gala

Con una tímida vuelta de su vestido, Moni regresó a su sitio al tiempo que Amanda con su encanto campirano reclamó los reflectores cantando animada e ilusionada cual lo hiciera Applejack:

En la Gala, mis manzanas yo se las voy a vender

Y los ponis tan hambrientos mis pays se van a comer

Ganaré mucho dinero que a mi familia ofresco.

De vuelta a su lugar, mientras el coro cantaba "Nuestros sueños serán mañana realidades, todo lo que hemos soñado se verá en la Gala, en la Gala…" y la orquesta cambió a un estilo más refinado y majestuoso, digno de un palacio de un rey donde los violines resaltaron con sutileza. Dulce pasó al centro y girando con gracia y moviéndose con elegancia cantó en una hermosa voz como la de Rarity:

En la Gala, la realeza, todos me conocerán

Y sabrán de mi importancia en la Gala

Allá voy a conocerlo, a mi príncipe real

Muy galante va a tratarme y será en la Gala.

La nota final fue tan magníficamente entonada y sostenida que muchos entre el público sostuvieron el aire impresionados, pero Mails, en su papel de director, ya ordenaba en la orquesta un cambio de música. Varias trompetas triunfales elevaban sus sonidos cada mes más alto conforme él les indicaba que tocaran más y más como anunciando la llegada fabulosa de la siguiente estrofa. Cuando les pidió que se callaran lo hicieron todos los instrumentos salvo uno: la guitarra eléctrica que en manos de David, el primer broni que Moni y Mails conocieran, sonaba con la destreza y armonía del mejor rock pesado del mundo. Aquellos acordes fabulosos no podían ser dirigidos por el joven Álvarez que emocionado dio la entrada a Alicia que contenta, decidida y valerosa cantó la estrofa de Rainbow mientras Mails se perdía en la melodía.

Yo tanto he soñado, volar con esos ponis

Los Wonderbolts, ¡que emoción! Vueltas dan siempre en acción

Son tan impresionantes, ¡nos lloverán diamantes!

Los Wonderbolts me van a ver aquí en la Gala…

Completamente emocionado, Natanael prácticamente se olvidó de donde estaba y lo que hacía y comenzó a pretender que tocaba la guitarra eléctrica, mientras Alicia cantaba, siguiendo su voz con sus movimientos y casi bailando de emoción al ritmo de la música. Quienes no lo conocieran, habrían jurado que estaba sobreactuando, pero sus amigos de tiempo sabían que de verdad estaba disfrutando la presentación. Antes de terminar el último verso, nadie supo realmente de donde, Mails sacó una rosa roja y en un movimiento la lanzó al escenario. Esta no pasó desapercibida para Alicia quien al verla, la atrapó al vuelo y quedó pasmada con la flor entre sus manos. No se olvidó de volver a su sitio para dejar el espacio a la siguiente, pero durante el resto de la presentación se le noto absorta y muy sonrojada.

Aquello había sido genial, pero al pasar al frente, Diana robó cámara con su sonrisa y su energía. Bailaba casi dando saltitos mientras cantaba y su voz, imposible de mejorar, era la viva manifestación de Pinkie Pie en persona mientras decía:

Aquí estoy en la Gran Gala, de las fiestas la mejor

Y la única que falta es una poni, ¡esa soy yo!

Sobresalgo en cada fiesta, las demás te lo dirán

Si jugamos o bailamos ¡aquí en la Gran Gala!

Nuevamente tuvo a la audiencia siguiendo la música con aplausos y el propio Mails no se quedó atrás desde su lugar de director apoyando también con sus palmas. La interpretación había sido magnifica, pero para cerrar, Sarah, quien había estado esperando el momento para cantar con todo el corazón sobre la Magia de la Amistad que había descubierto, se adelantó y cantó mirando hacia arriba llena de ilusión:

En la Gala, con Celestia, estaré feliz ahí

Hablaremos de la magia y de lo que aprendí

Todo va a ser especial si su tiempo es para mí.

La emoción estuvo a punto de hacerla llorar nuevamente pero el coro de bronis vino al rescate cuando todos, incluido Mails, cantaron:

Hacia la Gala vamos ya, estamos listos y a brillar

Hacia la Gala hay que ir, será inolvidable

Hacia la Gala es hora ya, somos geniales y eso es real.

Pero el final estaba reservado para las seis amigas quienes habiéndolo ensayado a conciencia entonaron los últimos versos juntas alternándose cada una, primero Moni, luego Amanda, luego Dulce, después Diana y Alicia:

Hacia la Gala, amigos haré

Hacia la Gala, mis pays venderé

Hacia la Gala, lo conoceré

Pues soy mejor que un Wonderbolt.

Finalmente terminaron con el verso final cantando ellas, los bronis incluido Mails y muy buena parte del público:

Para vender, para probar, para hablar

Aquí en la Gala y será inolvidable… ¡en la Gala!

No solo hubo aplausos sino que el público ovacionó de pie. Y de pie se quedó un momento. Extrañamente, la gritería dentro del auditorio fue opacada por una gritería aun mayor, una que venía de fuera. Aquello no había formado parte del plan original pero, al parecer, algún acomedido broni había preparado todo para que las personas, aun fuera del edificio fueran participes del evento.

Y es que el gran auditorio colocado frente a la explanada central de la Universidad al lado opuesto al estacionamiento, tenía altas paredes de grueso tirol gris sobre las cuales estaba siendo proyectada la transmisión en línea del concierto. Una computadora, un par de proyectores, varios metros de cable, unas cuantas bocinas y el campus entero pudo pronto ser parte de la Magia de la Amistad.

Eran las personas afuera quienes también ovacionaban. El suceso se había vuelto aún más grande de lo previsto y era de esperarse que el sueño de un grupo de jóvenes universitarios pronto dejara huella en la memoria de toda una generación.

Pero se había acabado. Las cortinas debían cerrarse y las luces apagarse. Poco a poco, los reflectores fueron mermando y lentamente los telones recorrieron su trayectoria elíptica hasta encubrir al elenco del Musical de los Bronis. Antes de que se cerraran las cortinas, Mails había entrado a encontrarse con sus amigas y las encontró compartiendo un inspirado abrazo en grupo del que lo hicieron participe.

Sarah lloraba de emoción, Diana daba saltos de gusto, al tiempo que Amanda arrojaba su sombrero hacia arriba, una amplia sonrisa de satisfacción se dibujaba en el rostro de Moni, y, un poco apartada, Alicia observaba con ensimismamiento su rosa disfrutando de su aroma.

El resto de los chicos, músicos y coristas se felicitaban contentos estrechando las manos los más formales o intercambiando brohoofs los más emotivos. Aquello se había vuelto su propia fiesta dentro del escenario, detrás de las cortinas.

―¿Puedo hablarte en privado un momento, Nat? ―Dulce se acercó al chico, llevándoselo aparte. Sus pies calzados con elegantes tacones sonaron sobre el piso de duela ahora que no había música que los opacara.

La alegría palideció un poco en el rostro de Álvarez al ver que su amiga lo miraba con expresión severa.

―¿Qué fue eso de la rosa al momento del último acto? ―inquirió la estudiante de modista.

―Oh, eso, bueno ―Mails volvió a sonreír, casi sonrojado ―fue un pequeño detalle personal. Tú sabes, Rainbow Dash siempre ha sido mi favorita y fue mi manera de demostrarlo.

―Ya veo ―asintió pesadamente la chica. ―De manera que la rosa era para Rainbow… no para Alicia.

―Pero Alicia es Rainbow…

―En el musical, Nat. ¿Pero fuera de él? ¿Le seguirás dando rosas por haber sido Rainbow?

―Desde luego que no. Eso sería raro. Podría pensar que me gusta. ―reflexionó un momento el chico comenzando a entender. ―Y no me malentiendas, es una chica grandiosa, pero yo no…

―Lo se, lo entiendo. No sientes eso por ella. El problema es… ¿qué tal si ella ya piensa que te gusta? ―Los ojos grandes y brillantes de la chica se abrieron mucho, analíticos, enmarcados en aquellas pestañas bien maquilladas para la obra. ―Para ti la rosa fue un símbolo de tu devoción por Rainbow. Para ella, pudo significar algo muy distinto, ¿no crees, Nat?

La mirada de ambos se desvió hacia el resto del elenco, donde, en medio de ellos pero completamente absorta, Alicia parecía bailar lentamente y en silencio con la flor entre sus manos, como escuchando una melodía de un vals inaudible.

―Creo que… tienes razón. No debí dejar que se prestara a malos entendidos. Voy a aclararlo con ella.

―Talvez tenga que esperar ―digo Dulce cuyo fino oído le permitía notar que dentro y fuera del auditorio les seguían ovacionando. ―el público nos reclama y no hemos salido a saludar.

Mails los organizó pronto para que todos formaran una fila sobre el escenario y se tomaran de las manos. Para cuando el telón se volvió a abrir y la luz fuerte inundó de nuevo el entablado los aplausos no habían cesado y los más de 50 integrantes del Musical hicieron una reverencia tomados de las manos agradeciendo el reconocimiento de su público.

Mails no notó que a su lado se había acomodado Alicia para poder tomar su mano y que habían quedado juntos en el centro de la línea y de la escena.

Al verlos el público renovó sus ganas de aplaudir y, afuera, la universidad se convirtió en un auténtico festejo al aire libre.

Las luces les caían en la cara y sudor les resbalaba por la frente, tenían la voz cansada, las pernas fatigadas y el desvelo pesaba sobre sus parpados pero, el corazón de cada broni sobre el escenario rebosó de dicha atesorando para el resto de sus vidas la sensación de ese primoroso instante…

Ese diminuto y efímero instante…

Un ruido terriblemente estridente y la multitud tuvo que guardar silencio. Algunos incluso se cubrieron la cabeza, temerosos y otros se tiraron al suelo. Los más temerarios se atrevieron a girar la el rostro para comprobar lo que temían.

En la entrada del pasillo central del auditorio tres hombres vestidos completamente de negro y encapuchados, dos de ellos armados de sendas metralletas. El otro, cargaba un revolver con el que había abierto fuego hacia el techo, con el fin de llamar la atención de los presentes.

Lo había logrado.

Afuera, las proyecciones del interior quedaron vacías, pero la señal de internet no se había perdido. Más bien, alguien había decidido que dicha transmisión ya no podía seguir siendo pública.

El hombre del revolver se descubrió el rostro, provocando que un par de anteojos, una barba de candado y una cabeza calva salieran a la luz.

―Creo que no tengo que sugerirle a nuestro respetable público que, dado que la función terminó son libres de retirarse a la seguridad de sus casas… ―pronunció el hombre del arma, un parpadeo antes de que, en un torrencial de demencia y desesperación la gente comenzara a salir precipitándose por la puerta doble y las salidas de emergencia.

―En cuanto a ti, Profeta Broni… ―dijo, cerrando un ojo y levantando su revólver, apuntando al escenario a manera de una muy severa advertencia ―me parece que tú y yo tenemos un par de cosas pendientes de anoche…

»Hay algo en tu cabeza que me pertenece…