CAPITULO 33

-No interfieran – Escucharon todos los presentes la advertencia de la youkai que se encontraba a unos cuantos metros de ellos cambiando su ropa normal, por su traje de pelea. La mayoría por supuesto estaba tentado a detener esa batalla por las condiciones en las que se encontraba la princesa del Este, sin embargo sabían que en esos momentos su "amiga" había sido remplazada por aquella daiyokai que no conocía la palabra piedad. Por otro lado el ser que tenía que ser el más preocupado en ese momento se encontraba de lo más tranquilo mirando fijamente la batalla que estaba seguro en cualquier momento daría pie. Confiaba en su mujer, sabía perfectamente que esa estúpida mujer había firmado su sentencia de muerte al haber provocado a su hembra, ahora tendría que asumir las consecuencias de la furia de su mujer, ya que, estaba seguro que moriría de la peor manera posible. Bueno tenía que admitir que lo disfrutaría, después del gran enojo y frustración que sentía por la basura del tal Taishi, tal vez la muerte de esa mujer le subiría un poco el ánimo. Estaría totalmente alerta a cualquier cosa, no interferiría por ningún motivo a menos que el dueño de Kykio reapareciera nuevamente o a esa otra sacerdotisa jugara sucio.

-¡Te mata… - No termino Kykio al sentir un gran golpe en el estómago, dejándola completamente de rodillas en el suelo – Maldita – Susurro con gran dificultad para respirar comenzando a ponerse de pie.

-Dejemos de un lado las palabrerías y demostrémoslo con actos desgraciada – Saco con elegancia su látigo rojo, quien aprisiono el cuello de su adversaria sacudiéndola un par de veces para después arrojarla varios metros atrás - ¡Oh, vamos Kykio! ¡No lo estás haciendo para nada divertido! – Se burló al ver la cara de furia de la sacerdotisa al reincorporarse.

-¡Te arrepentirás! – Grito Kykio lanzándose a una batalla cuerpo a cuerpo con Kagome quien fácilmente esquivaba sus golpes, haciendo que Kykio se desesperara a cada golpe que daba. De un momento a otro Kagome dio un traspié retrocediendo mientras varias gotas de sangre provenientes de su antebrazo caían al suelo. Sonrió con arrogancia al ver como tres flechas se clavaron en varias partes de su cuerpo, la primera en el hombro derecho, la segunda en la pierna izquierda y la tercera cerca del pecho. Miro hacia enfrente y ensancho más su sonrisa al ver la cara de satisfacción de la sacerdotisa. De verdad la creía estúpida, si ella estaba esperando justamente el momento en el que ella se hiciera de sus artimañas e hiciera algo indecente como había ocurrido minutos atrás. Con total calma saco una por una las flechas que se encontraban incrustadas aun en su cuerpo y creo una kekai al ver varias flechas más acercándose a ella.

-De verdad eres de lo peor – Menciono Kagome lamiendo la herida que tenía en el antebrazo, teniendo por efecto que el color rojo de sus ojos aumentara su intensidad – Al parecer esto es lo mejor que puedes hacer ¿O me equivoco? – Movió su cabeza hacia los lados – No lo creo – Comenzó a caminar a paso lento hacia una asustada miko quien comenzaba a lanzar y usar cualquier poder que pudiera detener el andar de su enemiga. Sin embargo todo parecía inútil.

-"¡maldición, si esto continua así esa maldita me va a matar!" ¡"No me queda de otra más que usar el arma, que ese idiota de Taishi me había dado para un caso de emergencia"! – Pensó la miko comenzando a recitar unas palabras, para después tener frente a ella una espada en color negro brillante.

-¡Vaya! ¡Tan desesperada estas! - Afirmo la daiyokai al ver el arma que empuñaba la miko – Bien, pues terminemos con esto de una vez por todas – Hablo Kagome haciendo aparecer al instante una katana en un hermoso color negro con rojo. Sin perder un segundo más se lanzó con todas sus fuerzas hacia Kykio quien con dolor soltó un grito al ver rodar enfrente de ella uno de sus brazos. Sin embargo para Kagome eso no significo nada y casi al instante la ataco de nueva cuenta haciendo un gran corte en el pecho, la miro sin ningún sentimiento de arrepentimiento y se acercó a ella.

-¿Te duele? – Pregunto con fingida preocupación, para enseguida con gran decisión traspasar el muslo de la miko, sin hacer caso omiso a los gritos y muecas de dolor que hacia Kykio, la princesa del Este comenzó a traspasar varias partes del cuerpo de su enemiga con la katana, después de unos minutos paro al ver que un gran charco de sangre comenzaba a formarse debajo de sus pies. Sonrió una vez más con satisfacción y de una patada la mando lejos nuevamente.

-La princesa solo está jugando con ella – Dijo Hayate al observar la situación.

-Se lo merece, ojala y la haga sufrir aún más – Menciono Miu a propósito mirando de reojo la cara del medio demonio- ¿No es así Inuyasha? – Le pregunto.

-Jamás creí que vería a Kykio en esa situación, siento un poco de pena por ella, pero sin duda alguna ella se lo busco – Movió un par de veces su cabeza – Avísenme cuando Kagome haya terminado de jugar – Comento para todos retomando su habitual actitud de siempre, para así dar vuelta y retirarse del lugar. Mientras tanto de regreso en la batalla de las peli negras Kagome por fin había detenido su juego de tratarla como a una pelota y con gran odio poso uno de sus pies en la cabeza de esta presionándola fuertemente en el piso.

-¡Por favor basta! – Se escuchó decir a Kykio en un acto desesperado por salvarse – Si…l…lo que qui…quieres es mata…rme hazlo de una vez por…por to…das – Suplico Kykio, mientras sentía como la tomaban del cuello una vez más.

-¿Qué fácil sería hacer eso, no lo crees? – Hablo con ira la youkai, mientras apretaba más el agarre de su mano – Esto va a terminar hasta que yo lo diga – la estampo en una de las paredes del lugar en donde por la pelea un pedazo de madera había traspasado el estómago de la miko.

-¡Basta, te lo suplico! – Pronuncio apenas audible Kykio mientras observaba como su sangre caía a grandes cantidades al suelo.

-jaja jaja, estoy completamente segura que las mismas palabras las escuchaste de mi familia – La sostuvo del cabello para poder mirarla – Así como estoy segura que hiciste caso omiso a sus palabras – La soltó con brusquedad y dio unos cuantos pasos hacia atrás – Sin embargo, no pienso hacer lo mismo que tú, ya que eso me haría caer a tu mismo nivel – Tomo aire – Tu y yo no somos iguales – Formo un arco de luz y apunto hacia su enemiga – Ahora soy peor que tú, cuando lastiman a los que quiero – Soltó una flecha que a la hora de clavarse justo debajo de ella comenzó a producir fuego, causando al instante que el fuego comenzara a consumirla aún con vida – Nos vemos en el infierno perra – Menciono Kagome, mientras aun escuchaba los gritos de la asesina de su familia, echo un último vistazo y giro sobre su mismo eje para así comenzar a caminar hacia sus compañeros, pero al dar unos cuantos pasos su vista comenzó a nublarse, para dar paso a total oscuridad.

X-X-X

-¿Cómo te sientes? – Cuestiono el príncipe del Oeste.

-Ya te dije que no es para tanto – Hizo un puchero la youkai al haber sido regañada por su pareja momentos atrás – Te juro que no volverá a pasar, cuidare mi alimentación de sangre de ahora en adelante – levanto su mano en señal de promesa – Por nuestro cachorro.

-No es necesario que me lo prometas, ya que, no volverá a ocurrir – Dijo Sesshomaru tomando asiento en una silla a lado de su cama.

-Está bien – Pronuncio un poco cabiz baja la youkai. Sabía que había estado mal llegar a esos extremos de incluso desmayarse por no tomar suficiente sangre y más cuando ya no solo se trataba de ella si no que ahora tenía que comenzar a ser más responsable por su bebe.

-Kagome – Escucho la miko a su marido pronunciar su nombre.

-Dime – Pronuncio con nerviosismo al no escuchar a Sesshomaru decir con frecuencia su nombre.

-De ahora en adelante necesito que te quedes en el castillo – Frunció el entrecejo levemente al recordar lo sucedido – Hasta que te encuentres en óptimas condiciones y sepamos co…

-Lo sé – Interfirió la daiyokai al entender las preocupaciones de Sesshomaru – No te preocupes mi amor, hare lo que me pidas – Sonrió dulcemente a su amado.

-Muy bien – Cruzo los brazos el youkai y al entender las preocupaciones que al parecer también albergaban en su mujer, hablaria del tema por más difícil que fuera para el tocar el tema – Ese insecto no los tocara, de menos no por ahora – Fijo su mirada hacia otro lado.

-Sí, lo sé – Sonrió un poco divertida al ver lo difícil que era para su hombre tocar el tema, pero se lo agradecía porque al parecer se había dado cuenta que también ella sentía un poco de preocupación hacia el vínculo que Taishi había creado entre los dos.

-Sesshomaru – Esta vez fue su turno de llamarlo – Recuerdas que menciono que tuviera cuidado con los tanukis – Toco su mentón pensativamente.

-Si lo recuerdo. Incluso llegue a la conclusión que aquella vez el tanuki que te ataco robo cierta cantidad de tu sangre, al parecer fue la que utilizo ese infeliz para crear el vínculo que ahora comparten.

-Bueno si se trata de un hechizo o algo parecido solo necesito investigar al respecto y hacer un contra hechizo – Dijo algo emocionada al ver que había esperanza para romper aquel vinculo que ahora los hacia tener un poco de desventaja.

-Me encargare de traerte toda la información posible mujer – Se levantó – Ahora será mejor que descanses - Dijo dispuesto a marcharse.

-No crees que estas exagerando – Lo tomo de la mano.

-Para nada – Dijo secamente Sesshomaru mirándola directamente a los ojos.

-Ni siquiera se para que te pregunte – Murmuró para sí misma la youkai bajando un poco la mirada – Bien - Se reacomodo en su lugar y cruzo los brazos - ¡Vete! Pero – Lo miro con un toque de burla – Quiero que me traigas algo a tu regreso.

-Bien, ¿Qué quieres? – Hablo confiadamente el youkai.

-Bueno para empezar… Quiero un enorme bote de helado de chocolate, un emparedado de jamón con mucho queso – Comenzó a enumerar las cosas con sus dedos – Un coctel de frutas con mucho limón y picante, ¡AH! – Grito señalando a el youkai, quien se estremeció un poco al mirarla – Por nada del mundo se te vaya a olvidar una deliciosa rebanada de pastel de fresas, una malteada por supuesto y un exquisito pay de queso – Lo miro desafiante – Si olvidas algo Sesshomaru tu cachorro y yo ¡No te lo perdonaremos! – Grito lo último, dejando a un sorprendido Sesshomaru. ¿Cómo diablos, iba a recordar todas las cosas que le menciono su mujer? Además por que tenía que ser el quien le trajera todas esas cosas, si había mucha servidumbre para que le cumpliera sus antojos, suficiente había sido con traer casi un centro comercial (como le decían los humanos) de comida humana para que encima lo amenazara diciéndole que no lo perdonaría si no conseguía todo lo que le había pedido ¡Diablos! Maldijo por lo bajo, mientras movía de arriba, abajo su ceja derecha, solo a él se le ocurre decirle a una mujer embarazada ¿Qué quieres? Bien, tendría que ingeniárselas para traer todo lo que su mujer le había pedido, ya mandaría a su estúpido medio hermano a investigar en un rato lo que ya no recordaba. Sin siquiera voltear una vez más a ver a su mujer salió de la habitación.

-¡Adiós, mi amor! – Grito Kagome aguantándose la risa al ver salir a su amado con una gran preocupación en el rostro – Nunca te metas con una mujer embarazada – Sonrió, mientras estiraba su mano hacia un costado de ella y tomaba una revista que había traído de su época - ¡Oh! ¡Que interesante! Podre hacer que Sesshomaru vaya a las clases prenatales conmigo.