Epilogo

Hoy es la primera vez que vuelvo a visitar Salamanca en un año desde que me mudé a vivir a Guadalajara con mi novio. Admito que, aunque crecí aquí, estudié aquí y conocí a las personas más importantes de mi vida en esta ciudad, nunca le tuve especial afecto al sitio.

Debo estar volviéndome vieja pues, de pronto, al caminar por los andadores, mirar la fachada de las viejas casas coloniales y los templos, al caminar por entre los árboles y las viejas bancas de metal del jardín donde Oscar y yo tuvimos nuestras primeras citas, de pronto me ha embargado la nostalgia.

Él no necesita mirarme para que yo entienda que el lugar le mueve una fibra sensible. Mi novio es un asqueroso cursi empedernido y aunque yo misma no soy así, amo profundamente eso de él.

Pero, aunque mirar a los gatos corretear ardillas entre las ramas de los arbustos, así como volver a encontrarme con los oxidados y perdidos rostros inertes de las estatuas metálicas sembradas por todo el jardín, forjadas en actitudes casuales, sentadas en las bancas, charlando, como si las autoridades hubieran querido preservar artificialmente la vida cotidiana del barrio en fríos ataúdes de bronce; me trae recuerdos no tan distantes que me hacen sentirme más vieja de lo que soy, también me remiten a las sensaciones y pensamientos de cuando era apenas una joven estudiante de universidad.

Ahora, todos en la oficina me llaman Licenciada Aderetti, pero entonces solía ser solo Mónica para todo el mundo.

A excepción claro de Mails. Él me llamaba Moni, pero admito que él nunca fue completamente parte de este mundo.

El quiosco al centro del jardín se levanta imponente ante nosotros mientras caminamos por el sendero principal. A la distancia una música se escucha indistinguible mezclándose con el aroma del algodón de azúcar y el maíz asado al carbón.

Los niños siempre corretean en este parque. Nunca me gustaron los niños. Sé que Oscar no tiene problema con eso.

Al llegar frente al quiosco, una estatua más nos recibe de frente con una sonrisa tonta esculpida en el rostro y una pose extraña en el resto del cuerpo. Siento una extraña tensión en las mejillas y me doy cuenta que yo misma estoy sonriendo. Mi novio piensa que es porque vi a algún chiquillo tropezar pero me doy cuenta de que es en realidad un recuerdo lo que me ha hecho sonreír:

Mails solía decir que aquella estatua del viejo barrigón con los brazos medio extendidos y la sonrisa de bobalicón, fue erigida en honor al Ministro de Magia y que alguien debió robarle su varita mágica para conjurar con ella algún maleficio.

Desde luego es una tontería. Todo el mundo sabe que en realidad es algún director de orquesta y que le robaron la batuta de bronce por mera maldad, pero ¿Qué puedo decir? Mails también era un obsesivo potterhead, además de ser un broni en toda regla.

Aunque no cualquier broni. Él era el broni. Aquel que pudo reunirnos a todos. Para mí, aunque nunca lo admita en voz alta, siempre fue el Único Gran Broni.

Han pasado cuatro largos años desde la primera vez que vi My Little Pony. Sé que ya han lanzado una quinta temporada que no he visto, así como dos películas y aunque me sigo considerando fanática de la serie me encuentro ahora muy desconectada tanto del fandom como del canon, pero al recorrer estas calles de nuevo no puedo evitar pensar en mis amigas.

Dulce, Alicia, Sarah y Amanda. Jamás habría conocido tan buenas amigas de no ser por MLP. ¿Te parece triste? A mí no. La realidad es que jamás fui una persona de amigas o amigos. Siempre conocí a muchas personas, pero aquellas que tomaron importancia real en mi vida, creo que puedo contarlas con los dedos de las manos.

Y al final, el último dedo siempre me recuerda a mi desaparecido amigo Mails.

Es extraño que su desvanecimiento no haya atraído mucha atención de los medios o que no encendiera alarma alguna. Incluso, algunos compañeros de nuestra carrera se habían olvidado ya que hasta quinto semestre tuvimos en el mismo grupo a cierto peculiar chico de anteojos.

No es tanto de extrañarse. Natanael Álvarez, como algunos tratan aun de recordarlo, jamás fue del tipo que llamara la atención, pero puedo asegurar que aquellos que pudimos conocerle de cerca, difícilmente olvidaremos algún día su nombre.

Escucho que Oscar me llama y eso me saca un poco de mis recuerdos. Compró una bolsa de semillas de calabaza asadas y me dice que nos sentemos un momento en una de las bancas. Antes de acomodarme a su lado, mi mente regresa a preguntarse qué habrá sido del resto de chicos del Musical.

Seguro la gran mayoría se graduó. Entre carreras de cuatro o cinco años, salvo que repitieran más de un semestre, seguro que ya todos están titulados o desertaron, o talvez cambiaron de carrera. Supe que algunos perdieron el interés en Mi Pequeño Poni, algunos otros persistieron y un tercer grupo migró a otros fandoms, a otras series. Hoy en día está de moda que los adultos se obsesionen con programas para niños.

Todo eso es normal. Cuando menos para los más raros estándares de este mundo. En cambio, ¿cuantos pueden presumir haber desaparecido en el aire o haber sido transpuestos a otra dimensión?

Nadie tiene pruebas de ello, pero se escuchan rumores. La gente no lo cree porque es imposible, ridículo. Si le agregas la teoría acerca de la realidad del Mundo Poni, el argumento se vuelve estúpidamente implausible. Pero… irónicamente, si conocieran a Mails como yo llegue a hacerlo, sabrían que nada de eso significa que no pueda ser cierto.

La pregunta es, ¿yo lo creo? ¿Qué me es más fácil pensar, que mi mejor amigo se esfumó en el aire, talvez murió y nadie encontró su cuerpo o que decidió fugarse muy lejos, cambiar de nombre y desconectarse para siempre del mundo? ¿No podría solo haberse mudado y jamás ponerse en contacto conmigo?

Comienzo a considerar seriamente la idea y cuando casi me convenzo a mí misma que me he engañado todos estos años pensando que quien pensé era mi amigo se encuentra ahora protegido por los personajes de una serie para niñas en lugar de afrontar la realidad de que muy probablemente solo se fue y se olvidó de mi…

De la nada comienza a sonar… no estoy segura donde, pero lo notó hasta que se encuentran alrededor mío.

Primero una, luego otra, dos más, y pronto seis chicas golpean el suelo rítmicamente con sus pies o hacen sonar sus palmas a un mismo compás. Después se vuelven doce personas y en segundos, gente por todo el jardín va siguiendo el mismo ritmo.

Me pregunto cuál es su problema o en donde estará puesta la cámara escondida, cuando de la nada, alguien comienza a cantar. Un par de chicas se adelantan de entre la multitud y, siguiendo el ritmo que sus numerosos cómplices a nuestro alrededor les marcan golpeando con los pies, entonan espontáneamente acompañando con el sonido de sus palmas:

Hey, hey, todo el mundo, nos tienen que escuchar:

Somos diferentes como noche al día, igual.

Pero ve un poco más cerca y tú verás,

Que soy como tú y tú igual a mí aún más.

A las dos chicas, una de cabello muy oscuro y peinado muy cuidado, la otra rubia, más sencilla, pero con una larguísima cabellera, se unen de pronto otras dos chicas más, una de cabello castaño y lacio y otra de melena corta pero de color rojo intenso; y recorriendo los pasillos del jardín con paso festivo, continúan cantando alegremente:

Hey, hey, todo el mundo, escuchen ya

Que traemos la Magia de la Amistad.

Pues somos diferentes como noche al día, igual,

Pero Twilight Sparkle nos ayudará a cambiar.

Fue ahí que se volvió claro lo que pasaba. Hubo un tiempo, hace algunos años donde, en esta ciudad, nadie podía mencionar la Magia de la Amistad sin que los oídos de algún buen broni se pusieran atentos y prestos. Hoy, las cosas han cambiado pero aun así, me arriesgaría a pensar que el nombre Twlight Sparkle es más conocido ahora que entonces. Entonces, una quinta chica aparece de la nada y colocándose entre las dos parejas de amigas, forman una fila y comienzan a cantar mientras bailan al ritmo que se había transformado (inexplicablemente) en una melodía que parecía salir incluso de los altavoces del jardín. Su coreografía es sencilla, pero es obvio que la tienen bien estudiada:

Y al saltar, bailar, si nos quieres ayudar

A que Twilight tenga su corona una vez más.

Y al saltar, bailar, esto fuerte sonará

Si juntas estamos, Twilight su corona al fin tendrá.

La chica recién llegada empieza entonces a cantar sola, separándose de grupo, interactuando con las personas de alrededor que, después de quedar extrañadísimas por el súbito espectáculo, parecen estar disfrutándolo mientras que, con su gran sonrisa, brillantes ojos azules y cabellera castaña y ondulada, la chica los anima a unirse al número musical con palmas… algo me parece extrañamente familiar en esa chica… ¿acaso es Diana?

Manos subirán, este es el mensaje que tendrán:

Subirán, bajarán, si tú nos quieres ayudar.

Generosidad, Honestidad, Alegría, Gentileza y Lealtad,

Twilight nos ha hecho ver que es lo que podemos ser…

Y al saltar, bailar, si nos quieres ayudar

A que Twilight tenga su corona una vez más.

Y al saltar, bailar, esto fuerte sonará

Si juntas estamos, Twilight su corona al fin tendrá.

Una sexta chica se une al grupo. De cabello muy negro, rasgos bellos y piel morena. La cabellera es muy lacia y usa un fleco, así como lo que parece un uniforme de colegio… comienza a cantar sola y es la viva imagen de Twilight Sparkle… y sus amigas, las otras cinco, cada una de ellas se parecen tanto a… ¿sería posible?

La misma voy a ser y nunca cambiaré

Si tú no eres igual, se fiel a ese que eres tú.

Si conmigo estas, las diferencias se irán.

Juntos estemos y al fandom vamos a salvar.

El jardín se ha vuelto una fiesta. Alguien ha comprado globos para todos los niños y de pronto otro más reparte serpentinas. La gente aplaude y corea al ritmo de la música, algunos se han puesto incluso a bailar. La alegría se vuelve contagiosa y aun mi novio, quien ha sido abiertamente alérgico a My Little Pony durante todos estos años parece estar disfrutando del espectáculo. Me quedo pasmada pensando que es lo que estoy viendo, cuando la melodía de un teclado me despierta y me permite entenderlo todo.

Conozco esas notas, conozco los dedos que tocan y a su único dueño. Al buscarlo, lo encuentro cerca de una de las bancas, tiene en sus manos un keytar blanco y acompaña la melodía de sus amigas, sus cómplices, con su instrumento. Se ve distinto, más viejo, más serio y firme, pero la sonrisa en su rostro es sincera, casi infantil. Es la sonrisa que yo conozco. Un par de gruesas gafas reflejantes cubren su rostro, pero yo no requiero ver sus ojos para reconocerlo.

Así que todo esto ha sido obra tuya, Mails.

Las chicas vuelven a cantar el coro y me sobrecoge una sensación extraña. Lo que estoy viendo es algo increíble, inverosímil, pero no existe otra respuesta o explicación. No puedo creerlo, aun a pesar de estarlo viendo, porque significa que todo lo que pensamos los seres humanos sobre la realidad puede que esté equivocado… puede que de verdad los sueños puedan volverse realidad, que todo en el universo sea posible… que la amistad si sea magia después de todo:

Salta y grita ya, cascos da y a girar.

Hazlo, hay que cambiar ¡puedes intentar!

Salta y grita ya, cascos da y a girar.

Canterlot Wondercolts ¡ella ganará!

Ya no me queda duda. Hay personas realmente extrañas en este mundo y aun entre ellos, conozco a alguien que los supera, pues ni siquiera es en realidad una persona. Sé que él lo entendería y lo tomaría como cumplido. Ahora sé que, ahí donde está, se encuentra a salvo, es amado y es feliz.

Sus ojos me miran por encima de sus anteojos y es como si no hubiera pasado un solo día. Mails… no, ¿Cuál era el otro nombre? Aquel que contadas personas conocen pero que ha marcado a su estilo nuestro mundo y el suyo. Spades, Burning Spades, él es mi amigo y aún lejos sé que siempre lo será, así vuelva a abandonar este planeta, así sea para siempre esta vez.

Sé que está bien, sé que no le falta nada, al tiempo que veo que la chica pelirroja, de cuerpo pequeño pero atlético, vestida en ropa deportiva color celeste se acerca a él y lo abraza casi colgándose de su cuello, entiendo y me queda claro que mi amigo no puede estar en mejores manos…

¿o debería decir cascos…?

Salta y grita ya, cascos da y a girar.

Hazlo, hay que cambiar ¡puedes intentar!

Salta y grita ya, cascos da y a girar.

¡Pues nuestro sueño nunca morirá!