CAPITULO 37.

Varios días habían pasado desde que Kagome había abandonado la cama y por lo tanto se había dado a la tarea de organizar una salida a uno de los lugares más hermosos que las tierras del Oeste podía tener. El lugar era hermoso, pasto de un verde oscuro adornaba todo el lugar, arboles de sakura de un tamaño considerable les regalaban un poco de sombra y una lluvia de flores rosadas y para finalizar un bellísimo lago con las aguas más cristalinas que Kagome había visto se hacía presente a varios metros de ahí, simplemente le parecía sublime aquella visión que le regalaba la naturaleza.

-¡Que buen clima! – Se estiro Miu sobre el verde pasto – Es una lástima que los demás no hayan podido venir – Dijo con un poco de pesar mientras observaba el cielo.

-Si tienes razón – Hablo la daiyokai mientras colocaba una manta en el suelo y comenzaba a sacar varios alimentos de una canasta – Al parecer el señor Toga les pidió que lo acompañaran, toma – Le acerco un vaso con jugo – Tienes que alimentarte bien – Le sonrió, mientras Miu tomaba gustosamente el jugo.

-No es para tanto, aun está muy pequeño – Se tocó su vientre aun plano – Por cierto – La miro - ¿Dónde están mis pequeños bebes?

-Bueno…Al parecer tienen un gusto especial por su tío Inuyasha. Así que ya no deben de tardar, le dije que acompañara a Sesshomaru a buscar leña por si la necesitábamos más tarde.

-Ya veo.

-¡Ahí vienen! – Señalo Kagome las siluetas que comenzaban a acercarse a ellas. Reprimió una sonrisa cuando miro como Yumiko y Tsukasa se peleaban entre ellos para poder apoderarse de las orejas del hanyo.

-¿Por qué demonios tengo que lidiar con tus cachorros Kagome? – Grito Inuyasha extendiéndole a Tsukasa a la youkai - ¿Pero que de…? – No termino al comenzar a exasperarse con la pequeña Yumiko, quien hábilmente se había aferrado a sus orejas y no parecía tener la intención de soltarlo.

-Sesshomaru podrías regresar la tranquilidad a tu – Corrigió al ver la mirada de ambos sobre ella – a Inuyasha y controlar a tu hija – Sonrió con inocencia dejando a Tsukasa en una silla mecedora que había traído de su época. Con toda la tranquilidad del mundo Sesshomaru se puso de pie y camino hacia donde su medio hermano aun luchaba con su tierna hijita "tal vez ella lo odiaba tanto como él lo hacía" pensó mientras se detenía a observar la batalla que ambos tenían. Sonrió por dentro "Definitivamente esa era su hija"

-¿Qué estas esperando? ¡Controla a tu mounstro! – Grito con cansancio al no poder doblegar a aquella pequeña.

-Yumiko – Hablo con voz suave Sesshomaru a su cachorra, causando enseguida que Yumiko soltara a Inuyasha y centrara toda su atención en su padre – No te rebajes a mostrar tu poder con un simple hanyo – Dijo mientras la tomaba en sus brazos y regresaba a su lugar.

-¿Qué dijiste imbécil? – Se defendió el Hanyo comenzando a seguir a Sesshomaru – Al menos yo le agrado más.

-¿Agradarle? Solo le das lastima – Tomo asiento debajo de un árbol sin siquiera mirar al hanyo.

-¡La comida esta lista! – Levanto la voz la sacerdotisa para evitar un nuevo contraataque de Inuyasha. Observo con disimulo como Inuyasha se dirigía hacia ellas y se sentaba pesadamente a lado de su pareja - ¡Oh, vamos Inuyasha! Tienes que acostumbrarte a ser paciente y más ahora que pronto serás padre – Trato de amenizar un poco el ambiente para después darle un gran mordisco a su emparedado.

-Kagome tiene razón mi amor – Le apoyo Miu acercándose a Inuyasha para darle un beso en la mejilla.

-Tsk, trajiste algo de comida instantánea – Cambio el tema mientras agarraba un poco de todo lo que se encontraba para dárselo a su mujer mientras que el agarraba su amada sopa instantánea.

-Imbécil – Susurro muy bajo Kagome al ver que siempre prefería comer sopa instantánea que la comida que ella preparaba. Suspiro y sonrió al recordar la escena que había montado Inuyasha unos días atrás al enterarse de la noticia de que sería padre.

Flash back…

Todo estaba preparado para que Miu le diera la gran noticia a Inuyasha de que muy pronto serian padres. Cuando la futura madre escucho el relato del como la princesa del Este le había dado la noticia a Sesshomaru no pudo evitar decirle a la princesa que la ayudara para poder sorprender de igual manera a su amado Inuyasha. Y ahí se encontraban todos reunidos en el comedor esperando a que llegara el postre, Miu con un poco de nervios le dirigió una mirada a Kagome quien al percibir su nerviosismo le guiño un ojo con complicidad.

-Inuyasha espero que te guste el postre, yo misma lo prepare para ti – Le dijo Miu mientras veía que su postre se acercaba a la mesa.

-¿Y entonces que hacia Kagome en la cocina? – Hablo Inuyasha con la boca llena muy concentrado en el plato que tenía frente a él.

-Le…le pedí que fuera mi testigo, ya que sabía que tú no me ibas a creer.

-Si claro – Le dirigió una mirada sospechosa.

-De verdad que esto es el colmo Inuyasha – Dio un sorbo a su copa de vino – Simplemente deberías de dar las gracias y mantenerte con la boca cerrada – Dijo la miko con una mirada de reproche.

-Por favor, podríamos probar con tranquilidad el postre que Miu te hizo con mucho cariño hijo – Intervino Inu-No-Taisho para después con una mirada hacer que las youkais que traían consigo cargando un pastel lo dejaran en el centro de la mesa. Un silencio se extendió por todo el comedor al ver el dibujo que adornaba aquel pastel. Todos miraron a Inuyasha esperando alguna reacción de él, ya que aún tenía la mirada puesta en el postre.

-¡Bueno pues que esperamos! – Se abalanzo contra el pastel dejando a todos con la boca abierta – No está nada mal – Miro a Miu con una sonrisa - ¡Gracias!

-Es increíble – Coloco una de sus manos en la frente Tora.

-¿El de verdad no lo entendió? – Pregunto para sí mismo Tsubasa sin quitarle la mirada a un contento y glotón hanyo.

-Más claro no puede ser el mensaje ¿Cierto? – Fue el turno de Hayate de mostrar su frustración y preocupación por las capacidades mentales del príncipe Inuyasha.

-Siempre supe que ese perrucho era un tarado – Le siguió Shippo mientras que un aura de ira comenzaba a crecer en el lugar de cierta sacerdotisa.

-¡Yo lo mato! – Se dijo así misma Kagome dispuesta a estrangular a su estúpido amigo. Sin embargo antes de hacer cualquier movimiento Inuyasha dejo de comer para mirar a una pasmada Miu.

-Come un poco – Le extendió una cuchara a centímetros de su boca – Estoy seguro que a nuestro cachorro le gustara.

-¿Qué dijiste? – Por fin reacciono Miu al escuchar las palabras del medio demonio.

-¿De verdad creíste que no me daría cuenta? – Dejo la cuchara en su plato nuevamente.

-¡Sí! – Escucho la afirmación de casi todos los presentes, quienes apartaron su mirada rápidamente al ver el enojo que mostraban sus ojos. ¡No era tan estúpido! Solo a veces era un poco distraído, pero nada fuera de lo normal.

-¿Entonces no te agrado la noticia? – Cuestiono Miu con un poco de tristeza. Sinceramente conociendo al hanyo se esperaba una reacción un poco más fuera de lo común. Sin embargo tenía que admitir que se sentía un poco decepcionada.

-¡No seas tonta! – Le seco una lagrima que había caído de los ojos de la youkai – Es solo que ya lo sabía.

-¡Ohhhh! – Escucho nuevamente Inuyasha a casi todos los presentes. ¿Qué diablos significaba eso? ¡Estaban sorprendidos de que lo supiera desde antes! ¿Por qué se empeñaban en hacerlo pasar como un idiota? Ya después se encargaría de demostrarles sus verdaderas capacidades. Mientras tanto dirigió su mirada a su hembra y al ver su semblante decidió explicarle lo sucedido – Un día al entrar a mi habitación encontré muchísimas hojas con "ideas para decirle a Inuyasha que va a ser papá" – Comento con simpleza el medio demonio al recordar todo el desorden que había encontrado aquella vez en su cuarto.

-¿Estas bromeando verdad mi amor? – Pregunto la youkai con una fingida sonrisa – "¡Diossss! ¡Como pude olvidar tirar aquellas hojas a la basura! ¡Estúpida! ¡Estúpida! – Se golpeó mentalmente la youkai mientras pensaba en lo descuidada que había sido. Al final ella misma había arruinado la sorpresa.

-No sabes lo feliz que me sentí cuando supe que me darías un cachorro – Decidió interferir en la tortuosa pelea mental que tenía su hembra con ella misma – Te lo agradezco tanto Miu – La acerco a él para poder abrazarla con cariño – Los amo a los dos – Le susurro a la youkai.

-También te amo Inuyasha – Soltó en llanto al escuchar las palabras de su amado. Estaba feliz, al final las cosas no habían salido como ella lo planeo, pero sin duda sería un recuerdo que contaría algún día a su cachorro.

-Que estupidez – Dijo Sesshomaru al ver aquel patético acto. Tenía que salir de ese lugar lo antes posible, así que con toda la elegancia del mundo se levantó y comenzó a caminar hacia la salida sin prestar atención a nada.

-¿Estupidez? – Rompió el abrazo Inuyasha al escuchar a su medio hermano – Estúpido la manera en la que tu reaccionaste al enterarte que serias padre – Sonrió con burla al ver que conseguía la atención de Sesshomaru – Escuche todo de Kagome.

-Y consideras que quedarte horas parado en tu habitación mirando el suelo, entrar en pánico junto con el monje y después reír por horas es una reacción adecuada – Se defendió el daiyokai al recordar lo sucedido. Obviamente no era que le importara aquella ocasión observar y escuchar por casualidad la estúpida escena de la cual había sido testigo, simplemente ese día él se encontraba descansando arriba de un árbol como generalmente lo hacía.

-¡Es cierto amigo! – Confirmo Miroku la versión que había descrito el príncipe del Oeste.

-¡Cállate! – Miro a ver a su amigo con enojo. ¡Se suponía que era un secreto! ¿Cómo era posible que su estúpido medio hermano siempre terminaba saliendo victorioso?

-Y ahí van de nuevo – Menciono con cansancio el general perro al ver que Inuyasha y Sesshomaru comenzaban una pelea verbal otra vez. Mientras que los demás solo asistían con pesar las palabras dichas por el señor Toga.

Fin del flash back…

Se sentía completamente feliz. ¡No! Más que eso, sentía que estaba en un sueño. Hace unos minutos la Luna les había anunciado la llegada de la noche y con la ayuda de Miu e Inuyasha al ofrecerse a cuidar por un rato a los cachorros ella y Sesshomaru se encontraban dando un paseo nocturno agarrados de la mano. Se detuvieron debajo de un enorme árbol, y se quedaron unos minutos observando lo majestuoso del lago, ya que según lo que había escuchado Kagome, aquel lago parecía cambiar de color según la temperatura y estaciones del año. Ahora con sus propios ojos confirmaba dichos rumores. Sonrió con dulzura al sentirse rodeada con los fuertes y cálidos brazos de Sesshomaru y sin necesidad de decir palabras comprendió lo que su amado transmitía para ella. Pasaron unos minutos más en aquella agradable posición, hasta que Sesshomaru rompió el abrazo y se colocó enfrente de ella. La tomo de ambas manos y giro su cabeza hacia un lado mirando hacia el cielo. Kagome al no comprender lo que pasaba giro su cabeza y observo a donde Sesshomaru miraba. Sus ojos se abrieron más de lo normal al ver como el cielo se iluminaba y se llenaba de llamas mientras un ave del tamaño de una águila, de un plumaje rojo, anaranjado y amarillo, de pico y garras fuertes comenzaba a volar de un lado hacia otro ¡No podía creer que de verdad el ave fénix existiera! Era fabuloso como resplandecía en el cielo y como formaba palabras. "¿Palabras?" pensó Kagome al creer que era imposible. Parpadeo un par de veces para asegurarse que lo que estaba viendo no era producto de su imaginación y sin más dirigió su mirada hacia el cielo.

-¿Esto es real? – Se preguntó ella misma totalmente asombrada sin quitar la mirada de aquellas palabras.

-Por supuesto que es real – Aquella voz la hizo salir de su ensoñación haciendo que sin poder contenerlo lagrimas comenzaran a caer de sus ojos.

-¿Te casarías conmigo? – Menciono Sesshomaru arrodillado en el césped con un anillo de oro blanco, un diamante en el centro en forma de estrella, mientras era trenzada por los lados con un símbolo de infinito con pequeños diamantes en color azul. Observo como ella se llevó una de sus manos a la boca en modo de sorpresa mientras que sus lágrimas no podían dejar de salir. Al parecer era incapaz de formular alguna palabra ya que solo recibió un asentimiento de parte de ella, sonrió suavemente y coloco el anillo a su dueña. Una vez se levantó sintió los brazos de Kagome rodearle el cuello.

-Gracias mi amor…Soy muy feliz, te amo –Escucho con sinceridad y felicidad las palabras de su hembra, al parecer había valido la pena el esfuerzo y la vergüenza que había sentido todos esos días desde que se había planteado la idea de pedirle matrimonio. Recordaba a la perfección el día en que sin querer miro un programa en la cual un chico se arrodillaba y le pedía matrimonio a una chica, enseguida él pensó que era una estupidez sin embargo llamo su atención el escándalo que tenían todas las chicas y el brillo especial que se formaba en Kagome al explicarles tal escena. Pero eso no fue todo, aquel día que salieron a dar un paseo por la playa sin explicación su mujer se había detenido enfrente de una tienda que exhibía vestidos de novia por lo que había leído en la fachada de dicha tienda. De nueva cuenta ese brillo inexplicable se hacía presente en ella, fue entonces cuando lo comprendió. Ella en verdad deseaba unirse por aquella ley humana, no la culpaba después de todo vivió gran parte de su vida con esas ideas humanas. Así que con la idea de hacerla feliz después de todo por lo que habían pasado hasta el momento, decidió cumplir una vez más el deseo de su querida Kagome y ahora al verla tan feliz sabía que había hecho lo correcto.

-Sesshomaru – Rompió el abrazo la youkai para poder mirarlo a los ojos – Ciertamente esto me hace muy muy feliz. Sin embargo también se me hace muy sorprendente ¿Esto es…?

-Lo sé – Interrumpió el daiyokai al adivinar lo que Kagome quería preguntarle –Esto no tiene nada que ver con nosotros los daiyokai, pero tengo dos poderosas razones para hacerlo.

-¿Cuáles son esas razones? – Le ínsito a continuar.

-La primera…Eres tú. Sé que es algo que has deseado por mucho tiempo y la segunda…Es porque quiero que seas mía oficialmente en esta época y en la otra. Si vamos a seguir viajando a esa otra época quiero que cuando lo hagamos seas reconocida como la Sra. De Taisho.

-Jamás creí que harías algo así por mí – Confeso mientras recargaba su frente contra la de él.

-Por ti haría cualquier cosa mujer – La sujeto de la cintura.

-Ahora lo sé – Dijo Kagome desapareciendo cualquier distancia que se interponía entre ellos.