El segundo ONESHOT que traigo de esta pareja que tanto me gusta. Espero les agrade.
GTA V CHARACTER'S BELONG TO ROCKSTAR GAMES.
La nieve comenzaba a derretirse sobre sus castaños cabellos. Caía levemente dejando un blanco paisaje en la ciudad. Si algo le hacía sentir más como en casa era ver el níveo panorama en su nueva locación. Crecer en Canadá fue agradable, si se deja a un lado los malos tratos por parte de los múltiples novios de su madre y ella misma. La nieve era su aliada, si lloraba podía decir que era la nieve derritiéndose sobre su rostro, si los abusos y golpes eran muy fuertes, la nieve calmaba su dolor con su gélido abrazo, además, la nieve le otorgaba amigos en la forma que la moldeaba y una alternativa de diversión. Fue privado de muchos goces y aspectos en su vida, pero no se quejaba de alguna manera, no lo hacía ahora que estaba en un lugar que le recordaba lo único bueno de su vida.
Aquel día sonreía mientras patinaba en una pista de hielo que había sido abierta al público. Su fama le otorgaba casi la mitad de la pista para el solo ya que la gente temía acercarse demasiado, suponía un riesgo, ser golpeados por un monstruo era lo último que querían. Sí, todo el mundo pensaba en él como un monstruo. Todo el mundo excepto una persona, la cual, reclinada sobre el barandal de la pista, observaba la gracia y belleza con que podía patinar sin necesidad de hacer giros artísticos y maromas para llamar la atención como los de la otra mitad. Se veía en su elemento, tan feliz y pacífico que incluso uno no podría pensar que en realidad fuera un maníaco.
Michael sonreía. Después de todo, ver a su amigo en aquel estado no podía hacerle más que feliz. Cuando se acercaba a pedirle que patinara con él, siempre sonreía avergonzado y negaba con la cabeza. No sabía patinar y no le agradaba la idea de humillarse frente a tanta gente como muchos hacían del otro lado, además que era lo suficientemente orgulloso y tacaño como para pagar unas lecciones a los instructores de la pista. No era tacaño porque sí, era tacaño porque si pagaba las lecciones no podrían comer decentemente en todo el tiempo que tardasen en sacar un nuevo golpe. Prefería pensar en las necesidades de ambos antes de derrochar el dinero, más ahora que eran tres. Si bien su nueva novia no vivía con ellos, si le gustaba usar su parte del dinero para ella de vez en cuando.
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- Trevor, ¿Tienes un momento?
Al abrir los ojos se encontró cara a cara en la cama frente a Michael. Murmuró algo que podía entenderse como un "¿Qué rayos quieres?" algo irritado. Eran poco más de las 2 a.m. cuando a Michael se le ocurrió pedirle lecciones de patinaje. Una mueca se formó en su cansado rostro.
- ¿En serio? ¿Ahora mismo? –musitó irritado, pero al ver aquella mirada suplicante en su compañero, no pudo negarse.
Se vistieron con ropa cómoda pero abrigadora para el frío invernal y cogieron un par de los viejos patines de Trevor. Era un poco extraño que Michael de repente quisiera aprender cuando en repetidas ocasiones le había ofrecido enseñarle y le había invitado a patinar con él muchas veces. Algo se traería entre manos, pero era un hombre de palabra y le enseñaría a su gordo trasero a patinar como si fuese un prodigio de hockey canadiense.
Su relación se había vuelto algo tensa, con leves momentos pacíficos, desde que Michael le presentó a Amanda, la prostituta del club de striptease, como su novia. Trevor creía en el amor a primera vista y cuando la vio, empezó a creer en el odio a primera vista, el cual fue mutuo. La tensión que generaba entre ellos era fuerte, no paraban de insultarse cada vez que cruzaban palabra o de dedicarse miradas asqueadas. Si bien Michael lo consideraba su mejor amigo, tenía que poner a su novia en primer lugar, cosa que irritaba y llevaba a Trevor a presionarlo en ciertas cosas.
Sin embargo, ahí estaban, a las 3:30 a.m. allanando una pista de patinaje cerrada. La ventaja que tenían, era que no sentían culpa o miedo alguno de cometer vandalismo, después de todo, era lo que mejor sabían hacer y ahora, era lo que los unía además de dormir juntos ya que Michael empleaba todo su tiempo libre en Amanda. Como odiaba a esa mujer, le estaba arrebatando a la única persona que había amado sinceramente en toda su maldita vida, a la única persona que veía más allá del monstruo.
En fin, él sabía que algún día iba a ocurrir y, a pesar de sus esfuerzos por aceptarlo, no se sentía preparado para dejarlo irse hacia los brazos de alguien más. Su dolor crecía día con día, las sonrisas que de vez en cuando intercambiaba con él eran lastimosas y sus ojos perdían aquel brillo que solo él le había dado. Lo sabía, Michael no sentía lo mismo que él, pero nunca había perdido la esperanza de que se daría cuenta de que nadie lo amaría como él lo hacía y nadie daría hasta su vida por su persona. Nunca tuvo nada, nadie se había preocupado por él hasta que Michael llegó, nadie le había otorgado lo que Michael le dio y mucho menos, nadie le hizo sentir que era todo como Michael lo logró.
Y después de colocarse los patines, dio inicio a la lección. Le cogió de las manos para ayudarlo a estabilizarse sobre el hielo, dando pequeños pasos le mostraba como deslizarse.
- ¡Argh! ¡Olvídalo! ¡Es demasiado complicado!- Repetía una y otra vez Michael cada vez que estaba a punto de caerse.
Trevor se regodeaba de ello y aprovechaba para hacer bromas con respecto a su peso y el grosor del hielo, cosa que no le hacía mucha gracia a Michael. Siempre que se burlaba un poco, aprovechaba la distracción para entrelazar los dedos de ambos y estrechar sus cuerpos de vez en vez. Esa cercanía le recordaba a los momentos en que podían dormir de cucharita sin que fuera incómodo, en que el espacio personal era un concepto desconocido para ambos ya que la confianza era tremenda. Todo se había vuelto raro entre los dos, pero en esas lecciones podían volver a las viejas costumbres, al viejo contacto que tan desesperadamente necesitaba Trevor después de todo el tiempo perdido y todas aquellas "caricias" que ahora solo eran para Amanda. Si bien para Michael no significaban lo mismo, para Trevor eran más que solo caricias de hermanos, eran las caricias de un amante. Acariciar sus cabellos o recargar la cabeza sobre el hombro del otro significaba un mundo completamente diferente para él. Y si bien sabía que no debía enamorarse del cariño, no pudo evitar caer rendido hacia sus pies. Incluso con toda la incomodidad que tuvieran desde que Amanda apareció, si Michael le dijera que se tirase de un puente, lo haría sin dudarlo. Si le pidiera que se quedase con él, no tendría que decírselo dos veces.
- ¡Mierda!
El cuerpo de Michael estuvo a punto de caerse de espaldas, pero los fuertes brazos de Trevor estaban ahí para salvarlo y, aunque no pudo evitar la caída, al menos sirvió para amortiguar el golpe de su compañero. Dudó un segundo en hacerlo, pero sin más envolvió el cuerpo de Michael en un abrazo aun estando en el suelo. Tuvo la suerte de que estuviera de espaldas a él, así no le vería en el estado en que se encontraba. Tenía los ojos hinchados y no podía controlar el escape de diminutas lágrimas de aquellos orbes avellana. Se quedaron ahí un rato, viendo al cielo. La ventaja de vivir en una pequeña ciudad, era que aún por la madrugada se podían ver estrellas. Era tan hermosa la vista y la posición, que no le hubiera importado morir en ese momento. Michael cogió una de sus manos a la vez que miraba el cielo.
- ¿No te ha matado mi gordo trasero? –preguntó con un tono burlón a la vez que se reincorporaba. No escuchó respuesta alguna, cosa que le preocupó- ¿Trevor?
El tono de su voz hizo reaccionar al canadiense. Las lágrimas cristalizadas en su rostro llamaron la atención del joven frente a él. Río estruendosamente con aquella voz rasposa que bien le caracterizaba. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano a la vez que se levantaba, sintiendo un frío invernal en su espalda, la cual estaba mojada por todo el tiempo que estuvo acostado sobre el hielo. Estornudó. Sin pensárselo dos veces, Michael se quitó el abrigo para colocarlo sobre los hombros de su amigo, no querría que se enfermase. A pesar de las protestas, insistió en que se lo dejara puesto. Era una noche helada y no dejaría Trevor de esa forma. Brincaron la barda de la pista y tomaron asiento en una banca cercana. El color de Michael comenzaba a tornarse azulado por la extrema temperatura. Debían estar varios grados bajo cero.
- No, no, quédatelo. Por mi culpa te mojaste la espalda.- Puso las manos al frente para impedir que Trevor le volviera a dar su abrigo.
- Entonces ven aquí, cupcake.- respondió con severidad.
Michael se acercó a su compañero y antes de darse cuenta, estaba sentado entre las piernas de Trevor mientras este último lo refugiaba con sus brazos y el abrigo a manera de manta. Antes de poder abrir la boca para protestar, recibió un "solo cállate, tetas de hombre". Sintió el calor volverle al cuerpo poco a poco. La respiración de Trevor sobre su cuello le hacían sentir extraño, le daban calosfríos, hacía rato que no estaban de esa forma, sin espacio personal. Carraspeó un poco para empezar a hablar.
- Trevor, gracias por enseñarme a patinar sobre hielo.
- Cuando quieras, sugar tits.- Susurró en su oreja.
- Ejem… continuando, quería agradecer todo lo que haces por mí. A pesar que he notado que nos hemos distanciado… pues sé que seguimos siendo como hermanos.- De verdad que Trevor detestaba esa palabra, pero no se lo reprocharía, le dejaría continuar.- En fin. Quería decirte algo importante.
Hizo una pausa un tanto larga, pensando en cómo plantearle la situación en la que se encontraba.
- Amanda está embarazada.
La respiración sobre su cuello se detuvo un instante antes de comenzar a fluir de nuevo. Trevor empezó a sentir de nuevo ese dolor en el pecho que conocía muy bien y trataba de ignorarlo con poco éxito. Gruñó por lo bajo incitándole a continuar al mismo tiempo que recargaba su rostro en el hombro de su compañero.
-Tiene unas cuantas semanas. Ella cree que no lo sé, pero vi la prueba positiva en el basurero y también la escuché insultar mucho. –Sonrío un poco al recordar tan hilarante escena.- Me dijo que le gusta patinar, así que pensaba en traerla aquí en un par de días y… pedirle matrimonio.
Sintió una humedad en su hombro, ¿Estaría llorando Trevor? Le preocupaba mucho la reacción ya que era su mejor amigo y el único en quien confiaba plenamente. Le sorprendió mucho la sonrisa de oreja a oreja que le dedicó su compañero de crimen. Podía ver las lágrimas sobre su rostro aunque se las hubiera limpiado con el hombro de su camiseta. Se quedaron como tatuadas.
- Te felicito, campeón. Al fin te están creciendo las bolas.- Respondió.
Era obvio que estaba destrozado por dentro y quería irse de ahí a gritarle un par de cosas a la imbécil de Amanda, ¿por qué se embarazaría si siendo una puta tenía que cuidarse? ¿Acaso lo que quería era atrapar a un hombre y apartarlo de él? ¿Quería que le metiera un balazo entre las cejas?, muchas emociones lo invadieron en ese momento, quería gritar, quería llorar, quería romper algo. Pero no lo haría porque sabía que lastimaría a su amigo si se dejaba llevar. En otra ocasión se desquitaría con algo o alguien, pero en ese momento tenía que fingir que era feliz. Él podía hacer eso, podía sacrificar su felicidad para que Michael pudiera tenerla, se tragaría todas las emociones negativas y fingiría compartir ese sentimiento para tranquilizarlo. Lo haría por él.
- ¿Serías mi padrino?
- Por supuesto, vaquero.- Se levantó bruscamente provocando que se tropezase el joven de ojos celestes.- Apresúrate gordo, que todavía tienes que dominar lo básico.
Michael lo siguió hacia la pista de nuevo. La lección continuó hasta que el sol salió y los guardias empezaron a perseguirlos por allanar el lugar. Mientras huían no pudo evitar preguntarle a su mejor amigo por qué lloraba. Estaba realmente preocupado por él. En respuesta solo recibió un "Era nieve que me cayó en el rostro y se derritió".
No había nevado esa noche.
Gracias por llegar hasta aquí, ¡Nos leemos a la próxima!
