Pues aquí, subiendo otro capítulo. I'm on fire. Espero que lo disfruten :)
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No era una recepción ostentosa. La bebida no era extraordinaria, ni mucho menos la comida qué básicamente consistía en alitas picantes y una que otra variedad de ensalada. Si habían unas quince personas en el sitio, eran muchas. Oh, cómo se regodeaba de gusto al ver la incomodidad en el rostro de la zorra de la novia. Reía entre dientes cada vez que le saltaba el párpado a la ilusionada chica que celebraba las nupcias en un pequeño salón más o menos arreglado, con nadie más que su nuevo marido, sus compañeras de trabajo y los amigos del galán.
Así lo había decidido Michael. Su oficio era demasiado riesgoso como para exhibirlo en una boda costosa con champaña y caviar en cada mesa, es decir, ¿no sería raro que el don nadie del barrio bajo de la ciudad de repente tuviera una boda de ensueño, incluso justo después que algunos criminales atracaran negocios locales?, no, no, tenían que permanecer en un bajo perfil. Desafortunadamente la boda se cruzó con el último golpe que habían dado. Cuando Amanda se enteró de la forma en que se llevarían a cabo los hechos, se hizo una furia, por lo que Michael juró y perjuró que la compensaría con una casa decente en la ciudad para los tres.
Por el otro lado de la habitación, Trevor observaba atentamente como la novia intentaba controlar sus impulsos de asesinar a su nuevo marido. Era todo un espectáculo verla mirar con desprecio la comida y la cerveza ya que su abultado vientre le impedía consumir ciertos alimentos. Dio un sorbo a la botella de cerveza que tenía al lado mientras escuchaba a Lester dar un discurso sobre el futuro de la tecnología y las inversiones a largo plazo, estaba un poco borracho el hombre-informática, por lo que ignoraba completamente sus palabras. No quería perderse cuando Amanda se quebrase. Se lo merecía la zorra. Sobre todo después de todo lo que hizo por Michael, el tiempo que invirtió en enseñarle a patinar y el dinero que le prestó para hacer algo más o menos agradable para los invitados y, aun así, la malnacida se atrevió a econtrarlo un día solo para presumirle el anillo y la devoción que Michael tenía hacia su persona, además de burlarse de ciertos aspectos de su vida. Podría decirse que no tenía derecho a regodearse ya que él devolvía gustoso los insultos hirientes, pero en ese momento no había mejor espectáculo para el canadiense.
Viró la mirada por un instante, econtrándose al recién casado tratando de no mirar a los ojos a nadie y de mantener un perfil bajo incluso ante la gente que conocía la situación, además de que quería evitar cualquier acción que pudiera irritar más a su esposa. Actuaba con parsimonia, una alita, un trago de cerveza, era el patrón que seguía para sobrellevar la tormenta que se avecinaría en la noche de bodas. Era digno de risa, pero no lo haría aunque se muriese de ganas. Lo último que quería era que su amigo la pasase peor. Aunque quizá nadie podría estarlo pasando peor que Trevor esa noche. Una vez que recordaba que estaba en la recepción de la boda del amor de su vida, la sonrisa se borraba y el rostro se templaba en una expresión neutral que asustaba hasta cierto punto. Era una montaña rusa de emociones, de repente una risilla por lo bajo, de repente una mirada escalofriante. Pero no era su culpa, de alguna forma tenía que lidiar con ello, de alguna forma tenía que controlar sus emociones y mejor una expresión atemorizante a verlo gritar mientras destruía mobiliario o destrozaba el cráneo de una persona contra el suelo. Algunas de las invitadas se le habían acercado y con la misma se iban al ver esa mirada. No eran chicas feas, sería ilógico que lo fueran si eran todas bailarinas del strip club. Pensó en controlar su expresión un poco para al menos conseguir una distracción, pero le fue imposible.
Michael se dio cuenta de los constantes cambios de humor de su compañero. Comenzaba a preocuparse y tenía que idear algo para sacarlos de ahí pronto para alejarse de aquel ambiente tan incómodo para ambos. Sabía que una vez que se marchara, la fiesta empezaría aunque al final lo lamentaría cuando Amanda le gritase por desaparecer. Aun con todo, decidió correr el riesgo.
- ¿A dónde vas? –Murmuró entre dientes la irritada novia.
Sin contestarle llamó la atención de Trevor rápidamente, ladeó la cabeza indicándole que le acompañase fuera del salón. Cogió un par de cervezas y una cajetilla de cigarros. Al salir, el clima seguía igual de horrible que siempre: nieve en todos lados acompañada de una gélida brisa, aun siendo verano. Se desacomodó el moño que no le dejaba respirar con normalidad. Encendió un cigarro mientras esperaba que su amigo escapase disimuladamente, de manera que Amanda no se diera cuenta de a dónde había ido. Para su fortuna, la novia se encontraba distraída con una conversación trivial con una de sus compañeras, no notó a Trevor salir por la puerta principal.
- Heeey, vaquero. ¿Cómo estás, recién casado?- Preguntó con ese tono burlón que tanto le caracterizaba.
El silencio de Michael hizo que desapareciera aquella socarrona sonrisa del rostro del canadiense. Se acercó junto a él a la vez que se recargaba en una barda que rodeaba el lugar. Se desacomodó la corbata por la misma razón. Odiaba los trajes, pero si se quitaba también el blazer, se congelaría, la corbata fue más que suficiente. Limpió con la mano la nieve de la barda para que Michael pudiera sentarse a su lado. Este último le tendió una cerveza mientras suspiraba.
- ¿Sabes? Siempre pensé que si algún día iba a casarme, lo haría en grande. Por grande no me refiero a derrochar el dinero en estupideces como una escultura de hielo de mi pene o algo así.- Trevor río entre dientes mientras se abstenía de hacer una broma al respecto para que pudiese continuar- Hacer algo que pudiera disfrutar con mi esposa y la gente que amo, ponernos ebrios, escuchar música tranquila mientras hablamos de mierdas profundas, ver alguna película de Solomon Richards y al final, mandarlos a todos al demonio para poder tener una activa noche de bodas con mi mujer.- Hizo una pausa para suspirar- Esta noche es un desastre y sé que al llegar al motel donde nos hospedamos en lo que nos dan las escrituras de la maldita casa nueva, Amanda me gritará y se irá a dormir molesta mientras termino en algún sillón barato manchado de la sangre de algún huésped suicida.
Escucharlo tan decaído en el día que se supone debía ser el más feliz de su vida le hacía sentir miserable. Tenía tantas ganas de decirle que Amanda era una zorra que no merecía a alguien como él. Solo él comprendía a Michael en su totalidad y solo él es el quien debería estar a su lado, pero las cosas jamás serían de esa forma. Se tragó los amargos sentimientos y de repente se le ocurrió algo un tanto loco.
- ¿Y si lo hacemos?
- ¿Qué carajo, Trevor?- Le miró como quien mira a un degenerado. El canadiense rodó los ojos.
- Me refiero a hacer tu sueño realidad. Vamos a embriagarnos, a ver una película de ese vejestorio y hablar de mierda profunda.
La idea era tentadora. Tenía que decidir entre si pasar un mes en aquel sofá repugnante o pasarla bien el día en que peor le había ido. No había mucho que pensar, pero fue cuando Trevor había arrancado su vehículo que reaccionó y, sin más, se despidió de la horrible fiesta y emprendió el camino hacia un cambio de panorama.
En el camino no dejaba de pensar en lo diferente que sería su vida, como sería Michael Townley de ahora en adelante, con un hijo en camino y una pareja fija para toda la vida. No sabía si estaba preparado para tal compromiso, para tal responsabilidad. ¿Sería un buen padre para el niño o niña que se aproximaba? Es decir, no era el mejor modelo a seguir del mundo. Era una rata inmunda que atracaba negocios y usaba la violencia para resolver las cosas, aunque no al nivel de Trevor. Sus padres tampoco habían sido modelos para él. ¿Qué le depararía la vida a ese pequeño inocente que estaba a punto de convertirse en un Townley? Solo el tiempo lo diría.
Se detuvieron en un bar no muy lejano en donde eran bien conocidos. La burla del hombre del otro lado de la barra hacia el atuendo tan inusual de ambos se hizo presente.
- Mira, amigo, sírvele un gran vaso de whiskey al señor recién casado.- Hizo énfasis en la última frase para que dejase de meterse con su apariencia de gángster de tercera que no tenía un traje mejor para asesinar. Michael se sorprendió un poco, se preguntaba cómo adivinó su compañero lo que deseaba beber en ese momento. Trevor siempre se fijaba de las pequeñas cosas que hacía Michael, como qué bebida tomaba cuando se sentía angustiado o cuantos cigarrillos era capaz de fumar en situaciones de estrés. Sabía que detestaba el jugo verde, que le gustaba el fútbol americano y que fue quarterback en la secundaria. Incluso sabía cuántas horas dormía usualmente. Si, Trevor lo sabía todo de él. Y sabía que no estaba convencido con su decisión de casarse tan pronto con una zorra que conoció apenas hacía un año. Sabía que el niño no se salvaría del ambiente hostil en que vivirían cuando los padres pelearan por las zorrerías de Amanda o incluso las de Michael. Michael pidió otro vaso de whiskey, observó que Trevor no había pedido nada aun.
- ¿Qué no tomas nada?- Arqueó una ceja interrogante.
- ¿De verdad quieres que conduzca ebrio?- El canadiense arqueó la ceja de forma burlona.
Pasaron unos instantes en silencio antes de que Michael comenzase a hablar de nuevo.
- No me siento muy seguro con esto.- empezó- Es decir, con la responsabilidad, con tener más gente de la cual preocuparme y a la cual proteger. No me siento listo del todo.- dio un sorbo al whiskey- Sé que seré el peor esposo y padre del mundo, porque soy un asco de persona.
Por alguna razón, le gustaba que Michael se odiase a sí mismo más de lo que podían odiarlo otras personas. Sabía que podía ser un malnacido, un gordo ambicioso y que le gustaba acostarse con otras mujeres aun teniendo pareja. Pero, para él, Michael era el ser humano más hermoso que había tenido el placer de conocer. Quizá era por el amor que le tenía, quizá porque fue el único que le enseñó que no era un monstruo del todo y que tenía habilidades que desconocía, quizá era porque su sola presencia le ayudó a sobrellevar la depresión que cargaba sobre sus hombros. No lo sabía exactamente, pero Michael era perfecto a sus ojos y aunque él se odiase a sí mismo, él lo amaría por los dos. Le dolía mucho saber que ese día acabaría su historia, al menos esa en la que podían dormir juntos o mirar las estrellas en algún lugar a las 4 a.m., ahora solo serían amigos que se reunirían para trabajo y en ocasiones especiales. Un abismo emocional lo arrastraba hacia el fondo cada vez que pensaba que esa noche encontraría la cama más grande de lo normal, que habría una silla vacía frente a él en la pequeña mesa donde comían, que las estrellas serían observadas por un solo par de ojos avellana. De nuevo le volvían a dejar atrás, de nuevo volvían la espalda aunque no fuese de mala manera. Trataba de sonreír esa noche aunque estuviese a punto de perderlo todo. Era el "día especial" de su compañero y no debía arruinarlo más de lo que ya lo estaba. Luego me desquitaré con el primer idiota que se me cruce, se repetía una y otra vez como un mantra que lo mantenía presente.
Michael estaba empezando a quedar ebrio. Lo podía deducir por como empezaba a pestañear y como empezaba a injuriar a medio mundo. Un sujeto empezó a insultarle, acercándose cada vez más como para golpearlo. Era claramente más grande y robusto que Michael. Como en cámara lenta, justo cuando el sujeto acomodaba la trayectoria en la que su puño se estrellaría contra el rostro de ebrio recién casado, Trevor ya se encontraba detrás de él reventándole una botella en el cráneo.
- Ay, no otra vez…-murmuró el cantinero.
- ¡NO. TE METAS. CON MIKEY!- Entre pausa y pausa le pateaba el estómago- ¡¿QUIÉN MÁS QUIERE QUE LE SAQUE LA MIERDA?!- Gritó con esa sed de sangre en la mirada mientras buscaba a quién más destrozar esa noche.
- Trevor, por favor, vete antes de que llame a la policía.- Le suplicó el cantinero mientras se llevaba una mano a la frente. Negó con la cabeza al ver la sangre en el piso.
- Como sea.- Se inclinó para quitarle la billetera al sujeto inconsciente en el piso y acto seguido la aventó a la barra. El cantinero sabía que si no quería problemas con él, aceptaría el dinero de quien fuera.
Al salir del establecimiento, no pudo evitar soltar una carcajada. Esa golpiza le había ayudado a revivir. Michael por otra parte, tenía problemas para caminar sin tropezarse. Balbuceaba estupideces de borracho mientras trataba de atravesar los "obstáculos" de nieve para llegar al carro. Con un poco de ayuda de Trevor, ya estaba en sentado y listo para ir a su siguiente parada.
Al llegar a la casa rentada de ambos, sintió nostalgia y melancolía a la vez. Extrañaría vivir con su mejor amigo, el único lugar donde podría emborracharse, romper cosas o ver películas de Solomon Richards a las 3 de la mañana sin molestar a nadie. Amanda no lo comprendía, la madrugada era el momento perfecto para hacer las cosas que no tienes tiempo de hacer durante el día. Es muy tranquila y no tienes que lidiar con las estupideces de nadie más. Se tambaleó un poco hasta poder sentarse en aquél viejo sofá y escudriñar entre los VHS que estaban en la mesita auxiliar. Eligió uno al azar que Trevor puso en la video casetera. Michael se puso a beber una cerveza sin abrir que había dejado esa mañana en la misma mesita.
- Creo que te estás excediendo con el alcohol, cupcake.- Le quitó la cerveza antes que la derramase en su elegante traje rentado.
Lo rodeó con un brazo como era usual e instantáneamente sintió esa calidez en el hombro. El joven recién casado no pudo mantener el equilibro mucho tiempo y terminó cayendo sobre el regazo del canadiense. Su nuca terminó en la entrepierna del castaño, llenando a este último con un deseo incontrolable y prohibido en su interior. Levantó una mano para tocarlo, pero se paró en cuanto sintió la respiración calmada de su compañero, se había dormido de lo ebrio que estaba. Sus pantalones estaban más que apretados, estaba realmente excitado, su voluntad flaqueaba con cada fuerte respiración. El frío no parecía existir ya que su frente sudaba. Sin más, acomodó a Michael boca arriba mientras se sentaba sobre sus piernas frente a él. Se veía tan pacífico y adorable, tan exquisito. Él también quería un poco de eso. Acercó una mano al cinturón del recién casado, al mismo tiempo iba aproximando su rostro hacia el suyo, sintiendo el embriagante aroma del perfume mezclado con alcohol y su aroma natural. Era un predador que por fin había capturado a su presa. Nada podía detenerlo.
- Tr…Trevor…
Se detuvo abruptamente. Michael seguía dormido, estaba hablando entre sueños.
- Te amo… hermano…- volvió a balbucear el joven debajo de él.
¿Qué demonios estaba haciendo? Estuvo a punto de abusar del amor de su vida. ¡Abusar!. No, no, no, no debía ser así, no debía llegar a ese punto solo para satisfacer sus propias necesidades, tanto físicas como emocionales. Había caído muy bajo y pudo arruinar todo lo que tenía con él si llegaba a recordar lo que pudo haber ocurrido. Frunció el ceño mientras negaba con la cabeza, apretaba los dientes con fuerza para ahogar un grito. Se odiaba a sí mismo, incluso más de lo que Michael podría odiarse. Volvió a acomodar el cinturón y se levantó del Sofá. Se acercó de nuevo a su inconsciente amigo.
- Perdóname…- susurró ante de besar su frente y salir corriendo para enterrar la cara en la nieve y gritar como nunca.
Gritó todo lo que traía dentro, todo lo que le estaba arrastrando hacia aquella espiral de desesperación en la que vivía. Golpeó el piso un par de veces y después de haber depurado sus sentimientos, después de volverse a estabilizar, regresó con Michael. El recién casado seguía dormido en el sofá. Lo cargó para trasladarlo a la cama y así poder dormir con él una última vez. Se acomodó a su lado, reposando la cabeza en su pecho mientras lo rodeaba con los brazos y entrelazaba sus piernas. Como un acto reflejo, aún en su sueño profundo, Michael también abrazó a Trevor, no sin antes murmurar un Buenas noches.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
Al principio no tenía idea de qué escribir, pero conforme escribía fue fluyendo todo. Osea, me dije "Tienes que escribir mínimo un párrafo" y, bueno, ese párrafo terminaron siendo casi 3000 palabras. Siento que cada vez le aumento un poco más jaja.
Nos leemos a la próxima.
