Debían haber más opciones.

—No me malinterpretes, Viktor —pidió Mila—, es solo que, ¡es un bebé abandonado! Uno no solo acata el pedido que lee en una nota cuando encuentra... ¡Uno no encuentra bebés en cajas a plena noche cerrada!

¡Gayahyah! —enfatizó Yuuri, sentado en el regazo de la chica y siendo sostenido por la misma, muy cómodo y apoyándola por lo que se podía ver.

—Yuuri, no te pongas de su lado —lo regañó con suavidad Viktor—, que vaya a ser tu madre no significada que me traiciones, por favor...

—¡Viktor! —resondró Mila, frunciendo el ceño—, ¿estás escuchando algo de lo que digo?

—Sí —aseveró el aludido—, pero el caso, Mila, es que no quiero más opciones, voy a adoptar a Yuuri, yo lo encontré por una razón y no pienso entregárselo a nadie más.

—No lo entiendo —Mila miró con sus ojos llenos de confusión hacia el mayor—, ¿solo porque te lo pidió una nota? Ese no eres tú...

—Es sorprendente, ¿verdad? —sonrió el platinado—, ¿qué crees que dirán en los encabezados de los periódicos cuando esto se sepa?

Mila comprendió entonces y su boca se deformó en una profunda mueca de desaprobación.

—Es todo, Nikiforov, me llevo al bebé —poniéndose de pie, fue rápidamente interceptada por Viktor y retrocedió, pegando a Yuuri a su pecho, quien no tenía ni idea de lo que estaba pasando pero podía sentir la repentina tensión en el ambiente—. Atrás, Viktor, no harás esto solo porque hace meses que no apareces en los periódicos de Rusia.

Chasqueando la lengua, el platinado bufó.

—No pensé que sería tan fácil engañarte, Mila.

La chica abrió la boca para responder.

—¿Me crees tan básico como para querer adoptar un niño solo por esa razón? —suspiró Viktor—, supongo que me equivoqué contigo.

Mila enarcó las cejas.

—Lo siento —se disculpó, avanzando un paso hacia el platinado—, perdóname, fue una tontería pensar algo así, yo...

—Descuida —la tranquilizó Viktor, sonriéndole con suavidad—, entonces, ¿me ayudarás?

—Solo tengo dieciocho años, Viktor —dijo Mila y Viktor suspiró—, pero —sonrió la chica—, eres mi amigo y tu bebé es demasiado bonito como para decir que no.

—Yuuri —sonrió Viktor.

—¿Qué?

—Yuuri —rio Viktor al repetir—, llámalo por su nombre, Mila, debes acostumbrarte pronto ya que cumplirás las funciones de su madre de ahora en adelante.

—Yuuri —sonrió radiante la chica, girando al bebé para poder mirarlo a los ojos—, Yuuri, ¿está bien si yo soy tu madre?

¿Bahb...? —parpadeó el bebé e intentó alcanzar el rostro de la fémina con sus manitas.

—Yo tomo eso como un sí —opinó Viktor, posicionándose junto a la pelirroja—, ¿papá y mamá, Yuuri?

Los ojitos del bebé brillaron al oír aquellas dos palabras juntas.

¡Gaga bahba oo! —exclamó—, ¡oo!

Asomado por el pasillo, Chris sonrió ampliamente.

Viktor siempre se salía con la suya.