Todo estuvo resuelto en cuestión de veinte minutos.
—Mis padres lo entenderán en cuanto se los explique apropiadamente —estuvo segura Mila, relajada.
—Yo no le diré nada a los míos hasta que estemos a punto de firmar los papeles —sonrió Viktor—, de todos modos siempre están ocupados y me desearán lo mejor.
—¿Y los testigos? —inquirió Christophe—, yo estaré de parte de Viktor, como es obvio, y Georgi de parte de Mila, he de suponer —la pelirroja asintió—, ¿quién más...?
—Yakov y Lilia pueden repartirse entre nosotros —declaró Viktor, celular en mano—, déjenme les aviso para que lo tengan todo listo para mañana...
—Será hoy —comentó Mila, ganándose una mirada asombrada por parte de los dos hombres—, de siete a siete y media de la noche.
—¡Los anillos! —Viktor se erizó, eran las nueve menos cuarto, ¡tenían menos de doce horas!
—Los más baratos estarán bien —aseguró Mila, abanicando con su mano derecha—, será solo la ceremonia civil, Viktor, tranquilo. Y baja la voz, Yuuri duerme, ¿lo olvidas?
—¡No voy a conseguir los anillos más baratos para nuestra boda, Mila! —siseó el platinado, enfadado—, dime tu medida y...
—Yo iré —rodó los ojos el rubio, divertido con la escena—, me encargaré de conseguirles los anillos más elegantes que encuentre, asegurado.
Viktor le entregó su tarjeta negra sin dudar y agradeció infinitamente. Chris era un mejor amigo invaluable.
—Estaré de regreso para el almuerzo —informó Giacometti—, por favor pidan comida a domicilio, no quiero intoxicarme el mismo día de la boda de mi mejor amigo... por culpa de él mismo o de su esposa.
Chris era un mejor amigo pesado.
—Así que —empezó Mila en cuanto la puerta de la sala se cerró—, Yuuri Viktorovich Nikiforov, no suena nada mal.
—Yuuri Viktorovich Nikiforov Babichev —canturreó Viktor, radiante—, suena estupendo.
Riendo, Mila le dio la razón.
—Viktor —la chica se puso seria de pronto—, espero que hayas asumido que aunque me case contigo, no pienso...
—Por supuesto que no —negó a su vez el aludido—, no, no y no, Mila. Nunca se me pasó por la cabeza —se turbó ante la sola idea—, solo estaremos casados en papel, nada de consumar ni mucho menos.
Suspirando aliviada, Mila asintió.
—Perfecto.
Se dieron la mano, satisfechos.
Su relación nunca había sido más que de amistad estrecha, así la mantendrían.
