Chris volvió pasada la una de la tarde, no solo con los anillos sino también con unas cuantas bolsas extra en mano.

—Chris —empezó a amonestar Mila, solo para ser cortada por la exclamación de alivio de Viktor.

—¡Eres el mejor, Christophe! —saltando, el platinado abrazó con fuerza a su rubio mejor amigo, dedicándose después a examinar el contenido de las bolsas—, ¡le compraste ropa a Yuuri también! —chilló, emocionado, solo para tornarse serio al segundo siguiente—, tú... le compraste ropa a Yuuri... antes de que yo lo hiciera...

—Ups —se encogió ligeramente Chris, cerrando uno de sus ojos, viendo venir el monumental regaño.

—Pero lo hizo con tu tarjeta —salió en su rescate Babicheva—, adelantándose con Yuuri en alto y tapando la vista de Giacometti a Nikiforov—, eso cuenta como si la hubieras comprado tú.

Viktor parpadeó y observó a Yuuri, quien asintió sin razón aparente.

—¡Sí! —Fue el turno de Yuuri de parpadear al observar cómo los labios del platinado frente a sí formaban un corazón—, tienen razón.

Chris suspiró.

Salvado por la casi esposa y el hijo de su mejor amigo.