Equivocarse era humano.
El anillo le quedaba ligeramente apretado a Viktor y perfectamente bien a Mila, quien reconoció el muy buen gusto de Chris, permitiéndole tomar a Yuuri en brazos como recompensa, una vez lo hubo vuelto a vestir.
—¿Qué opinas tú, Yuuri? —le preguntó Babicheva al bebé, sonriente tras quitarse el anillo, sujetándolo con sus dedos índice y pulgar frente al rostro de su pronto-a-ser hijo—, ¿te gusta?
Parpadeando, Yuuri miró largo y tendido la joya en mano de la pelirroja, sin abrir la boca ni mostrar expresión alguna.
—¿Oh? —Viktor ejerció la fuerza suficiente para deslizar su propia anillo fuera de su dedo y lo colocó junto al de Mila—, ¿no te gustan, cerdito?
Mila giró a mirar extrañada hacia el platinado por el apodo empleado, perdiéndose así el ver a Yuuri empujar el par de anillos, juntándolos tanto como le fue posible antes de reír.
—Yuuri ha actuado —recitó Chris como si de un sacerdote se tratara—, reafirma su acuerdo con este matrimonio.
Los tres amigos rieron, Yuuri mirando a platinado y pelirroja por turnos, no pudiendo hacer lo mismo con rubio porque la posición no se lo permitía.
—Por cierto —indicó Mila cuando las risas hubieron cesado—, ¿lo llamaste cerdito, Viktor?
—Lo hice —asintió el aludido—, a Yuuri le gustan los cerditos, ¿el llavero con la forma de uno que Chris y yo te mostramos?
—Oh, claro —asintió ella—, por cierto, ¿dónde está?
—Justo aquí —Chris lo sacó del bolsillo trasero de su pantalón, parpadeando cuando Mila se lo arrebató sin pensarlo dos veces—, ¡oye!
—Lo siento —se disculpó la pelirroja al momento siguiente—, solo... ver que lo sacaste de ese bolsillo...
—Ah —Chris se encogió un poco—, lamento eso.
—Ya no importa —aseguró la fémina y miró a Viktor—, ¿y el pedazo de manta?
—Chris la metió en la lavadora.
—La ropa está esperando ser secada, por cierto —comentó el rubio.
—Iré por ella —declaró Mila, ya alejándose hacia el pasillo.
