Yuuri chilló solo para empezar a reír con fuerza.

Makkachin, parado en sus dos patas traseras y apoyando las delanteras en la cama de blancas sábanas de su amo, olfateaba con ahínco el cuerpecito del bebé, provocándole cosquillas al mismo.

La adrenalina que se había disparado producto del miedo, haciendo a los corazones de rubio, pelirroja y platinado latir desbocados, menguó en el acto y Viktor miró a Mila, que le devolvió la mirada, sin estar convencida.

Avanzaron hasta la cama y miraron cómo el caniche mimaba al bebé, el cual lucía perfectamente cómodo con las atenciones del peludo ser.

Mila se erizó cuando, sin querer, Yuuri golpeó un ojo del perro, mas ni así oyó un gruñido de parte d este, que muy por el contrario agitó más la cola.

—Bueno —Viktor se agachó a recoger la caja que su mascota había arrastrado a los pies de la cama—, me parece que Yuuri estará bien aquí.

Mila se limitó a asentir.

—Grandioso —Chris llamó la atención de su mejor amigo y de la pelirroja—, ¿qué tal si se preparan ya? Se casan en horas, ¡hay mucho qué hacer!

Mila sacó su teléfono celular.

—Llamaré a mis padres ahora —informó.

—Yo llamaré a Yakov —indicó Viktor.

—Bien —asintió Chris—, me encargo de Georgi entonces.

Con la agradable risa de Yuuri bebé de fondo, todos hicieron lo indicado.