La sala fue el destino de Christophe, Yuuri y Makkachin mientras Mila y Viktor lanzaban las compras del rubio sobre la cama, apartando lo destinado al bebé, la pelirroja se hizo con el vestido rosa, los accesorios de rosa y fue a encerrarse en el baño, avisando que tomaría una ducha rápida mientras que Viktor se desvestía allí mismo en su habitación para probarse la camisa negra manga larga y los pantalones a juego, seguro de tener los zapatos perfectos dentro de su armario, como siempre.
—¿Escuchas eso, Yuuri? —le preguntó Chris al bebé que intentaba alcanzar al caniche, ganándose una breve mirada curiosa de los ojos color tierra húmeda—, exacto, tranquilidad...
El sonido del agua cayendo se dejó oír por poco después y la pacífica atmósfera se vio reducida, haciendo sonreír a Chris, a Yuuri que solo imitaba al rubio y a Makkachin menear la cola porque el ambiente era feliz.
—Mira nada más lo que tengo aquí, Yuuri —declaró Christophe deslizando el llavero de cerdito fuera del bolsillo delantero de sus pantalones—, ¿lo quieres?
La respuesta del bebé fue estirar los bracitos hacia la pieza de artesanía.
—Eso pensé —Chris balanceó al pequeño porcino frente a los ojos del que sería su ahijado, animado.
