Los personajes de esta historia pertenecen a la serie Naruto & Naruto Shippūden © Masashi Kishimoto

Capítulo 3.

¿Amor? En qué momento Nara Shikamaru…

Tú sólo te estás imaginando que la quieres. ¡Si apenas la conoces! Pero la verdad es que nunca he podido evitar sentir debilidad por la gente que me necesita. Como ella o como Chōji…

A Temari no la tengo que proteger de los comentarios hirientes sobre su gordura porque… no está gorda pero… parece que la tengo que proteger de la soledad y de… el odio que sienten algunos por ella y sus hermanos.

Temari es una buena chica…

Odio verla triste. Nunca me había sentido así. Nunca pensé que me importaría tanto una chica…

Shikamaru, pensando todo aquello, se fue a su casa confundido por las palabras de Temari que le decía "no te mueras", "te necesito en mi vida" o "me siento bien cuando estoy contigo".

Sentía que su corazoncito palpitaba rápido cuando ella le decía esas cosas y la veía feliz. Toda una novedad en su vida.

El Nara se plantó en la puerta de su casa y de repente sintió un sudor frío porque había recordado que había quedado con sus amigos para ir a cenar pero no se presentó.

- Oh mierda… - dijo entrando en su casa y quitándose los zapatos. Pensaba que seguro que ya estarían en sus casas. Y para colmo su madre no habría dejado cena para él porque por la mañana les había dicho a sus padres que volvería tarde porque cenaría con su equipo.

Cuando Shikamaru entró todas las luces estaban apagadas y pensó que sus padres estaban dormidos pero pronto descubrió que no era así. Por debajo de la puerta de la habitación de sus padres se veía una luz que provenía del interior. Además, se escuchaban unos ruidos extraños que hacía tiempo que no escuchaba. La primera vez que los escuchó fue un día cuando ya estaba en la cama. El resto de días siempre lo mismo, siempre cuando él ya se iba a la cama.

Los ruidos eran como de una cama crujiendo como si se estuvieran moviendo mucho y los dos respirando fuerte y su madre gimiendo.

Shikamaru tardó meses en entender lo que ocurría adentro, pero cuando supo de qué se trataba sólo quiso taparse los oídos con la almohada. No obstante, aquel día era el primero que él lo escuchaba estando despierto y completamente consciente. Además, el camino hacia su habitación le obligaba a pasar por delante de la de sus padres. No era como si quisiera espiarlos a propósito.

Aquel día debió juntarse todo un cúmulo de casualidades porque para colmo del asunto Shikamaru vio que no sólo salía luz por debajo de la puerta sino también por el borde lateral, indicando que estaba entreabierta.

El joven Nara sentía las manos sudando y el corazón latiendo rápido. Espiar a sus padres estaba mal, pero era culpa de ellos por dejarse la puerta abierta. Lo que vio a continuación es algo que los niños no deberían ver.

Shikamaru encontró a su madre, sentada encima de su padre abrazándolo y besándolo mientras él la penetraba aprovechando la postura y aferraba sus manos a las nalgas.

Su madre parecía tener la espalda sudorosa y tenía las nalgas bastante sonrosadas probablemente por culpa de las manos de su padre que la apretaban contra él.

Estuvo mirando menos de un minuto pero los segundos se hicieron eternos. Shikamaru sentía que su corazón iba a salirse de su cavidad torácica. Primero por el frenesí de lo que estaba viendo y segundo por los nervios por saber que aquello no estaba bien.

El joven Nara decidió que debía darles intimidad y volvió a dirigirse a su habitación cuando sus pies hicieron que la madera del suelo crujiera. Adentro, la pareja paró y Shikamaru sintió como alguno de los dos adentro se ponía de pie por el ruido de pasos contra la madera.

Él trató de acelerar sus pasos para entrar en su habitación lo antes posible para que nadie lo viera allí clavado en el pasillo y por suerte consiguió entrar y cerrar antes de que alguien lo viera.

Parecía que, quien fuera el que se hubiera levantado, no pensaba ir muy lejos y mucho menos a su habitación así que pudo por fin sentirse tranquilo. A los pocos minutos Shikamaru pudo oír como la pareja reanudaba su tarea mientras que él se metía en la cama y se tapaba los oídos con la almohada.

- Esto es bochornoso… - pensaba él mientras sus ojos se iban cerrando y se quedaba dormido.

El día siguiente era domingo. Shikamaru se levantó un poco más tarde de lo habitual pero su madre no estaba gritándole histérica por ser un dormilón. En lugar de eso, notó como un agradable olor se colaba en su habitación. Parecía que estaban haciendo el desayuno.

Cuando se puso de pie se fue al baño y se lavó la cara y se enjuagó la boca. Inmediatamente, sus tripas comenzaron a rugir indicándole que quería probar algo de ese delicioso desayuno así que se encaminó hacia el comedor.

Allí esperaba encontrar a su padre, sentado como siempre, leyendo el periódico. Pero lo único que encontró fue la mesa puesta para los tres y sus padres medio riéndose en la cocina. Shikamaru se asomó y los vio como si estuvieran en una burbuja. Para él era muy extraña esta situación ya que rara vez estaban tan cariñosos como ese día. El pequeño Nara los miraba extasiado como si le llenara de felicidad verlos así. De pronto, su madre se dio cuenta de que él estaba allí y la mirada de su padre, que la miraba con los ojos brillantes, cambió al girarse hacia él. Los dos le sonreían como si fueran otras personas.

- Buenos días Shikamaru – dijo su madre sonriendo tan deslumbrante que casi estaba a la par de la sonrisa de Temari. Su corazoncito se sintió tan vivo que él también sonrió. Su madre se acercó a él dejando un momento de lado lo que estaba haciendo y le dio un abrazo y un beso. Él se quedó de piedra mientras su madre le decía alguna cosa que él escuchaba lejos: – Pon en la mesa las tazas para servir el té. – pero el pobre seguía alucinando y tardó en reaccionar hasta que su madre le repitió: - ¡Vamos Shika!

La familia terminó de desayunar y Shikamaru los miraba a veces contento, a veces extrañado por la actitud que estaban teniendo aquel día sus padres.

El pequeño Nara puso rumbo a la calle para ver a su equipo. Era consciente de que la noche anterior habían quedado para cenar pero al final no asistió porque se quedó con Temari viendo el atardecer.

Ahora que lo pensaba resultaba vergonzoso. Él había ido con una chica a ver el atardecer y ella le había dicho cosas como "no te mueras, te necesito en mi vida".

Su joven cerebro era todavía demasiado inmaduro como para procesar todo aquello.

Tras un rato caminando, llegó por fin a la floristería Yamanaka para encontrarse con uno de los miembros de su equipo:

- ¡SHIKAMARU! – dijo una Ino furiosa detrás de la caja registradora.

Shikamaru se asustó y casi empezó a sudar al verla tan llena de ira. Parecía que lo del día anterior había afectado más de lo que se imaginaba.

- ¿Qu-qué te ocu-rre Ino? – preguntó tartamudeando el shinobi.

- ¿¡Que qué me ocurre!? – exclamó la rubia saliendo de detrás de la caja. – Ayer habíamos quedado para cenar, pero como decidiste no venir al final estuvimos Asuma-sensei y yo solos. Fue TAN incómodo.

- Juraba que Chōji se escaparía del hospital para cenar con vosotros – se explicó Shikamaru.

- ¿¡Se te ha fundido el cerebro!? ¿Cómo diablos se va a escapar? A veces pareces tonto Shikamaru… - gritaba la Yamanaka a su joven amigo. - ¿Qué estuviste haciendo ayer que te ha fundido el cerebro?

El Nara se estresó de nuevo. Ino no debía saber nunca en la vida que veía a Temari todas las tardes desde hacía casi tres meses. Y menos aún que el día anterior se dedicó a pasear con ella y a ver el atardecer. Todo eso sonaría demasiado confuso para Ino para lo que realmente significó, es decir, un paseo de amigos.

- Me quedé dormido – dijo Shikamaru sacando la excusa perfecta y creíble para su amiga.

Ino resopló, ante eso no había duda. Era muy típico que Shikamaru se quedara completamente dormido.

- La próxima vez no faltes, probablemente volvamos a ir cuando Chōji haya salido del hospital.

- ¡Claro! – dijo Shikamaru saliendo de la tienda y haciendo un gesto con la mano en señal de despedida. Con Ino así no quería quedarse más rato escuchándola.

Al salir pensó que lo mejor sería ir a visitar a su amigo. Chōji estaba por cumplir tres meses en el hospital y era casi ya la fecha en la que le iban a dar el alta.

Shikamaru decidió ir a visitarlo.

- Hey, Chōji – le dijo cuando por fin entró en la habitación del Akimichi.

Chōji lo saludó con la mano ya que tenía toda la boca llena de comida.

- Veo que te estás recuperando bien – dijo el Nara sentándose en su camilla.

- Me cuidan bien – dijo el Akimichi sonriéndole.

- ¿Qué día era el que salías? – dijo Shikamaru queriendo confirmar la fecha.

- En cuatro días – dijo su amigo volviéndose a meter un buen puñado de patatas fritas en la boca.

- Ino dijo que iríamos a comer barbacoa cuando salieras de aquí – le informó.

- ¡De algo así no me olvido! – exclamó el Akimichi.

Los dos amigos estuvieron hablando un buen rato hasta que llegó la enfermera y le recordó a Shikamaru que la hora de irse había llegado.

Cuando hablaba con Chōji el tiempo siempre se le pasaba volando, casi tanto como con Temari…

- Temari… - murmuró al salir del hospital y verla caminando por Konoha a ella y a sus hermanos.

Shikamaru no supo si estaba bien dirigirse a ella como a alguien muy allegado ya que era la hija del Kazekage y hermana del que recientemente acababa de ser nombrado Kazekage. Aunque en realidad eso la mayoría del tiempo no le importaba si no fuera porque estaban sus hermanos presentes.

Temari notó su presencia y se giró rápidamente para mirarlo. La joven kunoichi no controló su entusiasmo al verlo y saludó con toda su intensidad:

- ¡Hey! ¡Shikamaru! – lo llamó Temari sonriendo. Shikamaru se acercó despacio a los tres hermanos y les dijo:

- Hola Temari, Kazekage-sama…

Kankurō estaba bastante sorprendido por la forma en cómo se dirigía su hermana a aquel chico y cómo se dirigía el chico a Temari y le dijo:

- ¿Conoces a este tipo? – preguntó el marionetista enarcando una ceja. Enseguida Temari se dio cuenta de su error y relajó su rostro adoptando un humor más neutral.

- Claro, tú también lo conoces Kankurō – dijo ella como si no entendiera a qué se refería el moreno.

- Me refiero a que si eres su amiga – dijo el moreno tratando de explicarse mejor para no ser mal entendido.

- Bueno eehhh… le pedí a Shikamaru que fuera mi guía en Konoha…

- ¿Y él aceptó sin más? – Kankurō hablaba con un tono de que no se podía creer que un chico como aquel aceptara de manera desinteresada hacer de guía de su hermana.

- Qué amable por tu parte, Nara Shikamaru. Yo estaba buscando un guía y escolta oficial para nosotros. Estaría bien que ya que has aceptado ser el escolta de mi hermana, puedas hacer la misma labor con nosotros. Será un trabajo remunerado claro, puedes hablar con la Hokage – el joven pelirrojo, ajeno a la cercanía con la que se trataban su hermana y aquel chico, pensó que era una buena idea aquella propuesta. Pero lo que no pensó es lo incómodo que resultaba para su hermana que ahora sus hermanos supieran que andaba de arriba para abajo con Shikamaru.

- No sé si es una buena idea… - dijo Temari casi murmurando.

- ¿Por qué? – preguntó Gaara con su rostro inexpresivo.

- Bueno… si así lo deseas Gaara…

- Está bien, así quedamos Shikamaru – Gaara les indicó a sus hermanos que siguieran su camino pero Temari se paró. Necesitaba hablar con Shikamaru.

- ¿Puedo ir un momento a un sitio? Aprovecho que está aquí Shikamaru a ver si me puede acompañar – dijo su hermana intentando no sonar demasiado evidente. Pero ante los ojos de Gaara no había nada sospechoso. No era así para su hermano Kankurō.

- Ve Temari, diviértete – dijo Gaara y siguió tranquilo su camino llevándose a Kankurō consigo antes de que el moreno pudiera quejarse.

Shikamaru contemplaba la escena extrañado ahora que parecía que se iba a quedar a solas con la rubia de Suna. Temari se giró despacio hacia él rascándose la mejilla y con una sonrisita incómoda.

Para Shikamaru comenzaba otro de esos momentos incómodos pero encantadores en los que disfrutaba de la compañía de la que se había convertido en secreto en su pequeña musa.