Yuuri soltó ruiditos apreciativos hacia la chica de rojiza cabellera tan pronto como se encontró entre los brazos de la misma, agitando los bracitos y pegándose tanto como podía a la misma.
Chris y Georgi observaba la escena con ideas completamente distintas en mente: el rubio dando por sentado que, en definitiva, Yuuri no tenía un pelo de tonto; y Georgi convencido de que Mila sería una gran madre para aquel bebé, bastaba con ver lo cercanos que eran.
Viktor volvió entonces, con la caja entre las manos y su perro tras de él. Le entregó a Popovich el objeto de cartón y ladeó la cabeza cuando el pelinegro le dio vueltas entre sus manos, con ojo crítico.
—¿Georgi? —Mila fue quien preguntó, acercándose hasta hallarse junto a Viktor—, ¿qué se supone que haces?
—Me doy cuenta de que esta caja tiene marcas de dientes, para empezar —respondió el mencionado, señalando la evidencia con un dedo.
—Oh, eso —rio el platinado.
—Aquí tenemos al culpable —Christophe señaló hacia Makkachin, que, culpable, agachó las orejas.
—Ya veo —soltó una risita el pelinegro—, en ese caso está bien—, pasó a centrarse en Mila—, pero tú aún no estás lista.
Esa fue la señal de Mila para pasarle el bebé a Viktor.
