Mila aclaró su garganta, llamando la atención de todos quienes se encontraban en la sala, Makkachin incluido.

—Admiren —sonrió orgulloso Georgi, dando un paso al costado, dejando a la pelirroja a plena vista, en el vestido rosa que el rubio había comprado, una rosa adornando su cuello y otras más pequeñas en sus orejas, todo a juego con los zapatos de tacón, de solo tamaño cuatro.

Chris volteó a mirar a su mejor amigo y colocó una mano sobre su hombro.

—Viktor, temo decirte que me he enamorado de tu prometida.

Mila se echó a reír, los inexplicables nervios disipándose ante el comentario de Giacometti.

—Lo lamento mucho, Chris —indicó la fémina—, mi corazón le pertenece a Yuuri.

Riendo a su vez, Viktor miró al que pronto podría llamar su hijo en toda ley, y se alegró aún más cuando Yuuri lo observó con aquellos ojos oscuros brillando de alegría.

¡Gagah! —celebró Yuuri, satisfecho con la sonrisa de corazón que el platinado portaba y le dirigía a él—, ¡gagah!

Viktor probó suerte, inclinándose a besar al bebé, pero fue rechazado por segunda vez.

Claro que Yuuri aceptó gustoso los mimos y besos de quien sería su mamá, lastimando aún más el corazón de Nikiforov.