Los personajes de esta historia pertenecen a la serie Naruto & Naruto Shippūden © Masashi Kishimoto

Capítulo 7.

Shikamaru se dirigía a su casa cabizbajo pensando en todo lo que le pasaba por la mente cuando estaba con Temari.

De camino a su casa, de repente, escucha a un chico medio riéndose en lo alto de un árbol. Shikamaru decide mirar y se encuentra con que el chico que estaba en lo alto de un árbol era Kiba mientras Akamaru dormía a los pies del tronco, donde sobresalían las raíces.

- ¡Oe, Shikamaru! – lo llama Kiba desde lo alto. Shikamaru se mueve hasta que se sitúa debajo de él.

- ¿Qué pasa? – dijo Shikamaru sin mucho interés.

- Ven a ver esto Shikamaru, Naruto me las ha dado antes de irse. Decía que no podía llevarse muchas cosas – Kiba agitaba una especie de revistas mientras se las enseñaba a Shikamaru.

- ¿Qué es? – preguntó Shikamaru ya subiendo de un salto hasta la enorme rama donde reposaba Kiba. El Nara se sentó a su lado.

- Toma, para ti – le dijo el joven Inuzuka - ¿a ti te gustan las rubias no?

Lo que Kiba tenía entre manos no era nada más y nada menos que una revista para adultos llenas de fotos subidas de tono. Kiba le había dado la revista "especial rubias".

- ¿Qué diablos? – exclamó Shikamaru tras recibir la revista y leer la portada. Shikamaru se puso bastante nervioso y todo rojo – ¡Yo no quiero esto! ¡Es problemático!

- Vamos Shikamaru, yo no puedo llevarme a casa todas estas revistas. Llévate esa, ¡te hemos visto con una chica rubia de aquí para allá! ¡Sé que te gustan! Todavía hueles a ella – dijo el Inuzuka olfateándolo y dándole un golpe tan fuerte en la espalda a Shikamaru que lo desequilibró y acabó tirándolo al suelo. Por suerte Shikamaru era un shinobi y una caída desde esa altura fue fácilmente amortiguada por sus pies.

- Maldito – refunfuñó Shikamaru avergonzado por estar en medio de una calle con la revista esa en la mano. Al final de la calle, donde hace esquina con la calle perpendicular, ve como aparece su padre y le saluda de muy buen humor. Shikamaru se guardó corriendo la revista en el bolsillo interno de su chaleco. Sus manos sudaban mientras un escalofrío recorría su espalda.

El joven Nara hizo todo esto mientras miraba como su padre se acercaba y rezaba porque no le preguntara qué se había guardado entre el chaleco. Cuando llegó hasta él, su padre le tocó el hombro y Shikamaru dio un respingo y trató de disimular con todas sus fuerzas todos los nervios que estaba sintiendo por aquella situación. Giró su cabeza para mirar de nuevo hacia donde Kiba estaba unos segundos antes pero no lo encontró y lo maldecía por dentro. El maldito chico-perro estuvo a punto de hacer que su padre lo encontrara en una situación incómoda que ni siquiera había provocado él. Sólo por casualidad.

- ¿Qué te ocurre Shikamaru? – preguntó Shikaku preocupado por la reacción de su hijo.

- Nada nada... – dijo el joven Nara sin dudar un segundo la respuesta. Su padre lo miró dubitativo pero al final pasó del tema y sólo le dijo – tu madre nos espera en casa, quiere que arreglemos el jardín.

- Vale... – fue lo único que respondió el joven Nara.

Padre e hijo se pusieron rumbo a su casa la cual estaba bastante cerca de donde se encontraban en ese momento.

- Estamos en casa – dijo Shikaku anunciando la llegada de los dos Nara a su hogar. El Nara mayor se quitó el chaleco y lo colgó en la entrada. Y le indicó a Shikamaru que hiciera lo mismo. Shikamaru se puso super tenso:

- Tengo que ir a mi habitación un momento – dijo él sobándose la parte posterior de la cabeza.

- No tardes – dijo su padre dirigiéndose ya hacia el jardín.

Shikamaru fue a toda velocidad a su cuarto y una vez allí, abrió mil cajones buscando el cajón perfecto para esconder aquella revista. Justo cuando acababa de guardar la revista en el último cajón de su cómoda, en la esquina del fondo a la izquierda, entró su madre en la habitación.

- Shikamaru – dijo su madre con todo neutral. – Dame la ropa sucia que tengas.

Al joven Nara casi se le para el corazón del susto pero juraría que su madre entró justo después de que el ya cerrara el cajón. Fue hacia su cesta de la ropa sucia y le entregó a su madre la ropa que tenía que lavar. Yoshino se fue sin decirle nada más.

...

Shikamaru arregló con su padre el jardín así como les había indicado su madre. Yoshino les trajo té frío cuando terminaron y Shikaku se lo agradeció con un guiño. Los padres de Shikamaru no eran demasiado expresivos en su presencia. No obstante, Shikamaru sabía de sobras que ellos tenían bastantes momentos íntimos en cuanto tenían ocasión.

- Ayer no viniste a casa Shikamaru – dijo su padre comentando ese pequeño detalle que el joven Nara estaba olvidando. Shikamaru tragó saliva. Todo el tema de la maldita revista le había distraído del problema que significaba que la noche anterior no había ido a dormir a casa. Por más que lo pensara no se le ocurría la excusa perfecta así que finalmente decidió decir la verdad.

- Estaba acompañando a la hermana del Kazekage y me quedé dormido – empezó explicando Shikamaru – esta mañana la he acompañado hasta la puerta de Konoha y entonces es cuando te he encontrado.

Shikaku se quedó mirando muy fijamente a su hijo. Si pudiera ver a través de él, se daría cuenta de que por debajo de la ropa Shikamaru estaba sudando de puro estrés. Aquel día lo iba a matar de un susto.

- Te tomas muy en serio el trabajo de escoltar a la embajadora de la Arena – comentó su padre intentando averiguar qué pensaba su hijo.

- ¿Embajadora de la Arena? – preguntó el joven Nara desconociendo que Temari ocupaba ese cargo.

- Desde hace poco ha sido ascendida a ese cargo. Temari de la Arena ya es Jōnin – Shikamaru se quedó boquiabierto. Eso sí que no se lo esperaba. La próxima vez que viera a Temari le iba a recriminar que nunca le dijo nada.

- No tenía ni idea. Temari no me ha dicho nada de eso.

- ¿Temari? ¿Ya la llamas por su nombre? – dijo su padre dando en el clavo. Para Shikaku Shikamaru era un libro abierto.

- Hey, es una buena amiga – dijo Shikamaru quitándole importancia al hecho de que la llamara por su nombre.

- ¿Una amiga eh? ¿Estás seguro? – preguntó Shikaku intentando averiguar qué sentía por ella.

- Las mujeres son problemáticas – dijo Shikamaru levantándose para ir a donde lo estaba llamando su madre. Salvado por la campana. Nunca se había alegrado tanto de que su madre lo llamara para hacer cosas como poner la mesa o lavar platos.

Shikaku sólo se quedó inmóvil mirándolo con detenimiento. Si su hijo estaba teniendo curiosidad por las mujeres lo más conveniente sería tener una charla con él a tiempo.

No tardaron mucho en comer ya que Shikaku se tenía que ir a trabajar. Shikamaru por suerte tenía la tarde libre y después de ayudar a su madre a recogerlo todo se metió en su habitación dispuesto a echarse una siesta.

- Shikamaru – dijo su madre abriendo la puerta de la habitación. Shikamaru se encontraba tumbado con los brazos bajo la cabeza mirando el techo. La cortina de la habitación bloqueaba parcialmente la luz de la calle. – voy a ir a hacer unas compras. Vuelvo en un rato.

- Vale – respondió el joven Nara sin ánimo. Sus ojos se entrecerraban intentando atraer el sueño.

Su madre salió de la habitación y Shikamaru cerró los ojos sumergiéndose en un sueño rápidamente.

Su sueño empezó últimamente como todos empezaban: se veía a sí mismo yendo a recoger a Temari a la puerta de Konoha.

Más tarde, cada uno se iba por su lado un rato hasta que se encontraban después de comer. No obstante, después del encuentro de esa tarde Temari susurró algo en su oído:

- Reúnete conmigo en mi habitación en una hora – Shikamaru contemplaba cómo la rubia se metía en el edificio y desaparecía ante sus ojos.

Normalmente le gustaba pasar la tarde con ella hablando y luego se despedían pero esa era la primera vez que ella lo invitaba a pasar así porque sí. Probablemente el hecho de que el día anterior ella lo había invitado a pasar estaba influyendo en los sucesos de su sueño.

Shikamaru sintió un rayo recorrer todo su cuerpo. ¿Para qué diablos quería verlo en una hora en su habitación? La mente de Shikamaru se dividía en dos partes. Por una parte su consciencia sabía que estaba soñando pero por otra parte no quería despertarse hasta saber qué quería la Temari de sus sueños.

Shikamaru pensó que irse a su casa para esperar a que pasara la hora era lo mejor. No obstante, cuando estaba a la mitad del camino se echó atrás y finalmente decidió esperar de pie recostado contra la pared en el callejón de al lado del hotel.

Ese callejón que ya le era tan familiar de pasar tardes con ella ahí, sólo hablando... a veces de cosas importantes y a veces de nada en particular.

Cuando llegó la hora en punto Shikamaru subió hasta la habitación que por algún motivo extraño él sabía cuál era aunque Temari no se lo había dicho. Cosas de esas que pasan en los sueños.

Temari abrió la puerta y lo dejó pasar a la vez que agarraba una de sus manos. Shikamaru miró la mano de la chica que lo agarraba y luego su brazo y fue subiendo hasta el hombro. En ese momento se dio cuenta que ella se había duchado y estaba con ropa más cómoda. Temari tenía las mejillas sonrosadas, probablemente por la excitación del momento. Él entonces lo entendió. Entendió a qué venía y su entrepierna no tardó en reaccionar.

La rubia se colgó del cuello de él –ahora que él era más alto- y él sin pensarlo se aproximó a sus labios y la apretó contra la puerta. Temari llevaba puesto un vestido blanco de seda, según pudo apreciar con el tacto de sus manos. Shikamaru se estaba volviendo loco. No entendía por qué pero Temari gemía cada vez que él le daba un beso. La respiración de la rubia se aceleró cuando él puso una mano en su pecho izquierdo y comenzó a masajear el pezón. Shikamaru paró de besarla en los labios y se dirigió a su cuello. Ahí parecía que Temari estaba disfrutando demasiado. Él era menos expresivo pero por dentro estaba mojando el pantalón como nunca en su vida.

Sabiendo que era un sueño, su mente lo empujaba a tocarla y tratar de hacer cosas sin pudor alguno. La Temari de sus sueños era tan caliente. Sus ojos verdes se veían humedecidos y brillantes. Sus mejillas super rojas.

Shikamaru se había quedado, sin darse cuenta, contemplando su rostro sin más. Ella se moría de la vergüenza porque la estuviera mirando y sólo le dijo:

- Shikamaru... no pares... por favor... – el shinobi se dio cuenta de lo mucho que le gustaba que le dijera eso porque le dio ánimos para tocarla más.

Llevó sus manos hasta el trasero de la rubia y los apretó para pegarla más hacia él. Quería que ella notara su excitación y funcionó porque ella llevó una mano hasta su entrepierna y tocó su miembro erecto por encima del pantalón.

- Shikamaru... te quiero sentir... adentro... – la mente del joven dejó de funcionar totalmente con aquella frase y sin pensárselo bajó las bragas de la rubia pero por algún extraño motivo su mente no construía una imagen de la intimidad de la rubia. Era lógico, si nunca la había visto desnuda no podía imaginársela.

No obstante eso no impidió que si se imaginara a sí mismo subiéndola en brazos y allí mismo, de pie contra la puerta, la penetró mientras la besaba. Temari se apartó de su rostro rápidamente para soltar un sonoro gemido que hizo que quisiera eyacular inmediatamente. Él apretó los dientes y se decía en su mente "todavía no... todavía no..." pero Temari se apretaba más contra él y después le hizo bajar la cabeza para que tuviera una vista de su escote. Ese escote que tenía tan visto. Los pechos saltaban según él la penetraba y en ese momento supo que no iba a aguantar.

Su mente le decía "más despacio" pero su cuerpo le decía "más fuerte y más rápido". Conforme avanzaban sus pensamientos, finalmente, su cerebro se desconectó cuando ella empezó a acariciar su cabello con sus dedos mientras gemía y decía su nombre.

El shinobi se rindió y se dejó ir en un intenso orgasmo sabiendo que la estaba embadurnando toda con su semen. Shikamaru gruñó en ese momento y ella gimió más fuerte que nunca al darse cuenta de que el joven shinobi se había corrido.

- ¡Todavía no! – gritó muy fuerte Shikamaru levantándose con ímpetu de la cama acalorado y sudado. Miró a su alrededor con la mente dispersa y se dio cuenta de que no estaba en el hotel con Temari, estaba en su habitación durmiendo en su cama. De pronto, se sintió el calzoncillo mojado y pegado a la piel. Se destapó y se bajó el pantalón y el calzoncillo y lo vio... se había corrido mientras tenía ese sueño erótico con Temari – joder... kunoichi problemática...

"Mierda, mierda..." pensaba él mientras se levantaba de la cama y buscaba un calzoncillo y otro pantalón para cambiarse. Tenía el semen pegado a la piel ahora que se iba secando y rezó para que su madre no estuviera en casa todavía y pudiera ir al baño a lavarse.

Se quedó unos segundos con la oreja detrás de su puerta y no pudo escuchar ningún ruido así que con la ropa en la mano se aventuró afuera de su habitación y se metió en el baño para limpiarse.

Tras estar bien limpio, salió ya más calmado. Su madre todavía no llegaba a casa y él regresó a su cuarto.

Al ver su cama sudada y revuelta recordó el sueño tan vívido que acababa de tener con Temari pero algunas cosas no pudo verlas. No pudo ver sus pechos y no pudo tener una imagen de su intimidad. Shikamaru se moría de curiosidad por saber cómo sería y entonces lo vio: la revista que le había dado Kiba, ahí encontraría todas las respuestas.

Sin pensárselo dos veces sacó la revista de su escondite y se sentó en la cama. Rápidamente abrió por cualquier página y lo primero que vio fue una imagen de las que le faltaba por ver en su sueño y que le estaba cortando la respiración.