Los personajes de esta historia pertenecen a la serie Naruto & Naruto Shippūden © Masashi Kishimoto
Capítulo 8.
Sin pensárselo dos veces sacó la revista de su escondite y se sentó en la cama. Rápidamente abrió por cualquier página y lo primero que vio fue una imagen de las que le faltaba por ver en su sueño y que le estaba cortando la respiración...
La imagen que vio fue una imagen de una mujer con las piernas abiertas y enseñando en primer plano toda su intimidad mientras reposaba unos dedos casuales por encima de su pubis.
- Yo no debería estar viendo estas cosas – se dijo a sí mismo en voz alta convenciéndose de que aquello que hacía estaba mal. Sin embargo, la curiosidad era demasiada y se pasó alrededor de diez minutos abriendo y cerrando la revista.
Ya en la portada se veían imágenes sugerentes pero ni de lejos la portada tenía algo que ver con su contenido. Su contenido era mucho más subido de tono de lo esperado. No se habían dejado ningún detalle.
Finalmente, la curiosidad de Shikamaru ganó la batalla. Se dijo a sí mismo "sólo le echaré una ojeada". Y sin embargo era completamente consciente de que probablemente pasaría horas desde el momento en que llegó a sus manos sólo mirándola y mirándola hasta que se desgastaran las páginas.
"Así como te gusta mirar a Temari" le pasó por su mente gracias a su subconsciente traicionero. Shikamaru sacudió la cabeza para disipar esos pensamientos. Ahora mismo estaba realmente interesado en conocer a la perfección la anatomía femenina.
Shikamaru decidió empezar a ver la revista en orden. Desde la primera hasta la última página. Si la iba a ver tenía que ser de una forma decente y no como un vil voyeur.
En las primeras páginas sólo salían chicas vestidas en lencería sexy. Eran realmente bonitas. Parecía que las chicas de las revistas las tenían muy cuidadas y maquilladas para que salieran así de bien en las fotos.
"Temari no se maquilla pero aun así se ve bonita" pensó de nuevo sin querer. De nuevo, siempre que pensaba en chicas acababa comparándolo con Temari.
Siempre Temari.
Pasó las primeras páginas donde salían las chicas con lencería sexy. Realmente a él eso de la ropa no le interesaba. Él quería ver cuerpos, por más que se dijera que no. Hasta ahora todas las chicas que salían eran rubias, sí. Pero muchas de ellas eran rubias porque se habían teñido el pelo.
"Temari no se tiñe el pelo. Ella es rubia natural... joder" una vez más la problemática kunoichi salía a flote en sus pensamientos. Shikamaru maldecía por lo bajo mientras seguía mirando la revista.
Las siguientes páginas traían fotos de chicas enseñando los pechos. Había de muchos tipos: grandes, pequeños, con pezones grandes, con pezones pequeños. Pezones rosados, pezones morenos...
De entre todas las chicas había una que destacaba para él porque era la que más características tenía en común con Temari. El motivo era que esta era rubia de pelo natural pero a diferencia de Temari esta chica tenía los ojos marrones oscuros. La chica en cuestión tenía los pezones rosados y unos pechos de tamaño intermedio.
"¿Podría ser que ella fuera así?" pensaba muy concentrado mirando el cuerpo de la chica. Sin darse cuenta, sus mejillas se estaban poniendo todas sonrosadas y su respiración agitada. Parecía que la excitación le atacaba de nuevo y estaba a punto de llegar a su límite de seguir mirando sin tocarse. Había pasado un rato desde que se despertó con la sorpresa de que había eyaculado mientras dormía pero le estaban dando ganas de nuevo.
- Supongo que es inevitable – dijo mirándose el bulto en su entrepierna que ya estaba bastante marcado en el pantalón.
Shikamaru estaba deseando llegar a las páginas donde la anatomía de las chicas se volvía mucho más explícita y donde podía llegar a ver hasta el alma de las chicas a través de su vagina.
A pesar de sus ganas sus planes estaban a punto de ser arruinados porque escuchó el ruido de su madre entrando en casa. A la velocidad del rayo fue hasta la cómoda donde escondía la revista y la dejó en su sitio. Inmediatamente después apagó la luz de la habitación y se volvió a acostar en la cama pero se puso de lado. No quería que su madre viera lo "emocionado" que estaba.
Apenas unos segundos después de que Yoshino entrara en casa, fue a ver qué hacía su hijo y no le sorprendió ver que seguía durmiendo. Yoshino sabía perfectamente lo dormilones que llegaban a ser los Nara así que no quiso molestarlo. No obstante, Shikamaru no estaba dormido. Sólo fingía que había estado durmiendo desde que ella se había ido de casa.
Y al final, de tanto rato de estar recostado en la cama, se acabó durmiendo de verdad.
...
Pasaron varias horas y llegó la hora de la cena. Lo supo por el olor que bañaba toda la casa y que llegaba hasta su nariz. Por extraño que pareciera, Shikamaru no tenía ganas de cenar. Su estado de ánimo era, en ese día, bastante apático y retraído. No quería hablar con nadie. Sólo quería seguir sumido en sus pensamientos.
Pensó que quizás su madre vendría histérica a llamarlo para cenar y se levantó en silencio con la intención de decirle que no quería cenar. Bajo lentamente las escaleras y llegó hasta el pasillo justo antes de que asomara al salón. Su padre ya estaba sentado en la mesa y su madre estaba terminando de servir alguna cosa. Sus padres comenzaron a hablar y él se detuvo antes de que lo vieran. Quería saber qué decían de él.
- ¿Dónde está Shikamaru? – preguntó Shikaku a su mujer cuando ésta se sentó.
- Está durmiendo – explicó Yoshino con mirada triste – hoy lo he visto bastante raro así que no he querido molestarlo. Está como deprimido. No sólo no se ha quejado cuando le he pedido que hiciera cosas sino que además se ha pasado la tarde aquí en casa durmiendo. Sé que le gusta dormir pero normalmente lo hace al aire libre. Y hoy se ha quedado a oscuras en su cuarto.
Shikaku la miró pensativo. Cerró los ojos y enarcó una ceja. Luego se puso la mano en la barbilla y empezó a rascarse la perilla.
- Quizás yo sepa lo que le pasa... – dijo Shikaku tras meditarlo un par de minutos. Yoshino ya había empezado a comer de su bol de arroz.
- ¿Sabes algo que yo no sepa, querido? – preguntó Yoshino ahora con curiosidad en la mirada.
- Tal vez sea por el hecho de que su amiga de Suna se ha ido esta mañana – dijo Shikaku tras darle un sorbo a su vaso de agua.
- ¿Cómo sabes que algo así le afectaría? Es Shikamaru. Él siempre anda quejándose de las mujeres – preguntó la Nara sacudiendo la cabeza como si el argumento de su marido no tuviera sentido.
- Porque ella es especial para él. Nunca lo había visto tan diligente y entregado con un trabajo. No lo hace porque sea su trabajo, lo hace por ella. – Shikaku puso una entonación especial en el "ella" y luego siguió comiendo pero volvió a parar para decir: - Anoche no vino a casa porque durmió con ella.
- Pero eso no significa nada, Shikamaru es muy joven e inocente todavía – dijo Yoshino sonando no muy convencida. - ¿No, Shikaku?
Shikaku se encogió de brazos y no dijo nada más.
A Shikamaru casi se le sale el corazón de la cavidad torácica al escuchar lo que acababa de decir su padre. Él esperaba que su padre se guardara aquello y no se lo dijera a su madre pero ahí estaba: diciéndoselo todo. No se podía confiar en su viejo.
Ellos no hablaron nada más sobre Shikamaru durante la cena y al final el joven Nara sólo se fue a su cuarto a seguir durmiendo
Shikamaru se tumbó en la cama y trató de dormirse pero había dormido tanto ese día que ya no conciliaba el sueño. No llegó a saber cuánto tiempo estuvo esperando pero al final se rindió y acabó levantándose.
Serían casi las once de la noche cuando decidió que jugaría unas cuantas partidas de shōgi contra sí mismo.
Estuvo como una hora jugando pero de pronto se quedó con una ficha en la mano mirando lejos. Su cabeza no hacía más que darle vueltas a la conversación de sus padres durante la cena. Por lo visto ellos veían más claro que él mismo el hecho de que sentía algo especial por Temari.
Pero, no es como si sintiera algo por ella. Era su mejor amiga de entre todas las chicas. Ni siquiera a lo largo de los años llegó a tener tal aproximación con Ino.
"O quizás es que simplemente no era el mismo tipo de relación." Este pensamiento hizo que Shikamaru levantara la cabeza del tablero. Y buscara de nuevo la maldita revista.
- ¿Por qué hago esto? – se preguntaba bajito mientras miraba la revista tumbado de lado en la cama. Se había quedado en las fotos de pechos y tras mirarlos y revisarlos un buen rato, tenía que admitirlo. Tenía miedo de pasar más páginas y encontrarse con imágenes que le producían un gran nerviosismo: las chicas enseñando su vulva.
Shikamaru se giró y se puso bocabajo, enterrando la cara en la almohada. Todo aquello resultaba muy problemático pero no podía dejar de mirar. No podía dejar de mirar cada pliegue de piel y cada vello incipiente. Cada poro, cada color...
Y llegó a la chica que le recordaba a Temari.
- Oh Dios... – susurró contra la almohada. Volvió a levantar la mirada y volvió a mirar la revista que sostenía entre las manos. – Oh oh...
No había marcha atrás, mirar fijamente a aquella chica estaba encendiendo su cuerpo. Shikamaru se sentía incómodo con la erección apretada contra la cama y cambió su postura poniéndose bocarriba.
Cuando por fin se atrevió a pasar la página encontró a la misma chica siendo penetrada por algún chico cuya cara no salía en la foto. A él el tío ese le daba igual. Pero esa imagen ahora sí lo iba a matar.
Sabía que lo necesitaba. Aunque por la tarde había descargado, estar mirando esa revista le provocaba más ganas.
- Sólo será un poco – dijo para sí mismo sin estar muy convencido. Metió la mano entre su calzoncillo y se agarró el miembro para estimularse. Poco a poco y sin darse cuenta se estaba masturbando en toda regla.
Por un momento vino a su mente la primera vez que se masturbó. No hacía más de un año de aquello. Fue algo casi por fuerza mayor porque tuvo una erección matutina que no se le iba y descubrió que tocarse era algo que le aliviaba. Los chicos solían hablar sobre esas cosas, pero él hasta ese entonces no había sentido la necesidad tan fuerte de hacerlo. Y esa fue la primera vez que Shikamaru experimentó lo que era masturbarse.
Shikamaru agitaba la mano entre su pantalón mientras sostenía con la otra mano la revista como bien podía. Si seguía a ese ritmo no iba a tardar mucho en terminar pero entonces, escuchó unos ruidos que provenían de la habitación de sus padres. Al parecer los dos habían decidido que aquella noche debían intimar un rato.
Aquello le cayó como un jarro de agua fría. Sus padres no resultaban algo excitante ni de lejos. Y menos el ruido de lo que parecía ser su padre embistiendo a su madre haciendo crujir la cama. Lo detestaba. Esa noche se juró que en el futuro se compraría tapones para los oídos para no acumular traumas.
El joven Nara guardó su preciada revista en el cajón y, disgustado, se quitó la ropa que llevaba para ponerse el pijama. Lo hizo lo más rápido posible para no tener que escucharlos.
Se metió en la cama y se tapó la cabeza con la almohada, apretando muy fuerte. Tanto, que casi no podía respirar. No estaba exagerando, de verdad que se escuchaban mucho y ruidos bastante claros.
Shikamaru no quería imaginárselos para nada e hizo su mayor esfuerzo para tratar de dormirse.
Cuando por fin conectó con su subconsciente y comenzó a soñar, se sintió aliviado al ver que lo primero que apareció en su mente no fueron sus padres sino el rostro de Temari iluminado por la luz del sol. La chica le sonreía y por algún motivo parecía muy contenta.
Lo siguiente que vio fue a sí mismo llevándola de la mano por las calles de Konoha. Ella siempre sonriendo.
La tarde cayó, y como siempre la acompañó hasta el hotel donde se solía hospedar la chica. Estuvieron conversando un rato y ella le dijo:
- ¿Qué te ocurre Shikamaru? Estás raro, hoy no me has besado y has estado un poco distante... – dijo ella como si fuera lo más normal del mundo todo lo que acababa de decir. Como si no fuera ya bastante raro que ellos fueran de la mano por ahí.
Temari puso una de sus expresiones tristes y él se sentía con el corazón encogido.
- Lo siento – le dijo él siguiéndole el rollo. Abrió sus brazos para hacerle entender que se acercara y la abrazó estrechamente. Shikamaru sentía el corazón a mil y la sangre le hervía. Hasta un simple abrazo le ponía nervioso. Pero la Temari de sus sueños siempre estaba expectante. Siempre le demostraba que era normal que él tuviera muestras de cariño con ella y nunca lo detenía. Al revés, lo animaba a hacer cosas que por iniciativa propia no haría. Se separó un poco de ella y lentamente le dio un beso en los labios. Temari sonrió y le dijo:
- Eres tan dulce Shikamaru – Temari acariciaba la mejilla del shinobi y él se sentía en la gloria. Aunque fuera un sueño disfrutaba de cada detalle de lo que hacía con ella. – Eres tan inocente...
Eso lo mosqueó. ¿Inocente? ¿Él?
- Soy demasiado joven para ti, ¿verdad? – dijo él entendiendo de que iba aquello. Ella pensaba que aunque él la besara, era demasiado casto.
- No es eso, ¿acaso tú te has visto? No tienes aspecto de ser menor que yo – dijo ella remarcando lo evidente.
- ¿Entonces? – preguntó él un poco molesto.
- Es tu comportamiento... eres dulce... y tierno... – dijo ella acariciando las manos del joven Nara.
Aunque esas cosas fueran palabras que se podrían tomar como un cumplido, a él no le satisfacían. Él quería ser todo un hombre, no un niño dulce y tierno. Su orgullo estaba siendo herido así que la rodeó con sus brazos y se atrevió a darle un beso con lengua. Un beso largo y lento que la excitara y le hiciera perder la cabeza.
Cuando Temari se separó para respirar le dijo:
- ¿Te quieres quedar a dormir conmigo? – Temari no lo miraba. Ahora era ella la que parecía una niña nerviosa. Él sonrió victorioso y ya sin miedo le dijo:
- Sí.
Y Temari lo llevó hasta su cuarto donde hicieron el amor, igual que en el otro sueño. Pero esta vez en la cama. Y mientras yacía allí con ella, miró un momento por la ventana y un rayo de sol le dio de pleno en la cara.
Shikamaru abrió los ojos de repente. Otra vez se despertaba agitado, sudado y recién corrido en su cama.
