Viktor no podía estar más satisfecho con la apariencia del bebé que pronto llevaría su apellido. Pese a no ser ropa formal en lo absoluto, Yuuri sonreía ampliamente, su pequeña boca sin absolutamente un solo diente dándole el toque final a todo el conjunto de ternurita que era aquel bebé de cabello como la noche sin estrellas y ojos como la tierra húmeda tras un día de lluvia.

El clima aquel día no era el mejor, pero sin duda tampoco el peor en lo que iba del año, lo cual se agradecía, especialmente teniendo en cuenta el apresurado y mal planeado evento que se llevaría a cabo en unas pocas horas.

Las cinco con quince minutos y Nikiforov le hacía mimos a Yuuri, quien balbuceaba en respuesta, solo dejándose hacer.

—Viktor —Mila se asomó a la habitación e ingresó con un vaso de refresco—, dile a tu amigo que deje de insistir sobre una fuga juntos, por favor.

—¿He sido rebajado a la categoría de "amigo"? —se lamentó Christophe y llevó una mano a su frente, tocándola con el reverso de su palma—, oh, el dolor...

Divertido, Viktor aceptó el vaso y enarcó una ceja hacia Chris.

—Ya deja de acosar a mi prometida, hombre, no quieres que se enoje.

—Cierto —sonrió Chris—, pero dado que tú no me dejas jugar con Yuuri, ¿qué más puedo hacer?

—¿Te hago una lista? —se burló Mila.

—Podrías sacar a Makkachin a pasear, para empezar —comentó Viktor.

Giacometti señaló los pies de la cama, en donde el caniche descansaba.

—Bueno, no ahora mismo —sonrió Nikiforov.

—Hazte a un lado —ordenó Babicheva—, también quiero mimar a mi hijo.

Sonriendo, Viktor no se movió, y Chris se apresuró en salir de la habitación antes de que algo feo empezase.