Los personajes de esta historia pertenecen a la serie Naruto & Naruto Shippūden © Masashi Kishimoto
Capítulo 9.
Shikamaru abrió los ojos de repente. Otra vez se despertaba agitado, sudado y recién corrido en su cama.
...
- Vaya mierda – dijo Shikamaru levantándose. Se había despertado cerca de las cinco de la mañana.
Otra vez le pasaba lo mismo. Tal vez tenía que empezar a reconocer que ya había entrado de pleno en la fase de la adolescencia donde los chicos comienzan a mirar a las chicas de otra manera.
O al menos desde luego él se había pasado horas mirando chicas en aquella revista.
Buscó ropa limpia y se fue a duchar. Quería darse una ducha larga y con agua muy caliente. Necesitaba tiempo para meditar sobre todo lo que le estaba pasando.
Después de enjabonarse la parte superior del cuerpo se miró abajo y se encontró con un gran problema.
- ¿Otra vez...? – susurró para sí mismo y frunció el ceño.
Shikamaru trató de enjabonarse sin estimularse para ver si se le bajaba la erección pero no sirvió de nada. Ya estaba quitándose el jabón y ahí seguía, en lo más alto.
Llegaba un punto que ya se encontraba desesperado porque se le bajara que trató de pensar en algo para distraerse. Empezó pensando en el trabajo que le tocaba hacer aquel día. Eso era buena idea. El trabajo le aburría así que no era algo que ayudara a su excitación. Pensó en que, en cuanto llegara, podría tomarse con más calma la organización de los estudiantes ahora que no estaba... Temari.
Siempre, siempre. Ella siempre salía de alguna manera en sus pensamientos. No entendía cómo pero se estaba convirtiendo casi en una obsesión. Quizás era porque ella estaba muy presente en su vida. Siempre trabajaba con él y también pasaban su tiempo libre juntos.
Cuando estaba Temari, el resto del mundo dejaba de existir y días después Asuma y su equipo le recriminaban que por qué no se había reunido con ellos para comer, o por cosas por el estilo..
Shikamaru no pudo más. Estaba tan duro que le dolía.
Y lo peor es que no entendía por qué si había eyaculado hacía menos de una hora mientras tenía sueños húmedos.
Rodeó su pene con la mano derecha y comenzó a masturbarse. La imagen que ahora veía era la del agua cayendo sobre sus hombros y allí abajo, una vena marcada en su miembro. El prepucio totalmente estirado dejaba al aire el glande que se encontraba hipersensible.
No iba a tardar, lo sabía.
Un fluido transparente y viscoso caía de la punta del pene hacia el plato de ducha.
La otra mano la reposaba en la pared. Sus músculos jóvenes se marcaban por el esfuerzo que estaba haciendo.
- Oh... – gimió Shikamaru bajito y se mordió el labio inferior. Frunció el ceño y volvió a soltar un gruñido ahora que todo su esperma estaba saliendo a presión y estaba saltando hasta sitios inesperados. Luego tendría que acordarse de echar agua para no dejar señales.
Por su mente apareció el recuerdo del final de su sueño de aquella madrugada. Lo último que vio fue a Temari gimiendo mientras estaba siendo penetrada por él.
- Ah... – Shikamaru volvió a gemir tras notar que ya nada más saldría aquella mañana de sus testículos. Aunque no podría asegurar nada respecto a la tarde.
Terminó de quitarse el jabón y el champú y echó agua en las paredes. Sólo por si acaso.
Salió de la ducha y se secó. Fue hasta el armario que había debajo del lavamanos y sacó su desodorante y su colonia.
Se puso su ropa habitual de entrenamiento y finalmente se peinó haciéndose su coleta alta.
Cuando bajó al salón vio como su madre acababa de despertarse. Yoshino parecía sorprendida por verlo tan temprano pero Shikamaru no hizo mucho caso de su reacción. Más bien hizo como si no le diera importancia.
- ¿Quieres que te ayude? – preguntó Shikamaru a su madre cuando vio que se ponía a preparar el desayuno. Yoshino volvió a mirarlo estupefacta. Su hijo no sólo estaba, a las seis de la mañana, ya despierto y vestido sino que encima estaba dispuesto a preparar el desayuno. Ella no pudo resistirse a decirle:
- Claro, siempre me gusta que me ayudes – Yoshino sonrió y Shikamaru sintió que su padre tenía razón cuando decía que su madre se veía muy guapa cuando sonreía.
Shikaku no tardó en aparecer en la cocina. Estaba despeinado y llevaba la bata esa que se ponía los días que tenía sexo con su madre. Era tan evidente...
Shikamaru rezaba porque llevara algo de ropa interior debajo de la bata porque no quería tener que decirle a su padre que se le veía algo entre las piernas. Shikaku tenía tanto sueño que si se despistaba se le desataba la bata. Pero no hizo falta que se preocupara mucho más ya que, Yoshino salió hacia la puerta escandalizada por el aspecto con el que se presentaba su marido ante ellos.
Su mujer lo empujó un poco fuera de la cocina, lo justo para que Shikamaru no tuviera que pasar por situaciones incómodas. Por desgracia, no fue suficiente. Shikamaru vio perfectamente todo lo que hizo su madre. Le abrió la bata y le regañó por no haberse puesto nada de ropa. Shikaku se frotaba la nuca ante el regaño de su mujer. Inmediatamente, Yoshino le ató la bata mucho mejor de lo que había hecho el Nara, pero después, a pesar del enfado, ella se puso de puntillas y le dio un besito en los labios.
Shikaku sonrió. Todas las veces que ellos tenían sexo eran así de empalagosos por la mañana.
Insoportable.
Su padre se retiró después de otro regaño de su madre. Seguramente se iba a duchar mientras ellos preparaban el desayuno.
Cuando su madre volvió hasta su lado le quitó la mano de la cuchara con la cual lo había dejado removiendo la sopa.
- ¿Papá te hace feliz? – preguntó de repente viendo el rostro tan alegre que tenía su madre aquella mañana. Yoshino se puso super roja y nerviosa.
- ¿Por qué lo preguntas? – dijo ella pensando mal. Quizás Shikamaru se refería a lo evidente. Pero Shikamaru no respondió y sólo se quedó observándola y asintió. Su hijo sí se refería a lo evidente. Ella suspiró y al final le respondió: - Sí...
- ¿Mucho? – volvió a preguntar Shikamaru. Yoshino se puso de nuevo nerviosa aunque no tanto como la primera vez.
- Sí, desde siempre... tu padre y yo nos amamos mucho, nunca lo dudes – dijo ella queriendo zanjar el tema.
Yoshino se concentró en el desayuno y Shikamaru preparó el té y puso la mesa.
- Me gusta verte feliz – le dijo inesperadamente. Shikamaru estaba demasiado raro aquella mañana.
Estuviera raro o no, ella no pudo hacer otra cosa que sonreír ampliamente y tomó el rostro de su hijo entre sus manos.
- Mírate, te queda poco para cumplir los quince años y ya eres todo un hombre. – Shikamaru hacía un puchero. Aquello era incómodo. – Y eres muy guapo. La chica que conquiste tu corazón será afortunada porque tú eres muy pasional como tu padre. Por eso no podéis evitar llorar...
- Mamá por favor... – dijo él quejándose. Aquellas muestras de cariño eran demasiadas para ese mes.
Yoshino se rió y lo soltó. Los dos se sentaron a la mesa y su padre apareció ya duchado, vestido y arreglado. Ahora parecía un hombre decente.
Llevaba puesta la camiseta de malla y se podía ver como a pesar de la edad seguía manteniéndose bien fuerte. Su madre decía que él ya era todo un hombre, pero desde luego si se comparaba con su padre se quedaba en pañales.
- Te has levantado pronto Shikamaru – dijo Shikaku recalcando el suceso inesperado de aquella mañana. Por eso él había salido en bata y casi con los huevos afuera. Porque no se esperaba que su hijo ya estuviera despierto y deambulando por ahí.
- Sí – respondió Shikamaru con rencor por el nuevo trauma.
- Entonces deberías aprovechar para entrenar conmigo hoy. Sólo un rato, antes de que te vayas – comentó Shikaku de manera que parecía casi una orden. Pero era sólo por la costumbre.
- Está bien – dijo el joven Nara. Shikamaru apartó los platos porque no quería comer más. Su padre iba notando todos los detalles del comportamiento de su hijo y ahora sí se estaba preocupando. Shikamaru no era un glotón pero por lo menos no solía dejar comida. El entrenamiento juntos les iba a sentar bien.
...
Shikaku y Shikamaru estuvieron un rato entrenando los jutsus especiales de su clan. Los dos sabían que de vez en cuando estaba bien entrenar la fuerza, pero si no potenciaban su especialidad de nada servía el nombre de su clan.
- Papá – dijo Shikamaru cuando ya estaban sentados reposando. Shikaku lo miró y esperó pacientemente lo que tuviera que decir. - ¿Qué es ser un adulto?
El Nara no se lo podía creer. ¿Qué clase de pregunta era aquella? ¿En serio Shikamaru le estaba preguntando algo así? Definitivamente algo no andaba bien. Pero fuera como fuera, de su respuesta puede que dependiera el comportamiento futuro de su hijo. Era importante saber qué responderle.
- Yo creo que ser adulto significa que te conviertes en una persona responsable. Te preocupas por cosas de las que no te preocupabas cuando eres joven. Y estás dispuesto a esforzarte por ser útil para tu gente. Todo lo contrario de lo que somos cuando somos niños...
- Pero ser adulto también tiene que ver con la edad – comentó Shikamaru mirando el cielo, al igual que su padre. Aunque los dos estaban sentados en el porche. - ¿Y si necesito ser adulto ya?
- Es cierto, pero muchas veces importa más tu actitud que la edad. No tengas prisa Shikamaru, hace apenas unos meses eras muy infantil – dijo Shikaku con el ceño fruncido.
- Puede que haya cosas que me hagan querer parecer mayor de lo que soy. Quiero que se me tome en serio. – Shikaku se quedó pensativo. Aquellas últimas palabras que pronunció su hijo antes de levantarse e irse harían que se quedara todo el santo día pensando a qué se debía todo aquello.
Los días se fueron volando y casi dos años pasaron como si nada.
Shikamaru se concentró en su entrenamiento como todos los compañeros de Naruto. La presión de no tener ni idea con qué nivel llegaría Naruto y ellos sentir que no estaban esforzándose igual les rondaba la cabeza.
En todo ese tiempo no vio a Temari. Lo cual sirvió para que recuperara su vida con su equipo y decidiera qué hacer y cómo comportarse con ella a partir de ahora.
Estaba claro, ella era demasiado mayor como para fijarse en él de la forma en cómo él quería. No iba a insistir, pero si por un casual su comportamiento más responsable hacía que ella lo viera de otra manera le gustaría aprovechar la ocasión aunque fuera de robarle un beso.
Ella iba a seguir viéndolo cuando trabajaran juntos claro, pero él sería lo suficientemente maduro como para no sentirse mal por aquello. Era poca cosa lo que pedía.
...
Aquella tarde Shikamaru volvía a su casa con las manos en los bolsillos y mirando el cielo. El cielo que se preguntaba si ella lo estaría viendo en aquel momento.
Lo último que había escuchado sobre ella era que se iban a celebrar los exámenes Chūnin y que la embajadora de la Arena vendría con frecuencia a Konoha para representar a Suna y al Kazekage.
Lo que le faltaba...
Llegó a su casa y vio que no había nadie. Era extraño, era lo suficientemente tarde como para que al menos su madre estuviera ya en casa.
Entró en su habitación sin cerrar la puerta. El recuerdo de Temari le hizo recordar que debía guardar su nuevo ejemplar de "especial rubias" de aquel mes junto a las demás revistas que guardaba en su cajón.
De pronto, un tablón de madera crujió ligeramente detrás de él. No sería como para sacar un kunai, ¿o sí?
Shikamaru se giró con nervios de acero y allí lo vio. Su padre estaba mirándolo fijamente. Lo había encontrado con las manos en la masa y no le daba tiempo de guardar las revistas de nuevo.
El Nara se acercó y por encima de su hombro lo vio todo. Lo forzó a darse la vuelta y lo miró con ojos terroríficos. Shikamaru estaba helado.
- No pensaba que guardaras cosas así... – dijo Shikaku muy serio.
- Lo siento papá – dijo sin demora el pobre Shikamaru – me desharé de ellas.
Shikamaru se iba a ir corriendo con la excusa de que las iba a tirar pero la mano firme de su padre en el hombro se lo impidió.
- No te agobies tanto – le dijo ya con voz más comprensiva – yo también guardo algunas... en aquel sitio en mi despacho. Pero son muy viejas, no te gustarían... y, por lo que veo te gustan las rubias...
- Esto me resulta incómodo... – dijo Shikamaru sin poder alzar la mirada para enfrentar a su padre.
- Espero que no sea porque te gusta Ino – le dijo ahora con tono amenazador.
A Shikamaru se le alivió por completo todo el estrés. Lo que acababa de decir su padre era totalmente desacertado.
- No papá, no me gusta Ino. – dijo Shikamaru ahora mirándolo.
- ... entonces, ¿quién? – preguntó Shikaku, aunque la respuesta del joven Nara era perfectamente visible en su mirada.
