Georgi alejó la caja antes de que Chris pudiese tomarle, interponiendo además su brazo libre entre el rubio y él mismo.

—Dame eso, Georgi —demandó Christophe, frunciendo el ceño.

—Lo haré —aseguró el aludido—, en unos minutos.

—¿Por qué insistes? Todo el contenido ya lo sacamos, está vacía, ¿acaso no lo notas?

Mirándolo fijamente, Georgi negó con la cabeza.

Enarcando una ceja, Chris dejó de forcejear.

Seguro de que el rubio no haría nada, Georgi dejó la caja sobre sus piernas mientras Christophe tomaba asiento a su lado.

—Mira —le indicó el pelinegro—, aquí, justo en el medio, puede despegarse.

Los ojos verdes se abrieron mucho, estupefactos ante lo que el de ojos azules deslizó fuera de la caja.

—Eso... —empezó Chris con voz temblorosa.

—No es todo —le cortó Georgi, mostrándolo el reverso al menor—, eso no es ruso, ni tan siquiera cirílico.

—Tenemos que decirle a Viktor —empezó a ponerse de pie el rubio, solo para ser detenido por el moreno—, Georgi.

—¿Realmente serviría de algo?

—¿Qu–

—Su verdadera familia no vendrá por él, ¿no es así? Lo abandonaron... ¿Tú querrías una foto de ellos como recordatorio de que no te quisieron?

–Ellos podrían estar muertos ahora mismo... ¡Lo dejaron para que no sufriera el mismo destino!

—Yo no lo habría hecho. ¿Abandonar a mi bebé a la suerte de Dios sabrá quienes? Yuuri fue afortunado de caer en manos de Viktor, aún más que él decidiera hacerse cargo pero, ¿y si hubiera sido cualquier otra persona? ¿Alguien que criaría a Yuuri como un esclavo?

Christophe presionó juntos los labios.

—Maldito seas, Georgi Popovich —siseó—, ojalá no estuvieras estudiando derecho.

—Te digo lo que pienso —se encogió de hombros Georgi—, si aún quieres mostrársela...

—¿Chicos? —el par de hombres giraron hacia Mila, quien cargaba entre sus brazos a Yuuri y detrás de ella estaba Viktor—, ¿sucede algo?

Christophe apreció la escena frente a sí, a su mejor amigo junto a una perfectamente buena mujer, los dos comprometidos a darle la mejor de las crianzas a aquel pequeño que ahora él y Georgi sabían, además de haber tenido unos padres, tuvo o tenía una hermana; observó el brillo en los ojos azules de Viktor, aquel brillo que ya no solo denotaba felicidad sino algo más.

Y lo decidió.

—Sin duda sucede algo —indicó, haciendo una seña a Georgi para que ocultara la foto, cosa que Popovich acató, deslizándola tras su espalda—, ¿acaso soy el único que se muere por algo dulce? ¡Helado o algo!

—Dulces —indicó Mila.

—Dulces suena bien —secundó Viktor.

—Ese es el espíritu —sonrió Chris—, entonces iré a comprarnos unas provisiones, volveré en unos minutos.

—Te acompaño —se ofreció Georgi.

—Claro, vamos.

—Gracias —dijeron a una voz el pronto matrimonio.

—¡Iahs! —soltó Yuuri, observando a rubio y pelinegro abandonar el departamento.

—Oh —apenas se percató entonces Viktor—, dejamos la caja aquí.

—Tengo una idea —comentó de pronto Mila—, forrémosla y que Yuuri guarde sus tesoros en ella.

¡Hya! —chilló Yuuri, en acuerdo—, ¡Ia!

Riendo, pelirroja y platinado volvieron a la habitación, la caja en manos de Viktor, Yuuri en las de Mila.