Viktor les abrió la puerta a su mejor amigo y a Georgi; que llegaron con las manos repletas de bolsas a reventar de dulces de todo tipo.

—Habían ofertas —explicó Chris—, imposible desaprovecharlas.

—Dulces para un par de semanas —agregó Georgi, alzando un poco más las bolsas plásticas que sujetaba—, ¿van a pasar aquí la luna de miel o en el apartamento de Mila?

—Aquí, sin lugar a dudas —aseguró el platinado—, es más grande y Yuuri ya está instalado.

—¿Trajeron caramelos de mora? —la voz de Mila les llegó desde la habitación y Chris dio una rápida ojeada al contenido que llevaba en su mano derecha, suspirando de alivio al constatar que sí era el caso.

—¡Dos bolsas completas! —respondió Giacometti del mismo modo, elevando la voz.

—¡Separo una sola para mí!

—¡Hecho! —dijo Viktor y metió mano en la bolsa que Georgi cargaba con su mano izquierda, hasta el fondo rebuscando sin ver; al final sacó un paquete de gomitas con forma de oso y recibió la bolsa de caramelos de mora—, ¡te los estoy llevando! —anunció, agradeció a rubio y a pelinegro y se dirigió de regreso a la habitación.

Chris aguardó hasta que el platinado hubo desaparecido de su vista para mirar a Georgi.

—Labios sellados —pronunció Popovich.

—Secreto guardado —asintió Giacometti.

Todo fuese por el bien de la nueva familia.