Mila regañó a su ahora esposo, indignada ante la falta de actuar del mismo mientras su mejor amigo y el de ella echaban aire como posesos al pobre Yakov; le entregó el vaso con agua y se disculpó profundamente por la falta de tacto de Viktor.

—Eres educada —Lilia llamó su atención, Yuuri entretenido con las manos de largos dedos de la mujer de ojos verdes—, y firme, tienes buenas cualidades.

—Le agradezco —sonrió suavemente Mila.

—¿Qué opinas del ballet, niña? —soltó de pronto.

—¿Disculpe? —inquirió Mila ante el repentino cambio de tema.

—Yo fui la prima ballerina assoluta del ballet Bolshoi cuando joven —declaró Barabnoskaya—, me interesa enseñarle a tu hijo el arte de la danza, por eso, ¿qué opinas del ballet?

—Ahh... —Mila miró algo espantada hacia su esposo, Viktor limitándose a sonreír tontamente—, me... nos honraría el que nuestro hijo tome clases con usted, señora.

—Eso no responde a mi pregunta.

—El... El ballet es una de las expresiones de danza más refinadas —tragó saliva la pelirroja—, nunca he presenciado una presentación en vivo pero lo encuentro fascinante...

—Suficiente —la cortó Lilia y levantó a Yuuri, girándolo para que la mirara a los ojos—, ¿quieres aprender ballet, Yuuri Nikiforov?

Como toda respuesta, Yuuri rio.

—Le enseñaré —decidió la mujer, satisfecha con la reacción.

Oh, y Yakov ya estaba fuera de peligro. Solo levemente morado. Nada grave.