Yuuri se adueñó de la caja que Viktor puso en manos de Yakov tan pronto como fue capaz de tocarla, aferrándose a ella con sus regordetas manitas, pero dejándola caer al no contar con la fuerza suficiente para cargar... nada que no pesara más que un llavero, de momento.

Chris la recogió y se la regresó a Yakov, quien se la cedió a su esposa porque Yuuri parecía empecinado en tocarla. Lilia terminó metiendo al bebé en el interior de la caja y Yuuri dejó de removerse, conforme.

—Vaya —Viktor sonrió, acercándose al sofá y acuclillándose frente al bebé—, te encontré justo así, Yuuri, hace menos de veinticuatro horas...

—Estabas algo ebrio —comentó Mila, dando unos pasos más cerca del sofá igual.

—Caminando solo —agregó Chris.

—Soltero —contribuyó Georgi, inclinándose juntos a Christophe hacia adelante.

—Y ahora... —dijo Viktor.

—Completamente sobrio —sonrió Babicheva.

—Rodeado de personas, en casa —indicó Giacometti.

—Casado —Feltsman agregó su granito de arena.

—Yuuri —Viktor se inclinó a pegar su frente contra la del bebé—, le has dado un giro de ciento ochenta grados a mi vida en menos de un día.

Parpadeando repetidas veces, Yuuri balbuceó.

Ga... Gagah...

Viktor sonrió.

—Me alegra mucho haberte encontrado.

Los demás presentes mostraron mayor o menor grado de sorpresa cuando, sin previo aviso, Viktor besó la nariz del bebé, o así habría sido de no ser porque Yuuri se movió y los labios del platinado acabaron sobre los del pequeño pelinegro.

Yuuri se echó a llorar en cuanto Viktor se alejó y Chris no tuvo mejor idea que deshacer el peinado alto de su mejor amigo, para que Yuuri cobrara venganza tirando de las platinadas hebras.

—Esa es una señal, Vitya —aseguró Yakov—, Yuuri quiere que te cortes el cabello.

—Solo estás celoso porque tú ya casi no tienes —para sorpresa de todos, fue Lilia quien hizo aquel comentario.

Chris apenas y pudo contener la risa, Mila tembló por el esfuerzo y Georgi se mordió la lengua con fuerza, llegando incluso a derramar una lagrimita a causa del dolor.

Viktor solo podía concentrarse en el dolor en su cabeza y en lo adorable que se veía Yuuri aún siendo tan cruel.