Georgi fue el primero en anunciar su retirada, despidiéndose y prometiendo volver en un par de días con un regalo para el nuevo matrimonio y otro para su nuevo sobrino. Incluso cuando la relación que compartía con Viktor y Mila no era así de estrecha, platinado y pelirroja se sintieron profundamente conmovidos por las palabras del moreno. Yuuri demostró su contento palmeando el rostro del pelinegro de mayor edad cuando el mismo lo tomó en brazos para poder despedirse dándole un beso en la mejilla.
Le siguieron el matrimonio Feltsman-Barabnoskaya, Lilia claramente inconforme con tener que abandonar el apartamento y por sobre todo al bebé de oscuro cabello y hermosos ojos del color de la tierra húmeda. Claro que nadie hizo comentarios burlones al respecto, no cuando se trataba de Lilia.
—Yakov te hará llegar el horario con el que empezaremos a trabajar en cuanto Yuuri Nikiforov cumpla los tres años —anunció severa la mujer—, yo personalmente vendré a inspeccionar su alimentación al menos tres veces al mes a partir de la próxima semana —Mila asintió obediente, sonriendo en su fuero interno porque por más duras que fuesen las palabras de Barabnoskaya, el brillo en sus ojos verdes la delataba—, es todo se momento.
—Les agradecemos infinitamente por haber venido —Viktor palmeó la espalda de Yakov tras abrazarlo mientras que Lilia se vio sorprendida por el contacto de Mila del mismo modo, sin la parte de la palmada. Yuuri les dijo hasta pronto con balbuceos y dejando que su mano fuese agitada por cortesía de la pelirroja.
—Okey —Chris llamó la atención del reciente matrimonio—, ¿quieren que me vaya también para que pueden divertirse o vemos unas películas?
Compartiendo una mirada, Viktor y Mila sonrieron.
—Puedes irte —aseguraron a coro.
Giacometti abrió grande los ojos.
—¡Es una broma! —se soltaron a reír Nikiforov y Babicheva, su hijo uniéndoseles casi al instante.
