Se desparramaron en el sofá azul, Viktor a la derecha, Chris a la izquierda y Mila en el medio con Yuuri sobre sus piernas, conectaron Netflix a la pantalla del televisor y colocaron la primera película animada que apareció.
Yuuri se agitó, chillando emocionado cuando vio al primer cabello aparecer en pantalla.
—Eso me recuerda —Viktor volteó a mirar a su esposa y jugueteó con las manirás de su hijo—, hasta el momento Chris y yo hemos descubierto tres datos curiosos acerca del cerdito.
—No lo llames cerdito, Viktor —lo reprendió Mila—, se le hará costumbre.
—¿Y eso qué tiene de malo? —preguntó Viktor extrañado—, cerdito —llamó y Yuuri elevó su cabecita para mirarlo—, cerdito —repitió y el bebé movió la cabeza antes de reír cuando Viktor sonrió con aquella sonrisa de corazón.
—A Mila le preocupa que Yuuri pueda tener problemas cuando entre en la escuela por el apodo, Viktor —explicó Chris.
—Oh —Viktor parpadeó—, pero si Yuuri va a recibir educación en casa.
—¡Viktor! —renegó Mila.
—¡No voy a permitir que me roben a mi bebé! —chilló Nikiforov—, ¡sí va a la escuela conocerá a niños y niñas de los que podría enamorarse! ¡Me niego!
—¿¡Qué edad tienes, Nikiforov!?
—¡Veintiún años físicos y siete mentales, Nikiforova!
Mila abrió mucho los ojos y Viktor sonrió triunfante.
—Así que Yuuri estudiará aquí con nosotros.
Chris ladeó la cabeza hacia Mila y pasó una mano frente a sus ojos azules. Yuuri parpadeó hacia su madre, que estaba muy quieta y sonrojada.
—Uh, Viktor —lo avisó Christophe—, creo que tu esposa necesita un vaso con agua.
Viktor parpadeó y miró atentamente a la pelirroja.
—Oh —empezó a ponerse de pie—, claro.
