Georgi cumplió con su palabra y se presentó a la mañana siguiente con un par de regalos en las manos, solo para ser enviado a comprar pañales, talco, cremas y demás.

En cuanto volvió, Mila se disculpó con él, así como lo hizo Viktor tras finalizar la llamada que estaba teniendo.

La pareja de recién casados le explicó que esa misma tarde Yuuri pasaría a ser hijo de ambos, y a saber cómo rayos la noticia había volado, haciéndose del mismo modo conocido que se habían casado y ninguno había dejado de recibir llamadas desde las seis de la mañana.

Eran cerca de las once y la tensión les estaba pesando.

—He llamado a mis padres para pedirles que no dijeran nada, pero ya era tarde —Mila suspiró—, me dijeron de lo más contentos que tengo todo lo necesario para ser una madre ejemplar y todo un cuento —chasqueó la lengua—, ¡ni siquiera me preguntaron cómo era posible que hubiese ocultado un embarazo en la universidad! —la pelirroja frunció los labios—, les dije que no era mío y me alabaron aún más por tener tan gran corazón y aceptar a un hombre al que habían abandonado...

—Eso fue ofensivo, por cierto —Viktor interrumpió—, Mila tenía el teléfono en altavoz y yo traté de explicarles lo que pasó pero su madre saltó a decirme que más valía que cuidara bien de su hija o me las vería con ella y su padre inició una especie de discurso sobre el valor de la mujer...

—Así que cambié de tema y colgué tan pronto como pude —finalizó la fémina—, ya les contaremos cuando regresen, de pasó conocen a su nieto —encogió los hombros.

—Eso me recuerda —habló por fin Georgi—, ¿dónde está Yuuri?

—Durmiendo —suspiró al unísono el matrimonio.

—Se despertó cuando mi teléfono empezó a sonar, poniéndose a llorar —indicó Viktor.

—Fue por él que nos despertamos —agregó Mila—, apenas lo estaba calmando mientras Viktor ponía caras raras al hablar cuando mi celular también comenzó a vibrar.

—Mila no podía concentrarse en Yuuri y Yuuri lloraba cada vez con más fuerza.

—Así que apagaron sus teléfonos —supuso Georgi.

Viktor y Mila se crisparon.

¿¡Cómo no habían pensado en eso?!

—Exacto —asintieron, disimulando.

Georgi señaló el teléfono del platinado.

—¿En qué momento volviste a encenderlo?

—Hace unos minutos —indicó Nikiforov—, llamé a mis padres, quería saber cómo estaban manejando la noticia en la empresa.

Georgi asintió.

—Dijo que habían algunas personas llorando por los corredores.

—No te rías, Viktor —Mila no consiguió reprimir la diversión en su voz—, es algo serio.

—No sonrías, entonces.

Mila puso su mejor cara de póker y Viktor hizo su mejor esfuerzo por imitarla, solo para echarse a reír al segundo siguiente.

Negando con la cabeza, Georgi se escabulló para ver al bebé.