Mila forró el cartón mientras Georgi cortaba y le pasaba la cinta adhesiva, Viktor sentado en una silla con cinta de embalaje cubriendo su boca y su hijo en su regazo, balbuceando cosas a las que el platinado no puso una sola pizca de atención.

La pelirroja presentó la caja, perfectamente lisa ahora con el papel lustre cubriendo color marrón y la sensación tosca siendo parte del pasado, ante su esposo e hijo.

—Yuuri —le habló Mila a su bebé—, de ahora en más aquí se guardará todo lo que ames.

Yuuri parpadeó repetidas veces y rio, Viktor sonrió de oreja a oreja, solo para gemir al darse cuenta de que la cinta no se lo permitía.

Georgi suspiró.

Y Mila arrancó de tajo la cinta de los labios de su esposo, haciéndolo gritar.