De regreso en casa, Makkachin se dio un festín con las sobras del almuerzo, muy satisfecho de romper por aquel día con la exclusividad de la comida para perro.

En la sala, no les dio tiempo de encender el televisor porque Chris abrió la boca con respecto a aquel contrato cuya jugosa suma sería suya a cambio de posar como Dios, su santa madre y los médicos lo habían traído al mundo.

Georgi fue informado a detalle al respecto y admitió que solo tal vez él sí lo haría, porque para sincerarse estaban los amigos. Mila aseguró que ella no lo haría por la cantidad de dinero que fuera y Viktor prefirió reservar su opinión al respecto, Yuuri mirando a cada uno de los rusos conforme fueron tomando la palabra.

—¿Qué hay de ti, cerdito? —Christophe preguntó al bebé por simple juego—, ¿aceptarías que te fotografiaran desnudo a cambio de mucho dinero?

Yuuri ladeó la cabeza, miró a su madre, a su padre, a sus tíos por turnos y frunció el ceño.

¡Io! —chilló—, ¡buo! —y sacudió los brazos.

—No lo haría —sonrieron Mila y Viktor, orgullosos.

Makkachin ladró, apareciendo por una esquina del sofá. Él tampoco lo haría.