Makkachin se vio relegado a bajar del sofá en cuanto Viktor se acercó a tomar asiento, tomando a Yuuri entre sus brazos, sopló sobre su carita y sonrió enternecido con los balbuceos y las risitas que aquello provocaba en el bebé, en su bebé.

No tenía ni idea de dónde había surgido aquel instinto protector, pero para el caso daba lo mismo. Mientras él estuviera presente, a su hijo nadie le haría daño alguno.

Mila apareció poco después y se unió a la diversión, de lo más sonriente.