Viktor había querido salir a hacer las compras para Yuuri luego del almuerzo, pero Mila había negado e impuesto preparar una lista con todo lo indispensable primero para asegurarse de no olvidar nada y tampoco derrochar dinero a lo loco.
—Sé de qué pie cogeas, Nikiforov —lo chinchó la chica—, a partir de hora nada de caprichos hasta fin de mes.
Abriendo mucho la boca, Viktor miró con ojos de cachorro a Mila y luego a su hijo.
—Yuuri —gimoteó el platinado—, mamá es cruel...
Yuuri ladeó la cabeza y después negó con la misma.
—Ese es mi hijo —sonrió Mila y miró con burla hacia su esposo—, dos contra uno, qué pena.
Viktor formó un puchero.
Tenía que enseñarle a Yuuri a darle la razón.
