Un par de horas tras el regreso de Mila, quien cargaba una maleta de buen tamaño, los tres salieron para la cafetería en la que se encontrarían con el prospecto de niñero.
Viktor observó una motocicleta frente a la cafetería que calificó como "espectacular" al llegar y tomaron asiento, estaban diez minutos antes de lo previsto, por lo que solo les quedaba esperar.
Sin embargo, Mila recibió una llamada cinco minutos más tarde y la voz gruesa le preguntó si ella era la mujer pelirroja junto a un hombre platinado que cargaba un bebé de cabellos negros. Mila asintió y vio acercarse a un chico de oscuro cabello así como ojos, enfundado en una chaqueta de cuero, pantalones ajustados, botas de montaña y guantes sin la parte de los dedos.
Viktor, de inmediato, ató cabos y preguntó sonriente.
—¿Tú eres el dueño de esa monstruo?
Asintiendo, el chico esperó a que le permitieran tomar asiento.
—Entonces —empezó la pelirroja, —eres...
—Otabek Altin, señora —se presentó él y estrechó manos con Viktor, un apretón firme que dejó satisfecho a Nikiforov—, soy estudiante universitario becado, de Kazajistán, y trabajo como niñero desde hace más de medio año.
—Yo solo tengo una pregunta que hacerte, Otabek —dictaminó Viktor y Otabek lo miró fijamente—, ¿me enseñarías a conducir esa señora motocicleta?
—¡Viktor! —se escandalizó Mila.
–¿Qué? —parpadeó el aludido—, a Yuuri le gusta, no deja de observarla —formó un mohín—, solo quiero ser un papá genial y poder advertirle del peligro de primera mano cuando entre en su etapa rebelde de todo-me-vale-verga, se haga con malas juntas y quiera ser el chico malo del lugar —suspiró—, ¿qué tiene de malo?
—Por Dios —resoplando, Mila volteó a mirar al kazajo—, por favor ignora a mi esposo...
—Me temo que no puedo hacer eso, señora —declaró muy serio Otabek—, y, de hecho, podría recomendarle una escuela de manejo, pero eso es todo.
—Conforme —sonrió Viktor y alejó a Yuuri de su pecho, girándolo para que observara al otro pelinegro—, mira, cerdito, él podría cuidar de ti unas horas al día, ¿te parece buena idea?
Los ojos oscuros y brillosos de Yuuri repasaron a la persona sentada frente a sus padres, deteniéndose en la mirada oscura que el mayor también poseía. Frunció el ceño y... estiró los brazos hacia él, balbuceando y agitándose.
—Le agradas —informó Viktor como si no fuese obvio y miró a su esposa—, y a mí también.
Mila lo fulminó con la mirada y sonrió hacia Otabek.
—Estás contratado.
