Viktor regresó dos horas antes que Mila y se encontró con su hijo en brazos de su niñero, Yuuri balbuceaba y balbuceaba sin parar, chillando cuando vio aparecer al platinado. Se agitó, deseando ser cargado y saludado por el recién llegado.

—¡Estoy en casa, Yuuri! —celebró Viktor, prácticamente saltando sobre su hijo y Yuuri rio por la sonrisa de corazón en labios de Nikiforov.

Otabek esperó a que le dieran permiso de retirarse y así lo hizo, Yuuri despidiéndose con gorgoteos y risas.

—¿Lo pasaste bien, cerdito? —le preguntó sonriente Viktor y Yuuri rio más fuerte.

Seguro que lo había hecho.