No pasaron ni cinco minutos desde que Mila llegara a casa, saludara a su esposo e hijo y se dejara caer en el sofá.
—El proyecto de marketing va a matarme —gimió, Viktor tomando asiento a su lado y Yuuri siendo sentado entre sus padres—, voy a morir dejando a un viudo demasiado atractivo para su propio bien y a un bebé que lo es incluso más —bufó—, dime si no es injusto.
—No vas a morir —le aseguró Viktor—, te ayudaré. Soy tu marido, ¿no? Es mi deber. Ya sabes, en las malas y en las peores.
Dos tipos de azul se encontraron en aquel momento y Mila soltó una risita.
—Eres un tonto —sonrió.
—Oye —Viktor la miró ofendido—, ¿te ofrezco ayuda y me insultas?
—No —ella rodó los ojos—, declino tu oferta y te llamo tonto. Y es "en las buenas y en las malas."
—En las buenas está todo el mundo —resopló el platinado—, esas quedan implícitas.
Yuuri se dejó caer sobre el regazo de su madre y pataleó, riendo.
Mila lo tomó en brazos y le hizo cosquillas en la mejilla con su nariz.
Viktor les tomó una foto y apenas se detuvo a tiempo antes de subirla a su Instagram.
Todavía no podía.
Le costó cerca de una hora, pero logró convencer a Mila de que lo dejara ayudarla. Y Yuuri lo apoyó por primera vez.
