El viernes, Viktor no tenía clases. Y se dedicó por entero a averiguar el modo para que su pequeño mostrara acuerdo cuando decía o proponía algo.

¿Cómo convencías a un bebé?

Viktor había aprendido los secretos de la persuasión a través del ensayo y error, tenía que serlo dado a la naturaleza de su trabajo y el cargo que desempeñaba, sin contar que heredaría el puesto mayor cuando su padre lo creyera conveniente y al ser hijo único habían sido especialmente estrictos con las bases y principios de su educación. Todas las esperanzas estaban en él, el peso que cargaba en su espalda luego de que su madre se enterara que no podría tener más hijos era algo con lo que ya estaba acostumbrado y su actitud despreocupada era la mejor manera de demostrar que podía con ello, que estaba pudiendo y podría siempre. Sus padres tenían plena confianza en sus decisiones, lo que no se traducía en dejarlo hacer lo que se le viniera en gana, sino en presionarlo por respuestas porque Viktor tenía un modo de razonar eficiente mas algo enredado. Una vez que las dudas principales quedaban claras, tenía luz verde absoluta.

Solo en el último año la producción y ganancias habían triplicado sus cifras, todo gracias a algunos cambios y movimientos que el, ya-no-más joven de los Nikiforov había hecho. Aunque trabaja desde los dieciocho, apenas y le habían dado verdadero poderío al cumplir los veinte y, con veintiuno, su nombre estaba bien en alto entre trabajadores y ejecutivos, porque se lo había ganado, no solo por su apellido.

Si se tenía en cuenta a Mila por igual, ciertamente Yuuri tendría dos muy buenas figuras de autoridad a las qué admirar.