Fue un completo fracaso y Yuuri solo terminó aburrido y berreando, Viktor ya ni siquiera contaba con el comodín de dejarle jugar con su cabello porque, por alguna razón, Yuuri parecía haber perdido el interés en sus hebras. No se le podía ocurrir que Yuuri solo ya no quería lastimarlo.

Nervioso, vio su salvación aparecer asomado por la puerta y lo instó a acercarse cuanto antes. Makkachin trepó a la cama y envolvió al bebé sin pensarlo un solo segundo. Yuuri, parpadeando y todavía llorando, frotó el pelaje del caniche con sus manitas y poco a poco se fue calmando.

Viktor suspiró y acarició la cabeza de su mascota.

El can ladró contento.

Cuando Mila volvió, chilló en voz baja y le tomó un montón de fotos a su esposo, hijo y al caniche, los tres dormitando uno al lado del otro. Yuuri en medio.