Hallo~
como tuvo muy aceptamiento el fic (y porque la película me encanta) y estoy en vacaciones, les traigo el capítulo 2
DISCLAIMER:
Los personajes son de Hidekaz Himaruya, la idea del fic de Adri y la base de la película Ladies Night
-¡Feliz despedida de soltera, Louise~! – gritó la albina, sin dejar de grabar
Louise estaba más que confundida ¡¿Cómo terminó en esto?! Ella había planeado tener una despedida de soltera tranquila, con sus amigas y juegos inofensivos y regalos para su futura casa, ¡no un stripper! (guapo y bien dotado, que hacía que cualquier chica babeara por él).
El chico se empezó a desabrochar la camisa de policía mientras que todas las chicas gritaban de la emoción. Se dio la media vuelta y empezó a mover las caderas en forma provocativa. Louise solo se medio tapaba los ojos por la vergüenza, quería y no quería ver.
El stripper se agachó para desabrochar algunas partes de su pantalón y se acercó a Louise para que ella jalara el pantalón y dejarlo solamente en ropa interior. La rubia estaba que se moría de la vergüenza y se notaba por el sonrojo que tenía en ese momento (cosa que a Julchen no le pasó desapercibida y grabó todas las reacciones de ella).
Una vez sin ropa, el stripper desabrochó las esposas que tenía la rubia y la hizo subir a la mesa junto con él para bailar con ella.
El show seguía y las copas de alcohol no se hicieron esperar. Las chicas bebían tequila desde el pecho del stripper o directamente de las botellas, la música estaba a todo volumen y el stripper pasó de ser un policía a un conejo barman.
Parecía que la fiesta estaba en su máximo esplendor cuando Louise se preguntó el por qué estaba haciendo eso. Se sentó apartada de todas mientras ellas bailaban con el stripper. Estaba consternada.
El stripper no le pasó por alto la actitud de la alemana y se acercó para ver si estaba bien, acción que ella tomó mal y decidió dejar la fiesta para irse hacia la segunda planta. El stripper la siguió de cerca.
Fuera de la sala de estar, Louise tomó una mochila y miró al stripper
-¿Esto es tuyo?
-Sí
-Bueno – le dio la mochila estando muy molesta – pues ya te puedes ir
-¿Qué? ¿Acaso no te puedes divertir un poquito antes de casarte? – preguntó el stripper con tono coqueto mientras le agarraba el reloj/collar que le había regalado Arthur ese mismo día
Louise lo miró más molesta, le retiró su mano de un manazo y se fue hecha una furia a su habitación.
Por la acción de la alemana, el reloj se salió de la correa y terminó en mano del stripper. Rápidamente, siguió a la alemana para hablar un poco más con ella y devolverle el reloj, pero fue interceptado por la puerta cerrada de la habitación de la alemana.
-Oye ¿estás bien? – preguntó el stripper
-Que te importa – la alemana no quería hablar con nadie y menos con él ¿qué quería? Poco a poco se fue sentando en el suelo, recargada en la puerta
-Que fea manera de contestar – sin siquiera saberlo, el chico se sentó en el suelo, igual como lo había hecho la alemana
-Feo, feo es decir mentiras… y luego desnudarse
-y tú lo encuentras feo porque, de seguro, tú nunca dices mentiras y nunca te dan ganas de quitarte la ropa ¿verdad? – utilizando la cabeza, tocó la puerta. Sus manos estaban ocupadas sacando un pantalón decente de su mochila – ábreme
-No – se colocó en tal forma en que no puedan abrir la puerta – ya te pagaron ¿no? Ahora te puedes ir
No se podía ser más testadura. El chico no se iba a rendir, y ahora que mencionaba el dinero, sacó un billete y empezó a hacer un conejo de origami. Una vez terminado su trabajo, le pasó el conejo por debajo de la puerta.
La alemana no se había movido de su lugar aunque ya había pasado varios minutos en silencio y ya estaba empezando a creer que el chico español ya se había ido pero vio algo que entraba por debajo de su puerta.
Lo tomó y vio lo que era. Sonrió levemente, se parecía al conejo blanco del país de las maravillas que ella dibujaba.
Levantó la vista y vio uno de sus dibujos más recientes, uno donde estaban Alicia y el conejo blanco. Pensó que ya se había vuelto loca pero podía intentarlo.
Se paró y agarró el dibujo para luego pasarlo por debajo de la puerta, tal vez, solo tal vez pudiera encontrar a una persona que entendiera sus dibujos. Esperó pacientemente en la puerta
El español había esperado pacientemente en la puerta hasta que escuchó sonidos de una hoja de papel. Bajó la mirada y a un lado suyo había un dibujo que provenía de adentro de la habitación. Lo tomó y lo observo, le apreció muy bonito dibujo.
-Ah, mira, es Alicia de las maravillas
El corazón de Louise latió súper rápido ¡al fin había encontrado a alguien que entendía! Se paró y le quitó el seguro a la puerta, acción que alertó al español y este también se paró del suelo, al fin lo iban a dejar pasar.
Poco a poco, el español abrió la puerta y se encontró a Louise sentada en su cama con la mirada gacha.
Cerró la puerta detrás de sí y empezó a observar toda su pieza. Parecía una habitación de cualquier chica de familia acomodada. Se acercó a la cómoda de la habitación y encontró muchas botellitas con agua.
-¿Qué es esto? – preguntó curioso mientras agarraba una para verla más de cercas
-Nada… solo una colección de lágrimas
Antes de acabar de escuchar lo que era, el chico ya le había tomado a la pequeña botella pero rápidamente la volvió a tapar y dejar en su lugar.
-¿Para qué?
-Para nada – Louise no sabía cómo tomar esa situación, nadie sabía de su colección de lágrimas y llegaba este y las encontró muy fácil. Se revolvió en su asiento
El español se acercó a ella y se sentó a un lado de ella
-Sé sincera conmigo ¿de verdad lo vas hacer?
-¿Hacer qué?
-Casarte, tener una fiesta con pastel y lujos como todas tus amiguitas fresas
-Oye, son mis amigas
-¿y tus amigas conocen tu colección de lágrimas? – la alemana calló dándole la razón al español. Giró la cabeza y observó que en la mesita de noche había un dibujo enmarcado de la misma Alicia del dibujo que le había dado. Lo tomó y le enseñó el dibujo – ella sí es tu amiga, aunque… podría ser tú
Ahora que veía por segunda vez a esta Alicia y la comparaba con Louise, se daba cuenta de las similitudes. Louise se molestó y le arrebató el dibujo, no estaba acostumbrada a que alguien viniera a decirle que podía leerla como un libro abierto
-¿Crees que con solo ver un poco de la vida de las chcias que vas y le haces el show ya conoces todos de ellas o qué? No me conoces
-Te vas a casar porque quieres saber lo que se siente escoger tus esferitas de navidad – acercó sus pies a la pierna derecha de la alemana de una forma medio juguetona – porque quieres escoger el diseño de las cortinas de tu nueva casa, además – se sentó y miró directo a los ojos de la alemana – porque quieres saber quién eres fuera de esta casa… y claro, tu novio te regaló una camioneta azul marino
-… es rojo rubí
Se quedaron viendo por un rato, el ambiente lo hizo acercarse poco a poco… pero el español se separó y fue rápido por su mochila para sacar un rectángulo envuelto de un papel de chocolates mientras la alemana se acostaba en su cama. Rápidamente, el español se acomodó a un lado suyo con medio cuerpo arriba de ella sin llegar aplastarla, dándole el chocolate.
Ella lo recibió con una sonrisa y se dio cuenta que en la envoltura decía "cómeme". Sonrió. Abrió la envoltura y estaba dispuesta a dar una mordida pero se resistió y le devolvió el chocolate al español.
-Mejor no… estoy a dieta
-A dieta de qué – agarró el chocolate y se lo acercó a los labios de la rubia para que le diera una mordida, esta se lo dio con gusto sin dejar de verse a los ojos – tienes una mancha
-¿Me la quitas?
El español, sin hacerla esperar, acercó sus labios a la mano que ella había agarrado el chocolate segundos antes, para besarlos y lamerlos levemente. Después de su labor volvió a acomodarse como estaba
-Tienes otra mancha
-¿En dónde?
¿En dónde la quieres?
La alemana, tal vez víctima del alcohol que había ingerido horas atrás, sonrió coquetamente y giró su rostro para dejar libre su cuello mientras apuntaba con su dedo el lugar
-Aquí~
Como lo había hecho con los dedos, el español se acercó y empezó a besar todo el cuello de ella mientras ella se mordía el labio inferior y cerraba los ojos.
Una vez que terminó con su labor, se separó de ella pero la alemana lo detuvo.
-Creo que tengo otra… – ahora levantó su rostro hacia arriba y se empezaba a desabrochar los 4 botones que tenía el cuello de su vestido –… aquí
Nuevamente el español se iba a acercar al lugar indicado pero fue detenido rápidamente por la alemana. Lo separó de si levemente para poderse sentar y, acto seguido, hincarse mirando al español mientras que se quitaba las bragas y lo miraba coquetamente.
A la mañana siguiente, todas las personas que habían estado en la fiesta, estaban dormidas por toda la sala de estar y una que otra vomitando en el baño. Se abrió la puerta de entrada y entró la madre de Louise mientras casi le daba un paro cardiaco por todo el desastre que encontró.
-¡Babosas! ¡¿Qué hicieron?! – como pudo, levantó a Louise que se encontraba dormida plácidamente en el suelo junto con Julchen – Louise, soy yo, mamá ¿qué hiciste?
Louise le dolía la cabeza, sentía que le iba a explotar en cualquier momento, y como pudo, se levantó para hablar con su mamá mientras se sacudía el vestido dándose cuenta que algo le faltaba, algo de suma importancia.
Para los presentes que ya estaba despiertos no le pasó desapercibido la perturbación en la cara de Louise, cosa que la mamá estaba más que furiosa-
-¿Qué es lo que tienes ahí? Enséñame – por la terquedad de Louise, la mamá se agachó y le levantó el vestido para ver qué había abajo… vaya sorpresa se llevó al darse cuenta que le faltaba – No traes bragas ¡¿Qué hiciste?!
-S-solo me acuerdo de que el stripper me dio un chocolate y… nada
-¡¿Qué?! ¿Un stripper te dejó… al aire? – suspiró sonoramente – dime que no le diste lo que has estado guardando todos estos años para el día de tu boda, Louise Weilschmidt!
Julchen, que estuvo todo el tiempo presente, casi suelta una carcajada al escuchar eso
-Ah… no me digas que eres virgen
-Sí soy virgen y qué. Tú, seguramente, no te pudiste casar ahora te acuestas con cualquiera ¿no? – en el fondo si le molestó el hecho de que la albina casi se reía en su cara
-No me caso es porque no quiero y me acuesto con el que me deja – Louise casi se ríe por la equivocación de la albina – digo... con el que me dé la gana
-Calma. A ver, tienes que hacer memoria Louise. Has. Memoria
Louise lo intentó pero su mente empezó a recordar lo bien que se pasó en ese momento a solas con el stripper… hasta que alguien interrumpió sus pensamientos
-¡Ay, no! ¡Me robó el anillo! – gritó una de las amigas de Louise
-¡Mi cámara! – la albina estaba que se moría al darse cuenta que no estaba ya que en esa cámara estaba el vídeo dónde ella y Arthur habían tenido sexo.
Rápidamente, Louise se tocó el cuello para ver si seguía conservando el reloj de Arthur. Gran decepción cuando solo tocó la cadenita del collar.
-El reloj de Arthur… ¡Y mi anillo de compromiso!
-¡A parte de hacerles el show, vació la casa! – la mamá ya no podía más. Al parecer que el stripper las había dormido para robarles todo e irse como si nunca hubiera estado ahí.
Veo difícil subir el tercer capítulo mañana pero intentaré ya que estoy igual de emocionada escribiendo este fic (es mi primer long-fic publicado :B)
Bye-bye~
