Mila encontró a un abatido Viktor al volver a casa y supo que había hecho bien al comprar comida de camino.

Almorzaron y Mila enarcó las cejas cuando Yuuri le comentó que se veía muy bien con el cabello corto, contándole después sobre la caja azul y la partida de nacimiento que no era original.

—Papá se puso nervioso —rio Yuuri, mirando a Viktor, que estaba rígido por más que intentara disimularlo—, creo que no le gusta hablar de papeleo porque lo llamó tonto —sonrió, culpable—, luego el guiso se quemó y ahora estamos comiendo borscht —miró de nueva cuenta a su progenitor—, lo siento.

—No fue tu culpa, cerdito —le aseguró Viktor, sonriendo con tirantes—, yo me descuidé.

—Fue culpa de ambos —sentenció Mila—, y, Yuuri, ¿acaso no prefieres mi cabello largo como lo llevo?

—No —respondió con brutal sinceridad—, corto es mejor.

Mila hizo un puchero y Yuuri rio.

Ese niño era cruel, ¡y se divertía!